Iñaki Orive, empresario dedicado a la distribución de contenidos y responsable de introducir en España series que marcaron a toda una generación de niños, entre las que se encuentran Pokémon y Caillou, empezó a trabajar en la industria de las licencias de «absoluta casualidad». Después de varios años estudiando en Los Ángeles regresó a España en 1989, año en el que aparecieron las primeras cadenas privadas de televisión en el país. El destino le puso al frente del departamento dedicado a comprar programas de producción ajena en la entonces recién creada Antena 3 para, dos años más tarde, acabar trabajando con contenidos de animación infantil en la mítica distribuidora BRB Internacional.Todo ha cambiado mucho desde entonces, cuando el lanzamiento de una serie para niños que tuviera éxito se convertía en una gallina de los huevos de oro cuya rentabilidad se podía alargar por muchos años. «Nosotros teníamos series, como D’artacán o David el Gnomo, que las veían en televisión española unas 13 millones de personas después del telediario del mediodía. Ahora, para tener suficiente masa crítica tienes que reunir muchas pantallas». En un mercado como el actual, en el que los más jóvenes tienen a su disposición una oferta prácticamente infinita en las plataformas, escuchar hablar de esos niveles de audiencia parece una quimera.Con una carrera de más de treinta años en el mundo de la distribución y las licencias, Iñaki ha sido testigo de este giro de 180 grados que ha cogido especial velocidad en la última década. El empresario reconoce que en los últimos tres años gran parte de las productoras y distribuidoras del sector han acabado desapareciendo debido al gran esfuerzo que supone para las compañías hacer que una serie despegue. Además, a la dificultad para sacar adelante los contenidos, fruto de un consumo profundamente atomizado, se le suma el miedo que tienen las grandes empresas del sector a arriesgar su dinero con historias nuevas y desconocidas por el público. «Muchos de los ‘players’ del ámbito infantil quieren trabajar con marcas consagradas, series que ya vuelan, como Peppa Pig, la Patrulla Canina o Pocoyo».YouTube, la favorita de los más jóvenesEn mitad de este océano abrumador de contenidos, el empresario señala a YouTube como el lugar preferido de los niños para consumir las series del momento. «Tú vas a un restaurante y ves una larga lista de padres que, para que el niño no les de guerra, le tienen viendo ‘shorts’ de animación en el teléfono», explica Iñaki. Mientras que hace unos años a los más pequeños no les quedaba otra que esperar hasta que su serie favorita apareciera en la televisión (lo que suponía todo un ejercicio de paciencia desde bien temprano), hoy la pueden ver prácticamente cuando y donde quieran.Las compañías líderes del sector no son ajenas al éxito de la plataforma hoy propiedad de Google y cada vez están más interesadas en estar al día de lo que se cuece en la web, un fenómeno que Iñaki califica de «tsunami imparable» por buscar las cosas que funcionan. Antes, para que una serie triunfase tenía que nacer de los medios convencionales, pero la dificultad para concentrar las audiencias en el contexto actual ha hecho que muchas empresas se fijen en creadores cuyo contenido no goza del nivel presupuestario con el que cuentan las productoras de mayor tamaño pero que, sin embargo, tienen canales con millones de suscriptores. La tentación de subirse al caballo ganador ha llevado a las distribuidoras a apostar por dos estrategias diferentes. Por un lado, las empresas bucean entre lo más visto por los niños en YouTube para rescatar ese contenido y moverlo a las plataformas convencionales, al mismo tiempo que se preocupan por aterrizar sus series en pantallas distintas a la televisión convencional. El propio Iñaki ya trabaja en ambas direcciones a través de su compañía Brands & Rights 360. «El Payaso Plim Plim, que es el canal infantil número uno del mundo en español, solo existía en YouTube y nosotros lo estamos llevando a otros canales, hacemos merchandising y les proponemos hacer spin-offs en sitios como Netflix», explica el empresario. En la otra cara de la moneda tenemos el caso de Bing, una serie creada por la BBC que ya gestiona más de 60 canales en la plataforma perteneciente a Google.El beneficio está en los juguetesOtro de los cambios que atraviesa el sector tiene que ver con las dificultades para acceder a la parte del negocio en la que habitualmente se genera el dinero «de verdad»: el merchandising . Según Iñaki, cuando vendes una licencia la gran mayoría de los ingresos llegan primero por la propia concesión. Sin embargo, el porcentaje final de dinero que proviene de juguetes y otros tipos de explotación comercial suele superar con facilidad el 50%.La importancia que tiene esta carrera de resistencia, en la que pasan varios años hasta que el dinero vuelve, es de sobra conocida por las empresas del sector. El fabricante de juguetes Hasbro compró Peppa Pig por 4.000 millones de dólares , «un porrón de dinero por los cerditos», dice Orive, en una operación que a pesar de lo elevado del precio funciona como una inversión gracias a los beneficios a largo plazo que prevén que aporte la explotación de la serie.El empresario recuerda con cariño las campañas en las que participó durante sus años en BRB Internacional, como los 150 millones de relojes de sol de Tico para hacer publicidad de Willy Fog, en una época en la que con salir en una pantalla bastaba para vender juguetes, libros prácticamente cualquier cosa.Ahora, sin embargo, el tiempo que pasa entre que la distribuidora se hace con la serie hasta que la inversión vuelve es cada vez más largo. Las empresas exigen estar en muchos más escaparates que en la época dorada de la televisión, en un momento en el que, además, reunir la audiencia necesaria para detonar el negocio del merchandising es todo un reto. «Una vez consigues estar en las tiendas, la estrategia pasa por seguir alimentando la demanda con series nuevas, más contenido en YouTube, nuevos canales, llevar el contenido a otros países y traducirlo a varios idiomas, de manera que los beneficios se prolonguen el máximo tiempo posible», explica Iñaki. Iñaki Orive, empresario dedicado a la distribución de contenidos y responsable de introducir en España series que marcaron a toda una generación de niños, entre las que se encuentran Pokémon y Caillou, empezó a trabajar en la industria de las licencias de «absoluta casualidad». Después de varios años estudiando en Los Ángeles regresó a España en 1989, año en el que aparecieron las primeras cadenas privadas de televisión en el país. El destino le puso al frente del departamento dedicado a comprar programas de producción ajena en la entonces recién creada Antena 3 para, dos años más tarde, acabar trabajando con contenidos de animación infantil en la mítica distribuidora BRB Internacional.Todo ha cambiado mucho desde entonces, cuando el lanzamiento de una serie para niños que tuviera éxito se convertía en una gallina de los huevos de oro cuya rentabilidad se podía alargar por muchos años. «Nosotros teníamos series, como D’artacán o David el Gnomo, que las veían en televisión española unas 13 millones de personas después del telediario del mediodía. Ahora, para tener suficiente masa crítica tienes que reunir muchas pantallas». En un mercado como el actual, en el que los más jóvenes tienen a su disposición una oferta prácticamente infinita en las plataformas, escuchar hablar de esos niveles de audiencia parece una quimera.Con una carrera de más de treinta años en el mundo de la distribución y las licencias, Iñaki ha sido testigo de este giro de 180 grados que ha cogido especial velocidad en la última década. El empresario reconoce que en los últimos tres años gran parte de las productoras y distribuidoras del sector han acabado desapareciendo debido al gran esfuerzo que supone para las compañías hacer que una serie despegue. Además, a la dificultad para sacar adelante los contenidos, fruto de un consumo profundamente atomizado, se le suma el miedo que tienen las grandes empresas del sector a arriesgar su dinero con historias nuevas y desconocidas por el público. «Muchos de los ‘players’ del ámbito infantil quieren trabajar con marcas consagradas, series que ya vuelan, como Peppa Pig, la Patrulla Canina o Pocoyo».YouTube, la favorita de los más jóvenesEn mitad de este océano abrumador de contenidos, el empresario señala a YouTube como el lugar preferido de los niños para consumir las series del momento. «Tú vas a un restaurante y ves una larga lista de padres que, para que el niño no les de guerra, le tienen viendo ‘shorts’ de animación en el teléfono», explica Iñaki. Mientras que hace unos años a los más pequeños no les quedaba otra que esperar hasta que su serie favorita apareciera en la televisión (lo que suponía todo un ejercicio de paciencia desde bien temprano), hoy la pueden ver prácticamente cuando y donde quieran.Las compañías líderes del sector no son ajenas al éxito de la plataforma hoy propiedad de Google y cada vez están más interesadas en estar al día de lo que se cuece en la web, un fenómeno que Iñaki califica de «tsunami imparable» por buscar las cosas que funcionan. Antes, para que una serie triunfase tenía que nacer de los medios convencionales, pero la dificultad para concentrar las audiencias en el contexto actual ha hecho que muchas empresas se fijen en creadores cuyo contenido no goza del nivel presupuestario con el que cuentan las productoras de mayor tamaño pero que, sin embargo, tienen canales con millones de suscriptores. La tentación de subirse al caballo ganador ha llevado a las distribuidoras a apostar por dos estrategias diferentes. Por un lado, las empresas bucean entre lo más visto por los niños en YouTube para rescatar ese contenido y moverlo a las plataformas convencionales, al mismo tiempo que se preocupan por aterrizar sus series en pantallas distintas a la televisión convencional. El propio Iñaki ya trabaja en ambas direcciones a través de su compañía Brands & Rights 360. «El Payaso Plim Plim, que es el canal infantil número uno del mundo en español, solo existía en YouTube y nosotros lo estamos llevando a otros canales, hacemos merchandising y les proponemos hacer spin-offs en sitios como Netflix», explica el empresario. En la otra cara de la moneda tenemos el caso de Bing, una serie creada por la BBC que ya gestiona más de 60 canales en la plataforma perteneciente a Google.El beneficio está en los juguetesOtro de los cambios que atraviesa el sector tiene que ver con las dificultades para acceder a la parte del negocio en la que habitualmente se genera el dinero «de verdad»: el merchandising . Según Iñaki, cuando vendes una licencia la gran mayoría de los ingresos llegan primero por la propia concesión. Sin embargo, el porcentaje final de dinero que proviene de juguetes y otros tipos de explotación comercial suele superar con facilidad el 50%.La importancia que tiene esta carrera de resistencia, en la que pasan varios años hasta que el dinero vuelve, es de sobra conocida por las empresas del sector. El fabricante de juguetes Hasbro compró Peppa Pig por 4.000 millones de dólares , «un porrón de dinero por los cerditos», dice Orive, en una operación que a pesar de lo elevado del precio funciona como una inversión gracias a los beneficios a largo plazo que prevén que aporte la explotación de la serie.El empresario recuerda con cariño las campañas en las que participó durante sus años en BRB Internacional, como los 150 millones de relojes de sol de Tico para hacer publicidad de Willy Fog, en una época en la que con salir en una pantalla bastaba para vender juguetes, libros prácticamente cualquier cosa.Ahora, sin embargo, el tiempo que pasa entre que la distribuidora se hace con la serie hasta que la inversión vuelve es cada vez más largo. Las empresas exigen estar en muchos más escaparates que en la época dorada de la televisión, en un momento en el que, además, reunir la audiencia necesaria para detonar el negocio del merchandising es todo un reto. «Una vez consigues estar en las tiendas, la estrategia pasa por seguir alimentando la demanda con series nuevas, más contenido en YouTube, nuevos canales, llevar el contenido a otros países y traducirlo a varios idiomas, de manera que los beneficios se prolonguen el máximo tiempo posible», explica Iñaki. Iñaki Orive, empresario dedicado a la distribución de contenidos y responsable de introducir en España series que marcaron a toda una generación de niños, entre las que se encuentran Pokémon y Caillou, empezó a trabajar en la industria de las licencias de «absoluta casualidad». Después de varios años estudiando en Los Ángeles regresó a España en 1989, año en el que aparecieron las primeras cadenas privadas de televisión en el país. El destino le puso al frente del departamento dedicado a comprar programas de producción ajena en la entonces recién creada Antena 3 para, dos años más tarde, acabar trabajando con contenidos de animación infantil en la mítica distribuidora BRB Internacional.Todo ha cambiado mucho desde entonces, cuando el lanzamiento de una serie para niños que tuviera éxito se convertía en una gallina de los huevos de oro cuya rentabilidad se podía alargar por muchos años. «Nosotros teníamos series, como D’artacán o David el Gnomo, que las veían en televisión española unas 13 millones de personas después del telediario del mediodía. Ahora, para tener suficiente masa crítica tienes que reunir muchas pantallas». En un mercado como el actual, en el que los más jóvenes tienen a su disposición una oferta prácticamente infinita en las plataformas, escuchar hablar de esos niveles de audiencia parece una quimera.Con una carrera de más de treinta años en el mundo de la distribución y las licencias, Iñaki ha sido testigo de este giro de 180 grados que ha cogido especial velocidad en la última década. El empresario reconoce que en los últimos tres años gran parte de las productoras y distribuidoras del sector han acabado desapareciendo debido al gran esfuerzo que supone para las compañías hacer que una serie despegue. Además, a la dificultad para sacar adelante los contenidos, fruto de un consumo profundamente atomizado, se le suma el miedo que tienen las grandes empresas del sector a arriesgar su dinero con historias nuevas y desconocidas por el público. «Muchos de los ‘players’ del ámbito infantil quieren trabajar con marcas consagradas, series que ya vuelan, como Peppa Pig, la Patrulla Canina o Pocoyo».YouTube, la favorita de los más jóvenesEn mitad de este océano abrumador de contenidos, el empresario señala a YouTube como el lugar preferido de los niños para consumir las series del momento. «Tú vas a un restaurante y ves una larga lista de padres que, para que el niño no les de guerra, le tienen viendo ‘shorts’ de animación en el teléfono», explica Iñaki. Mientras que hace unos años a los más pequeños no les quedaba otra que esperar hasta que su serie favorita apareciera en la televisión (lo que suponía todo un ejercicio de paciencia desde bien temprano), hoy la pueden ver prácticamente cuando y donde quieran.Las compañías líderes del sector no son ajenas al éxito de la plataforma hoy propiedad de Google y cada vez están más interesadas en estar al día de lo que se cuece en la web, un fenómeno que Iñaki califica de «tsunami imparable» por buscar las cosas que funcionan. Antes, para que una serie triunfase tenía que nacer de los medios convencionales, pero la dificultad para concentrar las audiencias en el contexto actual ha hecho que muchas empresas se fijen en creadores cuyo contenido no goza del nivel presupuestario con el que cuentan las productoras de mayor tamaño pero que, sin embargo, tienen canales con millones de suscriptores. La tentación de subirse al caballo ganador ha llevado a las distribuidoras a apostar por dos estrategias diferentes. Por un lado, las empresas bucean entre lo más visto por los niños en YouTube para rescatar ese contenido y moverlo a las plataformas convencionales, al mismo tiempo que se preocupan por aterrizar sus series en pantallas distintas a la televisión convencional. El propio Iñaki ya trabaja en ambas direcciones a través de su compañía Brands & Rights 360. «El Payaso Plim Plim, que es el canal infantil número uno del mundo en español, solo existía en YouTube y nosotros lo estamos llevando a otros canales, hacemos merchandising y les proponemos hacer spin-offs en sitios como Netflix», explica el empresario. En la otra cara de la moneda tenemos el caso de Bing, una serie creada por la BBC que ya gestiona más de 60 canales en la plataforma perteneciente a Google.El beneficio está en los juguetesOtro de los cambios que atraviesa el sector tiene que ver con las dificultades para acceder a la parte del negocio en la que habitualmente se genera el dinero «de verdad»: el merchandising . Según Iñaki, cuando vendes una licencia la gran mayoría de los ingresos llegan primero por la propia concesión. Sin embargo, el porcentaje final de dinero que proviene de juguetes y otros tipos de explotación comercial suele superar con facilidad el 50%.La importancia que tiene esta carrera de resistencia, en la que pasan varios años hasta que el dinero vuelve, es de sobra conocida por las empresas del sector. El fabricante de juguetes Hasbro compró Peppa Pig por 4.000 millones de dólares , «un porrón de dinero por los cerditos», dice Orive, en una operación que a pesar de lo elevado del precio funciona como una inversión gracias a los beneficios a largo plazo que prevén que aporte la explotación de la serie.El empresario recuerda con cariño las campañas en las que participó durante sus años en BRB Internacional, como los 150 millones de relojes de sol de Tico para hacer publicidad de Willy Fog, en una época en la que con salir en una pantalla bastaba para vender juguetes, libros prácticamente cualquier cosa.Ahora, sin embargo, el tiempo que pasa entre que la distribuidora se hace con la serie hasta que la inversión vuelve es cada vez más largo. Las empresas exigen estar en muchos más escaparates que en la época dorada de la televisión, en un momento en el que, además, reunir la audiencia necesaria para detonar el negocio del merchandising es todo un reto. «Una vez consigues estar en las tiendas, la estrategia pasa por seguir alimentando la demanda con series nuevas, más contenido en YouTube, nuevos canales, llevar el contenido a otros países y traducirlo a varios idiomas, de manera que los beneficios se prolonguen el máximo tiempo posible», explica Iñaki. RSS de noticias de economia
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