Un calor denso es lo primero que se percibe al ingresar al área de la piscina de la Fundación Instituto San José, en el distrito madrileño de Latina. El espacio está completamente cerrado y el agua a 33 grados en pleno verano. Pero la temperatura es amable y el lugar cuenta con un sistema que controla el cloro y la humedad con precisión clínica. Aquí nadie viene a nadar ni a refrescarse, sino a recuperar movimientos que alguna enfermedad o lesión había hecho imposibles.
La unidad de la Fundación Instituto San José atiende a más de 200 personas con ictus, ELA o lesiones medulares. El agua les da una tregua contra lo que el resto del día les pesa demasiado: su propio cuerpo
Un calor denso es lo primero que se percibe al ingresar al área de la piscina de la Fundación Instituto San José, en el distrito madrileño de Latina. El espacio está completamente cerrado y el agua a 33 grados en pleno verano. Pero la temperatura es amable y el lugar cuenta con un sistema que controla el cloro y la humedad con precisión clínica. Aquí nadie viene a nadar ni a refrescarse, sino a recuperar movimientos que alguna enfermedad o lesión había hecho imposibles.
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