Es prácticamente imposible poder plasmar en estas líneas la pasión y el entusiasmo que desprende Axel Mahlau cuando habla a los visitantes de su jardín botánico de las miles de especies de árboles y plantas de todo el mundo que alberga en el terreno. Puede pasar horas sin parar de recitar nombres en latín, recordar cuándo se plantó cada árbol o enumerar los factores que necesita cada uno de ellos para sobrevivir en el entorno. Pero ahora habrá que esperar un largo tiempo para que esas lecciones magistrales vuelvan a suceder, pues el incendio forestal que ha afectado en los últimos días a la provincia de Ávila ha arrasado con su joya botánica, un tesoro con casi 70 años de historia escondido en el Valle del Tiétar, concretamente en el municipio de La Adrada, que tardará años en poder recuperarse de los estragos del fuego.Pocas horas después de que Axel pudiera regresar al terreno, de donde, junto a su mujer Amelia, fue desalojado cuando el fuego empezaba a avanzar hacia la zona , ABC le acompaña en un recorrido por su jardín botánico. A medida que avanza por las nueve hectáreas de finca, este profesor de filología románica y germánica ya jubilado que dedica actualmente todo su tiempo a las plantas va observando y tratando de asimilar los daños irreparables que las llamas han dejado. «De vez en cuando pararé de hablar, porque veo esto y me sobrecoge. Hemos estado todo el verano tres horas al día regando todo esto y ahora ves que no queda nada, que ha sido un esfuerzo en balde. Ha desaparecido todo», lamenta al inicio de la ruta. El terreno sobre el que Axel ha creado un tesoro de vegetación lo adquirieron sus padres hace 69 años, cuando él tenía solo uno. Sus progenitores eran alemanes que emigraron a España y se instalaron en La Adrada. Recuerda cómo desde bien pequeño empezó a sentir curiosidad por las plantas. «Este jardín es mi vida. Somos tres hermanos y desde pequeños cada uno teníamos un pequeño trozo de jardín de 4 o 5 metros cuadrados. Y si lo cuidábamos bien, al final del año nuestra madre nos regalaba unos bulbos, un rosal pequeñito o algo como premio», cuenta. Esa educación en plena naturaleza llevó a sus hermanos a estudiar Ingeniería Agrónoma. Y él, aunque se define como la «oveja negra», ha dedicado también las últimas décadas a la tierra. Los primeros árboles del lugar los plantó su padre a finales de los 50. Son «el germen» del jardín botánico, apunta Axel. Y además son de los pocos que han sobrevivido al paso de las llamas. «Que se hayan salvado es un milagro porque son cedros del Himalaya, del Líbano, cedro atlántica, un ciprés, una robinia pseudocacia… Es lo primero que plantaron mis padres», celebra. También ha resistido al fuego un tilo que su progenitor trajo de la Selva Negra en 1958. Y junto a ellos, sus animales, entre los que hay ovejas, pavos reales, gallinas o los burros Bartolo y Pocholo, y la casa en la que Axel y su mujer Amelia residen, que ha quedado intacta pese a que a su alrededor todo son cenizas.Desde Madrid, a donde Axel y Amelia se desplazaron cuando tuvieron que abandonar la finca, seguían con gran preocupación la evolución del incendio. Algunos amigos que permanecieron en la zona, como Miguel, bombero forestal, les informaban sobre el paso de las llamas y también de los trabajos que intentaban sofocarlas. Hace 46 años otro incendio se cebó con el lugar, pero el jardín de Axel logró sobrevivir prácticamente intacto. Esta vez, sin embargo, no ha tenido la misma suerte. De Perú a AustraliaEl jardín contaba con unas 1.700 especies diferentes, tanto de la zona como de prácticamente todas las zonas del mundo. Primero sus padres y luego Axel y sus hermanos aprovechaban todos sus viajes para hacerse con ejemplares únicos. Hasta de su luna de miel se volvió con unos laureles que plantó en su jardín. «Tenemos plantas traídas de México, de Perú, de Estados Unidos, de Australia… de más de 40 países habíamos traído cosas originales», explica. Y también jardines botánicos de distintos lugares le habían donado especies singulares, imposibles ahora de encontrar y mucho menos de comprar. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas especies se han perdido. Pero miles, miles»Aún no ha tenido tiempo para analizar una a una las que se van a poder salvar, pero el primer vistazo no le permite ser demasiado optimista. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas se han perdido. Pero miles, miles. Y de algunas especies teníamos solo una», apunta. Gran parte del valor del jardín, insiste, residía en cómo habían logrado que cada planta se adaptara bien al terreno, integrándose con el resto, viendo cuáles podían sobrevivir y crecer y descartando aquellas para las que el terreno no era el adecuado. «Esto, de verdad, era un pequeño paraíso», dice. Y en él, los recuerdos personales también tenían su lugar, con semillas y especies que sus seres queridos le habían regalado durante estos años y había plantado en el terreno. «Había cosas muy interesantes. De África, de Asia… pero todo ha desaparecido». De hecho, mientras estaba desalojado en Madrid, Axel no podía parar de pensar en algunas de estas especies únicas y el temor a que desaparecieran aumentaba a medida que avanzaban las llamas. «Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Estábamos completamente pendientes del móvil y muy preocupados. Por ejemplo, pensaba en una ‘wollemia nobilis’ que nos había llegado de Australia. Teníamos mucho miedo de que se quemara, y bueno, se quemó. No hay nada que hacer», lamenta. La reconstrucciónLe cuesta contener las lágrimas cuando dos vecinas del pueblo vienen a darle un abrazo y a ofrecerse para ayudarle a la reconstrucción del jardín. No son las únicas. Durante las tres horas que ABC pasa con Axel, son varios los amigos que llegan al jardín para transmitirle tanto a él como a Amelia su cariño y ayudar en todo lo que sea posible. Porque pese a que de algún rincón todavía sale humo, e incluso alguna llama, que junto a la ceniza convierten el terreno en irreconocible, lo reconstruirán. «Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y hemos salido muy bien. O sea, estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto», asegura.Vecinas acuden al jardín para apoyar a Axel. El humo continúa saliendo de algunos rincones. Varios cactus entre tierra quemada. Matías NietoPero sabe que no será fácil y, de hecho, augura que la reconstrucción del jardín será su «ruina definitiva», aunque en estos momentos de desolación, de ver cómo se ha destruido el esfuerzo de toda una vida, es lo que menos le importa. Necesitará miles de euros para sustituir el sistema de riego o todas las herramientas y arreglar todos los desperfectos que han provocado las llamas. Pero también mucha ayuda, por lo que llama a que cualquiera que pueda y quiera acuda a ayudar. Se plantea también llevar a cabo iniciativas que permitan recolectar algo de dinero, como que cualquier persona plante una planta en el jardín y ahí se la cuiden por cinco euros al año. «Un amigo guitarrista se ha ofrecido a hacer un concierto benéfico. También esperamos que algunas personas nos ayuden. Si una empresa nos regala 300 tiestos, o 100 metros de manguera, pues será una ayuda. Todo se agradece para ayudarnos a reflotar esto», prosigue. También confía en que las administraciones se impliquen y establezcan líneas de ayuda para los afectados por los fuegos. Amor por la naturalezaEl jardín de Axel se abrió al público hace más de 20 años y desde entonces organizan rutas por el terreno en las que han recibido a visitantes de todo el mundo: parejas, grupos de amigos, familias con niños o hasta grupos escolares, todos tienen cabida. Pero su objetivo, insiste, no es ganar dinero, pues asegura que cada año finaliza con pérdidas, sino transmitir su amor por la naturaleza y todos sus conocimientos sobre ella. «Casi nadie sabe que hay más de 300.000 plantas catalogadas, por ejemplo. O que si se extinguieran las plantas, en un mes se habría extinguido la humanidad. Esa es nuestra idea: difundir ese conocimiento de la naturaleza», manifiesta.«Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y salimos muy bien. Estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto»Y el jardín se había convertido también en los últimos años en espacio de ocio, con presentaciones de libros, exposiciones o conciertos cada dos semanas. También llevaba a cabo otros eventos como un mercadillo solidario o un concurso de fotografía que celebra anualmente y que lleva a los visitantes a dar lo mejor de los objetivos de sus cámaras durante el paseo, con el debate posterior a la visita sobre quién ha conseguido captar mejor la esencia del jardín. Ahora, habrá que esperar al menos hasta las primeras lluvias para comprobar realmente cuántas especies se pueden llegar a salvar y de cuántas habrá que desprenderse definitivamente. «Todo eso lo hemos ido haciendo nosotros con el tiempo, con esfuerzo físico y con esfuerzo económico», sostiene Axel, que insiste en que lo volverán a hacer: «Los que vengan no se encontrarán el jardín que estaba, pero estará diferente. Volverá a estar verde, volverá a estar bonito y quien no haya conocido el jardín anterior verá que el jardín es como es». Es prácticamente imposible poder plasmar en estas líneas la pasión y el entusiasmo que desprende Axel Mahlau cuando habla a los visitantes de su jardín botánico de las miles de especies de árboles y plantas de todo el mundo que alberga en el terreno. Puede pasar horas sin parar de recitar nombres en latín, recordar cuándo se plantó cada árbol o enumerar los factores que necesita cada uno de ellos para sobrevivir en el entorno. Pero ahora habrá que esperar un largo tiempo para que esas lecciones magistrales vuelvan a suceder, pues el incendio forestal que ha afectado en los últimos días a la provincia de Ávila ha arrasado con su joya botánica, un tesoro con casi 70 años de historia escondido en el Valle del Tiétar, concretamente en el municipio de La Adrada, que tardará años en poder recuperarse de los estragos del fuego.Pocas horas después de que Axel pudiera regresar al terreno, de donde, junto a su mujer Amelia, fue desalojado cuando el fuego empezaba a avanzar hacia la zona , ABC le acompaña en un recorrido por su jardín botánico. A medida que avanza por las nueve hectáreas de finca, este profesor de filología románica y germánica ya jubilado que dedica actualmente todo su tiempo a las plantas va observando y tratando de asimilar los daños irreparables que las llamas han dejado. «De vez en cuando pararé de hablar, porque veo esto y me sobrecoge. Hemos estado todo el verano tres horas al día regando todo esto y ahora ves que no queda nada, que ha sido un esfuerzo en balde. Ha desaparecido todo», lamenta al inicio de la ruta. El terreno sobre el que Axel ha creado un tesoro de vegetación lo adquirieron sus padres hace 69 años, cuando él tenía solo uno. Sus progenitores eran alemanes que emigraron a España y se instalaron en La Adrada. Recuerda cómo desde bien pequeño empezó a sentir curiosidad por las plantas. «Este jardín es mi vida. Somos tres hermanos y desde pequeños cada uno teníamos un pequeño trozo de jardín de 4 o 5 metros cuadrados. Y si lo cuidábamos bien, al final del año nuestra madre nos regalaba unos bulbos, un rosal pequeñito o algo como premio», cuenta. Esa educación en plena naturaleza llevó a sus hermanos a estudiar Ingeniería Agrónoma. Y él, aunque se define como la «oveja negra», ha dedicado también las últimas décadas a la tierra. Los primeros árboles del lugar los plantó su padre a finales de los 50. Son «el germen» del jardín botánico, apunta Axel. Y además son de los pocos que han sobrevivido al paso de las llamas. «Que se hayan salvado es un milagro porque son cedros del Himalaya, del Líbano, cedro atlántica, un ciprés, una robinia pseudocacia… Es lo primero que plantaron mis padres», celebra. También ha resistido al fuego un tilo que su progenitor trajo de la Selva Negra en 1958. Y junto a ellos, sus animales, entre los que hay ovejas, pavos reales, gallinas o los burros Bartolo y Pocholo, y la casa en la que Axel y su mujer Amelia residen, que ha quedado intacta pese a que a su alrededor todo son cenizas.Desde Madrid, a donde Axel y Amelia se desplazaron cuando tuvieron que abandonar la finca, seguían con gran preocupación la evolución del incendio. Algunos amigos que permanecieron en la zona, como Miguel, bombero forestal, les informaban sobre el paso de las llamas y también de los trabajos que intentaban sofocarlas. Hace 46 años otro incendio se cebó con el lugar, pero el jardín de Axel logró sobrevivir prácticamente intacto. Esta vez, sin embargo, no ha tenido la misma suerte. De Perú a AustraliaEl jardín contaba con unas 1.700 especies diferentes, tanto de la zona como de prácticamente todas las zonas del mundo. Primero sus padres y luego Axel y sus hermanos aprovechaban todos sus viajes para hacerse con ejemplares únicos. Hasta de su luna de miel se volvió con unos laureles que plantó en su jardín. «Tenemos plantas traídas de México, de Perú, de Estados Unidos, de Australia… de más de 40 países habíamos traído cosas originales», explica. Y también jardines botánicos de distintos lugares le habían donado especies singulares, imposibles ahora de encontrar y mucho menos de comprar. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas especies se han perdido. Pero miles, miles»Aún no ha tenido tiempo para analizar una a una las que se van a poder salvar, pero el primer vistazo no le permite ser demasiado optimista. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas se han perdido. Pero miles, miles. Y de algunas especies teníamos solo una», apunta. Gran parte del valor del jardín, insiste, residía en cómo habían logrado que cada planta se adaptara bien al terreno, integrándose con el resto, viendo cuáles podían sobrevivir y crecer y descartando aquellas para las que el terreno no era el adecuado. «Esto, de verdad, era un pequeño paraíso», dice. Y en él, los recuerdos personales también tenían su lugar, con semillas y especies que sus seres queridos le habían regalado durante estos años y había plantado en el terreno. «Había cosas muy interesantes. De África, de Asia… pero todo ha desaparecido». De hecho, mientras estaba desalojado en Madrid, Axel no podía parar de pensar en algunas de estas especies únicas y el temor a que desaparecieran aumentaba a medida que avanzaban las llamas. «Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Estábamos completamente pendientes del móvil y muy preocupados. Por ejemplo, pensaba en una ‘wollemia nobilis’ que nos había llegado de Australia. Teníamos mucho miedo de que se quemara, y bueno, se quemó. No hay nada que hacer», lamenta. La reconstrucciónLe cuesta contener las lágrimas cuando dos vecinas del pueblo vienen a darle un abrazo y a ofrecerse para ayudarle a la reconstrucción del jardín. No son las únicas. Durante las tres horas que ABC pasa con Axel, son varios los amigos que llegan al jardín para transmitirle tanto a él como a Amelia su cariño y ayudar en todo lo que sea posible. Porque pese a que de algún rincón todavía sale humo, e incluso alguna llama, que junto a la ceniza convierten el terreno en irreconocible, lo reconstruirán. «Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y hemos salido muy bien. O sea, estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto», asegura.Vecinas acuden al jardín para apoyar a Axel. El humo continúa saliendo de algunos rincones. Varios cactus entre tierra quemada. Matías NietoPero sabe que no será fácil y, de hecho, augura que la reconstrucción del jardín será su «ruina definitiva», aunque en estos momentos de desolación, de ver cómo se ha destruido el esfuerzo de toda una vida, es lo que menos le importa. Necesitará miles de euros para sustituir el sistema de riego o todas las herramientas y arreglar todos los desperfectos que han provocado las llamas. Pero también mucha ayuda, por lo que llama a que cualquiera que pueda y quiera acuda a ayudar. Se plantea también llevar a cabo iniciativas que permitan recolectar algo de dinero, como que cualquier persona plante una planta en el jardín y ahí se la cuiden por cinco euros al año. «Un amigo guitarrista se ha ofrecido a hacer un concierto benéfico. También esperamos que algunas personas nos ayuden. Si una empresa nos regala 300 tiestos, o 100 metros de manguera, pues será una ayuda. Todo se agradece para ayudarnos a reflotar esto», prosigue. También confía en que las administraciones se impliquen y establezcan líneas de ayuda para los afectados por los fuegos. Amor por la naturalezaEl jardín de Axel se abrió al público hace más de 20 años y desde entonces organizan rutas por el terreno en las que han recibido a visitantes de todo el mundo: parejas, grupos de amigos, familias con niños o hasta grupos escolares, todos tienen cabida. Pero su objetivo, insiste, no es ganar dinero, pues asegura que cada año finaliza con pérdidas, sino transmitir su amor por la naturaleza y todos sus conocimientos sobre ella. «Casi nadie sabe que hay más de 300.000 plantas catalogadas, por ejemplo. O que si se extinguieran las plantas, en un mes se habría extinguido la humanidad. Esa es nuestra idea: difundir ese conocimiento de la naturaleza», manifiesta.«Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y salimos muy bien. Estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto»Y el jardín se había convertido también en los últimos años en espacio de ocio, con presentaciones de libros, exposiciones o conciertos cada dos semanas. También llevaba a cabo otros eventos como un mercadillo solidario o un concurso de fotografía que celebra anualmente y que lleva a los visitantes a dar lo mejor de los objetivos de sus cámaras durante el paseo, con el debate posterior a la visita sobre quién ha conseguido captar mejor la esencia del jardín. Ahora, habrá que esperar al menos hasta las primeras lluvias para comprobar realmente cuántas especies se pueden llegar a salvar y de cuántas habrá que desprenderse definitivamente. «Todo eso lo hemos ido haciendo nosotros con el tiempo, con esfuerzo físico y con esfuerzo económico», sostiene Axel, que insiste en que lo volverán a hacer: «Los que vengan no se encontrarán el jardín que estaba, pero estará diferente. Volverá a estar verde, volverá a estar bonito y quien no haya conocido el jardín anterior verá que el jardín es como es». Es prácticamente imposible poder plasmar en estas líneas la pasión y el entusiasmo que desprende Axel Mahlau cuando habla a los visitantes de su jardín botánico de las miles de especies de árboles y plantas de todo el mundo que alberga en el terreno. Puede pasar horas sin parar de recitar nombres en latín, recordar cuándo se plantó cada árbol o enumerar los factores que necesita cada uno de ellos para sobrevivir en el entorno. Pero ahora habrá que esperar un largo tiempo para que esas lecciones magistrales vuelvan a suceder, pues el incendio forestal que ha afectado en los últimos días a la provincia de Ávila ha arrasado con su joya botánica, un tesoro con casi 70 años de historia escondido en el Valle del Tiétar, concretamente en el municipio de La Adrada, que tardará años en poder recuperarse de los estragos del fuego.Pocas horas después de que Axel pudiera regresar al terreno, de donde, junto a su mujer Amelia, fue desalojado cuando el fuego empezaba a avanzar hacia la zona , ABC le acompaña en un recorrido por su jardín botánico. A medida que avanza por las nueve hectáreas de finca, este profesor de filología románica y germánica ya jubilado que dedica actualmente todo su tiempo a las plantas va observando y tratando de asimilar los daños irreparables que las llamas han dejado. «De vez en cuando pararé de hablar, porque veo esto y me sobrecoge. Hemos estado todo el verano tres horas al día regando todo esto y ahora ves que no queda nada, que ha sido un esfuerzo en balde. Ha desaparecido todo», lamenta al inicio de la ruta. El terreno sobre el que Axel ha creado un tesoro de vegetación lo adquirieron sus padres hace 69 años, cuando él tenía solo uno. Sus progenitores eran alemanes que emigraron a España y se instalaron en La Adrada. Recuerda cómo desde bien pequeño empezó a sentir curiosidad por las plantas. «Este jardín es mi vida. Somos tres hermanos y desde pequeños cada uno teníamos un pequeño trozo de jardín de 4 o 5 metros cuadrados. Y si lo cuidábamos bien, al final del año nuestra madre nos regalaba unos bulbos, un rosal pequeñito o algo como premio», cuenta. Esa educación en plena naturaleza llevó a sus hermanos a estudiar Ingeniería Agrónoma. Y él, aunque se define como la «oveja negra», ha dedicado también las últimas décadas a la tierra. Los primeros árboles del lugar los plantó su padre a finales de los 50. Son «el germen» del jardín botánico, apunta Axel. Y además son de los pocos que han sobrevivido al paso de las llamas. «Que se hayan salvado es un milagro porque son cedros del Himalaya, del Líbano, cedro atlántica, un ciprés, una robinia pseudocacia… Es lo primero que plantaron mis padres», celebra. También ha resistido al fuego un tilo que su progenitor trajo de la Selva Negra en 1958. Y junto a ellos, sus animales, entre los que hay ovejas, pavos reales, gallinas o los burros Bartolo y Pocholo, y la casa en la que Axel y su mujer Amelia residen, que ha quedado intacta pese a que a su alrededor todo son cenizas.Desde Madrid, a donde Axel y Amelia se desplazaron cuando tuvieron que abandonar la finca, seguían con gran preocupación la evolución del incendio. Algunos amigos que permanecieron en la zona, como Miguel, bombero forestal, les informaban sobre el paso de las llamas y también de los trabajos que intentaban sofocarlas. Hace 46 años otro incendio se cebó con el lugar, pero el jardín de Axel logró sobrevivir prácticamente intacto. Esta vez, sin embargo, no ha tenido la misma suerte. De Perú a AustraliaEl jardín contaba con unas 1.700 especies diferentes, tanto de la zona como de prácticamente todas las zonas del mundo. Primero sus padres y luego Axel y sus hermanos aprovechaban todos sus viajes para hacerse con ejemplares únicos. Hasta de su luna de miel se volvió con unos laureles que plantó en su jardín. «Tenemos plantas traídas de México, de Perú, de Estados Unidos, de Australia… de más de 40 países habíamos traído cosas originales», explica. Y también jardines botánicos de distintos lugares le habían donado especies singulares, imposibles ahora de encontrar y mucho menos de comprar. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas especies se han perdido. Pero miles, miles»Aún no ha tenido tiempo para analizar una a una las que se van a poder salvar, pero el primer vistazo no le permite ser demasiado optimista. «Cuando volvimos fue aplastante ver esto. Todavía no sé cuántas se han perdido. Pero miles, miles. Y de algunas especies teníamos solo una», apunta. Gran parte del valor del jardín, insiste, residía en cómo habían logrado que cada planta se adaptara bien al terreno, integrándose con el resto, viendo cuáles podían sobrevivir y crecer y descartando aquellas para las que el terreno no era el adecuado. «Esto, de verdad, era un pequeño paraíso», dice. Y en él, los recuerdos personales también tenían su lugar, con semillas y especies que sus seres queridos le habían regalado durante estos años y había plantado en el terreno. «Había cosas muy interesantes. De África, de Asia… pero todo ha desaparecido». De hecho, mientras estaba desalojado en Madrid, Axel no podía parar de pensar en algunas de estas especies únicas y el temor a que desaparecieran aumentaba a medida que avanzaban las llamas. «Mi cabeza no paraba de dar vueltas. Estábamos completamente pendientes del móvil y muy preocupados. Por ejemplo, pensaba en una ‘wollemia nobilis’ que nos había llegado de Australia. Teníamos mucho miedo de que se quemara, y bueno, se quemó. No hay nada que hacer», lamenta. La reconstrucciónLe cuesta contener las lágrimas cuando dos vecinas del pueblo vienen a darle un abrazo y a ofrecerse para ayudarle a la reconstrucción del jardín. No son las únicas. Durante las tres horas que ABC pasa con Axel, son varios los amigos que llegan al jardín para transmitirle tanto a él como a Amelia su cariño y ayudar en todo lo que sea posible. Porque pese a que de algún rincón todavía sale humo, e incluso alguna llama, que junto a la ceniza convierten el terreno en irreconocible, lo reconstruirán. «Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y hemos salido muy bien. O sea, estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto», asegura.Vecinas acuden al jardín para apoyar a Axel. El humo continúa saliendo de algunos rincones. Varios cactus entre tierra quemada. Matías NietoPero sabe que no será fácil y, de hecho, augura que la reconstrucción del jardín será su «ruina definitiva», aunque en estos momentos de desolación, de ver cómo se ha destruido el esfuerzo de toda una vida, es lo que menos le importa. Necesitará miles de euros para sustituir el sistema de riego o todas las herramientas y arreglar todos los desperfectos que han provocado las llamas. Pero también mucha ayuda, por lo que llama a que cualquiera que pueda y quiera acuda a ayudar. Se plantea también llevar a cabo iniciativas que permitan recolectar algo de dinero, como que cualquier persona plante una planta en el jardín y ahí se la cuiden por cinco euros al año. «Un amigo guitarrista se ha ofrecido a hacer un concierto benéfico. También esperamos que algunas personas nos ayuden. Si una empresa nos regala 300 tiestos, o 100 metros de manguera, pues será una ayuda. Todo se agradece para ayudarnos a reflotar esto», prosigue. También confía en que las administraciones se impliquen y establezcan líneas de ayuda para los afectados por los fuegos. Amor por la naturalezaEl jardín de Axel se abrió al público hace más de 20 años y desde entonces organizan rutas por el terreno en las que han recibido a visitantes de todo el mundo: parejas, grupos de amigos, familias con niños o hasta grupos escolares, todos tienen cabida. Pero su objetivo, insiste, no es ganar dinero, pues asegura que cada año finaliza con pérdidas, sino transmitir su amor por la naturaleza y todos sus conocimientos sobre ella. «Casi nadie sabe que hay más de 300.000 plantas catalogadas, por ejemplo. O que si se extinguieran las plantas, en un mes se habría extinguido la humanidad. Esa es nuestra idea: difundir ese conocimiento de la naturaleza», manifiesta.«Pasé por un cáncer de colon, y más tarde por un cáncer de próstata. Y salimos muy bien. Estoy con fuerzas y ánimos para volver a reflotar esto»Y el jardín se había convertido también en los últimos años en espacio de ocio, con presentaciones de libros, exposiciones o conciertos cada dos semanas. También llevaba a cabo otros eventos como un mercadillo solidario o un concurso de fotografía que celebra anualmente y que lleva a los visitantes a dar lo mejor de los objetivos de sus cámaras durante el paseo, con el debate posterior a la visita sobre quién ha conseguido captar mejor la esencia del jardín. Ahora, habrá que esperar al menos hasta las primeras lluvias para comprobar realmente cuántas especies se pueden llegar a salvar y de cuántas habrá que desprenderse definitivamente. «Todo eso lo hemos ido haciendo nosotros con el tiempo, con esfuerzo físico y con esfuerzo económico», sostiene Axel, que insiste en que lo volverán a hacer: «Los que vengan no se encontrarán el jardín que estaba, pero estará diferente. Volverá a estar verde, volverá a estar bonito y quien no haya conocido el jardín anterior verá que el jardín es como es». RSS de noticias de sociedad
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