El Parlamento de Andalucía vivirá el próximo jueves 23 de julio el fin de una época singular con la celebración del último pleno presidido por Jesús Aguirre Muñoz . Tras cuatro años al frente de la institución, el médico cordobés cede el testigo a la diputada del PP por Cádiz Ana Mestre tras formalizar su renuncia para ser designado senador en representación de la comunidad autónoma. Será una sesión plenaria concentrada en una única jornada, que arrancará a las 10,30 horas con las votaciones para elegir a la nueva máxima responsable de la Cámara, y en la que también comparecerá el vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Antonio Sanz, para dar cuenta del trágico incendio de Los Gallardos en Almería. A sus 70 años, Aguirre cierra su ciclo autonómico y hace las maletas de vuelta a Madrid, donde ya ocupó un escaño en la Cámara Alta por su Córdoba natal durante tres legislaturas antes de que el destino, y Juanma Moreno, lo reclamaran en Sevilla.La llegada de Aguirre a la primera línea del Ejecutivo andaluz en enero de 2019 truncó unos planes mucho más plácidos. Estaba preparando el equipaje junto a su esposa, también médica de familia y aficionada al pádel, para viajar a Mallorca cuando el presidente de la Junta le ofreció la Consejería de Salud y Familias en su primer Gobierno. Deshizo las maletas a toda prisa sin imaginar que su mandato se convertiría en un máster acelerado en gestión de grandes catástrofes. Acostumbrado a bromear con que ha sobrevivido a tres de las siete plagas bíblicas, su bautismo de fuego llegó a los siete meses con el brote masivo de listeriosis de la empresa Magrudis, donde descubrió que los botes etiquetados como carne mechada ocultaban chicharrones sin trazabilidad alguna. Poco después llegó el virus del Nilo y, sobre todo, la pandemia del coronavirus . Aquella crisis inédita le exigió una dedicación de 24 horas al día, le costó innumerables lágrimas y curtió una resistencia política que lo reveló como un dirigente insumergible, capaz de flotar sobre cualquier tempestad como un tapón de corcho.Esa resiliencia (como llaman ahora los modernos a la resistencia de toda la vida), avalada por la mayoría absoluta del Partido Popular en 2022, lo elevó a la Presidencia del Parlamento de Andalucía el 14 de julio de ese mismo año. «Paso de médico rural a pastorear a sus señorías », proclamó ante los medios nada más tomar posesión, definiendo con precisión milimétrica lo que sería su estilo en el cargo. En una época marcada por la polarización y la crispación en los hemiciclos de todo el país, Aguirre logró rebajar la temperatura política andaluza aplicando la socarronería y el sentido común de la Medicina de pueblo. «Esto parece un mercado de abastos», aseguró en una ocasión para intentar apaciguar a sus señorías en un debate broncoDurante su mandato, no dudó en detener broncos debates presupuestarios entre el PSOE y el PP abroncando a los diputados al grito de «esto parece un mercado de abastos», o exigiendo «un poquito de por favor» para que guardaran silencio, evocando inevitablemente al portero interpretado por su paisano Fernando Tejero en la popular serie ‘Aquí no hay quien viva’. Con una mezcla de firmeza, humor y desparpajo, llegó a admitir que le costaba más trabajo moderar la Cámara regional que frenar la epidemia de la listeriosis.Y es que Aguirre nunca ha dejado de ser el facultativo que llamaba por su nombre a los pacientes en sus consultas de Villa del Río, Peñarroya-Pueblonuevo, Fuente Palmera, Carcabuey, Hornachuelos y Córdoba capital. Fundador del Sindicato Médico Andaluz y expresidente del Colegio Médico cordobés y de la Organización Médica Colegial, concebía su profesión como un ejercicio de psicología y confidencia. De hecho, tenía un método infalible con los estudiantes en prácticas: les preguntaba por el color de ojos del paciente que acababan de ver; si no lo sabían, su ojo clínico sentenciaba que aún no estaban listos para escuchar. Amigo del primer médico fallecido por el Covid en CórdobaEse lado humano hizo que la pandemia le dejara cicatrices imborrables, como las llamadas de pésame a las familias en los momentos de grave desabastecimiento de material de protección para los sanitarios, o la pérdida del que fue el primer médico fallecido por la Covid en Andalucía, su amigo de toda la vida. En los momentos de mayor agotamiento, su refugio moral siempre ha sido su hermano mayor, Juan José, obispo misionero en Bangassou (África central), a quien admira profundamente hasta confesar que no le llega «ni a la altura de la alpargata». Con él compartió el dolor de enterrar a su madre, Estrella Muñoz, fallecida a los 92 años.En los anales del Diario de Sesiones queda para el recuerdo su rechazo a los discursos engolados y la tecnocracia vacía. «Mire usted, yo no soy de dar ruedas de prensa con powerpoints bonitos, yo les hablo en cristiano », respondió a una oposición que tildaba sus comparecencias de charlas de bar. Esa autenticidad, que lo convirtió en fenómeno viral y carne de meme, regaló a los ciudadanos genialidades de la gestión pública como la orden de rebañar los «culillos» en los viales de Pfizer para extraer una sexta dosis, o su advertencia de que «la cepa británica ha entrado en Andalucía como un elefante en una cacharrería». «Que gane España»Como árbitro parlamentario, su agudeza no se quedó atrás: ante la diputada Maribel Mora, que vertió arena de Doñana en el escaño de Juanma Moreno, le soltó un implacable «si lo que quiere es llamar la atención, cómprese un mono». Hace dos semanas cerró una sesión al grito de «¡se levanta la sesión… y que gane España !» en pleno Mundial de Fútbol de 2026; y encajó las críticas de Vox con una ironía desarmante cuando, tras ser tildado de mal presidente por Manuel Gavira, respondió desde la Mesa con un simple: «Ya lo sé».El próximo jueves se cerrará el telón de una presidencia irrepetible. En su última Junta de Portavoces, Aguirre se despidió pidiendo perdón si alguna vez faltó a la objetividad, recordando a todos que «la discrepancia es la esencia de la democracia» y celebrando que «gracias a Dios, Andalucía es plural». Jesús Aguirre Muñoz regresa al Senado dejando tras de sí una impronta indeleble y demostrando que la dignidad de las instituciones es compatible con el desparpajo y la sencillez, y que la política, a veces, se cura prescribiendo una buena dosis de naturalidad y cercanía. El Parlamento de Andalucía vivirá el próximo jueves 23 de julio el fin de una época singular con la celebración del último pleno presidido por Jesús Aguirre Muñoz . Tras cuatro años al frente de la institución, el médico cordobés cede el testigo a la diputada del PP por Cádiz Ana Mestre tras formalizar su renuncia para ser designado senador en representación de la comunidad autónoma. Será una sesión plenaria concentrada en una única jornada, que arrancará a las 10,30 horas con las votaciones para elegir a la nueva máxima responsable de la Cámara, y en la que también comparecerá el vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Antonio Sanz, para dar cuenta del trágico incendio de Los Gallardos en Almería. A sus 70 años, Aguirre cierra su ciclo autonómico y hace las maletas de vuelta a Madrid, donde ya ocupó un escaño en la Cámara Alta por su Córdoba natal durante tres legislaturas antes de que el destino, y Juanma Moreno, lo reclamaran en Sevilla.La llegada de Aguirre a la primera línea del Ejecutivo andaluz en enero de 2019 truncó unos planes mucho más plácidos. Estaba preparando el equipaje junto a su esposa, también médica de familia y aficionada al pádel, para viajar a Mallorca cuando el presidente de la Junta le ofreció la Consejería de Salud y Familias en su primer Gobierno. Deshizo las maletas a toda prisa sin imaginar que su mandato se convertiría en un máster acelerado en gestión de grandes catástrofes. Acostumbrado a bromear con que ha sobrevivido a tres de las siete plagas bíblicas, su bautismo de fuego llegó a los siete meses con el brote masivo de listeriosis de la empresa Magrudis, donde descubrió que los botes etiquetados como carne mechada ocultaban chicharrones sin trazabilidad alguna. Poco después llegó el virus del Nilo y, sobre todo, la pandemia del coronavirus . Aquella crisis inédita le exigió una dedicación de 24 horas al día, le costó innumerables lágrimas y curtió una resistencia política que lo reveló como un dirigente insumergible, capaz de flotar sobre cualquier tempestad como un tapón de corcho.Esa resiliencia (como llaman ahora los modernos a la resistencia de toda la vida), avalada por la mayoría absoluta del Partido Popular en 2022, lo elevó a la Presidencia del Parlamento de Andalucía el 14 de julio de ese mismo año. «Paso de médico rural a pastorear a sus señorías », proclamó ante los medios nada más tomar posesión, definiendo con precisión milimétrica lo que sería su estilo en el cargo. En una época marcada por la polarización y la crispación en los hemiciclos de todo el país, Aguirre logró rebajar la temperatura política andaluza aplicando la socarronería y el sentido común de la Medicina de pueblo. «Esto parece un mercado de abastos», aseguró en una ocasión para intentar apaciguar a sus señorías en un debate broncoDurante su mandato, no dudó en detener broncos debates presupuestarios entre el PSOE y el PP abroncando a los diputados al grito de «esto parece un mercado de abastos», o exigiendo «un poquito de por favor» para que guardaran silencio, evocando inevitablemente al portero interpretado por su paisano Fernando Tejero en la popular serie ‘Aquí no hay quien viva’. Con una mezcla de firmeza, humor y desparpajo, llegó a admitir que le costaba más trabajo moderar la Cámara regional que frenar la epidemia de la listeriosis.Y es que Aguirre nunca ha dejado de ser el facultativo que llamaba por su nombre a los pacientes en sus consultas de Villa del Río, Peñarroya-Pueblonuevo, Fuente Palmera, Carcabuey, Hornachuelos y Córdoba capital. Fundador del Sindicato Médico Andaluz y expresidente del Colegio Médico cordobés y de la Organización Médica Colegial, concebía su profesión como un ejercicio de psicología y confidencia. De hecho, tenía un método infalible con los estudiantes en prácticas: les preguntaba por el color de ojos del paciente que acababan de ver; si no lo sabían, su ojo clínico sentenciaba que aún no estaban listos para escuchar. Amigo del primer médico fallecido por el Covid en CórdobaEse lado humano hizo que la pandemia le dejara cicatrices imborrables, como las llamadas de pésame a las familias en los momentos de grave desabastecimiento de material de protección para los sanitarios, o la pérdida del que fue el primer médico fallecido por la Covid en Andalucía, su amigo de toda la vida. En los momentos de mayor agotamiento, su refugio moral siempre ha sido su hermano mayor, Juan José, obispo misionero en Bangassou (África central), a quien admira profundamente hasta confesar que no le llega «ni a la altura de la alpargata». Con él compartió el dolor de enterrar a su madre, Estrella Muñoz, fallecida a los 92 años.En los anales del Diario de Sesiones queda para el recuerdo su rechazo a los discursos engolados y la tecnocracia vacía. «Mire usted, yo no soy de dar ruedas de prensa con powerpoints bonitos, yo les hablo en cristiano », respondió a una oposición que tildaba sus comparecencias de charlas de bar. Esa autenticidad, que lo convirtió en fenómeno viral y carne de meme, regaló a los ciudadanos genialidades de la gestión pública como la orden de rebañar los «culillos» en los viales de Pfizer para extraer una sexta dosis, o su advertencia de que «la cepa británica ha entrado en Andalucía como un elefante en una cacharrería». «Que gane España»Como árbitro parlamentario, su agudeza no se quedó atrás: ante la diputada Maribel Mora, que vertió arena de Doñana en el escaño de Juanma Moreno, le soltó un implacable «si lo que quiere es llamar la atención, cómprese un mono». Hace dos semanas cerró una sesión al grito de «¡se levanta la sesión… y que gane España !» en pleno Mundial de Fútbol de 2026; y encajó las críticas de Vox con una ironía desarmante cuando, tras ser tildado de mal presidente por Manuel Gavira, respondió desde la Mesa con un simple: «Ya lo sé».El próximo jueves se cerrará el telón de una presidencia irrepetible. En su última Junta de Portavoces, Aguirre se despidió pidiendo perdón si alguna vez faltó a la objetividad, recordando a todos que «la discrepancia es la esencia de la democracia» y celebrando que «gracias a Dios, Andalucía es plural». Jesús Aguirre Muñoz regresa al Senado dejando tras de sí una impronta indeleble y demostrando que la dignidad de las instituciones es compatible con el desparpajo y la sencillez, y que la política, a veces, se cura prescribiendo una buena dosis de naturalidad y cercanía. El Parlamento de Andalucía vivirá el próximo jueves 23 de julio el fin de una época singular con la celebración del último pleno presidido por Jesús Aguirre Muñoz . Tras cuatro años al frente de la institución, el médico cordobés cede el testigo a la diputada del PP por Cádiz Ana Mestre tras formalizar su renuncia para ser designado senador en representación de la comunidad autónoma. Será una sesión plenaria concentrada en una única jornada, que arrancará a las 10,30 horas con las votaciones para elegir a la nueva máxima responsable de la Cámara, y en la que también comparecerá el vicepresidente primero y consejero de Presidencia, Antonio Sanz, para dar cuenta del trágico incendio de Los Gallardos en Almería. A sus 70 años, Aguirre cierra su ciclo autonómico y hace las maletas de vuelta a Madrid, donde ya ocupó un escaño en la Cámara Alta por su Córdoba natal durante tres legislaturas antes de que el destino, y Juanma Moreno, lo reclamaran en Sevilla.La llegada de Aguirre a la primera línea del Ejecutivo andaluz en enero de 2019 truncó unos planes mucho más plácidos. Estaba preparando el equipaje junto a su esposa, también médica de familia y aficionada al pádel, para viajar a Mallorca cuando el presidente de la Junta le ofreció la Consejería de Salud y Familias en su primer Gobierno. Deshizo las maletas a toda prisa sin imaginar que su mandato se convertiría en un máster acelerado en gestión de grandes catástrofes. Acostumbrado a bromear con que ha sobrevivido a tres de las siete plagas bíblicas, su bautismo de fuego llegó a los siete meses con el brote masivo de listeriosis de la empresa Magrudis, donde descubrió que los botes etiquetados como carne mechada ocultaban chicharrones sin trazabilidad alguna. Poco después llegó el virus del Nilo y, sobre todo, la pandemia del coronavirus . Aquella crisis inédita le exigió una dedicación de 24 horas al día, le costó innumerables lágrimas y curtió una resistencia política que lo reveló como un dirigente insumergible, capaz de flotar sobre cualquier tempestad como un tapón de corcho.Esa resiliencia (como llaman ahora los modernos a la resistencia de toda la vida), avalada por la mayoría absoluta del Partido Popular en 2022, lo elevó a la Presidencia del Parlamento de Andalucía el 14 de julio de ese mismo año. «Paso de médico rural a pastorear a sus señorías », proclamó ante los medios nada más tomar posesión, definiendo con precisión milimétrica lo que sería su estilo en el cargo. En una época marcada por la polarización y la crispación en los hemiciclos de todo el país, Aguirre logró rebajar la temperatura política andaluza aplicando la socarronería y el sentido común de la Medicina de pueblo. «Esto parece un mercado de abastos», aseguró en una ocasión para intentar apaciguar a sus señorías en un debate broncoDurante su mandato, no dudó en detener broncos debates presupuestarios entre el PSOE y el PP abroncando a los diputados al grito de «esto parece un mercado de abastos», o exigiendo «un poquito de por favor» para que guardaran silencio, evocando inevitablemente al portero interpretado por su paisano Fernando Tejero en la popular serie ‘Aquí no hay quien viva’. Con una mezcla de firmeza, humor y desparpajo, llegó a admitir que le costaba más trabajo moderar la Cámara regional que frenar la epidemia de la listeriosis.Y es que Aguirre nunca ha dejado de ser el facultativo que llamaba por su nombre a los pacientes en sus consultas de Villa del Río, Peñarroya-Pueblonuevo, Fuente Palmera, Carcabuey, Hornachuelos y Córdoba capital. Fundador del Sindicato Médico Andaluz y expresidente del Colegio Médico cordobés y de la Organización Médica Colegial, concebía su profesión como un ejercicio de psicología y confidencia. De hecho, tenía un método infalible con los estudiantes en prácticas: les preguntaba por el color de ojos del paciente que acababan de ver; si no lo sabían, su ojo clínico sentenciaba que aún no estaban listos para escuchar. Amigo del primer médico fallecido por el Covid en CórdobaEse lado humano hizo que la pandemia le dejara cicatrices imborrables, como las llamadas de pésame a las familias en los momentos de grave desabastecimiento de material de protección para los sanitarios, o la pérdida del que fue el primer médico fallecido por la Covid en Andalucía, su amigo de toda la vida. En los momentos de mayor agotamiento, su refugio moral siempre ha sido su hermano mayor, Juan José, obispo misionero en Bangassou (África central), a quien admira profundamente hasta confesar que no le llega «ni a la altura de la alpargata». Con él compartió el dolor de enterrar a su madre, Estrella Muñoz, fallecida a los 92 años.En los anales del Diario de Sesiones queda para el recuerdo su rechazo a los discursos engolados y la tecnocracia vacía. «Mire usted, yo no soy de dar ruedas de prensa con powerpoints bonitos, yo les hablo en cristiano », respondió a una oposición que tildaba sus comparecencias de charlas de bar. Esa autenticidad, que lo convirtió en fenómeno viral y carne de meme, regaló a los ciudadanos genialidades de la gestión pública como la orden de rebañar los «culillos» en los viales de Pfizer para extraer una sexta dosis, o su advertencia de que «la cepa británica ha entrado en Andalucía como un elefante en una cacharrería». «Que gane España»Como árbitro parlamentario, su agudeza no se quedó atrás: ante la diputada Maribel Mora, que vertió arena de Doñana en el escaño de Juanma Moreno, le soltó un implacable «si lo que quiere es llamar la atención, cómprese un mono». Hace dos semanas cerró una sesión al grito de «¡se levanta la sesión… y que gane España !» en pleno Mundial de Fútbol de 2026; y encajó las críticas de Vox con una ironía desarmante cuando, tras ser tildado de mal presidente por Manuel Gavira, respondió desde la Mesa con un simple: «Ya lo sé».El próximo jueves se cerrará el telón de una presidencia irrepetible. En su última Junta de Portavoces, Aguirre se despidió pidiendo perdón si alguna vez faltó a la objetividad, recordando a todos que «la discrepancia es la esencia de la democracia» y celebrando que «gracias a Dios, Andalucía es plural». Jesús Aguirre Muñoz regresa al Senado dejando tras de sí una impronta indeleble y demostrando que la dignidad de las instituciones es compatible con el desparpajo y la sencillez, y que la política, a veces, se cura prescribiendo una buena dosis de naturalidad y cercanía. RSS de noticias de espana
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