No es tanto lo que se dice como lo que muestra todo aquello que se dice y, quizá más importante aún, lo que se calla. Es decir, lo que sin poder decirse porque el propio lenguaje no alcanza queda en evidencia por la estructura y forma de nuestra manera de pensar, obrar o reflexionar. El director checo Ondrej Provazník se diría seguidor (o cuanto menos lector) del primer Wittgenstein convencido de que los límites del lenguaje son en la misma medida los límites del mundo. Y para que quede claro diseña una película enteramente construida desde las miradas, los silencios, los gestos apenas apuntados… No desde el diálogo o el guion simplemente. No es tanto que se quiera hacer el interesante, que quizá un poco sí, ni mucho menos que le pueda el pudor, simplemente está convencido de que los mecanismos del abuso y el machismo, de eso hablamos, están tan sólidamente anclados y ocultos en la forma cómo representamos y nos creemos el mundo que para hablar de ellos es preciso antes refutarlo todo, empezando por la misma forma cómo representamos y nos creemos el mundo. No se trata, por tanto, de decir, puesto que las palabras que usamos normalmente estaban infectadas, como mostrar. Y así.
El director checo Ondrej Provazník explora los mecanismos del abuso machista en un drama sutil, preciso y crudo con alma de thriller modélico
No es tanto lo que se dice como lo que muestra todo aquello que se dice y, quizá más importante aún, lo que se calla. Es decir, lo que sin poder decirse porque el propio lenguaje no alcanza queda en evidencia por la estructura y forma de nuestra manera de pensar, obrar o reflexionar. El director checo Ondrej Provazník se diría seguidor (o cuanto menos lector) del primer Wittgenstein convencido de que los límites del lenguaje son en la misma medida los límites del mundo. Y para que quede claro diseña una película enteramente construida desde las miradas, los silencios, los gestos apenas apuntados… No desde el diálogo o el guion simplemente. No es tanto que se quiera hacer el interesante, que quizá un poco sí, ni mucho menos que le pueda el pudor, simplemente está convencido de que los mecanismos del abuso y el machismo, de eso hablamos, están tan sólidamente anclados y ocultos en la forma cómo representamos y nos creemos el mundo que para hablar de ellos es preciso antes refutarlo todo, empezando por la misma forma cómo representamos y nos creemos el mundo. No se trata, por tanto, de decir, puesto que las palabras que usamos normalmente estaban infectadas, como mostrar. Y así.
Noticias de Cultura
