«El problema ya no es producir ni vender; el problema es encontrar personas dispuestas a trabajar en el campo», retrata José Vicente Andreu, presidente de Asaja Alicante, sobre un hándicap que se agrava y empieza a mermar las cosechas incluso. Por ejemplo, un 10% de los nísperos del principal núcleo productor de España se han quedado en los árboles.«Este año hemos trabajado con diez personas cuando el año pasado éramos dieciséis: había fruta de calidad y demanda en el mercado, pero no hemos encontrado más trabajadores», relata Rafael Gregori, que se dedica a este apreciado cultivo con denominación de origen en Callosa d’en Sarrià.Lamenta que hasta cooperativas con una mayor capacidad económica tienen dificultades para completar sus plantillas. «Ojalá pudiera pagar más, pero si el agricultor no recibe mejores precios por su producto, no puede asumir más costes», explica.Para colmo, se da un sinsentido en la normativa laboral que todavía complica más las contrataciones. José Antonio Cazorla, productor de uva de mesa en Novelda, denuncia esta situación que considera especialmente injusta para los temporeros mayores de 52 años. Muchos rechazan incorporarse a las campañas agrícolas porque trabajar en el régimen agrario les supone una pérdida económica en comparación con otras cotizaciones a la Seguridad Social.Uva de mesa embolsada del Vinalopó, otro cultivo afectado. ABC«Hay trabajadores que perderían alrededor de 400 euros si pasan a trabajar en agricultura; después necesitan volver a cotizar durante un año en el régimen general para recuperar esa situación, con lo que al final prefieren no venir al campo», lamenta.Este tipo de situaciones evidencian la necesidad de adaptar la legislación a la realidad de las campañas agrícolas. «No tiene sentido que existan mecanismos que penalicen a quienes quieren trabajar temporalmente en el campo cuando precisamente faltan trabajadores para recoger las cosechas», abundan desde esta organización agraria.Un problema que va más allá de los salariosLos agricultores coinciden en que el problema no responde únicamente al coste salarial. Asaja defiende que muchas explotaciones se apoyan en trabajadores que buscan complementar sus ingresos durante unos meses. «Antes venían personas que querían un dinero extra; ahora las exigencias administrativas y laborales son las mismas que para un empleo anual y mucha gente renuncia porque le perjudica en las subvenciones», subrayan. Por su parte, Roque Bru, que cosecha brevas en Elche, reclama una reducción de la carga burocrática que soportan las explotaciones. La situación resulta preocupante en cultivos que dependen de una recolección manual especializada. Por ello, la organización solicita a las administraciones «medidas urgentes» para facilitar la contratación temporal agraria, compatibilizar determinadas prestaciones con el trabajo estacional y reducir los obstáculos de tramitación y papeleo que dificultan esa incorporación de mano de obra a las campañas.«Estamos hablando de cultivos que generan empleo, riqueza y actividad económica en nuestras comarcas: no podemos permitir que se quede fruta en los árboles o que la cosecha se pierda porque faltan manos para recogerla», indica Ramón Espinosa, secretario técnico de Asaja Alicante.Como medidas también encaminadas a paliar esta carencia en el mercado, desde esta organización ponen especial énfasis en la «ordenación de los flujos migratorios como vía para mejorar la oferta laboral y que el Gobierno central debe delegar competencias en materia de Extranjería a las comunidades autónomas a fin de evitar situaciones de bloqueo y saturación».Máxime cuando no se trata de una situación puntual ni exclusiva de esta campaña. La escasez de mano de obra especializada lleva años agravándose y está obligando a muchos agricultores a planificar sus explotaciones en función de los trabajadores disponibles y no de las oportunidades que ofrece el mercado. «Está provocando el abandono ante la faltas de garantías para cubrir la recolección», abundan desde Asaja.En definitiva, «la falta de mano de obra se ha convertido en uno de los principales problemas estructurales del campo alicantino», para cultivos tan representativos y estratégicos para las tierras alicantinas como el níspero, la cereza, la breva o la uva de mesa, donde cada vez encuentran más dificultades para «contratar trabajadores que permitan recoger la cosecha, al margen de que la producción y demanda en los mercados pueda ser satisfactoria». «El problema ya no es producir ni vender; el problema es encontrar personas dispuestas a trabajar en el campo», retrata José Vicente Andreu, presidente de Asaja Alicante, sobre un hándicap que se agrava y empieza a mermar las cosechas incluso. Por ejemplo, un 10% de los nísperos del principal núcleo productor de España se han quedado en los árboles.«Este año hemos trabajado con diez personas cuando el año pasado éramos dieciséis: había fruta de calidad y demanda en el mercado, pero no hemos encontrado más trabajadores», relata Rafael Gregori, que se dedica a este apreciado cultivo con denominación de origen en Callosa d’en Sarrià.Lamenta que hasta cooperativas con una mayor capacidad económica tienen dificultades para completar sus plantillas. «Ojalá pudiera pagar más, pero si el agricultor no recibe mejores precios por su producto, no puede asumir más costes», explica.Para colmo, se da un sinsentido en la normativa laboral que todavía complica más las contrataciones. José Antonio Cazorla, productor de uva de mesa en Novelda, denuncia esta situación que considera especialmente injusta para los temporeros mayores de 52 años. Muchos rechazan incorporarse a las campañas agrícolas porque trabajar en el régimen agrario les supone una pérdida económica en comparación con otras cotizaciones a la Seguridad Social.Uva de mesa embolsada del Vinalopó, otro cultivo afectado. ABC«Hay trabajadores que perderían alrededor de 400 euros si pasan a trabajar en agricultura; después necesitan volver a cotizar durante un año en el régimen general para recuperar esa situación, con lo que al final prefieren no venir al campo», lamenta.Este tipo de situaciones evidencian la necesidad de adaptar la legislación a la realidad de las campañas agrícolas. «No tiene sentido que existan mecanismos que penalicen a quienes quieren trabajar temporalmente en el campo cuando precisamente faltan trabajadores para recoger las cosechas», abundan desde esta organización agraria.Un problema que va más allá de los salariosLos agricultores coinciden en que el problema no responde únicamente al coste salarial. Asaja defiende que muchas explotaciones se apoyan en trabajadores que buscan complementar sus ingresos durante unos meses. «Antes venían personas que querían un dinero extra; ahora las exigencias administrativas y laborales son las mismas que para un empleo anual y mucha gente renuncia porque le perjudica en las subvenciones», subrayan. Por su parte, Roque Bru, que cosecha brevas en Elche, reclama una reducción de la carga burocrática que soportan las explotaciones. La situación resulta preocupante en cultivos que dependen de una recolección manual especializada. Por ello, la organización solicita a las administraciones «medidas urgentes» para facilitar la contratación temporal agraria, compatibilizar determinadas prestaciones con el trabajo estacional y reducir los obstáculos de tramitación y papeleo que dificultan esa incorporación de mano de obra a las campañas.«Estamos hablando de cultivos que generan empleo, riqueza y actividad económica en nuestras comarcas: no podemos permitir que se quede fruta en los árboles o que la cosecha se pierda porque faltan manos para recogerla», indica Ramón Espinosa, secretario técnico de Asaja Alicante.Como medidas también encaminadas a paliar esta carencia en el mercado, desde esta organización ponen especial énfasis en la «ordenación de los flujos migratorios como vía para mejorar la oferta laboral y que el Gobierno central debe delegar competencias en materia de Extranjería a las comunidades autónomas a fin de evitar situaciones de bloqueo y saturación».Máxime cuando no se trata de una situación puntual ni exclusiva de esta campaña. La escasez de mano de obra especializada lleva años agravándose y está obligando a muchos agricultores a planificar sus explotaciones en función de los trabajadores disponibles y no de las oportunidades que ofrece el mercado. «Está provocando el abandono ante la faltas de garantías para cubrir la recolección», abundan desde Asaja.En definitiva, «la falta de mano de obra se ha convertido en uno de los principales problemas estructurales del campo alicantino», para cultivos tan representativos y estratégicos para las tierras alicantinas como el níspero, la cereza, la breva o la uva de mesa, donde cada vez encuentran más dificultades para «contratar trabajadores que permitan recoger la cosecha, al margen de que la producción y demanda en los mercados pueda ser satisfactoria». «El problema ya no es producir ni vender; el problema es encontrar personas dispuestas a trabajar en el campo», retrata José Vicente Andreu, presidente de Asaja Alicante, sobre un hándicap que se agrava y empieza a mermar las cosechas incluso. Por ejemplo, un 10% de los nísperos del principal núcleo productor de España se han quedado en los árboles.«Este año hemos trabajado con diez personas cuando el año pasado éramos dieciséis: había fruta de calidad y demanda en el mercado, pero no hemos encontrado más trabajadores», relata Rafael Gregori, que se dedica a este apreciado cultivo con denominación de origen en Callosa d’en Sarrià.Lamenta que hasta cooperativas con una mayor capacidad económica tienen dificultades para completar sus plantillas. «Ojalá pudiera pagar más, pero si el agricultor no recibe mejores precios por su producto, no puede asumir más costes», explica.Para colmo, se da un sinsentido en la normativa laboral que todavía complica más las contrataciones. José Antonio Cazorla, productor de uva de mesa en Novelda, denuncia esta situación que considera especialmente injusta para los temporeros mayores de 52 años. Muchos rechazan incorporarse a las campañas agrícolas porque trabajar en el régimen agrario les supone una pérdida económica en comparación con otras cotizaciones a la Seguridad Social.Uva de mesa embolsada del Vinalopó, otro cultivo afectado. ABC«Hay trabajadores que perderían alrededor de 400 euros si pasan a trabajar en agricultura; después necesitan volver a cotizar durante un año en el régimen general para recuperar esa situación, con lo que al final prefieren no venir al campo», lamenta.Este tipo de situaciones evidencian la necesidad de adaptar la legislación a la realidad de las campañas agrícolas. «No tiene sentido que existan mecanismos que penalicen a quienes quieren trabajar temporalmente en el campo cuando precisamente faltan trabajadores para recoger las cosechas», abundan desde esta organización agraria.Un problema que va más allá de los salariosLos agricultores coinciden en que el problema no responde únicamente al coste salarial. Asaja defiende que muchas explotaciones se apoyan en trabajadores que buscan complementar sus ingresos durante unos meses. «Antes venían personas que querían un dinero extra; ahora las exigencias administrativas y laborales son las mismas que para un empleo anual y mucha gente renuncia porque le perjudica en las subvenciones», subrayan. Por su parte, Roque Bru, que cosecha brevas en Elche, reclama una reducción de la carga burocrática que soportan las explotaciones. La situación resulta preocupante en cultivos que dependen de una recolección manual especializada. Por ello, la organización solicita a las administraciones «medidas urgentes» para facilitar la contratación temporal agraria, compatibilizar determinadas prestaciones con el trabajo estacional y reducir los obstáculos de tramitación y papeleo que dificultan esa incorporación de mano de obra a las campañas.«Estamos hablando de cultivos que generan empleo, riqueza y actividad económica en nuestras comarcas: no podemos permitir que se quede fruta en los árboles o que la cosecha se pierda porque faltan manos para recogerla», indica Ramón Espinosa, secretario técnico de Asaja Alicante.Como medidas también encaminadas a paliar esta carencia en el mercado, desde esta organización ponen especial énfasis en la «ordenación de los flujos migratorios como vía para mejorar la oferta laboral y que el Gobierno central debe delegar competencias en materia de Extranjería a las comunidades autónomas a fin de evitar situaciones de bloqueo y saturación».Máxime cuando no se trata de una situación puntual ni exclusiva de esta campaña. La escasez de mano de obra especializada lleva años agravándose y está obligando a muchos agricultores a planificar sus explotaciones en función de los trabajadores disponibles y no de las oportunidades que ofrece el mercado. «Está provocando el abandono ante la faltas de garantías para cubrir la recolección», abundan desde Asaja.En definitiva, «la falta de mano de obra se ha convertido en uno de los principales problemas estructurales del campo alicantino», para cultivos tan representativos y estratégicos para las tierras alicantinas como el níspero, la cereza, la breva o la uva de mesa, donde cada vez encuentran más dificultades para «contratar trabajadores que permitan recoger la cosecha, al margen de que la producción y demanda en los mercados pueda ser satisfactoria». RSS de noticias de espana
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