«¿Qué pasa con Morante?», preguntó una voz del tendido. Ya desde el mediodía arrancó el rumor de que el genio de La Puebla no torearía en San Sebastián. Tras varias teorías de los malpensados, por la tarde se dio a conocer el parte médico: una tremenda molestia lumbar que apuntaba a cólico nefrítico. Bien saben los que lo han padecido que duele horrores: de ver no ya las estrellas, sino siete eclipses por cada zumbido en el costado. La noticia corrió como la pólvora y cayó como una losa en la afición donostiarra. Caras de decepción dentro de la cubierta de Illumbe y a la vuelta en el bus del Gros: «Qué faena: no viene Morante», se repetía. Y de la ‘faena’ de Morante, que tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en Gijón, no paraba de hablarse. Tanto que eclipsó el triunfo de Daniel Luque. Y eso que el de Gerena se inventó con capaz maestría dos lecciones y dos orejas en una corrida de Zalduendo de seria presencia en conjunto, con el denominador común de querer humillar, pese a faltarle un punto más de empuje y poder.Bandido mete la cara en el capote de Urdiales BMF Cómo metió el morro Bandido en el capote de Diego Urdiales, con dos hondas verónicas de las que pocos se enteraron. Lástima esa falta de poder, esa escasez de recorrido del toro de Zalduendo, con un generoso cuello y unas hechuras extraordinarias para embestir. Pero, ¡ay!, cada vez se quedó más corto y se puso a la defensiva. La delgada línea entre lo que podía haber sido un gran toro y no lo fue. Con asiento, el riojano le extrajo hasta la última gota toreramente. Todo lo hizo el matador en la hora final, con el lunar de la colocación mientras Bandido permanecía inmóvil.El genio sevillano causa baja este viernes en Illumbe por un cólico nefrítico; tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en GijónDos veces tuvo que apartar Arruga al segundo del caballo que guardaba puerta. Tecloso este Banalidades, con el que Daniel Luque planteó una obra con fundamento y arquitectura: principio, desarrollo y remate. A favor siempre del toro, abriéndole los caminos, dándole el toque requerido y con esa difícil facilidad de la que es dueño. De antología el cambio de mano, por ese pitón izquierdo por el que viajaba con ritmo y largura. Un racimo de luquesinas puso fin a la fiesta, algo afeada con la espada, pero que no impidió el paseo del primer trofeo.Costoso para banderillear el tercero, con el que Borja Jiménez prologó atornilladísimo, por alto, sobre la segunda raya. Con transmisión respondería luego en una mandona serie diestra, la de mayor rotundidad. Más desentendido por el zurdo, regresó a la otra mano sin estrecheces. En tablas acabó el de la divisa encarnada y azul mientras el de Espartinas regalaba dos cierres en uno. Se tragó la muerte el toro y se anotó un aviso antes de saludar.Al paso salió el bastote cuarto, que no prometía mucho. Por ayudados los anduvo Urdiales tras el brindis a esta afición del norte que tanto lo admira. Escarbador, obedecía al cite y no era ningún barrabás, pero se lo pensaba tanto que no resultaba agradable para estar delante. Ni a Babor -su bautismo- ni a estribor. «¡Vamos, Diego!», animaban al maestro, que hizo bien en no darse coba con tan deslucido material. Soberbiamente lo mató y saludó una ovación.Con las fuerzas contadas andaba el quinto, en el que Luque sacó de la chistera otra faena de premio. Dejándole la muleta en la cara lo incitó a embestir, lo oxigenó, se metió entre los pitones y se descaró en un desplante rodilla en tierra en el que casi simula al Bronce de Ventura mordiendo al castaño. Suavemente lo llevó p’alante en unos bonitos naturales finales antes del espadazo. San Sebastián Coso de Illumbe. Jueves, 13 de agosto de 2026. Primera corrida. Un tercio de entrada. Toros de Zalduendo, bien presentados, de obediente condición y queriendo humillar en conjunto, aunque algo faltos de empuje. Diego Urdiales, de verde hoja y oro: estocada caída (silencio); estocada (saludos). Daniel Luque, de azul marino y oro: estocada corta caída (oreja); espadazo pelín desprendido (oreja tras aviso). Borja Jiménez, de tabaco y oro: pinchazo y estocada desprendida (saludos tras aviso); dos pinchazos y estocada trasera (aviso y palmas de despedida).Sonaron unos «¡vivas!» a España y Donosti antes de la salida del sexto, que echó la cara arriba en banderillas. No pareció ese inicio por alto el más adecuado; además, este Balduino, venía por dentro y se acostaba por el derecho. Dificultoso, Jiménez hizo un esfuerzo, aunque tardó en ver el boyante pitón izquierdo, por donde pedía suavidad. Por ese lado se centraría hasta acabar en las cercanías. Merodeó el premio, pero su desacertada tizona se lo llevó. «¿Qué pasa con Morante?», preguntó una voz del tendido. Ya desde el mediodía arrancó el rumor de que el genio de La Puebla no torearía en San Sebastián. Tras varias teorías de los malpensados, por la tarde se dio a conocer el parte médico: una tremenda molestia lumbar que apuntaba a cólico nefrítico. Bien saben los que lo han padecido que duele horrores: de ver no ya las estrellas, sino siete eclipses por cada zumbido en el costado. La noticia corrió como la pólvora y cayó como una losa en la afición donostiarra. Caras de decepción dentro de la cubierta de Illumbe y a la vuelta en el bus del Gros: «Qué faena: no viene Morante», se repetía. Y de la ‘faena’ de Morante, que tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en Gijón, no paraba de hablarse. Tanto que eclipsó el triunfo de Daniel Luque. Y eso que el de Gerena se inventó con capaz maestría dos lecciones y dos orejas en una corrida de Zalduendo de seria presencia en conjunto, con el denominador común de querer humillar, pese a faltarle un punto más de empuje y poder.Bandido mete la cara en el capote de Urdiales BMF Cómo metió el morro Bandido en el capote de Diego Urdiales, con dos hondas verónicas de las que pocos se enteraron. Lástima esa falta de poder, esa escasez de recorrido del toro de Zalduendo, con un generoso cuello y unas hechuras extraordinarias para embestir. Pero, ¡ay!, cada vez se quedó más corto y se puso a la defensiva. La delgada línea entre lo que podía haber sido un gran toro y no lo fue. Con asiento, el riojano le extrajo hasta la última gota toreramente. Todo lo hizo el matador en la hora final, con el lunar de la colocación mientras Bandido permanecía inmóvil.El genio sevillano causa baja este viernes en Illumbe por un cólico nefrítico; tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en GijónDos veces tuvo que apartar Arruga al segundo del caballo que guardaba puerta. Tecloso este Banalidades, con el que Daniel Luque planteó una obra con fundamento y arquitectura: principio, desarrollo y remate. A favor siempre del toro, abriéndole los caminos, dándole el toque requerido y con esa difícil facilidad de la que es dueño. De antología el cambio de mano, por ese pitón izquierdo por el que viajaba con ritmo y largura. Un racimo de luquesinas puso fin a la fiesta, algo afeada con la espada, pero que no impidió el paseo del primer trofeo.Costoso para banderillear el tercero, con el que Borja Jiménez prologó atornilladísimo, por alto, sobre la segunda raya. Con transmisión respondería luego en una mandona serie diestra, la de mayor rotundidad. Más desentendido por el zurdo, regresó a la otra mano sin estrecheces. En tablas acabó el de la divisa encarnada y azul mientras el de Espartinas regalaba dos cierres en uno. Se tragó la muerte el toro y se anotó un aviso antes de saludar.Al paso salió el bastote cuarto, que no prometía mucho. Por ayudados los anduvo Urdiales tras el brindis a esta afición del norte que tanto lo admira. Escarbador, obedecía al cite y no era ningún barrabás, pero se lo pensaba tanto que no resultaba agradable para estar delante. Ni a Babor -su bautismo- ni a estribor. «¡Vamos, Diego!», animaban al maestro, que hizo bien en no darse coba con tan deslucido material. Soberbiamente lo mató y saludó una ovación.Con las fuerzas contadas andaba el quinto, en el que Luque sacó de la chistera otra faena de premio. Dejándole la muleta en la cara lo incitó a embestir, lo oxigenó, se metió entre los pitones y se descaró en un desplante rodilla en tierra en el que casi simula al Bronce de Ventura mordiendo al castaño. Suavemente lo llevó p’alante en unos bonitos naturales finales antes del espadazo. San Sebastián Coso de Illumbe. Jueves, 13 de agosto de 2026. Primera corrida. Un tercio de entrada. Toros de Zalduendo, bien presentados, de obediente condición y queriendo humillar en conjunto, aunque algo faltos de empuje. Diego Urdiales, de verde hoja y oro: estocada caída (silencio); estocada (saludos). Daniel Luque, de azul marino y oro: estocada corta caída (oreja); espadazo pelín desprendido (oreja tras aviso). Borja Jiménez, de tabaco y oro: pinchazo y estocada desprendida (saludos tras aviso); dos pinchazos y estocada trasera (aviso y palmas de despedida).Sonaron unos «¡vivas!» a España y Donosti antes de la salida del sexto, que echó la cara arriba en banderillas. No pareció ese inicio por alto el más adecuado; además, este Balduino, venía por dentro y se acostaba por el derecho. Dificultoso, Jiménez hizo un esfuerzo, aunque tardó en ver el boyante pitón izquierdo, por donde pedía suavidad. Por ese lado se centraría hasta acabar en las cercanías. Merodeó el premio, pero su desacertada tizona se lo llevó. «¿Qué pasa con Morante?», preguntó una voz del tendido. Ya desde el mediodía arrancó el rumor de que el genio de La Puebla no torearía en San Sebastián. Tras varias teorías de los malpensados, por la tarde se dio a conocer el parte médico: una tremenda molestia lumbar que apuntaba a cólico nefrítico. Bien saben los que lo han padecido que duele horrores: de ver no ya las estrellas, sino siete eclipses por cada zumbido en el costado. La noticia corrió como la pólvora y cayó como una losa en la afición donostiarra. Caras de decepción dentro de la cubierta de Illumbe y a la vuelta en el bus del Gros: «Qué faena: no viene Morante», se repetía. Y de la ‘faena’ de Morante, que tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en Gijón, no paraba de hablarse. Tanto que eclipsó el triunfo de Daniel Luque. Y eso que el de Gerena se inventó con capaz maestría dos lecciones y dos orejas en una corrida de Zalduendo de seria presencia en conjunto, con el denominador común de querer humillar, pese a faltarle un punto más de empuje y poder.Bandido mete la cara en el capote de Urdiales BMF Cómo metió el morro Bandido en el capote de Diego Urdiales, con dos hondas verónicas de las que pocos se enteraron. Lástima esa falta de poder, esa escasez de recorrido del toro de Zalduendo, con un generoso cuello y unas hechuras extraordinarias para embestir. Pero, ¡ay!, cada vez se quedó más corto y se puso a la defensiva. La delgada línea entre lo que podía haber sido un gran toro y no lo fue. Con asiento, el riojano le extrajo hasta la última gota toreramente. Todo lo hizo el matador en la hora final, con el lunar de la colocación mientras Bandido permanecía inmóvil.El genio sevillano causa baja este viernes en Illumbe por un cólico nefrítico; tiene previsto reaparecer veinticuatro horas después en GijónDos veces tuvo que apartar Arruga al segundo del caballo que guardaba puerta. Tecloso este Banalidades, con el que Daniel Luque planteó una obra con fundamento y arquitectura: principio, desarrollo y remate. A favor siempre del toro, abriéndole los caminos, dándole el toque requerido y con esa difícil facilidad de la que es dueño. De antología el cambio de mano, por ese pitón izquierdo por el que viajaba con ritmo y largura. Un racimo de luquesinas puso fin a la fiesta, algo afeada con la espada, pero que no impidió el paseo del primer trofeo.Costoso para banderillear el tercero, con el que Borja Jiménez prologó atornilladísimo, por alto, sobre la segunda raya. Con transmisión respondería luego en una mandona serie diestra, la de mayor rotundidad. Más desentendido por el zurdo, regresó a la otra mano sin estrecheces. En tablas acabó el de la divisa encarnada y azul mientras el de Espartinas regalaba dos cierres en uno. Se tragó la muerte el toro y se anotó un aviso antes de saludar.Al paso salió el bastote cuarto, que no prometía mucho. Por ayudados los anduvo Urdiales tras el brindis a esta afición del norte que tanto lo admira. Escarbador, obedecía al cite y no era ningún barrabás, pero se lo pensaba tanto que no resultaba agradable para estar delante. Ni a Babor -su bautismo- ni a estribor. «¡Vamos, Diego!», animaban al maestro, que hizo bien en no darse coba con tan deslucido material. Soberbiamente lo mató y saludó una ovación.Con las fuerzas contadas andaba el quinto, en el que Luque sacó de la chistera otra faena de premio. Dejándole la muleta en la cara lo incitó a embestir, lo oxigenó, se metió entre los pitones y se descaró en un desplante rodilla en tierra en el que casi simula al Bronce de Ventura mordiendo al castaño. Suavemente lo llevó p’alante en unos bonitos naturales finales antes del espadazo. San Sebastián Coso de Illumbe. Jueves, 13 de agosto de 2026. Primera corrida. Un tercio de entrada. Toros de Zalduendo, bien presentados, de obediente condición y queriendo humillar en conjunto, aunque algo faltos de empuje. Diego Urdiales, de verde hoja y oro: estocada caída (silencio); estocada (saludos). Daniel Luque, de azul marino y oro: estocada corta caída (oreja); espadazo pelín desprendido (oreja tras aviso). Borja Jiménez, de tabaco y oro: pinchazo y estocada desprendida (saludos tras aviso); dos pinchazos y estocada trasera (aviso y palmas de despedida).Sonaron unos «¡vivas!» a España y Donosti antes de la salida del sexto, que echó la cara arriba en banderillas. No pareció ese inicio por alto el más adecuado; además, este Balduino, venía por dentro y se acostaba por el derecho. Dificultoso, Jiménez hizo un esfuerzo, aunque tardó en ver el boyante pitón izquierdo, por donde pedía suavidad. Por ese lado se centraría hasta acabar en las cercanías. Merodeó el premio, pero su desacertada tizona se lo llevó. RSS de noticias de cultura
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