A principios de este siglo, Leica, la marca más icónica de la fotografía, bordeaba el abismo de la quiebra. Durante su siglo de historia, la compañía nunca ha dejado de operar desde Wetzlar, en el Land de Hesse, a unos 50 minutos en coche de la poderosa Fráncfort. Su filosofía artesanal, con cámaras telemétricas donde el enfoque depende de la vista del fotógrafo (maldita presbicia), estuvo a punto de costarle caro al sacudir a la industria la ola digital. Hoy, las cámaras sin espejo, con interfaces más propias de un mini ordenador y ayudas de todo tipo, dominan el mercado mundial, aunque con cifras muy alejadas de la gloria de 2010.
Bloomberg levantó la liebre en enero al deslizar que Blackstone e incluso la familia Kaufmann sopesan desprenderse de sus participaciones en la marca alemana, la más histórica y longeva de la fotografía. HSG, ex rama asiática de Sequoia, se postula como compradora
A principios de este siglo, Leica, la marca más icónica de la fotografía, bordeaba el abismo de la quiebra. Durante su siglo de historia, la compañía nunca ha dejado de operar desde Wetzlar, en el Land de Hesse, a unos 50 minutos en coche de la poderosa Fráncfort. Su filosofía artesanal, con cámaras telemétricas donde el enfoque depende de la vista del fotógrafo (maldita presbicia), estuvo a punto de costarle caro al sacudir a la industria la ola digital. Hoy, las cámaras sin espejo, con interfaces más propias de un mini ordenador y ayudas de todo tipo, dominan el mercado mundial, aunque con cifras muy alejadas de la gloria de 2010.
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