En España, más de 22 millones de personas conviven a diario con alguna enfermedad crónica. Detrás de esta cifra se esconde una realidad médica, social y laboral de enorme complejidad, que desborda con frecuencia consultas y hospitales. Durante años, cuando llegaba un diagnóstico adverso, el asociacionismo aparecía como un refugio de proximidad: un espacio de acompañamiento emocional, ayuda mutua y comprensión entre iguales. Una red de apoyo que llegaba (y sigue llegando) allí donde el sistema sanitario y social no siempre alcanza. Pero ese papel ha cambiado de forma profunda durante las últimas dos décadas.
Las asociaciones de pacientes han dejado atrás su papel asistencial para ocupar un lugar cada vez más central en el sistema sanitario, con participación en decisiones, investigación y políticas públicas.
En España, más de 22 millones de personas conviven a diario con alguna enfermedad crónica. Detrás de esta cifra se esconde una realidad médica, social y laboral de enorme complejidad, que desborda con frecuencia consultas y hospitales. Durante años, cuando llegaba un diagnóstico adverso, el asociacionismo aparecía como un refugio de proximidad: un espacio de acompañamiento emocional, ayuda mutua y comprensión entre iguales. Una red de apoyo que llegaba (y sigue llegando) allí donde el sistema sanitario y social no siempre alcanza. Pero ese papel ha cambiado de forma profunda durante las últimas dos décadas.
Salud
