«Una aldea gala que resiste rodeada de romanos». Con esta referencia a los cómics de Astérix define Carmencita su presidente, Jesús Navarro Navarro, para resumir cómo su empresa familiar opera sola tras la absorción de sus competidoras en Francia, Italia, Reino Unido, Portugal y el resto del Viejo Continente por el líder mundial de las especias, el gigante estadounidense McCormick. Más aún, estos alicantinos no se arredran y después de abrir la fábrica más grande de Europa ya tienen terreno para otra y dar el salto a la industria cárnica y los platos precocinados.Atentos a cualquier nueva tendencia del mercado, como llevan haciendo desde hace más de un siglo, no se conforman con sus modernas instalaciones que ya se les han quedado pequeñas a pesar de contar con 27.000 metros cuadrados y han tenido que instalar sus dos últimas máquinas en la antigua nave de 2.000 metros.En sus planes a diez años vista, Navarro vislumbra una nueva dimensión, más allá de su campo de siempre de las especias. «Preveo que seguiremos creciendo sobre un 10% anual, en el ‘retail’ tenemos el 60% del mercado y el resto de marcas un 20%, con lo que en realidad, nos queda sólo otro 20% para crecer, va a ser difícil», analiza.Por eso, también aspiran ahora a penetrar más en el canal Horeca, la hostelería, «pero el mercado mayor está en la industria cárnica y los platos preparados, los consumidores, hoy, la tendencia es tomar un plato preparado o semipreparado», subraya el nieto del fundador. Para afrontar esta expansión inédita en su historia, hay que renovarse de nuevo, integralmente. «Con la infraestructura que tenemos nosotros, hoy no estamos preparados para poder abastecer a la industria cárnica y a los productores de platos», señala.Las balanzas de peso con ‘semáforo’ para calibrar la cantidad de azafrán con precisión e instalaciones de la nueva fábrica de Carmencita, la más grande de Europa para especias. En imagen, el presidente de Carmencita, Jesús Navarro Navarro, durante su entrevista para ABC. Juan Carlos Soler«Ya tenemos un terreno y la fábrica requiere una maquinaria totalmente distinta de la que tenemos ahora, por ejemplo, la pimienta la traemos de Vietnam esterilizada y habrá que esterilizarla aquí, porque lo que no puedes arreglar es que un chorizo o un fuet tenga un problema debido a la pimienta que tú les sirves», señala, como un detalle de las nuevas necesidades que van a afrontar próximamente con este ambicioso objetivo: «Ahí, será el gran consumo».¿Especias, una simple moda? No, llegaron con la pandemiaEl confinamiento por el Covid-19 tuvo un doble efecto en Carmencita. Por comparar con un símil del mercado financiero, les sometió a una «prueba de estrés» como a los bancos, al tener que aprovisionarse y almacenar mucha más materia prima, al pasar de 20 a 50 millones de euros en stock, ya que de España sólo se consume el anís y el pimentón, mientras que el resto viene del Sudeste asiático, de África e Hispanoamérica.«Y las familias en España tuvieron que cocinar tanto en casa, durante la pandemia, que han redescubierto las especias y hoy en día se han dado cuenta de que pocas pueden matarte un plato, por lo que son más usadas, también mucho más por las generaciones más jóvenes, hay un toque personal ahí», retrata Navarro, preguntado por si se trata de una simple moda.Pioneros en exportar azafrán a Asia, hace un sigloHasta llegar a esta nueva etapa de expansión, con una proyección internacional que también trabajan desde hace un tiempo con acuerdos firmados con Starbucks y McDonalds, la historia de Carmencita contiene episodios auténticamente cinematográficos, por la épica de esta familia de emprendedores con un vínculo especialmente estrecho con su plantilla, donde hay un protagonismo femenino excepcional.Mural dentro de la planta dedicado a las especias. Lo visual es especialmente relevante para esta compañía. Juan Carlos SolerDe entrada, en sus orígenes de hace un siglo, la marca de esta empresa familiar ya quedó ligada a un rostro de mujer, el de una niña, hoy mundialmente reconocible en 70 países. Un comercio local de Novelda «traía azafrán de La Mancha y lo exportaba a Extremo Oriente y países árabes», cuando el abuelo del actual presidente, Jesús Navarro también, «empezó desde la nada, apoyado por algún comerciante» de su pueblo. «Se dio cuenta de una cosa que luego un gurú del marketing acuñó: si no eres una marca, serás una mercancía, y por eso desde el primer momento le hizo una foto a su hija, Carmencita, que era mi madre, y vendía azafrán Carmencita», revela este descendiente, la tercera generación de la empresa familiar, junto a dos primos suyos, Jesús Navarro Alberola -director general- y Francisco Escolano, director comercial.Desde aquel arranque en 1923, fue creciendo hacia Andalucía y Canarias (adoptó ese topónimo como marca, a falta de competidores en las islas) y con la Guerra Civil, el azafrán se volvió caro y s urgió el colorante alimentario como sustituto más asequible. Se empezaron a preparar las «carteritas» con ambos productos y llegó la «industrialización», aunque cada máquina hacía el mismo trabajo que diez mujeres del centenar que ya estaban trabajando en la compañía.Cadena de envasado de la empresa. Juan Carlos Soler«El abuelo y nuestros padres, que ya estaban en la empresa, en vez de despedir a nadie, decidieron diversificar al resto de especias y ellas pasaron a envasar canela, anís, pimientas…», una decisión que constituye «un hito importante» en su historia.El siguiente lo vivieron en 1989, cuando les dio «pánico la «evolución de la distribución» y decidieron vender el 50% de la compañía a Ebro Foods, lo que «supuso la transformación, porque cotizaba en Bolsa y había que reportar todos los meses». Navarro lo resume así: «De contables con manguitos pasamos a directores financieros, de mecánicos a ingenieros».Posteriormente, recompraron la empresa en 2003 y llegó el segundo relevo generacional, la tercera, «esa que las estadísticas dicen que se carga la empresa», pero que, en su caso, fue como la «refundación», además de que empezaron como interproveedores de Mercadona, una proyección con la que han alcanzado ese liderazgo en España, también en edulcorantes, segmento en el que se iniciaron aprovechando una época de fusiones en farmacéuticas, con mucha maquinaria en venta que luego renovarían, y en el que han alcanzado el 50% de cuota de mercado.En la actualidad, la cuarta generación ha entrado ya «con puestos de responsabilidad en distintos departamentos» y -por lo que se ve- asumirán esta nueva expansión, por ahora con la nueva fábrica y la futura, más la anexionada enfrente para la exportación, donde se asume un etiquetado especial para indicar el nombre del importador, un trabajo manual. Y un centro logístico en Torrellano (Elche).De imagen del rock alemán a «airear» las hebras a manoLa visita a sus instalaciones en Novelda se convierte en un recorrido por múltiples anécdotas y curiosidades. En su museo particular, conservan la primera pieza metálica para el envasado de especias y un disco de vinilo de un grupo de rock alternativo alemán que utilizó como imagen de su portada la icónica imagen de Carmencita (la empresa no reclamó derechos de autor).Aunque la aceptación de sus productos se sustenta en el sabor, también depende poderosamente de factores visuales. Por ejemplo, exhiben un frasco con la rotulación de ‘Laurel’ en vertical para no olvidar que representó un fracaso comercial, ya que con las letras en esa posición resultaba ilegible en las tiendas y tuvieron que corregir ese detalle, tal como relata el director de Comunicación de la compañía, David Ruiz.El director de Comunicación de la compañía, David Ruiz, en el museo; la directora de I+D y Calidad, Montse Botella, en el laboratorio, y vistas de uno de los almacenes. Juan Carlos SolerOtras peculiaridades sorprendentes tienen que ver con el azafrán («la joya de la Corona»): varias veces a la semana un experto hace un «aireo» para que las hebras no se peguen, lanzando a mano el preciado tesoro que se cotiza a muchos cientos de euros el kilo, dentro de una cabina especial de aislamiento. Al lado, varios trabajadores de hábiles dedos depositan una pizca tras otra, a delicados pellizcos, la cantidad que unas balanzas de precisión pesan hasta alcanzar el nivel justo, el semáforo pasa de color al verde y vuelta a empezar.Esta intervención manual se combina con tecnología robotizada para preparar los sobrecitos o el envase adecuado en largas cadenas hasta su embalaje.La tecnología juega su papel determinante, por ejemplo, en un laboratorio donde se realizan análisis físico-químicos porque «las especias son susceptibles de adulteraciones y fraudes, viendo parámetros como fibras y alimentando muchos datos para que en cuestión de un minuto se pueda determinar que todo está en orden de calidad» y participan en un programa europeo, tal como detalla Montse Botella, directora de I+D y Calidad. «Hay algunas partidas que se rechazan, si no cumplen», asegura, además de llevar a cabo un «análisis sensorial».La capacidad de stock de la compañía se ha multiplicado tras la pandemia. Juan Carlos SolerEspecialmente vigilantes están con la materia prima ya «molida», no sólo por malas intenciones, sino también por factores meteorológicos como un tifón, que cambia el color, sin ir más lejos. Y trabajan también en nuevos productos que lanzarán en un año, con un equipo dedicado en exclusiva a esta línea de investigación.Las cifras resultantes de esta forma de operar se resumen en: 119 millones de euros de facturación anual con ventas en más de 70 países, 462 empleados, una comercialización de 152 millones de unidades y el objetivo para 2035 de alcanzar los 240 millones.Y prueba de su «compromiso social», los 4.500 menús semanales donados desde hace años a través de Alicante Gastronómica Solidaria, la creación de la Cátedra Carmencita en la Universidad de Alicante, el convenio Basque Culinary Center y el futuro proyecto The School of Spices. «Una aldea gala que resiste rodeada de romanos». Con esta referencia a los cómics de Astérix define Carmencita su presidente, Jesús Navarro Navarro, para resumir cómo su empresa familiar opera sola tras la absorción de sus competidoras en Francia, Italia, Reino Unido, Portugal y el resto del Viejo Continente por el líder mundial de las especias, el gigante estadounidense McCormick. Más aún, estos alicantinos no se arredran y después de abrir la fábrica más grande de Europa ya tienen terreno para otra y dar el salto a la industria cárnica y los platos precocinados.Atentos a cualquier nueva tendencia del mercado, como llevan haciendo desde hace más de un siglo, no se conforman con sus modernas instalaciones que ya se les han quedado pequeñas a pesar de contar con 27.000 metros cuadrados y han tenido que instalar sus dos últimas máquinas en la antigua nave de 2.000 metros.En sus planes a diez años vista, Navarro vislumbra una nueva dimensión, más allá de su campo de siempre de las especias. «Preveo que seguiremos creciendo sobre un 10% anual, en el ‘retail’ tenemos el 60% del mercado y el resto de marcas un 20%, con lo que en realidad, nos queda sólo otro 20% para crecer, va a ser difícil», analiza.Por eso, también aspiran ahora a penetrar más en el canal Horeca, la hostelería, «pero el mercado mayor está en la industria cárnica y los platos preparados, los consumidores, hoy, la tendencia es tomar un plato preparado o semipreparado», subraya el nieto del fundador. Para afrontar esta expansión inédita en su historia, hay que renovarse de nuevo, integralmente. «Con la infraestructura que tenemos nosotros, hoy no estamos preparados para poder abastecer a la industria cárnica y a los productores de platos», señala.Las balanzas de peso con ‘semáforo’ para calibrar la cantidad de azafrán con precisión e instalaciones de la nueva fábrica de Carmencita, la más grande de Europa para especias. En imagen, el presidente de Carmencita, Jesús Navarro Navarro, durante su entrevista para ABC. Juan Carlos Soler«Ya tenemos un terreno y la fábrica requiere una maquinaria totalmente distinta de la que tenemos ahora, por ejemplo, la pimienta la traemos de Vietnam esterilizada y habrá que esterilizarla aquí, porque lo que no puedes arreglar es que un chorizo o un fuet tenga un problema debido a la pimienta que tú les sirves», señala, como un detalle de las nuevas necesidades que van a afrontar próximamente con este ambicioso objetivo: «Ahí, será el gran consumo».¿Especias, una simple moda? No, llegaron con la pandemiaEl confinamiento por el Covid-19 tuvo un doble efecto en Carmencita. Por comparar con un símil del mercado financiero, les sometió a una «prueba de estrés» como a los bancos, al tener que aprovisionarse y almacenar mucha más materia prima, al pasar de 20 a 50 millones de euros en stock, ya que de España sólo se consume el anís y el pimentón, mientras que el resto viene del Sudeste asiático, de África e Hispanoamérica.«Y las familias en España tuvieron que cocinar tanto en casa, durante la pandemia, que han redescubierto las especias y hoy en día se han dado cuenta de que pocas pueden matarte un plato, por lo que son más usadas, también mucho más por las generaciones más jóvenes, hay un toque personal ahí», retrata Navarro, preguntado por si se trata de una simple moda.Pioneros en exportar azafrán a Asia, hace un sigloHasta llegar a esta nueva etapa de expansión, con una proyección internacional que también trabajan desde hace un tiempo con acuerdos firmados con Starbucks y McDonalds, la historia de Carmencita contiene episodios auténticamente cinematográficos, por la épica de esta familia de emprendedores con un vínculo especialmente estrecho con su plantilla, donde hay un protagonismo femenino excepcional.Mural dentro de la planta dedicado a las especias. Lo visual es especialmente relevante para esta compañía. Juan Carlos SolerDe entrada, en sus orígenes de hace un siglo, la marca de esta empresa familiar ya quedó ligada a un rostro de mujer, el de una niña, hoy mundialmente reconocible en 70 países. Un comercio local de Novelda «traía azafrán de La Mancha y lo exportaba a Extremo Oriente y países árabes», cuando el abuelo del actual presidente, Jesús Navarro también, «empezó desde la nada, apoyado por algún comerciante» de su pueblo. «Se dio cuenta de una cosa que luego un gurú del marketing acuñó: si no eres una marca, serás una mercancía, y por eso desde el primer momento le hizo una foto a su hija, Carmencita, que era mi madre, y vendía azafrán Carmencita», revela este descendiente, la tercera generación de la empresa familiar, junto a dos primos suyos, Jesús Navarro Alberola -director general- y Francisco Escolano, director comercial.Desde aquel arranque en 1923, fue creciendo hacia Andalucía y Canarias (adoptó ese topónimo como marca, a falta de competidores en las islas) y con la Guerra Civil, el azafrán se volvió caro y s urgió el colorante alimentario como sustituto más asequible. Se empezaron a preparar las «carteritas» con ambos productos y llegó la «industrialización», aunque cada máquina hacía el mismo trabajo que diez mujeres del centenar que ya estaban trabajando en la compañía.Cadena de envasado de la empresa. Juan Carlos Soler«El abuelo y nuestros padres, que ya estaban en la empresa, en vez de despedir a nadie, decidieron diversificar al resto de especias y ellas pasaron a envasar canela, anís, pimientas…», una decisión que constituye «un hito importante» en su historia.El siguiente lo vivieron en 1989, cuando les dio «pánico la «evolución de la distribución» y decidieron vender el 50% de la compañía a Ebro Foods, lo que «supuso la transformación, porque cotizaba en Bolsa y había que reportar todos los meses». Navarro lo resume así: «De contables con manguitos pasamos a directores financieros, de mecánicos a ingenieros».Posteriormente, recompraron la empresa en 2003 y llegó el segundo relevo generacional, la tercera, «esa que las estadísticas dicen que se carga la empresa», pero que, en su caso, fue como la «refundación», además de que empezaron como interproveedores de Mercadona, una proyección con la que han alcanzado ese liderazgo en España, también en edulcorantes, segmento en el que se iniciaron aprovechando una época de fusiones en farmacéuticas, con mucha maquinaria en venta que luego renovarían, y en el que han alcanzado el 50% de cuota de mercado.En la actualidad, la cuarta generación ha entrado ya «con puestos de responsabilidad en distintos departamentos» y -por lo que se ve- asumirán esta nueva expansión, por ahora con la nueva fábrica y la futura, más la anexionada enfrente para la exportación, donde se asume un etiquetado especial para indicar el nombre del importador, un trabajo manual. Y un centro logístico en Torrellano (Elche).De imagen del rock alemán a «airear» las hebras a manoLa visita a sus instalaciones en Novelda se convierte en un recorrido por múltiples anécdotas y curiosidades. En su museo particular, conservan la primera pieza metálica para el envasado de especias y un disco de vinilo de un grupo de rock alternativo alemán que utilizó como imagen de su portada la icónica imagen de Carmencita (la empresa no reclamó derechos de autor).Aunque la aceptación de sus productos se sustenta en el sabor, también depende poderosamente de factores visuales. Por ejemplo, exhiben un frasco con la rotulación de ‘Laurel’ en vertical para no olvidar que representó un fracaso comercial, ya que con las letras en esa posición resultaba ilegible en las tiendas y tuvieron que corregir ese detalle, tal como relata el director de Comunicación de la compañía, David Ruiz.El director de Comunicación de la compañía, David Ruiz, en el museo; la directora de I+D y Calidad, Montse Botella, en el laboratorio, y vistas de uno de los almacenes. Juan Carlos SolerOtras peculiaridades sorprendentes tienen que ver con el azafrán («la joya de la Corona»): varias veces a la semana un experto hace un «aireo» para que las hebras no se peguen, lanzando a mano el preciado tesoro que se cotiza a muchos cientos de euros el kilo, dentro de una cabina especial de aislamiento. Al lado, varios trabajadores de hábiles dedos depositan una pizca tras otra, a delicados pellizcos, la cantidad que unas balanzas de precisión pesan hasta alcanzar el nivel justo, el semáforo pasa de color al verde y vuelta a empezar.Esta intervención manual se combina con tecnología robotizada para preparar los sobrecitos o el envase adecuado en largas cadenas hasta su embalaje.La tecnología juega su papel determinante, por ejemplo, en un laboratorio donde se realizan análisis físico-químicos porque «las especias son susceptibles de adulteraciones y fraudes, viendo parámetros como fibras y alimentando muchos datos para que en cuestión de un minuto se pueda determinar que todo está en orden de calidad» y participan en un programa europeo, tal como detalla Montse Botella, directora de I+D y Calidad. «Hay algunas partidas que se rechazan, si no cumplen», asegura, además de llevar a cabo un «análisis sensorial».La capacidad de stock de la compañía se ha multiplicado tras la pandemia. Juan Carlos SolerEspecialmente vigilantes están con la materia prima ya «molida», no sólo por malas intenciones, sino también por factores meteorológicos como un tifón, que cambia el color, sin ir más lejos. Y trabajan también en nuevos productos que lanzarán en un año, con un equipo dedicado en exclusiva a esta línea de investigación.Las cifras resultantes de esta forma de operar se resumen en: 119 millones de euros de facturación anual con ventas en más de 70 países, 462 empleados, una comercialización de 152 millones de unidades y el objetivo para 2035 de alcanzar los 240 millones.Y prueba de su «compromiso social», los 4.500 menús semanales donados desde hace años a través de Alicante Gastronómica Solidaria, la creación de la Cátedra Carmencita en la Universidad de Alicante, el convenio Basque Culinary Center y el futuro proyecto The School of Spices. «Una aldea gala que resiste rodeada de romanos». Con esta referencia a los cómics de Astérix define Carmencita su presidente, Jesús Navarro Navarro, para resumir cómo su empresa familiar opera sola tras la absorción de sus competidoras en Francia, Italia, Reino Unido, Portugal y el resto del Viejo Continente por el líder mundial de las especias, el gigante estadounidense McCormick. Más aún, estos alicantinos no se arredran y después de abrir la fábrica más grande de Europa ya tienen terreno para otra y dar el salto a la industria cárnica y los platos precocinados.Atentos a cualquier nueva tendencia del mercado, como llevan haciendo desde hace más de un siglo, no se conforman con sus modernas instalaciones que ya se les han quedado pequeñas a pesar de contar con 27.000 metros cuadrados y han tenido que instalar sus dos últimas máquinas en la antigua nave de 2.000 metros.En sus planes a diez años vista, Navarro vislumbra una nueva dimensión, más allá de su campo de siempre de las especias. «Preveo que seguiremos creciendo sobre un 10% anual, en el ‘retail’ tenemos el 60% del mercado y el resto de marcas un 20%, con lo que en realidad, nos queda sólo otro 20% para crecer, va a ser difícil», analiza.Por eso, también aspiran ahora a penetrar más en el canal Horeca, la hostelería, «pero el mercado mayor está en la industria cárnica y los platos preparados, los consumidores, hoy, la tendencia es tomar un plato preparado o semipreparado», subraya el nieto del fundador. Para afrontar esta expansión inédita en su historia, hay que renovarse de nuevo, integralmente. «Con la infraestructura que tenemos nosotros, hoy no estamos preparados para poder abastecer a la industria cárnica y a los productores de platos», señala.Las balanzas de peso con ‘semáforo’ para calibrar la cantidad de azafrán con precisión e instalaciones de la nueva fábrica de Carmencita, la más grande de Europa para especias. En imagen, el presidente de Carmencita, Jesús Navarro Navarro, durante su entrevista para ABC. Juan Carlos Soler«Ya tenemos un terreno y la fábrica requiere una maquinaria totalmente distinta de la que tenemos ahora, por ejemplo, la pimienta la traemos de Vietnam esterilizada y habrá que esterilizarla aquí, porque lo que no puedes arreglar es que un chorizo o un fuet tenga un problema debido a la pimienta que tú les sirves», señala, como un detalle de las nuevas necesidades que van a afrontar próximamente con este ambicioso objetivo: «Ahí, será el gran consumo».¿Especias, una simple moda? No, llegaron con la pandemiaEl confinamiento por el Covid-19 tuvo un doble efecto en Carmencita. Por comparar con un símil del mercado financiero, les sometió a una «prueba de estrés» como a los bancos, al tener que aprovisionarse y almacenar mucha más materia prima, al pasar de 20 a 50 millones de euros en stock, ya que de España sólo se consume el anís y el pimentón, mientras que el resto viene del Sudeste asiático, de África e Hispanoamérica.«Y las familias en España tuvieron que cocinar tanto en casa, durante la pandemia, que han redescubierto las especias y hoy en día se han dado cuenta de que pocas pueden matarte un plato, por lo que son más usadas, también mucho más por las generaciones más jóvenes, hay un toque personal ahí», retrata Navarro, preguntado por si se trata de una simple moda.Pioneros en exportar azafrán a Asia, hace un sigloHasta llegar a esta nueva etapa de expansión, con una proyección internacional que también trabajan desde hace un tiempo con acuerdos firmados con Starbucks y McDonalds, la historia de Carmencita contiene episodios auténticamente cinematográficos, por la épica de esta familia de emprendedores con un vínculo especialmente estrecho con su plantilla, donde hay un protagonismo femenino excepcional.Mural dentro de la planta dedicado a las especias. Lo visual es especialmente relevante para esta compañía. Juan Carlos SolerDe entrada, en sus orígenes de hace un siglo, la marca de esta empresa familiar ya quedó ligada a un rostro de mujer, el de una niña, hoy mundialmente reconocible en 70 países. Un comercio local de Novelda «traía azafrán de La Mancha y lo exportaba a Extremo Oriente y países árabes», cuando el abuelo del actual presidente, Jesús Navarro también, «empezó desde la nada, apoyado por algún comerciante» de su pueblo. «Se dio cuenta de una cosa que luego un gurú del marketing acuñó: si no eres una marca, serás una mercancía, y por eso desde el primer momento le hizo una foto a su hija, Carmencita, que era mi madre, y vendía azafrán Carmencita», revela este descendiente, la tercera generación de la empresa familiar, junto a dos primos suyos, Jesús Navarro Alberola -director general- y Francisco Escolano, director comercial.Desde aquel arranque en 1923, fue creciendo hacia Andalucía y Canarias (adoptó ese topónimo como marca, a falta de competidores en las islas) y con la Guerra Civil, el azafrán se volvió caro y s urgió el colorante alimentario como sustituto más asequible. Se empezaron a preparar las «carteritas» con ambos productos y llegó la «industrialización», aunque cada máquina hacía el mismo trabajo que diez mujeres del centenar que ya estaban trabajando en la compañía.Cadena de envasado de la empresa. Juan Carlos Soler«El abuelo y nuestros padres, que ya estaban en la empresa, en vez de despedir a nadie, decidieron diversificar al resto de especias y ellas pasaron a envasar canela, anís, pimientas…», una decisión que constituye «un hito importante» en su historia.El siguiente lo vivieron en 1989, cuando les dio «pánico la «evolución de la distribución» y decidieron vender el 50% de la compañía a Ebro Foods, lo que «supuso la transformación, porque cotizaba en Bolsa y había que reportar todos los meses». Navarro lo resume así: «De contables con manguitos pasamos a directores financieros, de mecánicos a ingenieros».Posteriormente, recompraron la empresa en 2003 y llegó el segundo relevo generacional, la tercera, «esa que las estadísticas dicen que se carga la empresa», pero que, en su caso, fue como la «refundación», además de que empezaron como interproveedores de Mercadona, una proyección con la que han alcanzado ese liderazgo en España, también en edulcorantes, segmento en el que se iniciaron aprovechando una época de fusiones en farmacéuticas, con mucha maquinaria en venta que luego renovarían, y en el que han alcanzado el 50% de cuota de mercado.En la actualidad, la cuarta generación ha entrado ya «con puestos de responsabilidad en distintos departamentos» y -por lo que se ve- asumirán esta nueva expansión, por ahora con la nueva fábrica y la futura, más la anexionada enfrente para la exportación, donde se asume un etiquetado especial para indicar el nombre del importador, un trabajo manual. Y un centro logístico en Torrellano (Elche).De imagen del rock alemán a «airear» las hebras a manoLa visita a sus instalaciones en Novelda se convierte en un recorrido por múltiples anécdotas y curiosidades. En su museo particular, conservan la primera pieza metálica para el envasado de especias y un disco de vinilo de un grupo de rock alternativo alemán que utilizó como imagen de su portada la icónica imagen de Carmencita (la empresa no reclamó derechos de autor).Aunque la aceptación de sus productos se sustenta en el sabor, también depende poderosamente de factores visuales. Por ejemplo, exhiben un frasco con la rotulación de ‘Laurel’ en vertical para no olvidar que representó un fracaso comercial, ya que con las letras en esa posición resultaba ilegible en las tiendas y tuvieron que corregir ese detalle, tal como relata el director de Comunicación de la compañía, David Ruiz.El director de Comunicación de la compañía, David Ruiz, en el museo; la directora de I+D y Calidad, Montse Botella, en el laboratorio, y vistas de uno de los almacenes. Juan Carlos SolerOtras peculiaridades sorprendentes tienen que ver con el azafrán («la joya de la Corona»): varias veces a la semana un experto hace un «aireo» para que las hebras no se peguen, lanzando a mano el preciado tesoro que se cotiza a muchos cientos de euros el kilo, dentro de una cabina especial de aislamiento. Al lado, varios trabajadores de hábiles dedos depositan una pizca tras otra, a delicados pellizcos, la cantidad que unas balanzas de precisión pesan hasta alcanzar el nivel justo, el semáforo pasa de color al verde y vuelta a empezar.Esta intervención manual se combina con tecnología robotizada para preparar los sobrecitos o el envase adecuado en largas cadenas hasta su embalaje.La tecnología juega su papel determinante, por ejemplo, en un laboratorio donde se realizan análisis físico-químicos porque «las especias son susceptibles de adulteraciones y fraudes, viendo parámetros como fibras y alimentando muchos datos para que en cuestión de un minuto se pueda determinar que todo está en orden de calidad» y participan en un programa europeo, tal como detalla Montse Botella, directora de I+D y Calidad. «Hay algunas partidas que se rechazan, si no cumplen», asegura, además de llevar a cabo un «análisis sensorial».La capacidad de stock de la compañía se ha multiplicado tras la pandemia. Juan Carlos SolerEspecialmente vigilantes están con la materia prima ya «molida», no sólo por malas intenciones, sino también por factores meteorológicos como un tifón, que cambia el color, sin ir más lejos. Y trabajan también en nuevos productos que lanzarán en un año, con un equipo dedicado en exclusiva a esta línea de investigación.Las cifras resultantes de esta forma de operar se resumen en: 119 millones de euros de facturación anual con ventas en más de 70 países, 462 empleados, una comercialización de 152 millones de unidades y el objetivo para 2035 de alcanzar los 240 millones.Y prueba de su «compromiso social», los 4.500 menús semanales donados desde hace años a través de Alicante Gastronómica Solidaria, la creación de la Cátedra Carmencita en la Universidad de Alicante, el convenio Basque Culinary Center y el futuro proyecto The School of Spices. RSS de noticias de espana
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