La tragedia provocada por el incendio declarado en Los Gallardos, que ha golpeado con especial dureza el término municipal de Bédar en la provincia de Almería, ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que desde hace años acompaña a Sierra Cabrera. Durante décadas han proliferado viviendas dispersas en suelo rústico junto a terrenos forestales, muchas de estas casas construidas por ciudadanos británicos.Las llamas avanzaron con extraordinaria rapidez por un territorio especialmente complejo, formado por montes cubiertos de esparto y matorral , cortijos aislados y caminos de difícil acceso, algunos abiertos por los propios propietarios. En parajes como La Terrera o El Curato se localizaron a las doce víctimas mortales del incendio, en una zona alejada del casco urbano y de las pedanías, donde la dispersión de las viviendas complicó tanto la evacuación como las labores de extinción.En la zona afectada por el incendio forestal conviven antiguas cortijadas tradicionales consideradas hábitat rural diseminado , viviendas aisladas que cuentan con todas las autorizaciones administrativas, inmuebles que quedaron fuera de ordenación tras cambios en el planeamiento y otras edificaciones asimiladas a fuera de ordenación o construidas sin ajustarse a las licencias concedidas.Gerardo Vázquez, abogado y portavoz de la extinta asociación que ha representado a propietarios británicos de viviendas irregulares del Valle del Almanzora, niega que todas las casas afectadas puedan calificarse como ilegales. «Antes de que entrara en vigor la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA), se daban licencias para tener casas en el campo siempre que reuniesen un mínimo de terreno y no hubiese riesgo de crear un núcleo de población. Muchas son legales, que haya alguna irregular es posible, pero muchas han obtenido su licencia», sostiene.Muy distinta es la valoración de José Ignacio Domínguez, coordinador de Ecologistas en Acción en Almería, quien considera que la mayor parte de las edificaciones levantadas en Sierra Cabrera presentan serias dudas sobre su legalidad . «Casi seguro que son ilegales. La mayoría, porque eso lo hicieron los ingleses hace ya muchos años», afirma.Domínguez recuerda que el hecho de que una vivienda sea anterior a la entrada en vigor de la LOUA no implica automáticamente que sea legal. «Antes ya había normativa urbanística y esos terrenos no son urbanizables », explica. Aun así, reconoce que habría que analizar cada expediente de forma individual. «Habrá que ver casa por casa porque alguna puede ser legal, pero la inmensa mayoría es imposible por puro razonamiento».Según el representante ecologista, durante años fueron habituales construcciones que no respetaban la normativa urbanística. «Compraban una parcelita de 500 metros y hacían un chalet de 400 metros. Eso estaba a la orden del día», asegura.Algunas viviendas se salvaron ‘in extremis’ de las llamas gracias a los servicios de extinción Txema RodríguezUna zona de sierra habitada dispersaEl incendio ha evidenciado también las dificultades que supone gestionar una emergencia en una zona de sierra con viviendas tan dispersas. Vázquez lo ha vivido de cerca, aunque en esos momentos se encontraba de viaje en Madrid. Reside en la pedanía de El Pinar de Bédar y durante las horas más críticas ayudó a través de un grupo de WhatsApp a numerosos vecinos, muchos de ellos extranjeros, a comprender la evolución del incendio.Aunque su vivienda no ha sufrido daños, denuncia la falta de información recibida durante la emergencia. «A mí la administración no me dijo cómo estaba mi casa ni a los vecinos tampoco durante bastante tiempo. Lo tuve que averiguar por mis propios medios y estoy bastante molesto con esto», señala.Considera que la Administración debe reforzar las medidas preventivas en este tipo de urbanizaciones desperdigadas. «Tienen que explicarle a la gente cómo pueden evacuar sus casas , que alrededor de la vivienda debe haber un espacio libre de matorral y cuáles son los métodos de emergencia. Ahí la administración puede jugar un papel importante», añade.Pese a la incertidumbre, destaca la respuesta ciudadana durante los desalojos. «La sociedad civil ha funcionado muy bien. He recibido muchísimas llamadas de amigos ofreciéndonos sus casas. Ha sido abrumadora la solidaridad de la gente». También ha querido reconocer el trabajo de los equipos de extinción. »Básicamente se ha salvado el pueblo de Bédar gracias a la buena labor de los servicios de emergencia . Me quito el sombrero porque el fuego llegó al mismo borde de la pedanía El Pinar», añade.Ecologistas en Acción sostiene, por su parte, que el incendio es consecuencia de una combinación de factores acumulados durante décadas. La organización afirma que «la proliferación de viviendas en el campo como segunda residencia de ciudadanos del centro y norte de Europa fue amparada por los ayuntamientos y por la Junta de Andalucía», y considera responsables tanto a anteriores gobiernos socialistas como a los posteriores ejecutivos del PP por impulsar modificaciones normativas destinadas a evitar la demolición de miles de viviendas en suelo no urbanizable.Fracaso en las políticas de prevenciónLos ecologistas también entienden que el incendio pone de manifiesto el fracaso de las políticas de prevención. Recuerda que los municipios situados en zonas de peligro de incendios forestales están obligados por el Decreto 371/2010 a disponer de un Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales con protocolos de prevención, evacuación y sistemas de aviso a la población integrados en el Plan Infoca. Asimismo, denuncia que los diseminados urbanísticos deberían contar con un Plan de Autoprotección frente a Incendios Forestales (PAIF), obligatorio para núcleos de población aislados situados en zonas de riesgo, una herramienta que, según la organización, no existía en las áreas afectadas.Noticia relacionada estandar No general No No SUCESOS Bédar, el refugio británico de Almería del que doce vecinos no lograron escapar al fuego R. PérezLa configuración del municipio añade más dificultades. Bédar, con apenas 950 habitantes, encontró hace décadas en los residentes británicos un importante impulso demográfico y hoy cerca de la mitad de su población es de origen extranjero. Muchos adquirieron antiguos cortijos repartidos por la sierra , donde una parte de la población mantiene un conocimiento limitado del español y escasa relación con el resto de los vecinos, un factor que ha podido complicar la comprensión de las indicaciones durante la emergencia del incendio. La tragedia provocada por el incendio declarado en Los Gallardos, que ha golpeado con especial dureza el término municipal de Bédar en la provincia de Almería, ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que desde hace años acompaña a Sierra Cabrera. Durante décadas han proliferado viviendas dispersas en suelo rústico junto a terrenos forestales, muchas de estas casas construidas por ciudadanos británicos.Las llamas avanzaron con extraordinaria rapidez por un territorio especialmente complejo, formado por montes cubiertos de esparto y matorral , cortijos aislados y caminos de difícil acceso, algunos abiertos por los propios propietarios. En parajes como La Terrera o El Curato se localizaron a las doce víctimas mortales del incendio, en una zona alejada del casco urbano y de las pedanías, donde la dispersión de las viviendas complicó tanto la evacuación como las labores de extinción.En la zona afectada por el incendio forestal conviven antiguas cortijadas tradicionales consideradas hábitat rural diseminado , viviendas aisladas que cuentan con todas las autorizaciones administrativas, inmuebles que quedaron fuera de ordenación tras cambios en el planeamiento y otras edificaciones asimiladas a fuera de ordenación o construidas sin ajustarse a las licencias concedidas.Gerardo Vázquez, abogado y portavoz de la extinta asociación que ha representado a propietarios británicos de viviendas irregulares del Valle del Almanzora, niega que todas las casas afectadas puedan calificarse como ilegales. «Antes de que entrara en vigor la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA), se daban licencias para tener casas en el campo siempre que reuniesen un mínimo de terreno y no hubiese riesgo de crear un núcleo de población. Muchas son legales, que haya alguna irregular es posible, pero muchas han obtenido su licencia», sostiene.Muy distinta es la valoración de José Ignacio Domínguez, coordinador de Ecologistas en Acción en Almería, quien considera que la mayor parte de las edificaciones levantadas en Sierra Cabrera presentan serias dudas sobre su legalidad . «Casi seguro que son ilegales. La mayoría, porque eso lo hicieron los ingleses hace ya muchos años», afirma.Domínguez recuerda que el hecho de que una vivienda sea anterior a la entrada en vigor de la LOUA no implica automáticamente que sea legal. «Antes ya había normativa urbanística y esos terrenos no son urbanizables », explica. Aun así, reconoce que habría que analizar cada expediente de forma individual. «Habrá que ver casa por casa porque alguna puede ser legal, pero la inmensa mayoría es imposible por puro razonamiento».Según el representante ecologista, durante años fueron habituales construcciones que no respetaban la normativa urbanística. «Compraban una parcelita de 500 metros y hacían un chalet de 400 metros. Eso estaba a la orden del día», asegura.Algunas viviendas se salvaron ‘in extremis’ de las llamas gracias a los servicios de extinción Txema RodríguezUna zona de sierra habitada dispersaEl incendio ha evidenciado también las dificultades que supone gestionar una emergencia en una zona de sierra con viviendas tan dispersas. Vázquez lo ha vivido de cerca, aunque en esos momentos se encontraba de viaje en Madrid. Reside en la pedanía de El Pinar de Bédar y durante las horas más críticas ayudó a través de un grupo de WhatsApp a numerosos vecinos, muchos de ellos extranjeros, a comprender la evolución del incendio.Aunque su vivienda no ha sufrido daños, denuncia la falta de información recibida durante la emergencia. «A mí la administración no me dijo cómo estaba mi casa ni a los vecinos tampoco durante bastante tiempo. Lo tuve que averiguar por mis propios medios y estoy bastante molesto con esto», señala.Considera que la Administración debe reforzar las medidas preventivas en este tipo de urbanizaciones desperdigadas. «Tienen que explicarle a la gente cómo pueden evacuar sus casas , que alrededor de la vivienda debe haber un espacio libre de matorral y cuáles son los métodos de emergencia. Ahí la administración puede jugar un papel importante», añade.Pese a la incertidumbre, destaca la respuesta ciudadana durante los desalojos. «La sociedad civil ha funcionado muy bien. He recibido muchísimas llamadas de amigos ofreciéndonos sus casas. Ha sido abrumadora la solidaridad de la gente». También ha querido reconocer el trabajo de los equipos de extinción. »Básicamente se ha salvado el pueblo de Bédar gracias a la buena labor de los servicios de emergencia . Me quito el sombrero porque el fuego llegó al mismo borde de la pedanía El Pinar», añade.Ecologistas en Acción sostiene, por su parte, que el incendio es consecuencia de una combinación de factores acumulados durante décadas. La organización afirma que «la proliferación de viviendas en el campo como segunda residencia de ciudadanos del centro y norte de Europa fue amparada por los ayuntamientos y por la Junta de Andalucía», y considera responsables tanto a anteriores gobiernos socialistas como a los posteriores ejecutivos del PP por impulsar modificaciones normativas destinadas a evitar la demolición de miles de viviendas en suelo no urbanizable.Fracaso en las políticas de prevenciónLos ecologistas también entienden que el incendio pone de manifiesto el fracaso de las políticas de prevención. Recuerda que los municipios situados en zonas de peligro de incendios forestales están obligados por el Decreto 371/2010 a disponer de un Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales con protocolos de prevención, evacuación y sistemas de aviso a la población integrados en el Plan Infoca. Asimismo, denuncia que los diseminados urbanísticos deberían contar con un Plan de Autoprotección frente a Incendios Forestales (PAIF), obligatorio para núcleos de población aislados situados en zonas de riesgo, una herramienta que, según la organización, no existía en las áreas afectadas.Noticia relacionada estandar No general No No SUCESOS Bédar, el refugio británico de Almería del que doce vecinos no lograron escapar al fuego R. PérezLa configuración del municipio añade más dificultades. Bédar, con apenas 950 habitantes, encontró hace décadas en los residentes británicos un importante impulso demográfico y hoy cerca de la mitad de su población es de origen extranjero. Muchos adquirieron antiguos cortijos repartidos por la sierra , donde una parte de la población mantiene un conocimiento limitado del español y escasa relación con el resto de los vecinos, un factor que ha podido complicar la comprensión de las indicaciones durante la emergencia del incendio. La tragedia provocada por el incendio declarado en Los Gallardos, que ha golpeado con especial dureza el término municipal de Bédar en la provincia de Almería, ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que desde hace años acompaña a Sierra Cabrera. Durante décadas han proliferado viviendas dispersas en suelo rústico junto a terrenos forestales, muchas de estas casas construidas por ciudadanos británicos.Las llamas avanzaron con extraordinaria rapidez por un territorio especialmente complejo, formado por montes cubiertos de esparto y matorral , cortijos aislados y caminos de difícil acceso, algunos abiertos por los propios propietarios. En parajes como La Terrera o El Curato se localizaron a las doce víctimas mortales del incendio, en una zona alejada del casco urbano y de las pedanías, donde la dispersión de las viviendas complicó tanto la evacuación como las labores de extinción.En la zona afectada por el incendio forestal conviven antiguas cortijadas tradicionales consideradas hábitat rural diseminado , viviendas aisladas que cuentan con todas las autorizaciones administrativas, inmuebles que quedaron fuera de ordenación tras cambios en el planeamiento y otras edificaciones asimiladas a fuera de ordenación o construidas sin ajustarse a las licencias concedidas.Gerardo Vázquez, abogado y portavoz de la extinta asociación que ha representado a propietarios británicos de viviendas irregulares del Valle del Almanzora, niega que todas las casas afectadas puedan calificarse como ilegales. «Antes de que entrara en vigor la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA), se daban licencias para tener casas en el campo siempre que reuniesen un mínimo de terreno y no hubiese riesgo de crear un núcleo de población. Muchas son legales, que haya alguna irregular es posible, pero muchas han obtenido su licencia», sostiene.Muy distinta es la valoración de José Ignacio Domínguez, coordinador de Ecologistas en Acción en Almería, quien considera que la mayor parte de las edificaciones levantadas en Sierra Cabrera presentan serias dudas sobre su legalidad . «Casi seguro que son ilegales. La mayoría, porque eso lo hicieron los ingleses hace ya muchos años», afirma.Domínguez recuerda que el hecho de que una vivienda sea anterior a la entrada en vigor de la LOUA no implica automáticamente que sea legal. «Antes ya había normativa urbanística y esos terrenos no son urbanizables », explica. Aun así, reconoce que habría que analizar cada expediente de forma individual. «Habrá que ver casa por casa porque alguna puede ser legal, pero la inmensa mayoría es imposible por puro razonamiento».Según el representante ecologista, durante años fueron habituales construcciones que no respetaban la normativa urbanística. «Compraban una parcelita de 500 metros y hacían un chalet de 400 metros. Eso estaba a la orden del día», asegura.Algunas viviendas se salvaron ‘in extremis’ de las llamas gracias a los servicios de extinción Txema RodríguezUna zona de sierra habitada dispersaEl incendio ha evidenciado también las dificultades que supone gestionar una emergencia en una zona de sierra con viviendas tan dispersas. Vázquez lo ha vivido de cerca, aunque en esos momentos se encontraba de viaje en Madrid. Reside en la pedanía de El Pinar de Bédar y durante las horas más críticas ayudó a través de un grupo de WhatsApp a numerosos vecinos, muchos de ellos extranjeros, a comprender la evolución del incendio.Aunque su vivienda no ha sufrido daños, denuncia la falta de información recibida durante la emergencia. «A mí la administración no me dijo cómo estaba mi casa ni a los vecinos tampoco durante bastante tiempo. Lo tuve que averiguar por mis propios medios y estoy bastante molesto con esto», señala.Considera que la Administración debe reforzar las medidas preventivas en este tipo de urbanizaciones desperdigadas. «Tienen que explicarle a la gente cómo pueden evacuar sus casas , que alrededor de la vivienda debe haber un espacio libre de matorral y cuáles son los métodos de emergencia. Ahí la administración puede jugar un papel importante», añade.Pese a la incertidumbre, destaca la respuesta ciudadana durante los desalojos. «La sociedad civil ha funcionado muy bien. He recibido muchísimas llamadas de amigos ofreciéndonos sus casas. Ha sido abrumadora la solidaridad de la gente». También ha querido reconocer el trabajo de los equipos de extinción. »Básicamente se ha salvado el pueblo de Bédar gracias a la buena labor de los servicios de emergencia . Me quito el sombrero porque el fuego llegó al mismo borde de la pedanía El Pinar», añade.Ecologistas en Acción sostiene, por su parte, que el incendio es consecuencia de una combinación de factores acumulados durante décadas. La organización afirma que «la proliferación de viviendas en el campo como segunda residencia de ciudadanos del centro y norte de Europa fue amparada por los ayuntamientos y por la Junta de Andalucía», y considera responsables tanto a anteriores gobiernos socialistas como a los posteriores ejecutivos del PP por impulsar modificaciones normativas destinadas a evitar la demolición de miles de viviendas en suelo no urbanizable.Fracaso en las políticas de prevenciónLos ecologistas también entienden que el incendio pone de manifiesto el fracaso de las políticas de prevención. Recuerda que los municipios situados en zonas de peligro de incendios forestales están obligados por el Decreto 371/2010 a disponer de un Plan Local de Emergencias por Incendios Forestales con protocolos de prevención, evacuación y sistemas de aviso a la población integrados en el Plan Infoca. Asimismo, denuncia que los diseminados urbanísticos deberían contar con un Plan de Autoprotección frente a Incendios Forestales (PAIF), obligatorio para núcleos de población aislados situados en zonas de riesgo, una herramienta que, según la organización, no existía en las áreas afectadas.Noticia relacionada estandar No general No No SUCESOS Bédar, el refugio británico de Almería del que doce vecinos no lograron escapar al fuego R. PérezLa configuración del municipio añade más dificultades. Bédar, con apenas 950 habitantes, encontró hace décadas en los residentes británicos un importante impulso demográfico y hoy cerca de la mitad de su población es de origen extranjero. Muchos adquirieron antiguos cortijos repartidos por la sierra , donde una parte de la población mantiene un conocimiento limitado del español y escasa relación con el resto de los vecinos, un factor que ha podido complicar la comprensión de las indicaciones durante la emergencia del incendio. 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