Marcos Rodríguez Pantoja , el niño lobo cordobés de Sierra Morena, falleció el sábado a los 80 años de edad, según se ha conocido este lunes. Su historia se reflejó en las páginas de ABC el 18 de abril de 2010 con motivo del rodaje de una película sobre él, dirigida por Gerardo Olivares, también cordobés. Entonces, el periodista Aristóteles Moreno tuvo oportunidad de compartir una charla con Marcos , que dejó un relato estremecedor sobre la dureza de su vida. Nacido en Añora en 1946, en la España rural de posguerra, su padre, carbonero, había enviudado y su madrastra lo obligaba a robar bellotas y a cuidar cerdos a cambio de cuatro pesetas. Fue sistemáticamente maltratado, recordaba con dolor. Y su situación sólo iba a empeorar. Cuando debía tener siete años, fue entregado a un anciano pastor y ni pensó en regresar al pueblo cuando aquél se fue sin dejar rastro. «Lo había pasado muy mal y preferí quedarme allí. Me pegaba todo el mundo. Así que me refugié en la naturaleza», contaba como antesala del excepcional episodio que iba a vivir su vida. Se quedó solo ante la crudeza de Sierra Morena pero se adaptó. «Al principio dormía en un viejo caserón, que arreglé con palos y ramas. Pero luego encontré una bocamina y allí me refugié. Cazaba carne y la compartía con los lobitos . Me acogieron como si fuera de su familia. Para cazar, me escondía junto al río y cuando bajaban los ciervos, me montaba encima de ellos, les daba un golpe con un palo y llamaba a los lobos . Aullaba y venían cuando lo necesitaba. Luego, le quitaba la piel, le sacaba las tripas, y me la ponía encima para abrigarme. Las moscas y las avispas venían detrás mía», rememoraba con sobrecogedora normalidad. Un regreso a la sociedad muy difícilFueron doce años como uno más de una manada de lobos, dueños de un paraje entre Cardeña y Fuencaliente (Ciudad Real). «Cuando me localizó la Guardia Civil me dejaron con unos pastores, que llevaban sus cabras por el camino de la carne. Llegamos a Lopera (Jaén) y allí me acogió un cura», explicaba. El sacerdote decidió entregarlo a unas monjas en Madrid, quienes se hicieron cargo de él y le aplicaron un artilugio con dos tablas para corregirle la desviación de columna que presentaba tras tantos años caminando encorvado. «Ahora ya voy comprendiendo las cosas -admitía- pero al principio era criminal. Era imposible aguantar tanto ruido, tanto jaleo. Yo era como un bicho que sueltan en medio de una ciudad. Al principio tuve muchos problemas. Si tenía hambre me metía en un bar para comer. Pero no sabía que para comer había que pagar y tuve un montón de conflictos». Tras una azarosa vida que lo llevó por innumerables destinos en busca de trabajo, se asentó en un pueblecito de Orense , donde fue contratado como casero de un cortijo. Allí ha vivido hasta que ha fallecido a los 80 años aquel niño lobo que en las páginas de ABC recordaba su insólita vivencia con una naturalidad que impactaba: «Me sentía un personaje en la Sierra. Todos los bichos me acogían como si fuera uno más. Era como uno de ellos» Marcos Rodríguez Pantoja , el niño lobo cordobés de Sierra Morena, falleció el sábado a los 80 años de edad, según se ha conocido este lunes. Su historia se reflejó en las páginas de ABC el 18 de abril de 2010 con motivo del rodaje de una película sobre él, dirigida por Gerardo Olivares, también cordobés. Entonces, el periodista Aristóteles Moreno tuvo oportunidad de compartir una charla con Marcos , que dejó un relato estremecedor sobre la dureza de su vida. Nacido en Añora en 1946, en la España rural de posguerra, su padre, carbonero, había enviudado y su madrastra lo obligaba a robar bellotas y a cuidar cerdos a cambio de cuatro pesetas. Fue sistemáticamente maltratado, recordaba con dolor. Y su situación sólo iba a empeorar. Cuando debía tener siete años, fue entregado a un anciano pastor y ni pensó en regresar al pueblo cuando aquél se fue sin dejar rastro. «Lo había pasado muy mal y preferí quedarme allí. Me pegaba todo el mundo. Así que me refugié en la naturaleza», contaba como antesala del excepcional episodio que iba a vivir su vida. Se quedó solo ante la crudeza de Sierra Morena pero se adaptó. «Al principio dormía en un viejo caserón, que arreglé con palos y ramas. Pero luego encontré una bocamina y allí me refugié. Cazaba carne y la compartía con los lobitos . Me acogieron como si fuera de su familia. Para cazar, me escondía junto al río y cuando bajaban los ciervos, me montaba encima de ellos, les daba un golpe con un palo y llamaba a los lobos . Aullaba y venían cuando lo necesitaba. Luego, le quitaba la piel, le sacaba las tripas, y me la ponía encima para abrigarme. Las moscas y las avispas venían detrás mía», rememoraba con sobrecogedora normalidad. Un regreso a la sociedad muy difícilFueron doce años como uno más de una manada de lobos, dueños de un paraje entre Cardeña y Fuencaliente (Ciudad Real). «Cuando me localizó la Guardia Civil me dejaron con unos pastores, que llevaban sus cabras por el camino de la carne. Llegamos a Lopera (Jaén) y allí me acogió un cura», explicaba. El sacerdote decidió entregarlo a unas monjas en Madrid, quienes se hicieron cargo de él y le aplicaron un artilugio con dos tablas para corregirle la desviación de columna que presentaba tras tantos años caminando encorvado. «Ahora ya voy comprendiendo las cosas -admitía- pero al principio era criminal. Era imposible aguantar tanto ruido, tanto jaleo. Yo era como un bicho que sueltan en medio de una ciudad. Al principio tuve muchos problemas. Si tenía hambre me metía en un bar para comer. Pero no sabía que para comer había que pagar y tuve un montón de conflictos». Tras una azarosa vida que lo llevó por innumerables destinos en busca de trabajo, se asentó en un pueblecito de Orense , donde fue contratado como casero de un cortijo. Allí ha vivido hasta que ha fallecido a los 80 años aquel niño lobo que en las páginas de ABC recordaba su insólita vivencia con una naturalidad que impactaba: «Me sentía un personaje en la Sierra. Todos los bichos me acogían como si fuera uno más. Era como uno de ellos» Marcos Rodríguez Pantoja , el niño lobo cordobés de Sierra Morena, falleció el sábado a los 80 años de edad, según se ha conocido este lunes. Su historia se reflejó en las páginas de ABC el 18 de abril de 2010 con motivo del rodaje de una película sobre él, dirigida por Gerardo Olivares, también cordobés. Entonces, el periodista Aristóteles Moreno tuvo oportunidad de compartir una charla con Marcos , que dejó un relato estremecedor sobre la dureza de su vida. Nacido en Añora en 1946, en la España rural de posguerra, su padre, carbonero, había enviudado y su madrastra lo obligaba a robar bellotas y a cuidar cerdos a cambio de cuatro pesetas. Fue sistemáticamente maltratado, recordaba con dolor. Y su situación sólo iba a empeorar. Cuando debía tener siete años, fue entregado a un anciano pastor y ni pensó en regresar al pueblo cuando aquél se fue sin dejar rastro. «Lo había pasado muy mal y preferí quedarme allí. Me pegaba todo el mundo. Así que me refugié en la naturaleza», contaba como antesala del excepcional episodio que iba a vivir su vida. Se quedó solo ante la crudeza de Sierra Morena pero se adaptó. «Al principio dormía en un viejo caserón, que arreglé con palos y ramas. Pero luego encontré una bocamina y allí me refugié. Cazaba carne y la compartía con los lobitos . Me acogieron como si fuera de su familia. Para cazar, me escondía junto al río y cuando bajaban los ciervos, me montaba encima de ellos, les daba un golpe con un palo y llamaba a los lobos . Aullaba y venían cuando lo necesitaba. Luego, le quitaba la piel, le sacaba las tripas, y me la ponía encima para abrigarme. Las moscas y las avispas venían detrás mía», rememoraba con sobrecogedora normalidad. Un regreso a la sociedad muy difícilFueron doce años como uno más de una manada de lobos, dueños de un paraje entre Cardeña y Fuencaliente (Ciudad Real). «Cuando me localizó la Guardia Civil me dejaron con unos pastores, que llevaban sus cabras por el camino de la carne. Llegamos a Lopera (Jaén) y allí me acogió un cura», explicaba. El sacerdote decidió entregarlo a unas monjas en Madrid, quienes se hicieron cargo de él y le aplicaron un artilugio con dos tablas para corregirle la desviación de columna que presentaba tras tantos años caminando encorvado. «Ahora ya voy comprendiendo las cosas -admitía- pero al principio era criminal. Era imposible aguantar tanto ruido, tanto jaleo. Yo era como un bicho que sueltan en medio de una ciudad. Al principio tuve muchos problemas. Si tenía hambre me metía en un bar para comer. Pero no sabía que para comer había que pagar y tuve un montón de conflictos». Tras una azarosa vida que lo llevó por innumerables destinos en busca de trabajo, se asentó en un pueblecito de Orense , donde fue contratado como casero de un cortijo. Allí ha vivido hasta que ha fallecido a los 80 años aquel niño lobo que en las páginas de ABC recordaba su insólita vivencia con una naturalidad que impactaba: «Me sentía un personaje en la Sierra. Todos los bichos me acogían como si fuera uno más. Era como uno de ellos» RSS de noticias de espana/andalucia
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