La mañana del miércoles, el Hospital Universitario de Toledo tuvo apenas una hora para prepararse ante la llegada de los heridos del accidente ferroviario de Urda. A las 9.10, aproximadamente, llegó el aviso. A partir de ese momento, todo se puso en marcha. Había que reorganizar espacios, movilizar personal, preparar equipos y poner a disposición de Urgencias todos los recursos necesarios para atender a las víctimas. «Tuvimos una hora para prepararnos hasta que empezamos a recibir a los primeros heridos», recuerda Natividad Laín , médica de Urgencias del centro hospitalario. Y el engranaje respondió. «Yo diría que la organización rayó la perfección».Laín habla desde la experiencia de quien conoce bien el servicio. Lleva trabajando en Urgencias desde 1990, primero en el antiguo Hospital Virgen de la Salud y después en el Hospital Universitario de Toledo. Fue jefa del servicio hasta junio del pasado año y también presidió el Colegio de Médicos de Toledo durante dos mandatos, desde 2017 hasta mayo de 2025. Pero este miércoles no había cargos ni responsabilidades institucionales. Era una médica más, junto a cada paciente, como tantos otros profesionales que se dejaron la piel para salvar vidas. «Se puso todo el hospital a disposición». Esa es una de las ideas que repite durante la conversación. La respuesta no se limitó al personal que estaba de guardia. Compañeros que acababan de terminar su jornada decidieron quedarse; otros que ya habían llegado a casa regresaron al hospital y quienes libraban o estaban de vacaciones también acudieron para echar una mano. «Se organizaron rápidamente un montón de equipos para la atención», explica.La primera tarea fue reorganizar los espacios de Urgencias y establecer circuitos de trabajo que permitieran atender a las víctimas sin dejar desatendidos al resto de pacientes. Porque el hospital tenía que afrontar dos necesidades al mismo tiempo: la asistencia a los heridos del accidente y la actividad ordinaria de un servicio que no podía detenerse. «Se organizó otro circuito paralelo para atender, por un lado, a los pacientes que no eran del accidente», relata.A partir de ahí, todos los servicios comenzaron a trabajar de forma coordinada. Bajaron a Urgencias médicos, enfermeros y auxiliares de distintas unidades. Se pusieron a disposición las salas de radiología, los quirófanos y todos los recursos que fueron necesarios. Los equipos de guardia de diferentes especialidades se incorporaron a la atención de los heridos. Cirugía general, neurocirugía, traumatología, cirugía vascular, hematología y laboratorio, entre otros servicios, respondieron a la llamada.Laín reserva un agradecimiento especial para la UVI y Radiología. «Para nosotros fue fundamental», señala. No solo por la disponibilidad de los escáneres y el resto de los equipos diagnósticos, sino por la implicación directa de sus profesionales. Los radiólogos estuvieron junto a los pacientes realizando las pruebas necesarias, incluidas ecografías, lo que permitió agilizar la atención en unos momentos en los que cada minuto contaba. «Pusieron a nuestra disposición todos los medios y estuvieron con nosotros al pie del enfermo. Eso nos agilizó muchísimo el trabajo».Se puso todo el hospital a disposición de los heridos: los que acababan de terminar su jornada, los que habían llegado a casa regresaron y quienes libraban también acudieronTambién destaca la respuesta de los servicios quirúrgicos y del banco de sangre, con Hematología, así como el funcionamiento del laboratorio. Todo tenía que estar preparado para responder a lesiones de distinta gravedad y a las necesidades que fueran surgiendo conforme llegaban los pacientes. «Funcionó todo muy bien», resume.En total, el Hospital Universitario de Toledo recibió a 48 heridos. Durante los primeros momentos, cuando todavía no se conocía la identidad de todos ellos, el personal trabajó con un sistema de identificación provisional. «Empezamos con desconocido uno, desconocido dos… Tenemos unas claves para asignarles un número y hacer las pruebas. Cuando llega la identificación, ya los identificamos», explica. La prioridad era atenderlos, realizar las exploraciones y determinar qué necesitaba cada uno, con independencia de que se conociera o no su nombre.La previsión inicial era que pudieran llegar más afectados, aunque resultaba imposible saber con exactitud cuántos serían. De los pacientes atendidos, algunos pudieron recibir el alta y otros necesitaron intervenciones quirúrgicas. La magnitud de la respuesta hospitalaria da una idea del despliegue: según los datos que maneja Laín, el centro llegó a recibir a 48 personas y se practicaron alrededor de siete u ocho operaciones.Un helicóptero del Sescam en el Hospital Universitario de Toledo. EFEPero más allá de los recursos materiales y de la coordinación entre especialidades, la médica quiere subrayar el compromiso de las personas que hicieron posible aquella atención. Desde los profesionales sanitarios hasta los celadores y el personal de cocina, que también se ocupó de llevar agua, bocadillos y lo que hiciera falta a quienes llevaban horas trabajando sin apenas tiempo para descansar. «Fue todo el mundo apretando el hombro, colaborando», afirma.«A todos los servicios del hospital les tengo que dar las gracias». Y, de nuevo, vuelve a recordar a los compañeros que no se marcharon al terminar su guardia y a quienes regresaron después de haber llegado a casa. «La gente, cuando yo fui, ya estaba de vuelta. Me había dado tiempo a ducharme y a volver. Cuando he oído la llamada, me he venido para acá», le contaron algunos.Laín insiste en que no recuerda una situación de semejante magnitud en sus más de tres décadas en Urgencias, con la excepción de la pandemia de Covid. Pero establece una diferencia importante entre ambas experiencias. «Esto ha sido un día muy intenso. El Covid fueron muchos meses muy duros», recuerda. Entonces, además, los profesionales se enfrentaban a una enfermedad desconocida, sin saber bien qué iba a ocurrir ni con qué medios contarían. Aquella incertidumbre prolongada convirtió la pandemia en una experiencia especialmente difícil.El miércoles, sin embargo, había un objetivo inmediato y concreto: atender a los heridos. Y para hacerlo era imprescindible mantener la cabeza fría. Laín explica que los médicos se organizaron en equipos, cada uno con un responsable, y que ella misma se situó a la cabecera de los pacientes que le correspondían. Había que explorar, solicitar pruebas, interpretar las imágenes, decidir los tratamientos y actuar con rapidez cuando era necesario, incluso intubar si la situación lo requería.«Tienes que tener la cabeza sabiendo lo que haces. No te puedes derrumbar», explica. Es una forma de trabajar que también se entrena para poder responder cuando llega una emergencia real. En esos momentos no hay espacio para dejarse llevar por las emociones. La prioridad es el enfermo que tienes delante y todo lo que necesita.Por eso, reconoce que durante la mañana no fue plenamente consciente de la dimensión de lo que había ocurrido en Urda. Estaban concentrados en el trabajo, en la llegada de los heridos y en organizar la asistencia. No habían visto las imágenes de los vagones descarrilados ni tenían una perspectiva global de la tragedia. «No fui consciente del drama humano hasta que llegué a mi casa por la tarde», confiesa.Fue entonces, al ver por televisión las imágenes del accidente, cuando pudo comprender la magnitud de lo sucedido. Hasta ese momento, todo había sido tensión, coordinación y atención médica. Su hijo incluso le preguntó cómo había conseguido no derrumbarse. La respuesta de Laín resume bien cómo se vive una emergencia desde dentro: «Yo estaba trabajando».La actividad extraordinaria fue recuperando poco a poco la normalidad a medida que los heridos quedaban atendidos y derivados a las unidades correspondientes. Los servicios permanecieron reforzados durante un tiempo, aunque a media tarde la situación comenzó a estabilizarse. El jueves, Urgencias ya había retomado su funcionamiento habitual. «Afortunadamente, funcionamos con un buen engranaje», concluye. Y vuelve a insistir en lo que considera más importante: «Todo el mundo dio lo mejor». La mañana del miércoles, el Hospital Universitario de Toledo tuvo apenas una hora para prepararse ante la llegada de los heridos del accidente ferroviario de Urda. A las 9.10, aproximadamente, llegó el aviso. A partir de ese momento, todo se puso en marcha. Había que reorganizar espacios, movilizar personal, preparar equipos y poner a disposición de Urgencias todos los recursos necesarios para atender a las víctimas. «Tuvimos una hora para prepararnos hasta que empezamos a recibir a los primeros heridos», recuerda Natividad Laín , médica de Urgencias del centro hospitalario. Y el engranaje respondió. «Yo diría que la organización rayó la perfección».Laín habla desde la experiencia de quien conoce bien el servicio. Lleva trabajando en Urgencias desde 1990, primero en el antiguo Hospital Virgen de la Salud y después en el Hospital Universitario de Toledo. Fue jefa del servicio hasta junio del pasado año y también presidió el Colegio de Médicos de Toledo durante dos mandatos, desde 2017 hasta mayo de 2025. Pero este miércoles no había cargos ni responsabilidades institucionales. Era una médica más, junto a cada paciente, como tantos otros profesionales que se dejaron la piel para salvar vidas. «Se puso todo el hospital a disposición». Esa es una de las ideas que repite durante la conversación. La respuesta no se limitó al personal que estaba de guardia. Compañeros que acababan de terminar su jornada decidieron quedarse; otros que ya habían llegado a casa regresaron al hospital y quienes libraban o estaban de vacaciones también acudieron para echar una mano. «Se organizaron rápidamente un montón de equipos para la atención», explica.La primera tarea fue reorganizar los espacios de Urgencias y establecer circuitos de trabajo que permitieran atender a las víctimas sin dejar desatendidos al resto de pacientes. Porque el hospital tenía que afrontar dos necesidades al mismo tiempo: la asistencia a los heridos del accidente y la actividad ordinaria de un servicio que no podía detenerse. «Se organizó otro circuito paralelo para atender, por un lado, a los pacientes que no eran del accidente», relata.A partir de ahí, todos los servicios comenzaron a trabajar de forma coordinada. Bajaron a Urgencias médicos, enfermeros y auxiliares de distintas unidades. Se pusieron a disposición las salas de radiología, los quirófanos y todos los recursos que fueron necesarios. Los equipos de guardia de diferentes especialidades se incorporaron a la atención de los heridos. Cirugía general, neurocirugía, traumatología, cirugía vascular, hematología y laboratorio, entre otros servicios, respondieron a la llamada.Laín reserva un agradecimiento especial para la UVI y Radiología. «Para nosotros fue fundamental», señala. No solo por la disponibilidad de los escáneres y el resto de los equipos diagnósticos, sino por la implicación directa de sus profesionales. Los radiólogos estuvieron junto a los pacientes realizando las pruebas necesarias, incluidas ecografías, lo que permitió agilizar la atención en unos momentos en los que cada minuto contaba. «Pusieron a nuestra disposición todos los medios y estuvieron con nosotros al pie del enfermo. Eso nos agilizó muchísimo el trabajo».Se puso todo el hospital a disposición de los heridos: los que acababan de terminar su jornada, los que habían llegado a casa regresaron y quienes libraban también acudieronTambién destaca la respuesta de los servicios quirúrgicos y del banco de sangre, con Hematología, así como el funcionamiento del laboratorio. Todo tenía que estar preparado para responder a lesiones de distinta gravedad y a las necesidades que fueran surgiendo conforme llegaban los pacientes. «Funcionó todo muy bien», resume.En total, el Hospital Universitario de Toledo recibió a 48 heridos. Durante los primeros momentos, cuando todavía no se conocía la identidad de todos ellos, el personal trabajó con un sistema de identificación provisional. «Empezamos con desconocido uno, desconocido dos… Tenemos unas claves para asignarles un número y hacer las pruebas. Cuando llega la identificación, ya los identificamos», explica. La prioridad era atenderlos, realizar las exploraciones y determinar qué necesitaba cada uno, con independencia de que se conociera o no su nombre.La previsión inicial era que pudieran llegar más afectados, aunque resultaba imposible saber con exactitud cuántos serían. De los pacientes atendidos, algunos pudieron recibir el alta y otros necesitaron intervenciones quirúrgicas. La magnitud de la respuesta hospitalaria da una idea del despliegue: según los datos que maneja Laín, el centro llegó a recibir a 48 personas y se practicaron alrededor de siete u ocho operaciones.Un helicóptero del Sescam en el Hospital Universitario de Toledo. EFEPero más allá de los recursos materiales y de la coordinación entre especialidades, la médica quiere subrayar el compromiso de las personas que hicieron posible aquella atención. Desde los profesionales sanitarios hasta los celadores y el personal de cocina, que también se ocupó de llevar agua, bocadillos y lo que hiciera falta a quienes llevaban horas trabajando sin apenas tiempo para descansar. «Fue todo el mundo apretando el hombro, colaborando», afirma.«A todos los servicios del hospital les tengo que dar las gracias». Y, de nuevo, vuelve a recordar a los compañeros que no se marcharon al terminar su guardia y a quienes regresaron después de haber llegado a casa. «La gente, cuando yo fui, ya estaba de vuelta. Me había dado tiempo a ducharme y a volver. Cuando he oído la llamada, me he venido para acá», le contaron algunos.Laín insiste en que no recuerda una situación de semejante magnitud en sus más de tres décadas en Urgencias, con la excepción de la pandemia de Covid. Pero establece una diferencia importante entre ambas experiencias. «Esto ha sido un día muy intenso. El Covid fueron muchos meses muy duros», recuerda. Entonces, además, los profesionales se enfrentaban a una enfermedad desconocida, sin saber bien qué iba a ocurrir ni con qué medios contarían. Aquella incertidumbre prolongada convirtió la pandemia en una experiencia especialmente difícil.El miércoles, sin embargo, había un objetivo inmediato y concreto: atender a los heridos. Y para hacerlo era imprescindible mantener la cabeza fría. Laín explica que los médicos se organizaron en equipos, cada uno con un responsable, y que ella misma se situó a la cabecera de los pacientes que le correspondían. Había que explorar, solicitar pruebas, interpretar las imágenes, decidir los tratamientos y actuar con rapidez cuando era necesario, incluso intubar si la situación lo requería.«Tienes que tener la cabeza sabiendo lo que haces. No te puedes derrumbar», explica. Es una forma de trabajar que también se entrena para poder responder cuando llega una emergencia real. En esos momentos no hay espacio para dejarse llevar por las emociones. La prioridad es el enfermo que tienes delante y todo lo que necesita.Por eso, reconoce que durante la mañana no fue plenamente consciente de la dimensión de lo que había ocurrido en Urda. Estaban concentrados en el trabajo, en la llegada de los heridos y en organizar la asistencia. No habían visto las imágenes de los vagones descarrilados ni tenían una perspectiva global de la tragedia. «No fui consciente del drama humano hasta que llegué a mi casa por la tarde», confiesa.Fue entonces, al ver por televisión las imágenes del accidente, cuando pudo comprender la magnitud de lo sucedido. Hasta ese momento, todo había sido tensión, coordinación y atención médica. Su hijo incluso le preguntó cómo había conseguido no derrumbarse. La respuesta de Laín resume bien cómo se vive una emergencia desde dentro: «Yo estaba trabajando».La actividad extraordinaria fue recuperando poco a poco la normalidad a medida que los heridos quedaban atendidos y derivados a las unidades correspondientes. Los servicios permanecieron reforzados durante un tiempo, aunque a media tarde la situación comenzó a estabilizarse. El jueves, Urgencias ya había retomado su funcionamiento habitual. «Afortunadamente, funcionamos con un buen engranaje», concluye. Y vuelve a insistir en lo que considera más importante: «Todo el mundo dio lo mejor». La mañana del miércoles, el Hospital Universitario de Toledo tuvo apenas una hora para prepararse ante la llegada de los heridos del accidente ferroviario de Urda. A las 9.10, aproximadamente, llegó el aviso. A partir de ese momento, todo se puso en marcha. Había que reorganizar espacios, movilizar personal, preparar equipos y poner a disposición de Urgencias todos los recursos necesarios para atender a las víctimas. «Tuvimos una hora para prepararnos hasta que empezamos a recibir a los primeros heridos», recuerda Natividad Laín , médica de Urgencias del centro hospitalario. Y el engranaje respondió. «Yo diría que la organización rayó la perfección».Laín habla desde la experiencia de quien conoce bien el servicio. Lleva trabajando en Urgencias desde 1990, primero en el antiguo Hospital Virgen de la Salud y después en el Hospital Universitario de Toledo. Fue jefa del servicio hasta junio del pasado año y también presidió el Colegio de Médicos de Toledo durante dos mandatos, desde 2017 hasta mayo de 2025. Pero este miércoles no había cargos ni responsabilidades institucionales. Era una médica más, junto a cada paciente, como tantos otros profesionales que se dejaron la piel para salvar vidas. «Se puso todo el hospital a disposición». Esa es una de las ideas que repite durante la conversación. La respuesta no se limitó al personal que estaba de guardia. Compañeros que acababan de terminar su jornada decidieron quedarse; otros que ya habían llegado a casa regresaron al hospital y quienes libraban o estaban de vacaciones también acudieron para echar una mano. «Se organizaron rápidamente un montón de equipos para la atención», explica.La primera tarea fue reorganizar los espacios de Urgencias y establecer circuitos de trabajo que permitieran atender a las víctimas sin dejar desatendidos al resto de pacientes. Porque el hospital tenía que afrontar dos necesidades al mismo tiempo: la asistencia a los heridos del accidente y la actividad ordinaria de un servicio que no podía detenerse. «Se organizó otro circuito paralelo para atender, por un lado, a los pacientes que no eran del accidente», relata.A partir de ahí, todos los servicios comenzaron a trabajar de forma coordinada. Bajaron a Urgencias médicos, enfermeros y auxiliares de distintas unidades. Se pusieron a disposición las salas de radiología, los quirófanos y todos los recursos que fueron necesarios. Los equipos de guardia de diferentes especialidades se incorporaron a la atención de los heridos. Cirugía general, neurocirugía, traumatología, cirugía vascular, hematología y laboratorio, entre otros servicios, respondieron a la llamada.Laín reserva un agradecimiento especial para la UVI y Radiología. «Para nosotros fue fundamental», señala. No solo por la disponibilidad de los escáneres y el resto de los equipos diagnósticos, sino por la implicación directa de sus profesionales. Los radiólogos estuvieron junto a los pacientes realizando las pruebas necesarias, incluidas ecografías, lo que permitió agilizar la atención en unos momentos en los que cada minuto contaba. «Pusieron a nuestra disposición todos los medios y estuvieron con nosotros al pie del enfermo. Eso nos agilizó muchísimo el trabajo».Se puso todo el hospital a disposición de los heridos: los que acababan de terminar su jornada, los que habían llegado a casa regresaron y quienes libraban también acudieronTambién destaca la respuesta de los servicios quirúrgicos y del banco de sangre, con Hematología, así como el funcionamiento del laboratorio. Todo tenía que estar preparado para responder a lesiones de distinta gravedad y a las necesidades que fueran surgiendo conforme llegaban los pacientes. «Funcionó todo muy bien», resume.En total, el Hospital Universitario de Toledo recibió a 48 heridos. Durante los primeros momentos, cuando todavía no se conocía la identidad de todos ellos, el personal trabajó con un sistema de identificación provisional. «Empezamos con desconocido uno, desconocido dos… Tenemos unas claves para asignarles un número y hacer las pruebas. Cuando llega la identificación, ya los identificamos», explica. La prioridad era atenderlos, realizar las exploraciones y determinar qué necesitaba cada uno, con independencia de que se conociera o no su nombre.La previsión inicial era que pudieran llegar más afectados, aunque resultaba imposible saber con exactitud cuántos serían. De los pacientes atendidos, algunos pudieron recibir el alta y otros necesitaron intervenciones quirúrgicas. La magnitud de la respuesta hospitalaria da una idea del despliegue: según los datos que maneja Laín, el centro llegó a recibir a 48 personas y se practicaron alrededor de siete u ocho operaciones.Un helicóptero del Sescam en el Hospital Universitario de Toledo. EFEPero más allá de los recursos materiales y de la coordinación entre especialidades, la médica quiere subrayar el compromiso de las personas que hicieron posible aquella atención. Desde los profesionales sanitarios hasta los celadores y el personal de cocina, que también se ocupó de llevar agua, bocadillos y lo que hiciera falta a quienes llevaban horas trabajando sin apenas tiempo para descansar. «Fue todo el mundo apretando el hombro, colaborando», afirma.«A todos los servicios del hospital les tengo que dar las gracias». Y, de nuevo, vuelve a recordar a los compañeros que no se marcharon al terminar su guardia y a quienes regresaron después de haber llegado a casa. «La gente, cuando yo fui, ya estaba de vuelta. Me había dado tiempo a ducharme y a volver. Cuando he oído la llamada, me he venido para acá», le contaron algunos.Laín insiste en que no recuerda una situación de semejante magnitud en sus más de tres décadas en Urgencias, con la excepción de la pandemia de Covid. Pero establece una diferencia importante entre ambas experiencias. «Esto ha sido un día muy intenso. El Covid fueron muchos meses muy duros», recuerda. Entonces, además, los profesionales se enfrentaban a una enfermedad desconocida, sin saber bien qué iba a ocurrir ni con qué medios contarían. Aquella incertidumbre prolongada convirtió la pandemia en una experiencia especialmente difícil.El miércoles, sin embargo, había un objetivo inmediato y concreto: atender a los heridos. Y para hacerlo era imprescindible mantener la cabeza fría. Laín explica que los médicos se organizaron en equipos, cada uno con un responsable, y que ella misma se situó a la cabecera de los pacientes que le correspondían. Había que explorar, solicitar pruebas, interpretar las imágenes, decidir los tratamientos y actuar con rapidez cuando era necesario, incluso intubar si la situación lo requería.«Tienes que tener la cabeza sabiendo lo que haces. No te puedes derrumbar», explica. Es una forma de trabajar que también se entrena para poder responder cuando llega una emergencia real. En esos momentos no hay espacio para dejarse llevar por las emociones. La prioridad es el enfermo que tienes delante y todo lo que necesita.Por eso, reconoce que durante la mañana no fue plenamente consciente de la dimensión de lo que había ocurrido en Urda. Estaban concentrados en el trabajo, en la llegada de los heridos y en organizar la asistencia. No habían visto las imágenes de los vagones descarrilados ni tenían una perspectiva global de la tragedia. «No fui consciente del drama humano hasta que llegué a mi casa por la tarde», confiesa.Fue entonces, al ver por televisión las imágenes del accidente, cuando pudo comprender la magnitud de lo sucedido. Hasta ese momento, todo había sido tensión, coordinación y atención médica. Su hijo incluso le preguntó cómo había conseguido no derrumbarse. La respuesta de Laín resume bien cómo se vive una emergencia desde dentro: «Yo estaba trabajando».La actividad extraordinaria fue recuperando poco a poco la normalidad a medida que los heridos quedaban atendidos y derivados a las unidades correspondientes. Los servicios permanecieron reforzados durante un tiempo, aunque a media tarde la situación comenzó a estabilizarse. El jueves, Urgencias ya había retomado su funcionamiento habitual. «Afortunadamente, funcionamos con un buen engranaje», concluye. Y vuelve a insistir en lo que considera más importante: «Todo el mundo dio lo mejor». RSS de noticias de espana
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