Para comprender cómo la dinastía más célebre del deporte mundial ha terminado saltando por los aires, es preciso viajar hasta el verano de 1979. Fue entonces cuando el visionario patriarca Dr. Jerry Buss adquirió Los Angeles Lakers por la ‘modesta’ cifra de 67,5 millones de dólares . Durante más de tres décadas, el magnate no solo construyó un imperio dorado y púrpura que redefinió el espectáculo de Hollywood, sino que diseñó una ingeniosa arquitectura legal para garantizar que la franquicia perteneciera eternamente a su estirpe. Tras su muerte en el año 2013, el testamento dividió el club a partes iguales entre sus seis hijos—Johnny, Jim, Jeannie, Janie, Joey y Jesse—mediante un fideicomiso blindado. La estructura de la herencia contenía reglas pensadas para resistir cualquier tempestad financiera y evitar que sus descendientes vendieran o se destruyeran entre sí.Sin embargo, el creador protegió el negocio contra los acreedores, pero no contra el factor humano ni el abismo del tiempo. La paz familiar jamás llegó a cuajar tras la muerte del fundador y la mesa del consejo se convirtió en un campo de minas. En 2017, la elegida por el patriarca para liderar la gestión, Jeanie Buss , tuvo que sofocar un conato de golpe de mano orquestado por sus propios hermanos, Jim y Johnny , acudiendo a los tribunales para ratificar su puesto de gobernadora vitalicia y despidiendo a varios de sus allegados de la estructura del club. Las heridas quedaron abiertas mientras la gestión se alejaba de la idílica estampa familiar que soñó el Dr. Buss.El punto de inflexión definitivo llegó hace catorce meses, cuando irrumpió en escena el financiero Mark Walter para adquirir la parte mayoritaria de la franquicia . Aquella venta disparó el valor de los Lakers, pero la tranquilidad duró poco: acorralado en las últimas semanas por investigaciones federales del FBI y la SEC debido a supuestas irregularidades en sus empresas aseguradoras, Walter ejecutó un movimiento relámpago para deshacerse de su paquete accionarial con una tajada multimillonaria, dejando expedito el camino para la entrada de nuevos gigantes del capital riesgo.Los compradores no fueron otros que Bob Iger , consejero delegado de Disney, y a Josh Kushner , fundador de Thrive Capital —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y célebre por haber impulsado junto a Gianni Infantino el intento de privatización de los derechos comerciales del Mundial de la FIFA —.Acorralada por la presión y seducida por una cifra astronómica, la rebelión germinó en la sombra. Este pasado lunes de madrugada, ESPN anunciaba que los otros cinco hermanos —Jim, Johnny, Janie, Joey y Jesse— acordaban unánimemente y, presumiblemente, a espaldas de Jeanie vender el 17,8% restante que aún conservaba la familia. «Es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» Comunicado de la familia Buss a ESPN«Amamos a los Lakers y a sus aficionados, y seguiremos apoyando a Los Ángeles; pero es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» reiteraban los hermanos en el comunicado que anunciaba la venta. La operación, que valora a los Lakers en la desorbitada cifra de 12.500 millones de dólares, abre la puerta de par en par a Bob Iger y a Josh Kushner quienes pasarían a poseer cerca del 83 por ciento de los Lakers , siempre y cuando el acuerdo reciba la aprobación de los propietarios de los clubes de la NBA, una decisión que podría conocerse durante la reunión de la Junta de Gobernadores de la NBA el próximo mes en Nueva York.La maniobra garantizaría un cheque individual superior a los 1.000 millones de dólares para cada hermano, pero esconde una calculada puñalada política. Al liquidar ese 17,8% final, la familia cae por debajo del umbral del 15% de capital que exige la normativa de la NBA para poder designar al gobernador de la franquicia. Sin ese respaldo accionarial, Jeanie Buss pierde automáticamente la silla de mando que defendió durante años frente a sus parientes, viendo cómo sus propios hermanos utilizaban la cláusula de mayoría ideada por su padre como la guadaña perfecta para despojarla del trono y saldar viejas cuentas del pasado.La reacción de la presidenta ha sido fulminante. Apenas unas horas después de que sus hermanos anunciaran la «elegante retirada familiar», el gabinete jurídico de Jeanie enviaba una notificación urgente declarando la votación «nula de pleno derecho» y advirtiendo a los compradores de que cualquier intento de ejecutar el acuerdo terminará en un litigio judicial de consecuencias impredecibles. Su defensa argumenta que el fideicomiso obliga legalmente a los administradores a preservar la cuota accionarial necesaria para mantener su liderazgo. El idilio que el Dr. Buss intentó eternizar se ha transformado en un conflicto público sin precedentes, donde el sentimentalismo de la sangre ha sucumbido al peso de los miles de millones y el trono de los Lakers se decide ahora a cara de perro en los tribunales. Para comprender cómo la dinastía más célebre del deporte mundial ha terminado saltando por los aires, es preciso viajar hasta el verano de 1979. Fue entonces cuando el visionario patriarca Dr. Jerry Buss adquirió Los Angeles Lakers por la ‘modesta’ cifra de 67,5 millones de dólares . Durante más de tres décadas, el magnate no solo construyó un imperio dorado y púrpura que redefinió el espectáculo de Hollywood, sino que diseñó una ingeniosa arquitectura legal para garantizar que la franquicia perteneciera eternamente a su estirpe. Tras su muerte en el año 2013, el testamento dividió el club a partes iguales entre sus seis hijos—Johnny, Jim, Jeannie, Janie, Joey y Jesse—mediante un fideicomiso blindado. La estructura de la herencia contenía reglas pensadas para resistir cualquier tempestad financiera y evitar que sus descendientes vendieran o se destruyeran entre sí.Sin embargo, el creador protegió el negocio contra los acreedores, pero no contra el factor humano ni el abismo del tiempo. La paz familiar jamás llegó a cuajar tras la muerte del fundador y la mesa del consejo se convirtió en un campo de minas. En 2017, la elegida por el patriarca para liderar la gestión, Jeanie Buss , tuvo que sofocar un conato de golpe de mano orquestado por sus propios hermanos, Jim y Johnny , acudiendo a los tribunales para ratificar su puesto de gobernadora vitalicia y despidiendo a varios de sus allegados de la estructura del club. Las heridas quedaron abiertas mientras la gestión se alejaba de la idílica estampa familiar que soñó el Dr. Buss.El punto de inflexión definitivo llegó hace catorce meses, cuando irrumpió en escena el financiero Mark Walter para adquirir la parte mayoritaria de la franquicia . Aquella venta disparó el valor de los Lakers, pero la tranquilidad duró poco: acorralado en las últimas semanas por investigaciones federales del FBI y la SEC debido a supuestas irregularidades en sus empresas aseguradoras, Walter ejecutó un movimiento relámpago para deshacerse de su paquete accionarial con una tajada multimillonaria, dejando expedito el camino para la entrada de nuevos gigantes del capital riesgo.Los compradores no fueron otros que Bob Iger , consejero delegado de Disney, y a Josh Kushner , fundador de Thrive Capital —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y célebre por haber impulsado junto a Gianni Infantino el intento de privatización de los derechos comerciales del Mundial de la FIFA —.Acorralada por la presión y seducida por una cifra astronómica, la rebelión germinó en la sombra. Este pasado lunes de madrugada, ESPN anunciaba que los otros cinco hermanos —Jim, Johnny, Janie, Joey y Jesse— acordaban unánimemente y, presumiblemente, a espaldas de Jeanie vender el 17,8% restante que aún conservaba la familia. «Es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» Comunicado de la familia Buss a ESPN«Amamos a los Lakers y a sus aficionados, y seguiremos apoyando a Los Ángeles; pero es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» reiteraban los hermanos en el comunicado que anunciaba la venta. La operación, que valora a los Lakers en la desorbitada cifra de 12.500 millones de dólares, abre la puerta de par en par a Bob Iger y a Josh Kushner quienes pasarían a poseer cerca del 83 por ciento de los Lakers , siempre y cuando el acuerdo reciba la aprobación de los propietarios de los clubes de la NBA, una decisión que podría conocerse durante la reunión de la Junta de Gobernadores de la NBA el próximo mes en Nueva York.La maniobra garantizaría un cheque individual superior a los 1.000 millones de dólares para cada hermano, pero esconde una calculada puñalada política. Al liquidar ese 17,8% final, la familia cae por debajo del umbral del 15% de capital que exige la normativa de la NBA para poder designar al gobernador de la franquicia. Sin ese respaldo accionarial, Jeanie Buss pierde automáticamente la silla de mando que defendió durante años frente a sus parientes, viendo cómo sus propios hermanos utilizaban la cláusula de mayoría ideada por su padre como la guadaña perfecta para despojarla del trono y saldar viejas cuentas del pasado.La reacción de la presidenta ha sido fulminante. Apenas unas horas después de que sus hermanos anunciaran la «elegante retirada familiar», el gabinete jurídico de Jeanie enviaba una notificación urgente declarando la votación «nula de pleno derecho» y advirtiendo a los compradores de que cualquier intento de ejecutar el acuerdo terminará en un litigio judicial de consecuencias impredecibles. Su defensa argumenta que el fideicomiso obliga legalmente a los administradores a preservar la cuota accionarial necesaria para mantener su liderazgo. El idilio que el Dr. Buss intentó eternizar se ha transformado en un conflicto público sin precedentes, donde el sentimentalismo de la sangre ha sucumbido al peso de los miles de millones y el trono de los Lakers se decide ahora a cara de perro en los tribunales. Para comprender cómo la dinastía más célebre del deporte mundial ha terminado saltando por los aires, es preciso viajar hasta el verano de 1979. Fue entonces cuando el visionario patriarca Dr. Jerry Buss adquirió Los Angeles Lakers por la ‘modesta’ cifra de 67,5 millones de dólares . Durante más de tres décadas, el magnate no solo construyó un imperio dorado y púrpura que redefinió el espectáculo de Hollywood, sino que diseñó una ingeniosa arquitectura legal para garantizar que la franquicia perteneciera eternamente a su estirpe. Tras su muerte en el año 2013, el testamento dividió el club a partes iguales entre sus seis hijos—Johnny, Jim, Jeannie, Janie, Joey y Jesse—mediante un fideicomiso blindado. La estructura de la herencia contenía reglas pensadas para resistir cualquier tempestad financiera y evitar que sus descendientes vendieran o se destruyeran entre sí.Sin embargo, el creador protegió el negocio contra los acreedores, pero no contra el factor humano ni el abismo del tiempo. La paz familiar jamás llegó a cuajar tras la muerte del fundador y la mesa del consejo se convirtió en un campo de minas. En 2017, la elegida por el patriarca para liderar la gestión, Jeanie Buss , tuvo que sofocar un conato de golpe de mano orquestado por sus propios hermanos, Jim y Johnny , acudiendo a los tribunales para ratificar su puesto de gobernadora vitalicia y despidiendo a varios de sus allegados de la estructura del club. Las heridas quedaron abiertas mientras la gestión se alejaba de la idílica estampa familiar que soñó el Dr. Buss.El punto de inflexión definitivo llegó hace catorce meses, cuando irrumpió en escena el financiero Mark Walter para adquirir la parte mayoritaria de la franquicia . Aquella venta disparó el valor de los Lakers, pero la tranquilidad duró poco: acorralado en las últimas semanas por investigaciones federales del FBI y la SEC debido a supuestas irregularidades en sus empresas aseguradoras, Walter ejecutó un movimiento relámpago para deshacerse de su paquete accionarial con una tajada multimillonaria, dejando expedito el camino para la entrada de nuevos gigantes del capital riesgo.Los compradores no fueron otros que Bob Iger , consejero delegado de Disney, y a Josh Kushner , fundador de Thrive Capital —hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y célebre por haber impulsado junto a Gianni Infantino el intento de privatización de los derechos comerciales del Mundial de la FIFA —.Acorralada por la presión y seducida por una cifra astronómica, la rebelión germinó en la sombra. Este pasado lunes de madrugada, ESPN anunciaba que los otros cinco hermanos —Jim, Johnny, Janie, Joey y Jesse— acordaban unánimemente y, presumiblemente, a espaldas de Jeanie vender el 17,8% restante que aún conservaba la familia. «Es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» Comunicado de la familia Buss a ESPN«Amamos a los Lakers y a sus aficionados, y seguiremos apoyando a Los Ángeles; pero es momento de aprovechar esta oportunidad para seguir adelante y retirarnos con elegancia mientras aún podemos hacerlo» reiteraban los hermanos en el comunicado que anunciaba la venta. La operación, que valora a los Lakers en la desorbitada cifra de 12.500 millones de dólares, abre la puerta de par en par a Bob Iger y a Josh Kushner quienes pasarían a poseer cerca del 83 por ciento de los Lakers , siempre y cuando el acuerdo reciba la aprobación de los propietarios de los clubes de la NBA, una decisión que podría conocerse durante la reunión de la Junta de Gobernadores de la NBA el próximo mes en Nueva York.La maniobra garantizaría un cheque individual superior a los 1.000 millones de dólares para cada hermano, pero esconde una calculada puñalada política. Al liquidar ese 17,8% final, la familia cae por debajo del umbral del 15% de capital que exige la normativa de la NBA para poder designar al gobernador de la franquicia. Sin ese respaldo accionarial, Jeanie Buss pierde automáticamente la silla de mando que defendió durante años frente a sus parientes, viendo cómo sus propios hermanos utilizaban la cláusula de mayoría ideada por su padre como la guadaña perfecta para despojarla del trono y saldar viejas cuentas del pasado.La reacción de la presidenta ha sido fulminante. Apenas unas horas después de que sus hermanos anunciaran la «elegante retirada familiar», el gabinete jurídico de Jeanie enviaba una notificación urgente declarando la votación «nula de pleno derecho» y advirtiendo a los compradores de que cualquier intento de ejecutar el acuerdo terminará en un litigio judicial de consecuencias impredecibles. Su defensa argumenta que el fideicomiso obliga legalmente a los administradores a preservar la cuota accionarial necesaria para mantener su liderazgo. El idilio que el Dr. Buss intentó eternizar se ha transformado en un conflicto público sin precedentes, donde el sentimentalismo de la sangre ha sucumbido al peso de los miles de millones y el trono de los Lakers se decide ahora a cara de perro en los tribunales. RSS de noticias de deportes
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