Con casi un tercio de la competición completada, la clasificación del Sevilla parece ya más cosa de merecimiento que de puro azar. Si el año pasado se comentaba (con toda la razón) que el conjunto hispalense estaba sobrepuntuando, esta temporada no da la impresión de que los sevillistas tengan más de lo que merecen, al contrario, en los empates registrados incluso el premio hubiera podido ser mayor. Ahora que Luis García Plaza también ha probado a su unidad b en la Copa, se puede certificar que toda la plantilla está metida en la película al cien por cien. Esto hace pensar a la mayoría de la afición que, al fin, este año no se va a sufrir por la permanencia, mientras que otros más osados ya piensan en un premio superior. Y es que en Nervión son mucho del Viejo Continente. Europa a nivel socioeconómico, quizás, genera alguna duda. Pero en cuanto se mete un balón de por medio, absolutamente todos europeístas de manual. No obstante, hay que recordar que, tanto bien como para mal, aún no se ha cumplido el primer tercio de la competición y, aunque soñar es lícito, desorientarse sería un gran problema. Incluso en el caso de que el Sevilla de Luis García Plaza consiguiera firmar una temporada redonda y clasificarse para alguna competición europea, habría que estudiar bien la conveniencia del asunto. Miren al Rayo o al Getafe este año, ¿dónde está aquel Girona que encandiló al fútbol? El Sevilla tiene una inestabilidad económica en la que cualquier ingreso extraordinario es una bomba de oxígeno, pero, en contraposición, hay un precio deportivo a pagar. Ahora que todo indica que el equipo ha encontrado un contexto en el que crecer, meter más condicionantes podría ser imprudente. O no. También existe el escenario de que todo encaje a la perfección y Europa sólo sea una motivación extra para todos. No obstante, el antieuropeísmo es tan lícito, como aquel que sueña con recuperar la grandeza de su club. Soñar es gratis y, en estos tiempos tan oscuros, mejor hacerlo mientras se pueda. Con casi un tercio de la competición completada, la clasificación del Sevilla parece ya más cosa de merecimiento que de puro azar. Si el año pasado se comentaba (con toda la razón) que el conjunto hispalense estaba sobrepuntuando, esta temporada no da la impresión de que los sevillistas tengan más de lo que merecen, al contrario, en los empates registrados incluso el premio hubiera podido ser mayor. Ahora que Luis García Plaza también ha probado a su unidad b en la Copa, se puede certificar que toda la plantilla está metida en la película al cien por cien. Esto hace pensar a la mayoría de la afición que, al fin, este año no se va a sufrir por la permanencia, mientras que otros más osados ya piensan en un premio superior. Y es que en Nervión son mucho del Viejo Continente. Europa a nivel socioeconómico, quizás, genera alguna duda. Pero en cuanto se mete un balón de por medio, absolutamente todos europeístas de manual. No obstante, hay que recordar que, tanto bien como para mal, aún no se ha cumplido el primer tercio de la competición y, aunque soñar es lícito, desorientarse sería un gran problema. Incluso en el caso de que el Sevilla de Luis García Plaza consiguiera firmar una temporada redonda y clasificarse para alguna competición europea, habría que estudiar bien la conveniencia del asunto. Miren al Rayo o al Getafe este año, ¿dónde está aquel Girona que encandiló al fútbol? El Sevilla tiene una inestabilidad económica en la que cualquier ingreso extraordinario es una bomba de oxígeno, pero, en contraposición, hay un precio deportivo a pagar. Ahora que todo indica que el equipo ha encontrado un contexto en el que crecer, meter más condicionantes podría ser imprudente. O no. También existe el escenario de que todo encaje a la perfección y Europa sólo sea una motivación extra para todos. No obstante, el antieuropeísmo es tan lícito, como aquel que sueña con recuperar la grandeza de su club. Soñar es gratis y, en estos tiempos tan oscuros, mejor hacerlo mientras se pueda. Con casi un tercio de la competición completada, la clasificación del Sevilla parece ya más cosa de merecimiento que de puro azar. Si el año pasado se comentaba (con toda la razón) que el conjunto hispalense estaba sobrepuntuando, esta temporada no da la impresión de que los sevillistas tengan más de lo que merecen, al contrario, en los empates registrados incluso el premio hubiera podido ser mayor. Ahora que Luis García Plaza también ha probado a su unidad b en la Copa, se puede certificar que toda la plantilla está metida en la película al cien por cien. Esto hace pensar a la mayoría de la afición que, al fin, este año no se va a sufrir por la permanencia, mientras que otros más osados ya piensan en un premio superior. Y es que en Nervión son mucho del Viejo Continente. Europa a nivel socioeconómico, quizás, genera alguna duda. Pero en cuanto se mete un balón de por medio, absolutamente todos europeístas de manual. No obstante, hay que recordar que, tanto bien como para mal, aún no se ha cumplido el primer tercio de la competición y, aunque soñar es lícito, desorientarse sería un gran problema. Incluso en el caso de que el Sevilla de Luis García Plaza consiguiera firmar una temporada redonda y clasificarse para alguna competición europea, habría que estudiar bien la conveniencia del asunto. Miren al Rayo o al Getafe este año, ¿dónde está aquel Girona que encandiló al fútbol? El Sevilla tiene una inestabilidad económica en la que cualquier ingreso extraordinario es una bomba de oxígeno, pero, en contraposición, hay un precio deportivo a pagar. Ahora que todo indica que el equipo ha encontrado un contexto en el que crecer, meter más condicionantes podría ser imprudente. O no. También existe el escenario de que todo encaje a la perfección y Europa sólo sea una motivación extra para todos. No obstante, el antieuropeísmo es tan lícito, como aquel que sueña con recuperar la grandeza de su club. Soñar es gratis y, en estos tiempos tan oscuros, mejor hacerlo mientras se pueda. RSS de noticias de deportes
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octubre 31, 2026
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