A Manuel Fernández, Manolín para casi todos, es difícil encontrarle una mañana cualquiera por las calles de La Campana. Mucho menos en el Ayuntamiento, su oficina durante los últimos doce años.El antiguo alcalde de esta pequeña localidad del valle del Guadalquivir (poco más de 5.000 habitantes) perdió la vara de mando tras una moción de censura de quienes fueron, durante más de una década, sus compañeros y ha cambiado el despacho oficial por un concesionario del Aljarafe donde se gana la vida vendiendo coches.
Manuel Fernández, expulsado de la Alcaldía por sus antiguos compañeros tras su pase el PSOE, defiende que su fichaje era «lo mejor» para su pueblo, pero allí pocos entienden su maniobra
A Manuel Fernández, Manolín para casi todos, es difícil encontrarle una mañana cualquiera por las calles de La Campana. Mucho menos en el Ayuntamiento, su oficina durante los últimos doce años.El antiguo alcalde de esta pequeña localidad del valle del Guadalquivir (poco más de 5.000 habitantes) perdió la vara de mando tras una moción de censura de quienes fueron, durante más de una década, sus compañeros y ha cambiado el despacho oficial por un concesionario del Aljarafe donde se gana la vida vendiendo coches.
Noticias de España
