«Long live Teatro Real!» (¡Larga vida al Teatro Real!) Son palabras de David Rockefeller Jr., de algún modo anfitrión de la quinta visita en cinco años del Teatro Real a Estados Unidos, que esta vez ha pasado por Nueva York, Miami y Washington. El David Geffen Hall del Lincoln Center neoyorquino y el Adrienne Arsht Center de Miami han acogido los dos platos principales del menú: los conciertos de la Orquesta del Teatro Real , dirigida por su titular, Gustavo Gimeno, con las sopranos Adriana González y Gabriella Reyes y el guitarrista Juan Manuel Cañizares como solistas. Hubo aperitivo: la gala de los cantantes del proyecto ‘Crescendo’ en el University Club de Nueva York, y postre: la presentación del Cuarteto de cuerdas de la orquesta en la Biblioteca del Congreso, en Washington –velada incluida en la celebración del 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos–.La internacionalización es una obsesión del equipo directivo del Teatro Real, y esta oleada de visitas a Estados Unidos así lo demuestra. «Esta gira supone la consolidación de nuestro proyecto internacional», asegura Ignacio García-Belenguer, director general del coliseo, que ha encabezado la expedición junto a su presidente, Gregorio Marañón, y su director artístico, Joan Matabosch. En ella —los tiempos mandan—, lo financiero ha estado tan presente como lo artístico.Pero de esto, de lo artístico, es de lo que hay que hablar. El Teatro Real ha venido esta vez a Nueva York ‘a pelo’, sin el aliciente mediático –y la distracción, todo hay que decirlo– de otros años, en que contó con la presencia en las distintas ediciones de personalidades como la Reina Doña Sofía; los alcaldes de Madrid y Nueva York, José Luis Martínez-Almeida y Eric Adams, respectivamente; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; o la Princesa de Asturias, que acudió al concierto del pasado año junto a sus compañeros del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano.Este año, más que nunca, y parafraseando a Antonio Salieri, «prima la musica». Y de ello se ocuparon en primer lugar los cuatro integrantes del programa Crescendo –un proyecto del Teatro Real para jóvenes cantantes–, que ofrecieron un recital íntimo en el selecto y estricto –no se puede atravesar su umbral con pantalones vaqueros– University Club, creado en 1865 y asentado ahora a orillas de la Quinta Avenida. Las sopranos María Martín Campos y Patricia Rijnhout; la mezzosoprano Ester Ferraro y el barítono Román Bordón, acompañados por la pianista Carolina Hernández, sirvieron con una más que prometedora calidad páginas de Puccini, Mozart, Offenbach, Delibes, Bizet, Lecuona, Sorozábal, Chapí y Penella.Viaje al corazón del artePoco más de 24 horas después de haber aterrizado en el JFK neoyorquino, los músicos de la Orquesta del Teatro Real ocuparon el escenario del David Geffen Hall del Lincoln Center –que se alterna con el Carnegie Hall como escenario de las actuaciones de la formación del coliseo– con su director titular desde septiembre de 2025, el valenciano Gustavo Gimeno. Quiso la casualidad que otro director valenciano de su misma generación, Ramón Tebar, debutara al mismo tiempo en el vecino Metropolitan Opera House con la ópera ‘La bohème’. ‘Fire, Guitar, Legend’ era el título del concierto, compuesto por fragmentos de ‘El amor brujo’, de Falla; las ‘Siete canciones populares españolas’, del mismo compositor, con la orquestación que hizo Luciano Berio en 1978; el archipopular ‘ Concierto de Aranjuez ‘, de Joaquín Rodrigo; y la subyugante ‘Scheherezade’, de Rimsky-Korsakov.Esta última obra es una de las partituras que más ha dirigido Gustavo Gimeno, un director que empezó su carrera como percusionista y que sobre el podio muestra precisión y firmeza. ‘Scheherezade’, de una sensualidad, un lirismo y una suntuosidad extraordinarias, es, según Gimeno, también una obra flexible que permite matices y puntos de vista muy distintos. La suya fue una versión colorista y misteriosa, con la virtuosa violinista Gergana Gergova —concertino de la orquesta— como solista, tanto en Nueva York como en Miami (donde el público, claramente ocasional, no estuvo a la altura de la velada).Antes, la soprano guatemalteca Adriana González, en Nueva York, y la estadounidense de origen nicaragüense Gabriella Reyes, en Miami, interpretaron las ‘Siete canciones populares españolas’ de Falla en la orquestación de Luciano Berio. González debía incorporarse después a los ensayos de ‘Carmen’, ópera con la que debutará en la Royal Opera House de Londres. Las dos poseen una gran calidad vocal, más lírica la guatemalteca y con más carnosidad la estadounidense; las dos aportaron sus armas a la partitura, pero destaparon sus esencias en los bises: respectivamente, la bellísima ‘Goizeko eguzki argiak’, de la ópera ‘Mirentxu’, de Guridi, y las ‘Carceleras’ de ‘Las hijas del Zebedeo’, de Chapí.Del ‘Concierto de Aranjuez’, de Joaquín Rodrigo, se ha dicho todo. Es sin duda la partitura más célebre de la historia de la música española, y un caballo de batalla obligatorio para cualquier guitarrista. El sabadellense Juan Manuel Cañizares, que lleva quince años con la obra en su mochila, aporta a su interpretación el aroma flamenco de sus raíces musicales -tocó una década junto a Paco de Lucía-, pero sin perder el rigor que exige la partitura.Cristóbal Colón hizo cuatro viajes a América; el Teatro Real lleva cinco, y su conquista de América sigue adelante. Como muestra, la producción de ‘Las bodas de Fígaro’ que se presenta en las próximas semanas y que es una coproducción con el Metropolitan Opera House de Nueva York. «Long live Teatro Real!» (¡Larga vida al Teatro Real!) Son palabras de David Rockefeller Jr., de algún modo anfitrión de la quinta visita en cinco años del Teatro Real a Estados Unidos, que esta vez ha pasado por Nueva York, Miami y Washington. El David Geffen Hall del Lincoln Center neoyorquino y el Adrienne Arsht Center de Miami han acogido los dos platos principales del menú: los conciertos de la Orquesta del Teatro Real , dirigida por su titular, Gustavo Gimeno, con las sopranos Adriana González y Gabriella Reyes y el guitarrista Juan Manuel Cañizares como solistas. Hubo aperitivo: la gala de los cantantes del proyecto ‘Crescendo’ en el University Club de Nueva York, y postre: la presentación del Cuarteto de cuerdas de la orquesta en la Biblioteca del Congreso, en Washington –velada incluida en la celebración del 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos–.La internacionalización es una obsesión del equipo directivo del Teatro Real, y esta oleada de visitas a Estados Unidos así lo demuestra. «Esta gira supone la consolidación de nuestro proyecto internacional», asegura Ignacio García-Belenguer, director general del coliseo, que ha encabezado la expedición junto a su presidente, Gregorio Marañón, y su director artístico, Joan Matabosch. En ella —los tiempos mandan—, lo financiero ha estado tan presente como lo artístico.Pero de esto, de lo artístico, es de lo que hay que hablar. El Teatro Real ha venido esta vez a Nueva York ‘a pelo’, sin el aliciente mediático –y la distracción, todo hay que decirlo– de otros años, en que contó con la presencia en las distintas ediciones de personalidades como la Reina Doña Sofía; los alcaldes de Madrid y Nueva York, José Luis Martínez-Almeida y Eric Adams, respectivamente; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; o la Princesa de Asturias, que acudió al concierto del pasado año junto a sus compañeros del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano.Este año, más que nunca, y parafraseando a Antonio Salieri, «prima la musica». Y de ello se ocuparon en primer lugar los cuatro integrantes del programa Crescendo –un proyecto del Teatro Real para jóvenes cantantes–, que ofrecieron un recital íntimo en el selecto y estricto –no se puede atravesar su umbral con pantalones vaqueros– University Club, creado en 1865 y asentado ahora a orillas de la Quinta Avenida. Las sopranos María Martín Campos y Patricia Rijnhout; la mezzosoprano Ester Ferraro y el barítono Román Bordón, acompañados por la pianista Carolina Hernández, sirvieron con una más que prometedora calidad páginas de Puccini, Mozart, Offenbach, Delibes, Bizet, Lecuona, Sorozábal, Chapí y Penella.Viaje al corazón del artePoco más de 24 horas después de haber aterrizado en el JFK neoyorquino, los músicos de la Orquesta del Teatro Real ocuparon el escenario del David Geffen Hall del Lincoln Center –que se alterna con el Carnegie Hall como escenario de las actuaciones de la formación del coliseo– con su director titular desde septiembre de 2025, el valenciano Gustavo Gimeno. Quiso la casualidad que otro director valenciano de su misma generación, Ramón Tebar, debutara al mismo tiempo en el vecino Metropolitan Opera House con la ópera ‘La bohème’. ‘Fire, Guitar, Legend’ era el título del concierto, compuesto por fragmentos de ‘El amor brujo’, de Falla; las ‘Siete canciones populares españolas’, del mismo compositor, con la orquestación que hizo Luciano Berio en 1978; el archipopular ‘ Concierto de Aranjuez ‘, de Joaquín Rodrigo; y la subyugante ‘Scheherezade’, de Rimsky-Korsakov.Esta última obra es una de las partituras que más ha dirigido Gustavo Gimeno, un director que empezó su carrera como percusionista y que sobre el podio muestra precisión y firmeza. ‘Scheherezade’, de una sensualidad, un lirismo y una suntuosidad extraordinarias, es, según Gimeno, también una obra flexible que permite matices y puntos de vista muy distintos. La suya fue una versión colorista y misteriosa, con la virtuosa violinista Gergana Gergova —concertino de la orquesta— como solista, tanto en Nueva York como en Miami (donde el público, claramente ocasional, no estuvo a la altura de la velada).Antes, la soprano guatemalteca Adriana González, en Nueva York, y la estadounidense de origen nicaragüense Gabriella Reyes, en Miami, interpretaron las ‘Siete canciones populares españolas’ de Falla en la orquestación de Luciano Berio. González debía incorporarse después a los ensayos de ‘Carmen’, ópera con la que debutará en la Royal Opera House de Londres. Las dos poseen una gran calidad vocal, más lírica la guatemalteca y con más carnosidad la estadounidense; las dos aportaron sus armas a la partitura, pero destaparon sus esencias en los bises: respectivamente, la bellísima ‘Goizeko eguzki argiak’, de la ópera ‘Mirentxu’, de Guridi, y las ‘Carceleras’ de ‘Las hijas del Zebedeo’, de Chapí.Del ‘Concierto de Aranjuez’, de Joaquín Rodrigo, se ha dicho todo. Es sin duda la partitura más célebre de la historia de la música española, y un caballo de batalla obligatorio para cualquier guitarrista. El sabadellense Juan Manuel Cañizares, que lleva quince años con la obra en su mochila, aporta a su interpretación el aroma flamenco de sus raíces musicales -tocó una década junto a Paco de Lucía-, pero sin perder el rigor que exige la partitura.Cristóbal Colón hizo cuatro viajes a América; el Teatro Real lleva cinco, y su conquista de América sigue adelante. Como muestra, la producción de ‘Las bodas de Fígaro’ que se presenta en las próximas semanas y que es una coproducción con el Metropolitan Opera House de Nueva York. «Long live Teatro Real!» (¡Larga vida al Teatro Real!) Son palabras de David Rockefeller Jr., de algún modo anfitrión de la quinta visita en cinco años del Teatro Real a Estados Unidos, que esta vez ha pasado por Nueva York, Miami y Washington. El David Geffen Hall del Lincoln Center neoyorquino y el Adrienne Arsht Center de Miami han acogido los dos platos principales del menú: los conciertos de la Orquesta del Teatro Real , dirigida por su titular, Gustavo Gimeno, con las sopranos Adriana González y Gabriella Reyes y el guitarrista Juan Manuel Cañizares como solistas. Hubo aperitivo: la gala de los cantantes del proyecto ‘Crescendo’ en el University Club de Nueva York, y postre: la presentación del Cuarteto de cuerdas de la orquesta en la Biblioteca del Congreso, en Washington –velada incluida en la celebración del 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos–.La internacionalización es una obsesión del equipo directivo del Teatro Real, y esta oleada de visitas a Estados Unidos así lo demuestra. «Esta gira supone la consolidación de nuestro proyecto internacional», asegura Ignacio García-Belenguer, director general del coliseo, que ha encabezado la expedición junto a su presidente, Gregorio Marañón, y su director artístico, Joan Matabosch. En ella —los tiempos mandan—, lo financiero ha estado tan presente como lo artístico.Pero de esto, de lo artístico, es de lo que hay que hablar. El Teatro Real ha venido esta vez a Nueva York ‘a pelo’, sin el aliciente mediático –y la distracción, todo hay que decirlo– de otros años, en que contó con la presencia en las distintas ediciones de personalidades como la Reina Doña Sofía; los alcaldes de Madrid y Nueva York, José Luis Martínez-Almeida y Eric Adams, respectivamente; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; o la Princesa de Asturias, que acudió al concierto del pasado año junto a sus compañeros del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano.Este año, más que nunca, y parafraseando a Antonio Salieri, «prima la musica». Y de ello se ocuparon en primer lugar los cuatro integrantes del programa Crescendo –un proyecto del Teatro Real para jóvenes cantantes–, que ofrecieron un recital íntimo en el selecto y estricto –no se puede atravesar su umbral con pantalones vaqueros– University Club, creado en 1865 y asentado ahora a orillas de la Quinta Avenida. Las sopranos María Martín Campos y Patricia Rijnhout; la mezzosoprano Ester Ferraro y el barítono Román Bordón, acompañados por la pianista Carolina Hernández, sirvieron con una más que prometedora calidad páginas de Puccini, Mozart, Offenbach, Delibes, Bizet, Lecuona, Sorozábal, Chapí y Penella.Viaje al corazón del artePoco más de 24 horas después de haber aterrizado en el JFK neoyorquino, los músicos de la Orquesta del Teatro Real ocuparon el escenario del David Geffen Hall del Lincoln Center –que se alterna con el Carnegie Hall como escenario de las actuaciones de la formación del coliseo– con su director titular desde septiembre de 2025, el valenciano Gustavo Gimeno. Quiso la casualidad que otro director valenciano de su misma generación, Ramón Tebar, debutara al mismo tiempo en el vecino Metropolitan Opera House con la ópera ‘La bohème’. ‘Fire, Guitar, Legend’ era el título del concierto, compuesto por fragmentos de ‘El amor brujo’, de Falla; las ‘Siete canciones populares españolas’, del mismo compositor, con la orquestación que hizo Luciano Berio en 1978; el archipopular ‘ Concierto de Aranjuez ‘, de Joaquín Rodrigo; y la subyugante ‘Scheherezade’, de Rimsky-Korsakov.Esta última obra es una de las partituras que más ha dirigido Gustavo Gimeno, un director que empezó su carrera como percusionista y que sobre el podio muestra precisión y firmeza. ‘Scheherezade’, de una sensualidad, un lirismo y una suntuosidad extraordinarias, es, según Gimeno, también una obra flexible que permite matices y puntos de vista muy distintos. La suya fue una versión colorista y misteriosa, con la virtuosa violinista Gergana Gergova —concertino de la orquesta— como solista, tanto en Nueva York como en Miami (donde el público, claramente ocasional, no estuvo a la altura de la velada).Antes, la soprano guatemalteca Adriana González, en Nueva York, y la estadounidense de origen nicaragüense Gabriella Reyes, en Miami, interpretaron las ‘Siete canciones populares españolas’ de Falla en la orquestación de Luciano Berio. González debía incorporarse después a los ensayos de ‘Carmen’, ópera con la que debutará en la Royal Opera House de Londres. Las dos poseen una gran calidad vocal, más lírica la guatemalteca y con más carnosidad la estadounidense; las dos aportaron sus armas a la partitura, pero destaparon sus esencias en los bises: respectivamente, la bellísima ‘Goizeko eguzki argiak’, de la ópera ‘Mirentxu’, de Guridi, y las ‘Carceleras’ de ‘Las hijas del Zebedeo’, de Chapí.Del ‘Concierto de Aranjuez’, de Joaquín Rodrigo, se ha dicho todo. Es sin duda la partitura más célebre de la historia de la música española, y un caballo de batalla obligatorio para cualquier guitarrista. El sabadellense Juan Manuel Cañizares, que lleva quince años con la obra en su mochila, aporta a su interpretación el aroma flamenco de sus raíces musicales -tocó una década junto a Paco de Lucía-, pero sin perder el rigor que exige la partitura.Cristóbal Colón hizo cuatro viajes a América; el Teatro Real lleva cinco, y su conquista de América sigue adelante. Como muestra, la producción de ‘Las bodas de Fígaro’ que se presenta en las próximas semanas y que es una coproducción con el Metropolitan Opera House de Nueva York. RSS de noticias de cultura
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