El hermano pequeño de Maruchi Rivas siempre pensó que a su hermana la habían atropellado volviendo del colegio. Nadie, mientras fue niño, se atrevió a contarle el verdadero destino de la pequeña de 9 años, a la que un hombre secuestró en la parada del autobús el primer día de clase para violarla en un monte cercano y después asesinarla con un machete. Lo que sí sabrá esta persona, casi 35 después del crimen, es que la muerte de su hermana cambió por completo la tutela que en España se hacía de los presos que estaban en libertad condicional y obligó a extremar unas medidas de vigilancia que, probablemente, han ayudado a salvar cientos de vidas. «Cuando salió la condena, le dije a esos padres que no le podía devolver a su hija, pero que Maruchi perviviría en los libros de historia del derecho porque logramos que se condenase al Estado por no haber tutelado a ese preso, y obligamos a un cambio de la legislación penitenciaria». Quien habla es el penalista ferrolano Ricardo Pérez Lama, abogado de la familia de la niña asesinada en Vilalba en septiembre de 1992 y que, pese a los años transcurridos, recuerda el shock que produjo la muerte de la pequeña.El día de su muerte, Maruchi se cruzó en el camino de José María Real López, un lucense de 30 años que estaba en libertad condicional por una agresión sexual a una menor, y que se pasaba los días frecuentando los bares de la zona. Esa mañana, Real siguió a la pequeña desde que la parada del bus escolar hasta que enfiló, sola, el camino de regreso a casa. Ajeno a cualquier mirada, el reo la abordó, la metió en su coche y se la llevó a un monte cercano, donde la violó brutalmente . Después la asesinó con un machete y huyó. La desaparición de la niña activó todas las alertas en la zona. Agentes, vecinos y conocidos se echaron a las calles en busca de la pequeña. Su cuerpo fue localizado unos días más tarde por unos voluntarios de la Cruz Roja que se adentraron en una robleda próxima al polígono industrial de Vilalba. El cuerpo de la niña, describen las crónicas de la época, apareció cubierto por unas hojas. Había sido rociado con ácido para acelerar su descomposición.Sobre la investigación que se inició para dar con el autor de esa atrocidad, Pérez Lama recuerda que fueron jornadas frenéticas, en las que se sabía que un violador andaba suelto. y que pusieron en jaque a toda Galicia. Lo cierto es que, tras recabar todos los indicios posibles, Real López no tardó en estar en el punto de mira de los agentes. Sabían que un amigo había alquilado para él un Ford fiesta de color blanco el día de los hechos y el juez instructor se la jugó al permitir la publicación de su imagen en los medios de comunicación. El Consejo General del Poder Judicial le abrió un expediente, pero gracias a esta fotografía unos vecinos lo reconocieron y dieron la pista definitiva sobre su paradero , tres semanas después del crimen, en Padrón. Quienes lo descubrieron lo redujeron y ataron a un poste, pese a que el sospechoso iba armado con un cuchillo de grandes dimensiones.Momento de la detención del acusado y su traslado en furgón. EL PROGRESOCuando los efectivos de la Guardia Civil acabaron por echarle el guante, explica el abogado de la familia, se encontraron con un hombre carente de empatía, imposible de quebrar. «No había forma de conseguir una confesión de él, pese a que estábamos seguros de que lo había hecho. Con el juez y conmigo mismo se mostraba sumiso y lo negaba todo, hasta que decidimos ponerle delante a una de mis compañeras ». La estrategia funcionó y desenmascaró a un hombre «que dirigía toda su rabia contra las mujeres». «Fue mortal escucharlo, ahí salió todo, la mató de la forma más vil» remarca el letrado ferrolano.Ya en el juicio, la expectación por el crimen fue máxima. Las imágenes que se conservan de la época muestran a cientos de personas esperando en el exterior de la Audiencia provincial en la que se juzgó la muerte de Maruchi. Fue dos años después de la detención, en 1994, y la sociedad clamó justicia. De haberse producido en la actualidad, este crimen habría sido juzgado por un jurado popular compuesto por nueve ciudadanos y las acusaciones habrían pedido la prisión permanente revisable para él al tratarse de una agresión sexual con muerte. Un caso con muchos paralelismos con el de Diana Quer. Pero, en aquel momento, a Real López lo juzgó un tribunal profesional que lo condenó a 56 años de prisión .MÁS INFORMACIÓN noticia Si Aniversario de la primera prisión permanente: «Si tuviera que darle nombre al monstruo, sería él»Los asistentes recuerdan el silencio sepulcral de ese plenario. Todos estaban pendientes de lo que el acusado declararía sobre la jornada en la que Maruchi no regresó a casa. Sin romperse, Real López confesó que la había matado, pero negó de forma reiterada la violación . Mantuvo que ese día se había tomado dos tranquilizantes y unas cuantas cervezas y que, después de comer, había visto a la niña caminando sola. Dijo que la había metido a la fuerza en el maletero, y que la había llevado hasta un polígono en el que intentó violarla. La pequeña intentó escapar, pero él la apretó y la empujó hacia una zona arbolada, donde volvió a forzarla, sin consumarlo. Después, manifestó ante el asombro de la sala, le dio varios golpes con un machete y se fue.Durante la celebración del juicio, con todos los focos puestos sobre el acusado, también salió a la luz un análisis con el que la defensa trató de amortiguar la pena a la que se enfrentaba. Tras ser sometido a una serie de evaluaciones, los forenses descubrieron que José María Real López poseía un cromosoma de más, 47 en total . Una alteración inusual definida como «síndrome de Klineceter» que vuelve a quienes lo padecen más tendentes a la pedofilia¡, según indicaron. Eso sí, aclararon los expertos, esta alteración cromosómica no mermaba el control de sus actos ni le impedía «ser dueño de ellos». Sobre la personalidad del procesado, los forenses lo dibujaron como un ser con una inteligencia por encima de la media , antisocial y con «tendencia a aprovecharse de los niños». Las explicaciones médicas sirvieron para contemplar una atenuante de psicopatía que rebajó la petición de pena inicial de los 60 años a los 56 a los que acabó siendo condenado. Pero el viacrucis judicial de la familia de Maruchi no remató con esta sentencia. Con el culpable del asesinato entre rejas, el letrado de la acusación peleó para modificar el control que se ejercía sobre los presos condicionales, y logró para la familia una indemnización pionera cinco años después del crimen. Veinte millones de euros con los que el Estado tuvo que resarcir a los padres por no haber vigilado a un hombre que había pasado los últimos nueve años encerrado por la violación de otra menor y que todos los informes describían como un «psicópata peligroso».Un pedófilo en la calle Nada se sabe, desde que lo excarcelaron por la derogación de la doctrina Parot, del verdugo de la niña Maruchi, a la que metió en el maletero del coche para violarla en el monte y matarla«Fue un hito de la jurisprudencia. Por aquel entonces las comisiones de asistencia penitenciaria tenían una obligación legal, pero era todo muy descafeinado. Cuando salió la sentencia que condenó al Estado se pusieron las pilas y se empezaron a modificar muchas normas» asegura Ricardo Pérez Lama, que siguió de cerca todos los avances en el control de los liberados condicionales. La sorpresa llegó cuando, en aplicación de la anulación de la doctrina Parot, y habiendo cumplido solo 20 años de prisión por el asesinato de Maruchi, su verdugo quedó en libertad . A través de un auto de la Audiencia provincial de Lugo que dictó su excarcelación «inmediata», Real López abandonó la prisión de Herrera de la Mancha y quedó libre. Pero su fama, lo precedió.En 2014, los vecinos de Almagro, en Ciudad Real, se concentraron para mostrar su indignación por la llegada de un nuevo habitante, recientemente excarcelado por una derogación que echó por tierra el cumplimiento íntegro de las penas en los casos de los condenados a más de 30 años de cárcel. Los antecedentes pedófilos de Real López no tardaron en hacerse públicos y el miedo entre la población dio pie a numerosas protestas que acabaron por espantarlo. Desde entonces, nada se sabe del paradero del asesino de una niña de Vilalba que cambió el proceder de todo un país y cuya muerte, como su abogado pronosticó, no fue en vano. El hermano pequeño de Maruchi Rivas siempre pensó que a su hermana la habían atropellado volviendo del colegio. Nadie, mientras fue niño, se atrevió a contarle el verdadero destino de la pequeña de 9 años, a la que un hombre secuestró en la parada del autobús el primer día de clase para violarla en un monte cercano y después asesinarla con un machete. Lo que sí sabrá esta persona, casi 35 después del crimen, es que la muerte de su hermana cambió por completo la tutela que en España se hacía de los presos que estaban en libertad condicional y obligó a extremar unas medidas de vigilancia que, probablemente, han ayudado a salvar cientos de vidas. «Cuando salió la condena, le dije a esos padres que no le podía devolver a su hija, pero que Maruchi perviviría en los libros de historia del derecho porque logramos que se condenase al Estado por no haber tutelado a ese preso, y obligamos a un cambio de la legislación penitenciaria». Quien habla es el penalista ferrolano Ricardo Pérez Lama, abogado de la familia de la niña asesinada en Vilalba en septiembre de 1992 y que, pese a los años transcurridos, recuerda el shock que produjo la muerte de la pequeña.El día de su muerte, Maruchi se cruzó en el camino de José María Real López, un lucense de 30 años que estaba en libertad condicional por una agresión sexual a una menor, y que se pasaba los días frecuentando los bares de la zona. Esa mañana, Real siguió a la pequeña desde que la parada del bus escolar hasta que enfiló, sola, el camino de regreso a casa. Ajeno a cualquier mirada, el reo la abordó, la metió en su coche y se la llevó a un monte cercano, donde la violó brutalmente . Después la asesinó con un machete y huyó. La desaparición de la niña activó todas las alertas en la zona. Agentes, vecinos y conocidos se echaron a las calles en busca de la pequeña. Su cuerpo fue localizado unos días más tarde por unos voluntarios de la Cruz Roja que se adentraron en una robleda próxima al polígono industrial de Vilalba. El cuerpo de la niña, describen las crónicas de la época, apareció cubierto por unas hojas. Había sido rociado con ácido para acelerar su descomposición.Sobre la investigación que se inició para dar con el autor de esa atrocidad, Pérez Lama recuerda que fueron jornadas frenéticas, en las que se sabía que un violador andaba suelto. y que pusieron en jaque a toda Galicia. Lo cierto es que, tras recabar todos los indicios posibles, Real López no tardó en estar en el punto de mira de los agentes. Sabían que un amigo había alquilado para él un Ford fiesta de color blanco el día de los hechos y el juez instructor se la jugó al permitir la publicación de su imagen en los medios de comunicación. El Consejo General del Poder Judicial le abrió un expediente, pero gracias a esta fotografía unos vecinos lo reconocieron y dieron la pista definitiva sobre su paradero , tres semanas después del crimen, en Padrón. Quienes lo descubrieron lo redujeron y ataron a un poste, pese a que el sospechoso iba armado con un cuchillo de grandes dimensiones.Momento de la detención del acusado y su traslado en furgón. EL PROGRESOCuando los efectivos de la Guardia Civil acabaron por echarle el guante, explica el abogado de la familia, se encontraron con un hombre carente de empatía, imposible de quebrar. «No había forma de conseguir una confesión de él, pese a que estábamos seguros de que lo había hecho. Con el juez y conmigo mismo se mostraba sumiso y lo negaba todo, hasta que decidimos ponerle delante a una de mis compañeras ». La estrategia funcionó y desenmascaró a un hombre «que dirigía toda su rabia contra las mujeres». «Fue mortal escucharlo, ahí salió todo, la mató de la forma más vil» remarca el letrado ferrolano.Ya en el juicio, la expectación por el crimen fue máxima. Las imágenes que se conservan de la época muestran a cientos de personas esperando en el exterior de la Audiencia provincial en la que se juzgó la muerte de Maruchi. Fue dos años después de la detención, en 1994, y la sociedad clamó justicia. De haberse producido en la actualidad, este crimen habría sido juzgado por un jurado popular compuesto por nueve ciudadanos y las acusaciones habrían pedido la prisión permanente revisable para él al tratarse de una agresión sexual con muerte. Un caso con muchos paralelismos con el de Diana Quer. Pero, en aquel momento, a Real López lo juzgó un tribunal profesional que lo condenó a 56 años de prisión .MÁS INFORMACIÓN noticia Si Aniversario de la primera prisión permanente: «Si tuviera que darle nombre al monstruo, sería él»Los asistentes recuerdan el silencio sepulcral de ese plenario. Todos estaban pendientes de lo que el acusado declararía sobre la jornada en la que Maruchi no regresó a casa. Sin romperse, Real López confesó que la había matado, pero negó de forma reiterada la violación . Mantuvo que ese día se había tomado dos tranquilizantes y unas cuantas cervezas y que, después de comer, había visto a la niña caminando sola. Dijo que la había metido a la fuerza en el maletero, y que la había llevado hasta un polígono en el que intentó violarla. La pequeña intentó escapar, pero él la apretó y la empujó hacia una zona arbolada, donde volvió a forzarla, sin consumarlo. Después, manifestó ante el asombro de la sala, le dio varios golpes con un machete y se fue.Durante la celebración del juicio, con todos los focos puestos sobre el acusado, también salió a la luz un análisis con el que la defensa trató de amortiguar la pena a la que se enfrentaba. Tras ser sometido a una serie de evaluaciones, los forenses descubrieron que José María Real López poseía un cromosoma de más, 47 en total . Una alteración inusual definida como «síndrome de Klineceter» que vuelve a quienes lo padecen más tendentes a la pedofilia¡, según indicaron. Eso sí, aclararon los expertos, esta alteración cromosómica no mermaba el control de sus actos ni le impedía «ser dueño de ellos». Sobre la personalidad del procesado, los forenses lo dibujaron como un ser con una inteligencia por encima de la media , antisocial y con «tendencia a aprovecharse de los niños». Las explicaciones médicas sirvieron para contemplar una atenuante de psicopatía que rebajó la petición de pena inicial de los 60 años a los 56 a los que acabó siendo condenado. Pero el viacrucis judicial de la familia de Maruchi no remató con esta sentencia. Con el culpable del asesinato entre rejas, el letrado de la acusación peleó para modificar el control que se ejercía sobre los presos condicionales, y logró para la familia una indemnización pionera cinco años después del crimen. Veinte millones de euros con los que el Estado tuvo que resarcir a los padres por no haber vigilado a un hombre que había pasado los últimos nueve años encerrado por la violación de otra menor y que todos los informes describían como un «psicópata peligroso».Un pedófilo en la calle Nada se sabe, desde que lo excarcelaron por la derogación de la doctrina Parot, del verdugo de la niña Maruchi, a la que metió en el maletero del coche para violarla en el monte y matarla«Fue un hito de la jurisprudencia. Por aquel entonces las comisiones de asistencia penitenciaria tenían una obligación legal, pero era todo muy descafeinado. Cuando salió la sentencia que condenó al Estado se pusieron las pilas y se empezaron a modificar muchas normas» asegura Ricardo Pérez Lama, que siguió de cerca todos los avances en el control de los liberados condicionales. La sorpresa llegó cuando, en aplicación de la anulación de la doctrina Parot, y habiendo cumplido solo 20 años de prisión por el asesinato de Maruchi, su verdugo quedó en libertad . A través de un auto de la Audiencia provincial de Lugo que dictó su excarcelación «inmediata», Real López abandonó la prisión de Herrera de la Mancha y quedó libre. Pero su fama, lo precedió.En 2014, los vecinos de Almagro, en Ciudad Real, se concentraron para mostrar su indignación por la llegada de un nuevo habitante, recientemente excarcelado por una derogación que echó por tierra el cumplimiento íntegro de las penas en los casos de los condenados a más de 30 años de cárcel. Los antecedentes pedófilos de Real López no tardaron en hacerse públicos y el miedo entre la población dio pie a numerosas protestas que acabaron por espantarlo. Desde entonces, nada se sabe del paradero del asesino de una niña de Vilalba que cambió el proceder de todo un país y cuya muerte, como su abogado pronosticó, no fue en vano. El hermano pequeño de Maruchi Rivas siempre pensó que a su hermana la habían atropellado volviendo del colegio. Nadie, mientras fue niño, se atrevió a contarle el verdadero destino de la pequeña de 9 años, a la que un hombre secuestró en la parada del autobús el primer día de clase para violarla en un monte cercano y después asesinarla con un machete. Lo que sí sabrá esta persona, casi 35 después del crimen, es que la muerte de su hermana cambió por completo la tutela que en España se hacía de los presos que estaban en libertad condicional y obligó a extremar unas medidas de vigilancia que, probablemente, han ayudado a salvar cientos de vidas. «Cuando salió la condena, le dije a esos padres que no le podía devolver a su hija, pero que Maruchi perviviría en los libros de historia del derecho porque logramos que se condenase al Estado por no haber tutelado a ese preso, y obligamos a un cambio de la legislación penitenciaria». Quien habla es el penalista ferrolano Ricardo Pérez Lama, abogado de la familia de la niña asesinada en Vilalba en septiembre de 1992 y que, pese a los años transcurridos, recuerda el shock que produjo la muerte de la pequeña.El día de su muerte, Maruchi se cruzó en el camino de José María Real López, un lucense de 30 años que estaba en libertad condicional por una agresión sexual a una menor, y que se pasaba los días frecuentando los bares de la zona. Esa mañana, Real siguió a la pequeña desde que la parada del bus escolar hasta que enfiló, sola, el camino de regreso a casa. Ajeno a cualquier mirada, el reo la abordó, la metió en su coche y se la llevó a un monte cercano, donde la violó brutalmente . Después la asesinó con un machete y huyó. La desaparición de la niña activó todas las alertas en la zona. Agentes, vecinos y conocidos se echaron a las calles en busca de la pequeña. Su cuerpo fue localizado unos días más tarde por unos voluntarios de la Cruz Roja que se adentraron en una robleda próxima al polígono industrial de Vilalba. El cuerpo de la niña, describen las crónicas de la época, apareció cubierto por unas hojas. Había sido rociado con ácido para acelerar su descomposición.Sobre la investigación que se inició para dar con el autor de esa atrocidad, Pérez Lama recuerda que fueron jornadas frenéticas, en las que se sabía que un violador andaba suelto. y que pusieron en jaque a toda Galicia. Lo cierto es que, tras recabar todos los indicios posibles, Real López no tardó en estar en el punto de mira de los agentes. Sabían que un amigo había alquilado para él un Ford fiesta de color blanco el día de los hechos y el juez instructor se la jugó al permitir la publicación de su imagen en los medios de comunicación. El Consejo General del Poder Judicial le abrió un expediente, pero gracias a esta fotografía unos vecinos lo reconocieron y dieron la pista definitiva sobre su paradero , tres semanas después del crimen, en Padrón. Quienes lo descubrieron lo redujeron y ataron a un poste, pese a que el sospechoso iba armado con un cuchillo de grandes dimensiones.Momento de la detención del acusado y su traslado en furgón. EL PROGRESOCuando los efectivos de la Guardia Civil acabaron por echarle el guante, explica el abogado de la familia, se encontraron con un hombre carente de empatía, imposible de quebrar. «No había forma de conseguir una confesión de él, pese a que estábamos seguros de que lo había hecho. Con el juez y conmigo mismo se mostraba sumiso y lo negaba todo, hasta que decidimos ponerle delante a una de mis compañeras ». La estrategia funcionó y desenmascaró a un hombre «que dirigía toda su rabia contra las mujeres». «Fue mortal escucharlo, ahí salió todo, la mató de la forma más vil» remarca el letrado ferrolano.Ya en el juicio, la expectación por el crimen fue máxima. Las imágenes que se conservan de la época muestran a cientos de personas esperando en el exterior de la Audiencia provincial en la que se juzgó la muerte de Maruchi. Fue dos años después de la detención, en 1994, y la sociedad clamó justicia. De haberse producido en la actualidad, este crimen habría sido juzgado por un jurado popular compuesto por nueve ciudadanos y las acusaciones habrían pedido la prisión permanente revisable para él al tratarse de una agresión sexual con muerte. Un caso con muchos paralelismos con el de Diana Quer. Pero, en aquel momento, a Real López lo juzgó un tribunal profesional que lo condenó a 56 años de prisión .MÁS INFORMACIÓN noticia Si Aniversario de la primera prisión permanente: «Si tuviera que darle nombre al monstruo, sería él»Los asistentes recuerdan el silencio sepulcral de ese plenario. Todos estaban pendientes de lo que el acusado declararía sobre la jornada en la que Maruchi no regresó a casa. Sin romperse, Real López confesó que la había matado, pero negó de forma reiterada la violación . Mantuvo que ese día se había tomado dos tranquilizantes y unas cuantas cervezas y que, después de comer, había visto a la niña caminando sola. Dijo que la había metido a la fuerza en el maletero, y que la había llevado hasta un polígono en el que intentó violarla. La pequeña intentó escapar, pero él la apretó y la empujó hacia una zona arbolada, donde volvió a forzarla, sin consumarlo. Después, manifestó ante el asombro de la sala, le dio varios golpes con un machete y se fue.Durante la celebración del juicio, con todos los focos puestos sobre el acusado, también salió a la luz un análisis con el que la defensa trató de amortiguar la pena a la que se enfrentaba. Tras ser sometido a una serie de evaluaciones, los forenses descubrieron que José María Real López poseía un cromosoma de más, 47 en total . Una alteración inusual definida como «síndrome de Klineceter» que vuelve a quienes lo padecen más tendentes a la pedofilia¡, según indicaron. Eso sí, aclararon los expertos, esta alteración cromosómica no mermaba el control de sus actos ni le impedía «ser dueño de ellos». Sobre la personalidad del procesado, los forenses lo dibujaron como un ser con una inteligencia por encima de la media , antisocial y con «tendencia a aprovecharse de los niños». Las explicaciones médicas sirvieron para contemplar una atenuante de psicopatía que rebajó la petición de pena inicial de los 60 años a los 56 a los que acabó siendo condenado. Pero el viacrucis judicial de la familia de Maruchi no remató con esta sentencia. Con el culpable del asesinato entre rejas, el letrado de la acusación peleó para modificar el control que se ejercía sobre los presos condicionales, y logró para la familia una indemnización pionera cinco años después del crimen. Veinte millones de euros con los que el Estado tuvo que resarcir a los padres por no haber vigilado a un hombre que había pasado los últimos nueve años encerrado por la violación de otra menor y que todos los informes describían como un «psicópata peligroso».Un pedófilo en la calle Nada se sabe, desde que lo excarcelaron por la derogación de la doctrina Parot, del verdugo de la niña Maruchi, a la que metió en el maletero del coche para violarla en el monte y matarla«Fue un hito de la jurisprudencia. Por aquel entonces las comisiones de asistencia penitenciaria tenían una obligación legal, pero era todo muy descafeinado. Cuando salió la sentencia que condenó al Estado se pusieron las pilas y se empezaron a modificar muchas normas» asegura Ricardo Pérez Lama, que siguió de cerca todos los avances en el control de los liberados condicionales. La sorpresa llegó cuando, en aplicación de la anulación de la doctrina Parot, y habiendo cumplido solo 20 años de prisión por el asesinato de Maruchi, su verdugo quedó en libertad . A través de un auto de la Audiencia provincial de Lugo que dictó su excarcelación «inmediata», Real López abandonó la prisión de Herrera de la Mancha y quedó libre. Pero su fama, lo precedió.En 2014, los vecinos de Almagro, en Ciudad Real, se concentraron para mostrar su indignación por la llegada de un nuevo habitante, recientemente excarcelado por una derogación que echó por tierra el cumplimiento íntegro de las penas en los casos de los condenados a más de 30 años de cárcel. Los antecedentes pedófilos de Real López no tardaron en hacerse públicos y el miedo entre la población dio pie a numerosas protestas que acabaron por espantarlo. Desde entonces, nada se sabe del paradero del asesino de una niña de Vilalba que cambió el proceder de todo un país y cuya muerte, como su abogado pronosticó, no fue en vano. RSS de noticias de espana
Noticias Similares
