A finales del siglo XX, millones de espectadores creyeron encontrarse ante otra variación del viejo mito japonés de los monstruos gigantes. Los Ángeles descendían del cielo. Los edificios se derrumbaban. Sonaban las alarmas. Y unos adolescentes se subían a unas enormes máquinas biomecánicas para salvar el mundo. Todo parecía encajar en el relato habitual de la ciencia ficción japonesa. Sin embargo, mientras los espectadores miraban hacia los monstruos, ‘Evangelion’ estaba mirando en otra dirección. Miraba hacia las grietas del alma humana . El protagonista, Shinji Ikari, tiene apenas catorce años cuando recibe la llamada de un padre distante y casi desconocido. Debe pilotar la unidad EVA-01 y participar en la defensa de la humanidad. Sin embargo, el conflicto nunca ocurre en el campo de batalla. Ocurre dentro de su cabeza. Shinji no desea la gloria ni busca la aventura. Tiene miedo . Miedo a fracasar, miedo a decepcionar, miedo a no ser querido. Su combate no es contra los malvados Ángeles, sino contra sí mismo. Y ahí reside una de las claves del fenómeno.Noticia relacionada No No Cómo empezar a ver anime (y no perderse en el intento) Carmen BurnéA medida que avanza la serie, los robots van perdiendo importancia y ganan terreno preguntas mucho más incómodas: quiénes somos, por qué nos cuesta relacionarnos con los demás, hasta qué punto dependemos de la aprobación ajena o qué hacemos con la soledad cuando aparece. Muchos espectadores llegaron buscando entretenimiento y terminaron encontrándose con Freud , Jung o Sartre escondidos entre los escombros de Tokio-3.En el fondo, el joven protagonista pertenece a una tradición literaria mucho más antigua que el anime. Como esos otros «muchachos», Telémaco , Hamlet, Meursault o Gregorio Samsa, él también vive atrapado entre lo que esperan de él y lo que él es capaz de entender sobre sí mismo.El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajesLos personajes que lo rodean participan de la misma complejidad . Rei Ayanami, silenciosa y enigmática; Asuka, brillante y vulnerable bajo su arrogancia; Misato Katsuragi, obligada a ejercer de adulta mientras gestiona sus propias contradicciones; o Gendo Ikari, uno de los padres más inquietantes de la ficción contemporánea.La audacia de ‘Evangelion’ alcanzó su punto culminante en sus dos últimos episodios. El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajes. El resultado dividió a Japón y obligó posteriormente a una reinterpretación cinematográfica con ‘The End of Evangelion’.Treinta años después de su estreno, ‘Evangelion’ (repuesto ahora en Netflix) sigue fascinando por la misma razón que fascinó entonces, pues trata un asunto universal: la dificultad que entraña ser humano. Y ese argumento, como saben Homero, Shakespeare o cualquier muchacho inteligente y lúcido que acaba de cumplir veinte años, rara vez pasa de moda. A finales del siglo XX, millones de espectadores creyeron encontrarse ante otra variación del viejo mito japonés de los monstruos gigantes. Los Ángeles descendían del cielo. Los edificios se derrumbaban. Sonaban las alarmas. Y unos adolescentes se subían a unas enormes máquinas biomecánicas para salvar el mundo. Todo parecía encajar en el relato habitual de la ciencia ficción japonesa. Sin embargo, mientras los espectadores miraban hacia los monstruos, ‘Evangelion’ estaba mirando en otra dirección. Miraba hacia las grietas del alma humana . El protagonista, Shinji Ikari, tiene apenas catorce años cuando recibe la llamada de un padre distante y casi desconocido. Debe pilotar la unidad EVA-01 y participar en la defensa de la humanidad. Sin embargo, el conflicto nunca ocurre en el campo de batalla. Ocurre dentro de su cabeza. Shinji no desea la gloria ni busca la aventura. Tiene miedo . Miedo a fracasar, miedo a decepcionar, miedo a no ser querido. Su combate no es contra los malvados Ángeles, sino contra sí mismo. Y ahí reside una de las claves del fenómeno.Noticia relacionada No No Cómo empezar a ver anime (y no perderse en el intento) Carmen BurnéA medida que avanza la serie, los robots van perdiendo importancia y ganan terreno preguntas mucho más incómodas: quiénes somos, por qué nos cuesta relacionarnos con los demás, hasta qué punto dependemos de la aprobación ajena o qué hacemos con la soledad cuando aparece. Muchos espectadores llegaron buscando entretenimiento y terminaron encontrándose con Freud , Jung o Sartre escondidos entre los escombros de Tokio-3.En el fondo, el joven protagonista pertenece a una tradición literaria mucho más antigua que el anime. Como esos otros «muchachos», Telémaco , Hamlet, Meursault o Gregorio Samsa, él también vive atrapado entre lo que esperan de él y lo que él es capaz de entender sobre sí mismo.El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajesLos personajes que lo rodean participan de la misma complejidad . Rei Ayanami, silenciosa y enigmática; Asuka, brillante y vulnerable bajo su arrogancia; Misato Katsuragi, obligada a ejercer de adulta mientras gestiona sus propias contradicciones; o Gendo Ikari, uno de los padres más inquietantes de la ficción contemporánea.La audacia de ‘Evangelion’ alcanzó su punto culminante en sus dos últimos episodios. El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajes. El resultado dividió a Japón y obligó posteriormente a una reinterpretación cinematográfica con ‘The End of Evangelion’.Treinta años después de su estreno, ‘Evangelion’ (repuesto ahora en Netflix) sigue fascinando por la misma razón que fascinó entonces, pues trata un asunto universal: la dificultad que entraña ser humano. Y ese argumento, como saben Homero, Shakespeare o cualquier muchacho inteligente y lúcido que acaba de cumplir veinte años, rara vez pasa de moda. A finales del siglo XX, millones de espectadores creyeron encontrarse ante otra variación del viejo mito japonés de los monstruos gigantes. Los Ángeles descendían del cielo. Los edificios se derrumbaban. Sonaban las alarmas. Y unos adolescentes se subían a unas enormes máquinas biomecánicas para salvar el mundo. Todo parecía encajar en el relato habitual de la ciencia ficción japonesa. Sin embargo, mientras los espectadores miraban hacia los monstruos, ‘Evangelion’ estaba mirando en otra dirección. Miraba hacia las grietas del alma humana . El protagonista, Shinji Ikari, tiene apenas catorce años cuando recibe la llamada de un padre distante y casi desconocido. Debe pilotar la unidad EVA-01 y participar en la defensa de la humanidad. Sin embargo, el conflicto nunca ocurre en el campo de batalla. Ocurre dentro de su cabeza. Shinji no desea la gloria ni busca la aventura. Tiene miedo . Miedo a fracasar, miedo a decepcionar, miedo a no ser querido. Su combate no es contra los malvados Ángeles, sino contra sí mismo. Y ahí reside una de las claves del fenómeno.Noticia relacionada No No Cómo empezar a ver anime (y no perderse en el intento) Carmen BurnéA medida que avanza la serie, los robots van perdiendo importancia y ganan terreno preguntas mucho más incómodas: quiénes somos, por qué nos cuesta relacionarnos con los demás, hasta qué punto dependemos de la aprobación ajena o qué hacemos con la soledad cuando aparece. Muchos espectadores llegaron buscando entretenimiento y terminaron encontrándose con Freud , Jung o Sartre escondidos entre los escombros de Tokio-3.En el fondo, el joven protagonista pertenece a una tradición literaria mucho más antigua que el anime. Como esos otros «muchachos», Telémaco , Hamlet, Meursault o Gregorio Samsa, él también vive atrapado entre lo que esperan de él y lo que él es capaz de entender sobre sí mismo.El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajesLos personajes que lo rodean participan de la misma complejidad . Rei Ayanami, silenciosa y enigmática; Asuka, brillante y vulnerable bajo su arrogancia; Misato Katsuragi, obligada a ejercer de adulta mientras gestiona sus propias contradicciones; o Gendo Ikari, uno de los padres más inquietantes de la ficción contemporánea.La audacia de ‘Evangelion’ alcanzó su punto culminante en sus dos últimos episodios. El creador, Hideaki Anno, abandonó la narración convencional para internarse en el laberinto psicológico de sus personajes. El resultado dividió a Japón y obligó posteriormente a una reinterpretación cinematográfica con ‘The End of Evangelion’.Treinta años después de su estreno, ‘Evangelion’ (repuesto ahora en Netflix) sigue fascinando por la misma razón que fascinó entonces, pues trata un asunto universal: la dificultad que entraña ser humano. Y ese argumento, como saben Homero, Shakespeare o cualquier muchacho inteligente y lúcido que acaba de cumplir veinte años, rara vez pasa de moda. RSS de noticias de cultura
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