¿Quién manda en Marruecos? Parece que es una pregunta sencilla de responder, y en realidad, lo es: el rey Mohamed VI. Escrito en la Constitución, el monarca tiene plenos poderes. Controla el Poder Ejecutivo, nombrando ministros y tomando decisiones en áreas clave; el Poder Legislativo, influyendo fuertemente en el proceso de creación de leyes; y el Poder Judicial, nombrando a los jueces y controlando directamente las instancias más altas.Es decir, todas las decisiones políticas de máximo nivel recaen en el ‘rey de los pobres’ como lo bautizó la prensa oficial marroquí a Mohamed VI en los primeros años de su reinado.En asuntos considerados estratégicos: seguridad, fronteras y relación con España, el margen de actuación del Ministerio del Interior está condicionado por palacio. Es decir, si alguien habló, planificó y ordenó algo sobre el cruce masivo de Ceuta a finales de julio, tuvo que salir de ahí, del Palacio Real.Sin embargo, que venga del Palacio Real no significa que el propio Rey haya señalado personalmente su intención de invadir Ceuta. Para eso cuenta con una camarilla de fieles: el famoso Majzen, de donde surge el gran poder en el reino alauí.Así lo explica una voz autorizada para hacerlo. Un marroquí que ahora mismo vive en el exilio, porque sino, lo estaría haciendo en un cárcel de cualquier ciudad marroquí y que, aunque ahora vive en libertad no quiere que su familia que aún vive en Marruecos salga perjudicada, por ello preservamos su identidad.Precedente: la crisis de Perejil«Si hablamos de lo que pasa ahora en Palacio, es muy complicado tener información, pero en Marruecos funciona fijarnos en sucesos pasados», apunta durante una llamada telefónica con ABC.Esta fuente une puntos hasta llegar a Ceuta empezando por la crisis de Perejil. En julio de 2002, un grupo de militares marroquíes desembarcó en el islote. España consideró que la presencia militar rompía el ‘statu quo’ existía y, tras varios días de negociaciones sin éxito, lanzó el 17 de julio la Operación Romeo-Sierra para desalojar a los efectivos marroquíes. El cómo Rabat llegó a esa decisión, nuestra fuente lo sabe bien:«En esa época me movía en esos círculos de poder. Esa decisión vino precipitada por comentarios del monarca que mostraba su disconformidad con España (Rabat y Madrid llevaban 15 meses de desencuentros y enfrentamientos diplomáticos) y alguien dentro de Palacio creyó que la mejor respuesta era tomar Perejil. El monarca no se lo tomó muy bien en ese momento, porque entendió que era una forma desmedida».Algo parecido ocurrió en 2021, cuando el régimen marroquí se enteró de que España había acogido al líder del Polisario, Brahim Ghali en un hospital de Logroño y después 10.000 personas saltaron la valla de Ceuta. Pues parece ser que lo mismo pasó el pasado 30 de julio, «el Rey estaba descontento con Sánchez por su viaje a Argelia y por la ley que podría nacionalizar a los saharauis. Mostró su malestar y uno de sus consejeros cogió el testigo y comenzó a mover los hilos para lo que al final ocurrió en Ceuta». Ese grupo de consejeros, con el que cuenta el Rey, son personas muy cercanas a él, como sus hermanos y también amigos de la infancia y compañeros de universidad. «Dentro de los consejeros reales hay muchas luchas de poder, para ver quién tiene mayor influencia», apuntan a ABC diversas fuentes.¿Quién toma las decisiones?«Nadie sabe quién exactamente tiene el poder después del rey», explicaba a ABC hace un tiempo un defensor de los derechos humanos marroquí, buen conocedor de las formas de represión del país: ha estado encarcelado varias veces por ser crítico con el régimen. «No es un rey, es un sistema», argumentaba para el periódico francés ‘Le Monde’, Mohamed Tozy, politólogo y sociólogo marroquí, refiriéndose a la persona del monarca. « Y, en este sistema», añade, «se puede gobernar mediante la ausencia».Y en estas ausencias, surgen los personajes secundarios que toman las rienda.Desde todos los órganos, los cables conectan con el organismo más poderoso del régimen, la llamada Oficina 21, que opera desde el palacio real en la capital, Rabat. La Oficina 21, escribe el periodista sueco Nathan Shachar, está dirigida por el confidente más cercano del rey, su compañero de escuela Fouad Ali el-Himma (Marrakesh, 1962).Los hombres fuertes del rey Fouad Ali el-Himma Jefe de gabinete real. Confidente más cercano del rey y su compañero de escuela. Yassine Mansouri Jefe de la DGED, el servicio de inteligencia exterior. También compañero de clase del rey. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’ Abdellatif Hammouchi Jefe de la Dirección General de Vigilancia Territorial (DGST) y a Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es una de las figuras más poderosas del país. Apodado el Consejero Orquesta o incluso el Virrey tiene un papel muy importante entre las bambalinas de palacio, en lo que se le conoce como Majzén. Fue jefe de gabinete de Mohamed VI el año antes de acceder al trono. Tras un paso por la política, El Himma fue nombrado jefe de gabinete real y dejó todos sus cargos. Su influencia se ha notado en todo lo que tiene que ver con la cuestión del Sáhara, quien ha defendido una posición fuerte de Rabat en la excolonia.Yassine Mansouri (Boujaad, 1962) y también compañero de clase del rey, como El Himma, ascendió igualmente a la cima. Tras dirigir Maghreb Arabe Presse (MAP), la agencia de noticias oficial que narra la saga real, fue nombrado jefe de la DGED, el Servicio de Inteligencia Exterior. Es el primer civil en ocupar este cargo. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’, un caso de sobornos a eurodiputados en el Parlamento Europeo y donde se demostró el poder del ‘lobby’ marroquí en Bruselas.Otra persona que ahora posee un papel fundamental en el círculo de poder de Marruecos y que tenía que saber lo que estaba cociéndose los días antes del asalto masivo es Abdellatif Hammouchi (Taza, 1966). Es «el jefe de la policía» del país. Nombrado en 2005 para dirigir la Dirección de Vigilancia Territorial (DST, posteriormente rebautizada como Dirección General de Vigilancia Territorial, DGST), el organismo de Contrainteligencia, amplió sus responsabilidades diez años después al asumir la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es decir, la Policía Nacional. Este doble papel lo convierte en una de las figuras más poderosas del país. Y por eso extraña que no supiera lo que se venía. «La capacidad de monitoreo de las redes sociales por parte de Marruecos es enorme. Se comprobó hace un año en las protestas de la generación Z, donde todavía hay miles de jóvenes encarcelados, por eso es tan complicado pensar que no sabían nada», asegura el opositor marroquí.Por eso, sigue sorprendiendo el estupor que mostró el régimen marroquí el pasado 31 de julio tras la invasión sobre Ceuta. Que nadie supiera nada, que la orden viniera de ‘boots’ argelinos, como ha dicho el Gobierno marroquí, es bastante improbable. «La prueba esgrimida contra los servicios argelinos es una locura: parece que algunos de los miembros , de los grupos de WhatsApp tienen números que empiezan por +213 (prefijo argelino) y por muy descabellados que sean esos servicios (los argelinos), no esperaría que se delataran dejando pruebas evidentes en su contra», explica el opositor. Dado que el control migratorio es un asunto de soberanía y seguridad nacional, las grandes decisiones suelen depender del Ministerio del Interior y, en última instancia, del Palacio Real. Por eso, resulta difícil imaginar «que una relajación durante tanto tiempo del control fronterizo en una zona tan sensible, ocurra sin conocimiento de las autoridades centrales», argumentan desde la oposición marroquí en el exilio. ¿Quién manda en Marruecos? Parece que es una pregunta sencilla de responder, y en realidad, lo es: el rey Mohamed VI. Escrito en la Constitución, el monarca tiene plenos poderes. Controla el Poder Ejecutivo, nombrando ministros y tomando decisiones en áreas clave; el Poder Legislativo, influyendo fuertemente en el proceso de creación de leyes; y el Poder Judicial, nombrando a los jueces y controlando directamente las instancias más altas.Es decir, todas las decisiones políticas de máximo nivel recaen en el ‘rey de los pobres’ como lo bautizó la prensa oficial marroquí a Mohamed VI en los primeros años de su reinado.En asuntos considerados estratégicos: seguridad, fronteras y relación con España, el margen de actuación del Ministerio del Interior está condicionado por palacio. Es decir, si alguien habló, planificó y ordenó algo sobre el cruce masivo de Ceuta a finales de julio, tuvo que salir de ahí, del Palacio Real.Sin embargo, que venga del Palacio Real no significa que el propio Rey haya señalado personalmente su intención de invadir Ceuta. Para eso cuenta con una camarilla de fieles: el famoso Majzen, de donde surge el gran poder en el reino alauí.Así lo explica una voz autorizada para hacerlo. Un marroquí que ahora mismo vive en el exilio, porque sino, lo estaría haciendo en un cárcel de cualquier ciudad marroquí y que, aunque ahora vive en libertad no quiere que su familia que aún vive en Marruecos salga perjudicada, por ello preservamos su identidad.Precedente: la crisis de Perejil«Si hablamos de lo que pasa ahora en Palacio, es muy complicado tener información, pero en Marruecos funciona fijarnos en sucesos pasados», apunta durante una llamada telefónica con ABC.Esta fuente une puntos hasta llegar a Ceuta empezando por la crisis de Perejil. En julio de 2002, un grupo de militares marroquíes desembarcó en el islote. España consideró que la presencia militar rompía el ‘statu quo’ existía y, tras varios días de negociaciones sin éxito, lanzó el 17 de julio la Operación Romeo-Sierra para desalojar a los efectivos marroquíes. El cómo Rabat llegó a esa decisión, nuestra fuente lo sabe bien:«En esa época me movía en esos círculos de poder. Esa decisión vino precipitada por comentarios del monarca que mostraba su disconformidad con España (Rabat y Madrid llevaban 15 meses de desencuentros y enfrentamientos diplomáticos) y alguien dentro de Palacio creyó que la mejor respuesta era tomar Perejil. El monarca no se lo tomó muy bien en ese momento, porque entendió que era una forma desmedida».Algo parecido ocurrió en 2021, cuando el régimen marroquí se enteró de que España había acogido al líder del Polisario, Brahim Ghali en un hospital de Logroño y después 10.000 personas saltaron la valla de Ceuta. Pues parece ser que lo mismo pasó el pasado 30 de julio, «el Rey estaba descontento con Sánchez por su viaje a Argelia y por la ley que podría nacionalizar a los saharauis. Mostró su malestar y uno de sus consejeros cogió el testigo y comenzó a mover los hilos para lo que al final ocurrió en Ceuta». Ese grupo de consejeros, con el que cuenta el Rey, son personas muy cercanas a él, como sus hermanos y también amigos de la infancia y compañeros de universidad. «Dentro de los consejeros reales hay muchas luchas de poder, para ver quién tiene mayor influencia», apuntan a ABC diversas fuentes.¿Quién toma las decisiones?«Nadie sabe quién exactamente tiene el poder después del rey», explicaba a ABC hace un tiempo un defensor de los derechos humanos marroquí, buen conocedor de las formas de represión del país: ha estado encarcelado varias veces por ser crítico con el régimen. «No es un rey, es un sistema», argumentaba para el periódico francés ‘Le Monde’, Mohamed Tozy, politólogo y sociólogo marroquí, refiriéndose a la persona del monarca. « Y, en este sistema», añade, «se puede gobernar mediante la ausencia».Y en estas ausencias, surgen los personajes secundarios que toman las rienda.Desde todos los órganos, los cables conectan con el organismo más poderoso del régimen, la llamada Oficina 21, que opera desde el palacio real en la capital, Rabat. La Oficina 21, escribe el periodista sueco Nathan Shachar, está dirigida por el confidente más cercano del rey, su compañero de escuela Fouad Ali el-Himma (Marrakesh, 1962).Los hombres fuertes del rey Fouad Ali el-Himma Jefe de gabinete real. Confidente más cercano del rey y su compañero de escuela. Yassine Mansouri Jefe de la DGED, el servicio de inteligencia exterior. También compañero de clase del rey. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’ Abdellatif Hammouchi Jefe de la Dirección General de Vigilancia Territorial (DGST) y a Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es una de las figuras más poderosas del país. Apodado el Consejero Orquesta o incluso el Virrey tiene un papel muy importante entre las bambalinas de palacio, en lo que se le conoce como Majzén. Fue jefe de gabinete de Mohamed VI el año antes de acceder al trono. Tras un paso por la política, El Himma fue nombrado jefe de gabinete real y dejó todos sus cargos. Su influencia se ha notado en todo lo que tiene que ver con la cuestión del Sáhara, quien ha defendido una posición fuerte de Rabat en la excolonia.Yassine Mansouri (Boujaad, 1962) y también compañero de clase del rey, como El Himma, ascendió igualmente a la cima. Tras dirigir Maghreb Arabe Presse (MAP), la agencia de noticias oficial que narra la saga real, fue nombrado jefe de la DGED, el Servicio de Inteligencia Exterior. Es el primer civil en ocupar este cargo. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’, un caso de sobornos a eurodiputados en el Parlamento Europeo y donde se demostró el poder del ‘lobby’ marroquí en Bruselas.Otra persona que ahora posee un papel fundamental en el círculo de poder de Marruecos y que tenía que saber lo que estaba cociéndose los días antes del asalto masivo es Abdellatif Hammouchi (Taza, 1966). Es «el jefe de la policía» del país. Nombrado en 2005 para dirigir la Dirección de Vigilancia Territorial (DST, posteriormente rebautizada como Dirección General de Vigilancia Territorial, DGST), el organismo de Contrainteligencia, amplió sus responsabilidades diez años después al asumir la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es decir, la Policía Nacional. Este doble papel lo convierte en una de las figuras más poderosas del país. Y por eso extraña que no supiera lo que se venía. «La capacidad de monitoreo de las redes sociales por parte de Marruecos es enorme. Se comprobó hace un año en las protestas de la generación Z, donde todavía hay miles de jóvenes encarcelados, por eso es tan complicado pensar que no sabían nada», asegura el opositor marroquí.Por eso, sigue sorprendiendo el estupor que mostró el régimen marroquí el pasado 31 de julio tras la invasión sobre Ceuta. Que nadie supiera nada, que la orden viniera de ‘boots’ argelinos, como ha dicho el Gobierno marroquí, es bastante improbable. «La prueba esgrimida contra los servicios argelinos es una locura: parece que algunos de los miembros , de los grupos de WhatsApp tienen números que empiezan por +213 (prefijo argelino) y por muy descabellados que sean esos servicios (los argelinos), no esperaría que se delataran dejando pruebas evidentes en su contra», explica el opositor. Dado que el control migratorio es un asunto de soberanía y seguridad nacional, las grandes decisiones suelen depender del Ministerio del Interior y, en última instancia, del Palacio Real. Por eso, resulta difícil imaginar «que una relajación durante tanto tiempo del control fronterizo en una zona tan sensible, ocurra sin conocimiento de las autoridades centrales», argumentan desde la oposición marroquí en el exilio. ¿Quién manda en Marruecos? Parece que es una pregunta sencilla de responder, y en realidad, lo es: el rey Mohamed VI. Escrito en la Constitución, el monarca tiene plenos poderes. Controla el Poder Ejecutivo, nombrando ministros y tomando decisiones en áreas clave; el Poder Legislativo, influyendo fuertemente en el proceso de creación de leyes; y el Poder Judicial, nombrando a los jueces y controlando directamente las instancias más altas.Es decir, todas las decisiones políticas de máximo nivel recaen en el ‘rey de los pobres’ como lo bautizó la prensa oficial marroquí a Mohamed VI en los primeros años de su reinado.En asuntos considerados estratégicos: seguridad, fronteras y relación con España, el margen de actuación del Ministerio del Interior está condicionado por palacio. Es decir, si alguien habló, planificó y ordenó algo sobre el cruce masivo de Ceuta a finales de julio, tuvo que salir de ahí, del Palacio Real.Sin embargo, que venga del Palacio Real no significa que el propio Rey haya señalado personalmente su intención de invadir Ceuta. Para eso cuenta con una camarilla de fieles: el famoso Majzen, de donde surge el gran poder en el reino alauí.Así lo explica una voz autorizada para hacerlo. Un marroquí que ahora mismo vive en el exilio, porque sino, lo estaría haciendo en un cárcel de cualquier ciudad marroquí y que, aunque ahora vive en libertad no quiere que su familia que aún vive en Marruecos salga perjudicada, por ello preservamos su identidad.Precedente: la crisis de Perejil«Si hablamos de lo que pasa ahora en Palacio, es muy complicado tener información, pero en Marruecos funciona fijarnos en sucesos pasados», apunta durante una llamada telefónica con ABC.Esta fuente une puntos hasta llegar a Ceuta empezando por la crisis de Perejil. En julio de 2002, un grupo de militares marroquíes desembarcó en el islote. España consideró que la presencia militar rompía el ‘statu quo’ existía y, tras varios días de negociaciones sin éxito, lanzó el 17 de julio la Operación Romeo-Sierra para desalojar a los efectivos marroquíes. El cómo Rabat llegó a esa decisión, nuestra fuente lo sabe bien:«En esa época me movía en esos círculos de poder. Esa decisión vino precipitada por comentarios del monarca que mostraba su disconformidad con España (Rabat y Madrid llevaban 15 meses de desencuentros y enfrentamientos diplomáticos) y alguien dentro de Palacio creyó que la mejor respuesta era tomar Perejil. El monarca no se lo tomó muy bien en ese momento, porque entendió que era una forma desmedida».Algo parecido ocurrió en 2021, cuando el régimen marroquí se enteró de que España había acogido al líder del Polisario, Brahim Ghali en un hospital de Logroño y después 10.000 personas saltaron la valla de Ceuta. Pues parece ser que lo mismo pasó el pasado 30 de julio, «el Rey estaba descontento con Sánchez por su viaje a Argelia y por la ley que podría nacionalizar a los saharauis. Mostró su malestar y uno de sus consejeros cogió el testigo y comenzó a mover los hilos para lo que al final ocurrió en Ceuta». Ese grupo de consejeros, con el que cuenta el Rey, son personas muy cercanas a él, como sus hermanos y también amigos de la infancia y compañeros de universidad. «Dentro de los consejeros reales hay muchas luchas de poder, para ver quién tiene mayor influencia», apuntan a ABC diversas fuentes.¿Quién toma las decisiones?«Nadie sabe quién exactamente tiene el poder después del rey», explicaba a ABC hace un tiempo un defensor de los derechos humanos marroquí, buen conocedor de las formas de represión del país: ha estado encarcelado varias veces por ser crítico con el régimen. «No es un rey, es un sistema», argumentaba para el periódico francés ‘Le Monde’, Mohamed Tozy, politólogo y sociólogo marroquí, refiriéndose a la persona del monarca. « Y, en este sistema», añade, «se puede gobernar mediante la ausencia».Y en estas ausencias, surgen los personajes secundarios que toman las rienda.Desde todos los órganos, los cables conectan con el organismo más poderoso del régimen, la llamada Oficina 21, que opera desde el palacio real en la capital, Rabat. La Oficina 21, escribe el periodista sueco Nathan Shachar, está dirigida por el confidente más cercano del rey, su compañero de escuela Fouad Ali el-Himma (Marrakesh, 1962).Los hombres fuertes del rey Fouad Ali el-Himma Jefe de gabinete real. Confidente más cercano del rey y su compañero de escuela. Yassine Mansouri Jefe de la DGED, el servicio de inteligencia exterior. También compañero de clase del rey. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’ Abdellatif Hammouchi Jefe de la Dirección General de Vigilancia Territorial (DGST) y a Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es una de las figuras más poderosas del país. Apodado el Consejero Orquesta o incluso el Virrey tiene un papel muy importante entre las bambalinas de palacio, en lo que se le conoce como Majzén. Fue jefe de gabinete de Mohamed VI el año antes de acceder al trono. Tras un paso por la política, El Himma fue nombrado jefe de gabinete real y dejó todos sus cargos. Su influencia se ha notado en todo lo que tiene que ver con la cuestión del Sáhara, quien ha defendido una posición fuerte de Rabat en la excolonia.Yassine Mansouri (Boujaad, 1962) y también compañero de clase del rey, como El Himma, ascendió igualmente a la cima. Tras dirigir Maghreb Arabe Presse (MAP), la agencia de noticias oficial que narra la saga real, fue nombrado jefe de la DGED, el Servicio de Inteligencia Exterior. Es el primer civil en ocupar este cargo. Es uno de los implicados en la rama del ‘Qatargate’, un caso de sobornos a eurodiputados en el Parlamento Europeo y donde se demostró el poder del ‘lobby’ marroquí en Bruselas.Otra persona que ahora posee un papel fundamental en el círculo de poder de Marruecos y que tenía que saber lo que estaba cociéndose los días antes del asalto masivo es Abdellatif Hammouchi (Taza, 1966). Es «el jefe de la policía» del país. Nombrado en 2005 para dirigir la Dirección de Vigilancia Territorial (DST, posteriormente rebautizada como Dirección General de Vigilancia Territorial, DGST), el organismo de Contrainteligencia, amplió sus responsabilidades diez años después al asumir la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), es decir, la Policía Nacional. Este doble papel lo convierte en una de las figuras más poderosas del país. Y por eso extraña que no supiera lo que se venía. «La capacidad de monitoreo de las redes sociales por parte de Marruecos es enorme. Se comprobó hace un año en las protestas de la generación Z, donde todavía hay miles de jóvenes encarcelados, por eso es tan complicado pensar que no sabían nada», asegura el opositor marroquí.Por eso, sigue sorprendiendo el estupor que mostró el régimen marroquí el pasado 31 de julio tras la invasión sobre Ceuta. Que nadie supiera nada, que la orden viniera de ‘boots’ argelinos, como ha dicho el Gobierno marroquí, es bastante improbable. «La prueba esgrimida contra los servicios argelinos es una locura: parece que algunos de los miembros , de los grupos de WhatsApp tienen números que empiezan por +213 (prefijo argelino) y por muy descabellados que sean esos servicios (los argelinos), no esperaría que se delataran dejando pruebas evidentes en su contra», explica el opositor. Dado que el control migratorio es un asunto de soberanía y seguridad nacional, las grandes decisiones suelen depender del Ministerio del Interior y, en última instancia, del Palacio Real. Por eso, resulta difícil imaginar «que una relajación durante tanto tiempo del control fronterizo en una zona tan sensible, ocurra sin conocimiento de las autoridades centrales», argumentan desde la oposición marroquí en el exilio. RSS de noticias de espana
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