Existe un notorio pasado en el día a día del presente, un ‘déjà vu’ constante. Artistas pop como Sabrina Carpenter personifican estéticas pasadas como las ‘pin up girls’ de los 50, Maggie O’Farrell escribe pensando en el renacimiento inglés y las pantallas explotan las historias de Jane Austen y las Brontë . Ante la sobreestimulación frenética e inmortal que contagian las redes, buscamos la escapatoria en lo analógico, donde objetos físicos y tangibles como los cuadernos de verano para adultos resurgen con el fin de saciar la sed contemporánea de desconexión digital.En ese tsunami retro, hay un cambio entre los cuadernos que hacíamos de pequeños y los que encontramos hoy. El modelo de consumo que empaqueta nuestra memoria ha mutado, lo que antes era simple y barato es ahora un cuaderno de diseño con ilustraciones de autor. Han pasado de ser la solución para que el profe entienda la letra a un símbolo de estatus estival .Generalmente, estos cuadernos veraniegos para adultos son un reciclaje de referencias de la cultura popular, tal y como son los primeros , los de Blackie Books , que llevan ya 15 volúmenes. Daniel López, junto con el ilustrador Cristóbal Fortúnez, creó el famoso pasatiempo con la motivación de «hacer algo en lo que una persona pudiese meter la cabeza y no sacarla durante horas, que fuese una especie de recopilación de curiosidades y datos para descansar de la esclavitud de nuestro tiempo: las pantallas».Sin embargo, hay un gran repertorio de temáticas presentes en los cuadernos de verano. Las teorías de Fredric Jameson (‘El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado’) , uno de los teóricos culturales más estudiados, explican cómo ahora se engullen e imitan ideas pasadas, derivando en una pérdida del sentido de la Historia como avance y renovación ante la superficialidad del presente. De ahí que toda la cultura que consumimos peque de nostálgica.Por eso también hay cuadernos como ‘Murdoku’ (Temas de Hoy) para los que viven en las novelas de Agatha Christie. «Solo cinco minutos para aprender las normas y, de repente, estamos en una escena de crimen resolviendo un asesinato», explica Manuel Garand, su autor. Argumenta que «una de las grandes virtudes de ‘Murdoku’ es su capacidad para atraer a todo tipo de lectores. Incluye desde retos sencillos hasta enigmas más complejos».En ese mismo mar nada ‘El crimen del verano 2’ (Plaza & Janés) de Modesto García, cuyos acertijos para encontrar al asesino del crimen suceden en las vacaciones. Según el creador, «las vacaciones suelen reunir a muchísima gente: en la playa, la piscina o las discotecas. Ese tipo de escenarios son perfectos para plantear un gran crimen con más de cien sospechosos».Arriba, ‘Cuaderno de actividades para adultos’ de Blackie Books. Izquierda, ‘El crimen del verano 2’. Derecha, ‘Murdoku’. Blackie Books, Plaza & Janés y Ediciones Temas de HoyEntre toda esta reproducción nostálgica, hay lugar para los nuevos planteamientos, tal y como sucede con el ‘Machomorfosis, cuaderno de pasatiempos para dejar de ser un capullo’ (Oberon) de Brush Willis. «Había una conversación social y cultural muy presente alrededor de las masculinidades, los estereotipos y determinados comportamientos que durante mucho tiempo se han dado por normales», dice el autor. Aparte de eso, las exigencias del mundo actual también llevan a parodias como las que hace ‘Señoras con wifi’ (Autoeditado).El cuaderno de verano como radiografía del presente«Es una alternancia entre estar a la última y reconectarse con el pasado», explica Eloy Fernández, crítico cultural . Mediante lo que él llama «el canon del presente», detalla que «no es un fenómeno estrictamente contemporáneo». Para ejemplificarlo, el crítico se remite a la Historia del Arte, pues «los ropajes que llevaban los personajes de las pinturas de Caspar David Friedrich bebían de tiempos anteriores».Por eso mismo, está claro que los cuadernos son «un refugio , porque permiten un momento para repensar cuál ha sido la producción cultural de los últimos tiempos», amplía Eloy. Sin embargo, rechaza la idealización de la niñez que puede denotar dicho producto, ya que «para muchos ha sido gris y mala, no existe deseo alguno de volver a ella», por eso mismo, « lo que nos conecta con la infancia es el formato de los cuadernos », resume.«Estos pasatiempos también se pueden entender como una manifestación más de la adicción al trabajo, del terror al vacío de no hacer nada », prosigue el crítico cultural. Y es que, en una época en la que la necesidad de producción constante está muy latente, rellenar estos cuadernos puede dar una sensación de logro cumplido.«Necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido» Eloy Fernández Crítico cultural«No solo está basado en los cuadernos infantiles como las caligrafías, sino que también se puede remitir a otras modalidades periodísticas como pueden ser las revistas y sus cuestionarios y pasatiempos cultos», así lo enlaza Eloy. Después del verano viene el otoño, llega el invierno y, cuando el 31 de diciembre está al acecho, artículos con listas de lo mejor del año saturan la prensa, por no olvidarnos del epitomizado ‘Spotify wrapped’ . Ante ello, Eloy afirma que «necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que no se va a parar, que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido». Existe un notorio pasado en el día a día del presente, un ‘déjà vu’ constante. Artistas pop como Sabrina Carpenter personifican estéticas pasadas como las ‘pin up girls’ de los 50, Maggie O’Farrell escribe pensando en el renacimiento inglés y las pantallas explotan las historias de Jane Austen y las Brontë . Ante la sobreestimulación frenética e inmortal que contagian las redes, buscamos la escapatoria en lo analógico, donde objetos físicos y tangibles como los cuadernos de verano para adultos resurgen con el fin de saciar la sed contemporánea de desconexión digital.En ese tsunami retro, hay un cambio entre los cuadernos que hacíamos de pequeños y los que encontramos hoy. El modelo de consumo que empaqueta nuestra memoria ha mutado, lo que antes era simple y barato es ahora un cuaderno de diseño con ilustraciones de autor. Han pasado de ser la solución para que el profe entienda la letra a un símbolo de estatus estival .Generalmente, estos cuadernos veraniegos para adultos son un reciclaje de referencias de la cultura popular, tal y como son los primeros , los de Blackie Books , que llevan ya 15 volúmenes. Daniel López, junto con el ilustrador Cristóbal Fortúnez, creó el famoso pasatiempo con la motivación de «hacer algo en lo que una persona pudiese meter la cabeza y no sacarla durante horas, que fuese una especie de recopilación de curiosidades y datos para descansar de la esclavitud de nuestro tiempo: las pantallas».Sin embargo, hay un gran repertorio de temáticas presentes en los cuadernos de verano. Las teorías de Fredric Jameson (‘El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado’) , uno de los teóricos culturales más estudiados, explican cómo ahora se engullen e imitan ideas pasadas, derivando en una pérdida del sentido de la Historia como avance y renovación ante la superficialidad del presente. De ahí que toda la cultura que consumimos peque de nostálgica.Por eso también hay cuadernos como ‘Murdoku’ (Temas de Hoy) para los que viven en las novelas de Agatha Christie. «Solo cinco minutos para aprender las normas y, de repente, estamos en una escena de crimen resolviendo un asesinato», explica Manuel Garand, su autor. Argumenta que «una de las grandes virtudes de ‘Murdoku’ es su capacidad para atraer a todo tipo de lectores. Incluye desde retos sencillos hasta enigmas más complejos».En ese mismo mar nada ‘El crimen del verano 2’ (Plaza & Janés) de Modesto García, cuyos acertijos para encontrar al asesino del crimen suceden en las vacaciones. Según el creador, «las vacaciones suelen reunir a muchísima gente: en la playa, la piscina o las discotecas. Ese tipo de escenarios son perfectos para plantear un gran crimen con más de cien sospechosos».Arriba, ‘Cuaderno de actividades para adultos’ de Blackie Books. Izquierda, ‘El crimen del verano 2’. Derecha, ‘Murdoku’. Blackie Books, Plaza & Janés y Ediciones Temas de HoyEntre toda esta reproducción nostálgica, hay lugar para los nuevos planteamientos, tal y como sucede con el ‘Machomorfosis, cuaderno de pasatiempos para dejar de ser un capullo’ (Oberon) de Brush Willis. «Había una conversación social y cultural muy presente alrededor de las masculinidades, los estereotipos y determinados comportamientos que durante mucho tiempo se han dado por normales», dice el autor. Aparte de eso, las exigencias del mundo actual también llevan a parodias como las que hace ‘Señoras con wifi’ (Autoeditado).El cuaderno de verano como radiografía del presente«Es una alternancia entre estar a la última y reconectarse con el pasado», explica Eloy Fernández, crítico cultural . Mediante lo que él llama «el canon del presente», detalla que «no es un fenómeno estrictamente contemporáneo». Para ejemplificarlo, el crítico se remite a la Historia del Arte, pues «los ropajes que llevaban los personajes de las pinturas de Caspar David Friedrich bebían de tiempos anteriores».Por eso mismo, está claro que los cuadernos son «un refugio , porque permiten un momento para repensar cuál ha sido la producción cultural de los últimos tiempos», amplía Eloy. Sin embargo, rechaza la idealización de la niñez que puede denotar dicho producto, ya que «para muchos ha sido gris y mala, no existe deseo alguno de volver a ella», por eso mismo, « lo que nos conecta con la infancia es el formato de los cuadernos », resume.«Estos pasatiempos también se pueden entender como una manifestación más de la adicción al trabajo, del terror al vacío de no hacer nada », prosigue el crítico cultural. Y es que, en una época en la que la necesidad de producción constante está muy latente, rellenar estos cuadernos puede dar una sensación de logro cumplido.«Necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido» Eloy Fernández Crítico cultural«No solo está basado en los cuadernos infantiles como las caligrafías, sino que también se puede remitir a otras modalidades periodísticas como pueden ser las revistas y sus cuestionarios y pasatiempos cultos», así lo enlaza Eloy. Después del verano viene el otoño, llega el invierno y, cuando el 31 de diciembre está al acecho, artículos con listas de lo mejor del año saturan la prensa, por no olvidarnos del epitomizado ‘Spotify wrapped’ . Ante ello, Eloy afirma que «necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que no se va a parar, que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido». Existe un notorio pasado en el día a día del presente, un ‘déjà vu’ constante. Artistas pop como Sabrina Carpenter personifican estéticas pasadas como las ‘pin up girls’ de los 50, Maggie O’Farrell escribe pensando en el renacimiento inglés y las pantallas explotan las historias de Jane Austen y las Brontë . Ante la sobreestimulación frenética e inmortal que contagian las redes, buscamos la escapatoria en lo analógico, donde objetos físicos y tangibles como los cuadernos de verano para adultos resurgen con el fin de saciar la sed contemporánea de desconexión digital.En ese tsunami retro, hay un cambio entre los cuadernos que hacíamos de pequeños y los que encontramos hoy. El modelo de consumo que empaqueta nuestra memoria ha mutado, lo que antes era simple y barato es ahora un cuaderno de diseño con ilustraciones de autor. Han pasado de ser la solución para que el profe entienda la letra a un símbolo de estatus estival .Generalmente, estos cuadernos veraniegos para adultos son un reciclaje de referencias de la cultura popular, tal y como son los primeros , los de Blackie Books , que llevan ya 15 volúmenes. Daniel López, junto con el ilustrador Cristóbal Fortúnez, creó el famoso pasatiempo con la motivación de «hacer algo en lo que una persona pudiese meter la cabeza y no sacarla durante horas, que fuese una especie de recopilación de curiosidades y datos para descansar de la esclavitud de nuestro tiempo: las pantallas».Sin embargo, hay un gran repertorio de temáticas presentes en los cuadernos de verano. Las teorías de Fredric Jameson (‘El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado’) , uno de los teóricos culturales más estudiados, explican cómo ahora se engullen e imitan ideas pasadas, derivando en una pérdida del sentido de la Historia como avance y renovación ante la superficialidad del presente. De ahí que toda la cultura que consumimos peque de nostálgica.Por eso también hay cuadernos como ‘Murdoku’ (Temas de Hoy) para los que viven en las novelas de Agatha Christie. «Solo cinco minutos para aprender las normas y, de repente, estamos en una escena de crimen resolviendo un asesinato», explica Manuel Garand, su autor. Argumenta que «una de las grandes virtudes de ‘Murdoku’ es su capacidad para atraer a todo tipo de lectores. Incluye desde retos sencillos hasta enigmas más complejos».En ese mismo mar nada ‘El crimen del verano 2’ (Plaza & Janés) de Modesto García, cuyos acertijos para encontrar al asesino del crimen suceden en las vacaciones. Según el creador, «las vacaciones suelen reunir a muchísima gente: en la playa, la piscina o las discotecas. Ese tipo de escenarios son perfectos para plantear un gran crimen con más de cien sospechosos».Arriba, ‘Cuaderno de actividades para adultos’ de Blackie Books. Izquierda, ‘El crimen del verano 2’. Derecha, ‘Murdoku’. Blackie Books, Plaza & Janés y Ediciones Temas de HoyEntre toda esta reproducción nostálgica, hay lugar para los nuevos planteamientos, tal y como sucede con el ‘Machomorfosis, cuaderno de pasatiempos para dejar de ser un capullo’ (Oberon) de Brush Willis. «Había una conversación social y cultural muy presente alrededor de las masculinidades, los estereotipos y determinados comportamientos que durante mucho tiempo se han dado por normales», dice el autor. Aparte de eso, las exigencias del mundo actual también llevan a parodias como las que hace ‘Señoras con wifi’ (Autoeditado).El cuaderno de verano como radiografía del presente«Es una alternancia entre estar a la última y reconectarse con el pasado», explica Eloy Fernández, crítico cultural . Mediante lo que él llama «el canon del presente», detalla que «no es un fenómeno estrictamente contemporáneo». Para ejemplificarlo, el crítico se remite a la Historia del Arte, pues «los ropajes que llevaban los personajes de las pinturas de Caspar David Friedrich bebían de tiempos anteriores».Por eso mismo, está claro que los cuadernos son «un refugio , porque permiten un momento para repensar cuál ha sido la producción cultural de los últimos tiempos», amplía Eloy. Sin embargo, rechaza la idealización de la niñez que puede denotar dicho producto, ya que «para muchos ha sido gris y mala, no existe deseo alguno de volver a ella», por eso mismo, « lo que nos conecta con la infancia es el formato de los cuadernos », resume.«Estos pasatiempos también se pueden entender como una manifestación más de la adicción al trabajo, del terror al vacío de no hacer nada », prosigue el crítico cultural. Y es que, en una época en la que la necesidad de producción constante está muy latente, rellenar estos cuadernos puede dar una sensación de logro cumplido.«Necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido» Eloy Fernández Crítico cultural«No solo está basado en los cuadernos infantiles como las caligrafías, sino que también se puede remitir a otras modalidades periodísticas como pueden ser las revistas y sus cuestionarios y pasatiempos cultos», así lo enlaza Eloy. Después del verano viene el otoño, llega el invierno y, cuando el 31 de diciembre está al acecho, artículos con listas de lo mejor del año saturan la prensa, por no olvidarnos del epitomizado ‘Spotify wrapped’ . Ante ello, Eloy afirma que «necesitamos reconsiderar qué ha pasado en el sistema cultural contemporáneo, uno que no se va a parar, que va a arrasar con el que no se mueva lo bastante rápido». RSS de noticias de cultura
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