El héroe, ya lo decía el crítico Trivelín en ABC , se traga ávidamente toda la gloria en un solo día. De una sola bocanada. Y luego, enseguida, llega el olvido. Al ceutí Jacinto Ruiz y Mendoza aquel día le sorprendió postrado en la cama, con fiebre. Nunca imaginó que ese 2 de mayo su nombre pasaría a la historia. Ni que los profesores harían repetir mil veces a los niños en los colegios eso de que « los héroes del 2 de mayo fueron Daoiz, Velarde y el teniente Ruiz », cuando el informe PISA ni existía y la memoria aún desempeñaba un papel relevante en la educación. Hoy muchos desconocen, sin embargo, quién fue ese militar de sencillo apellido, salvo en su Ceuta natal, donde se le recuerda en una plaza, como también se rememora con una placa que allí murió Agustina de Aragón , otra heroína de la Guerra de la Independencia. Esa mañana de 1808, al escuchar las primeras descargas del Ejército napoleónico contra el levantamiento popular en Madrid, el teniente, de 28 años, se levantó del lecho y, sobreponiéndose a su enfermedad, se dirigió al cuartel de su regimiento en la calle San Bernardo. Allí recibió la orden de acudir con el capitán Pedro Velarde y su compañía al parque de artillería de Monteleón, situado en el solar que hoy ocupa la plaza 2 de mayo. Ante el parque se agolpaba una multitud en demanda de armas y el capitán Luis Daoiz, desoyendo el mandato que le prohibía apoyar al pueblo, decidió abrir las puertas del edificio y luchar con él. Los españoles desarmaron a la guardia francesa de unos ochenta hombres que Murat había colocado en el lugar, pero acabaron derrotados frente a los soldados de la División Lefranc enviados a apoderarse del parque. Francisco Amores, que recordó la épica hazaña de Ruiz en estas páginas en 1971 , relató cómo el teniente recibió un balazo en el brazo izquierdo y aún herido «continuó batiéndose obstinado», incluso después de que a Daoíz le hirieran de un bayonetazo (falleció esa misma noche) y Velarde cayera muerto en la plaza. Solo cuando otra bala enemiga le atravesó de pecho a espalda, quedó fuera de combate. «Sustraído a las iras de Murat, que le había sentenciado a muerte», contaba el periodista, el teniente Ruiz se marchó un mes después a Extremadura sin haberse restablecido todavía de sus heridas. Tenía la intención de seguir peleando contra el invasor francés, pero su salud se agravó con el viaje y murió en la localidad cacereña de Trujillo el 13 de marzo de 1809. En su testamento ni siquiera rememoró su gesta. «Recuerda más al sastre al que debe dinero que su batalla en el Parque de Monteleón. Y es hermoso saber que los héroes son así: humanos, como nosotros mismos», apreciaba el escritor y periodista Alfonso Martínez Garrido en 1966 . Traslado de los restos del teniente Ruiz al Obelisco del 2 de mayo en 1909. R. CifuentesHubo que esperar a 1891 para que se erigiera en la plaza del Rey de Madrid un monumento al teniente Ruiz, obra de Mariano Benlliure. Y para que un real decreto ordenara recordar su gesta cada año en la Academia General Militar para estimular a los alumnos a seguir su ejemplo. En el centenario de su muerte, sus restos fueron trasladados a Madrid y depositados en el Monumento a los Héroes del 2 de mayo , junto a los de Daoiz y Velarde. En Ceuta se le sigue recordando cada año . Se depositan flores ante su busto, en la plaza de Ruiz, y los Regulares desfilan en honor a este ilustre ceutí que destacó en la guerra contra el francés. El último homenaje se celebró hace apenas cuatro meses. Poco imaginaba la ciudad autónoma entonces que iba a vivir en sus propias calles una invasión, muy distinta a la napoleónica, a la que Ceuta se enfrenta también con heroísmo. El héroe, ya lo decía el crítico Trivelín en ABC , se traga ávidamente toda la gloria en un solo día. De una sola bocanada. Y luego, enseguida, llega el olvido. Al ceutí Jacinto Ruiz y Mendoza aquel día le sorprendió postrado en la cama, con fiebre. Nunca imaginó que ese 2 de mayo su nombre pasaría a la historia. Ni que los profesores harían repetir mil veces a los niños en los colegios eso de que « los héroes del 2 de mayo fueron Daoiz, Velarde y el teniente Ruiz », cuando el informe PISA ni existía y la memoria aún desempeñaba un papel relevante en la educación. Hoy muchos desconocen, sin embargo, quién fue ese militar de sencillo apellido, salvo en su Ceuta natal, donde se le recuerda en una plaza, como también se rememora con una placa que allí murió Agustina de Aragón , otra heroína de la Guerra de la Independencia. Esa mañana de 1808, al escuchar las primeras descargas del Ejército napoleónico contra el levantamiento popular en Madrid, el teniente, de 28 años, se levantó del lecho y, sobreponiéndose a su enfermedad, se dirigió al cuartel de su regimiento en la calle San Bernardo. Allí recibió la orden de acudir con el capitán Pedro Velarde y su compañía al parque de artillería de Monteleón, situado en el solar que hoy ocupa la plaza 2 de mayo. Ante el parque se agolpaba una multitud en demanda de armas y el capitán Luis Daoiz, desoyendo el mandato que le prohibía apoyar al pueblo, decidió abrir las puertas del edificio y luchar con él. Los españoles desarmaron a la guardia francesa de unos ochenta hombres que Murat había colocado en el lugar, pero acabaron derrotados frente a los soldados de la División Lefranc enviados a apoderarse del parque. Francisco Amores, que recordó la épica hazaña de Ruiz en estas páginas en 1971 , relató cómo el teniente recibió un balazo en el brazo izquierdo y aún herido «continuó batiéndose obstinado», incluso después de que a Daoíz le hirieran de un bayonetazo (falleció esa misma noche) y Velarde cayera muerto en la plaza. Solo cuando otra bala enemiga le atravesó de pecho a espalda, quedó fuera de combate. «Sustraído a las iras de Murat, que le había sentenciado a muerte», contaba el periodista, el teniente Ruiz se marchó un mes después a Extremadura sin haberse restablecido todavía de sus heridas. Tenía la intención de seguir peleando contra el invasor francés, pero su salud se agravó con el viaje y murió en la localidad cacereña de Trujillo el 13 de marzo de 1809. En su testamento ni siquiera rememoró su gesta. «Recuerda más al sastre al que debe dinero que su batalla en el Parque de Monteleón. Y es hermoso saber que los héroes son así: humanos, como nosotros mismos», apreciaba el escritor y periodista Alfonso Martínez Garrido en 1966 . Traslado de los restos del teniente Ruiz al Obelisco del 2 de mayo en 1909. R. CifuentesHubo que esperar a 1891 para que se erigiera en la plaza del Rey de Madrid un monumento al teniente Ruiz, obra de Mariano Benlliure. Y para que un real decreto ordenara recordar su gesta cada año en la Academia General Militar para estimular a los alumnos a seguir su ejemplo. En el centenario de su muerte, sus restos fueron trasladados a Madrid y depositados en el Monumento a los Héroes del 2 de mayo , junto a los de Daoiz y Velarde. En Ceuta se le sigue recordando cada año . Se depositan flores ante su busto, en la plaza de Ruiz, y los Regulares desfilan en honor a este ilustre ceutí que destacó en la guerra contra el francés. El último homenaje se celebró hace apenas cuatro meses. Poco imaginaba la ciudad autónoma entonces que iba a vivir en sus propias calles una invasión, muy distinta a la napoleónica, a la que Ceuta se enfrenta también con heroísmo. El héroe, ya lo decía el crítico Trivelín en ABC , se traga ávidamente toda la gloria en un solo día. De una sola bocanada. Y luego, enseguida, llega el olvido. Al ceutí Jacinto Ruiz y Mendoza aquel día le sorprendió postrado en la cama, con fiebre. Nunca imaginó que ese 2 de mayo su nombre pasaría a la historia. Ni que los profesores harían repetir mil veces a los niños en los colegios eso de que « los héroes del 2 de mayo fueron Daoiz, Velarde y el teniente Ruiz », cuando el informe PISA ni existía y la memoria aún desempeñaba un papel relevante en la educación. Hoy muchos desconocen, sin embargo, quién fue ese militar de sencillo apellido, salvo en su Ceuta natal, donde se le recuerda en una plaza, como también se rememora con una placa que allí murió Agustina de Aragón , otra heroína de la Guerra de la Independencia. Esa mañana de 1808, al escuchar las primeras descargas del Ejército napoleónico contra el levantamiento popular en Madrid, el teniente, de 28 años, se levantó del lecho y, sobreponiéndose a su enfermedad, se dirigió al cuartel de su regimiento en la calle San Bernardo. Allí recibió la orden de acudir con el capitán Pedro Velarde y su compañía al parque de artillería de Monteleón, situado en el solar que hoy ocupa la plaza 2 de mayo. Ante el parque se agolpaba una multitud en demanda de armas y el capitán Luis Daoiz, desoyendo el mandato que le prohibía apoyar al pueblo, decidió abrir las puertas del edificio y luchar con él. Los españoles desarmaron a la guardia francesa de unos ochenta hombres que Murat había colocado en el lugar, pero acabaron derrotados frente a los soldados de la División Lefranc enviados a apoderarse del parque. Francisco Amores, que recordó la épica hazaña de Ruiz en estas páginas en 1971 , relató cómo el teniente recibió un balazo en el brazo izquierdo y aún herido «continuó batiéndose obstinado», incluso después de que a Daoíz le hirieran de un bayonetazo (falleció esa misma noche) y Velarde cayera muerto en la plaza. Solo cuando otra bala enemiga le atravesó de pecho a espalda, quedó fuera de combate. «Sustraído a las iras de Murat, que le había sentenciado a muerte», contaba el periodista, el teniente Ruiz se marchó un mes después a Extremadura sin haberse restablecido todavía de sus heridas. Tenía la intención de seguir peleando contra el invasor francés, pero su salud se agravó con el viaje y murió en la localidad cacereña de Trujillo el 13 de marzo de 1809. En su testamento ni siquiera rememoró su gesta. «Recuerda más al sastre al que debe dinero que su batalla en el Parque de Monteleón. Y es hermoso saber que los héroes son así: humanos, como nosotros mismos», apreciaba el escritor y periodista Alfonso Martínez Garrido en 1966 . Traslado de los restos del teniente Ruiz al Obelisco del 2 de mayo en 1909. R. CifuentesHubo que esperar a 1891 para que se erigiera en la plaza del Rey de Madrid un monumento al teniente Ruiz, obra de Mariano Benlliure. Y para que un real decreto ordenara recordar su gesta cada año en la Academia General Militar para estimular a los alumnos a seguir su ejemplo. En el centenario de su muerte, sus restos fueron trasladados a Madrid y depositados en el Monumento a los Héroes del 2 de mayo , junto a los de Daoiz y Velarde. En Ceuta se le sigue recordando cada año . Se depositan flores ante su busto, en la plaza de Ruiz, y los Regulares desfilan en honor a este ilustre ceutí que destacó en la guerra contra el francés. El último homenaje se celebró hace apenas cuatro meses. Poco imaginaba la ciudad autónoma entonces que iba a vivir en sus propias calles una invasión, muy distinta a la napoleónica, a la que Ceuta se enfrenta también con heroísmo. RSS de noticias de cultura
Noticias Similares
