El primer metro de la mañana arranca cuando todavía hay tiendas de campaña en el andén. Tras esquivar con soltura esterillas y sacos de dormir, los transeúntes van ocupando los asientos del vagón. Las alertas siguen vigentes, pero las obligaciones cotidianas también. Pasadas las cinco de la madrugada son muchos los que, móvil en mano, repasan el lanzamiento de los últimos proyectiles. Otros recogen su dormitorio improvisado. Los canales de Telegram informan de que la balística rusa se dirige a la capital . La mayoría de las familias con niños aguantan un poco más bajo tierra.No ha amanecido y los primeros reportes de quienes no han sobrevivido llegan a los titulares. El bombardeo ruso de este 7 de octubre, el día que Vladímir Putin cumple 74 años, se llevó por delante la vida de 20 personas en todo el país. «Hoy, como un ‘regalo’ de cumpleaños para Putin, el Ejército ruso destruyó un edificio residencial en Pryluky», denunció el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.En esta localidad de la norteña región de Chernigov, un misil alcanzó un edificio de cinco plantas. Allí murieron 14 civiles, entre ellos cuatro niños, y los heridos ascienden a casi medio centenar. La ofensiva aérea rusa llevó también la muerte a Kiev y Kremenchuk, con dos fallecidos en cada ciudad. En Oleksandria, región de Kirovogrado, han perdido a dos vecinos más.No fue un ataque sorpresa. Casi ninguno lo es ya en un país que encaja los golpes de los drones día y noche. Lo que distingue a este tipo de ofensivas de los bombardeos cotidianos son los avisos concretos de las autoridades. El propio Zelenski lanzó dos advertencias horas antes: «Les pido, por favor, que se cuiden y que hagan caso a las alertas por amenaza de misiles ».El trastorno para la población comienza mucho antes que las explosiones. Quedarse en casa o acudir al metro es un dilema que apremia con la escalada de bombardeos. Frente a la puerta de una de las estaciones en el distrito de Obolón, Tatiana y Nadezhda apuran un cigarro. Algunos corrillos de vecinos estiran estos instantes al aire libre, mientras las temperaturas del otoño lo permitan, antes de bajar al subsuelo.«Nosotras venimos una y otra vez: venimos, venimos y venimos», insiste Tatiana. Antes de entrar, comentan entre ellas que «por ahora, el cielo está limpio de shaheds». Faltaba todavía algún tiempo para el bombardeo. La conversación termina y se dirigen hacia el andén. Los que deciden no bajar se preparan para resistir en casa. En las últimas plantas de los edificios que rodean el metro, las más peligrosas, algunos pisos siguen con la luz encendida.Debilitar a Ucrania antes del inviernoA medianoche, el goteo de personas cargando camas plegables, sacos de dormir o tiendas de campaña va dejando cada vez menos espacio libre. Una niña de siete u ocho años adelanta a su madre y atraviesa las puertas de cristal. Con un antifaz para dormir en forma de oso panda, está preparada para tratar de conciliar el sueño. Los más pequeños, al abrigo de sus padres, lo consiguen sin mucho esfuerzo aparente. Por la mañana todos acudirán a la escuela y les tocará refugiarse de nuevo al toque de las sirenas.Las primeras explosiones retumban en la capital de Ucrania pasadas las tres de la mañana. Los teléfonos empiezan a sonar. El ataque comienza, pero el silencio general no se quiebra. El metro amortigua bien el sonido de los impactos. Solo un par de veces el llanto de algún niño hace eco en la estación. Tras más de cuatro años de guerra, hasta los perros y gatos se han acostumbrado ya a las bombas rusas.Varias tiendas de campaña desplegadas en el suburbano de Kiev, que se convierte en refugio las noches de bombardeos. Miriam GonzálezLos pronósticos se cumplieron y Rusia lanzó hasta 70 misiles y 130 drones contra varias ciudades de Ucrania. Hubo impactos hasta en 18 lugares. Y la defensa aérea logró abatir hasta 39 misiles de crucero, al menos cinco balísticos y 117 drones. Moscú apuesta por las ofensivas aéreas para dejar de nuevo a Ucrania a oscuras antes del invierno y, en paralelo, golpear el sistema nervioso de todo un país. «Uno de los objetivos clave fue nuestra infraestructura energética. Los rusos querían golpear de manera dolorosa y demostrativa. Este fue uno de los ataques más viles», afirmó el presidente ucraniano en un mensaje publicado en redes sociales.La estación se va despejando a un ritmo perezoso. En otros puntos de la ciudad, el servicio de emergencia ya está asistiendo a los afectados y la capital se pone en marcha poco a poco. Mientras tanto, la policía de Kiev trata de desactivar un misil balístico que no explotó. «Por favor, no se acerquen al lugar», reza el comunicado. El acceso a la zona poblada de edificios residenciales quedó restringido. El primer metro de la mañana arranca cuando todavía hay tiendas de campaña en el andén. Tras esquivar con soltura esterillas y sacos de dormir, los transeúntes van ocupando los asientos del vagón. Las alertas siguen vigentes, pero las obligaciones cotidianas también. Pasadas las cinco de la madrugada son muchos los que, móvil en mano, repasan el lanzamiento de los últimos proyectiles. Otros recogen su dormitorio improvisado. Los canales de Telegram informan de que la balística rusa se dirige a la capital . La mayoría de las familias con niños aguantan un poco más bajo tierra.No ha amanecido y los primeros reportes de quienes no han sobrevivido llegan a los titulares. El bombardeo ruso de este 7 de octubre, el día que Vladímir Putin cumple 74 años, se llevó por delante la vida de 20 personas en todo el país. «Hoy, como un ‘regalo’ de cumpleaños para Putin, el Ejército ruso destruyó un edificio residencial en Pryluky», denunció el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.En esta localidad de la norteña región de Chernigov, un misil alcanzó un edificio de cinco plantas. Allí murieron 14 civiles, entre ellos cuatro niños, y los heridos ascienden a casi medio centenar. La ofensiva aérea rusa llevó también la muerte a Kiev y Kremenchuk, con dos fallecidos en cada ciudad. En Oleksandria, región de Kirovogrado, han perdido a dos vecinos más.No fue un ataque sorpresa. Casi ninguno lo es ya en un país que encaja los golpes de los drones día y noche. Lo que distingue a este tipo de ofensivas de los bombardeos cotidianos son los avisos concretos de las autoridades. El propio Zelenski lanzó dos advertencias horas antes: «Les pido, por favor, que se cuiden y que hagan caso a las alertas por amenaza de misiles ».El trastorno para la población comienza mucho antes que las explosiones. Quedarse en casa o acudir al metro es un dilema que apremia con la escalada de bombardeos. Frente a la puerta de una de las estaciones en el distrito de Obolón, Tatiana y Nadezhda apuran un cigarro. Algunos corrillos de vecinos estiran estos instantes al aire libre, mientras las temperaturas del otoño lo permitan, antes de bajar al subsuelo.«Nosotras venimos una y otra vez: venimos, venimos y venimos», insiste Tatiana. Antes de entrar, comentan entre ellas que «por ahora, el cielo está limpio de shaheds». Faltaba todavía algún tiempo para el bombardeo. La conversación termina y se dirigen hacia el andén. Los que deciden no bajar se preparan para resistir en casa. En las últimas plantas de los edificios que rodean el metro, las más peligrosas, algunos pisos siguen con la luz encendida.Debilitar a Ucrania antes del inviernoA medianoche, el goteo de personas cargando camas plegables, sacos de dormir o tiendas de campaña va dejando cada vez menos espacio libre. Una niña de siete u ocho años adelanta a su madre y atraviesa las puertas de cristal. Con un antifaz para dormir en forma de oso panda, está preparada para tratar de conciliar el sueño. Los más pequeños, al abrigo de sus padres, lo consiguen sin mucho esfuerzo aparente. Por la mañana todos acudirán a la escuela y les tocará refugiarse de nuevo al toque de las sirenas.Las primeras explosiones retumban en la capital de Ucrania pasadas las tres de la mañana. Los teléfonos empiezan a sonar. El ataque comienza, pero el silencio general no se quiebra. El metro amortigua bien el sonido de los impactos. Solo un par de veces el llanto de algún niño hace eco en la estación. Tras más de cuatro años de guerra, hasta los perros y gatos se han acostumbrado ya a las bombas rusas.Varias tiendas de campaña desplegadas en el suburbano de Kiev, que se convierte en refugio las noches de bombardeos. Miriam GonzálezLos pronósticos se cumplieron y Rusia lanzó hasta 70 misiles y 130 drones contra varias ciudades de Ucrania. Hubo impactos hasta en 18 lugares. Y la defensa aérea logró abatir hasta 39 misiles de crucero, al menos cinco balísticos y 117 drones. Moscú apuesta por las ofensivas aéreas para dejar de nuevo a Ucrania a oscuras antes del invierno y, en paralelo, golpear el sistema nervioso de todo un país. «Uno de los objetivos clave fue nuestra infraestructura energética. Los rusos querían golpear de manera dolorosa y demostrativa. Este fue uno de los ataques más viles», afirmó el presidente ucraniano en un mensaje publicado en redes sociales.La estación se va despejando a un ritmo perezoso. En otros puntos de la ciudad, el servicio de emergencia ya está asistiendo a los afectados y la capital se pone en marcha poco a poco. Mientras tanto, la policía de Kiev trata de desactivar un misil balístico que no explotó. «Por favor, no se acerquen al lugar», reza el comunicado. El acceso a la zona poblada de edificios residenciales quedó restringido. El primer metro de la mañana arranca cuando todavía hay tiendas de campaña en el andén. Tras esquivar con soltura esterillas y sacos de dormir, los transeúntes van ocupando los asientos del vagón. Las alertas siguen vigentes, pero las obligaciones cotidianas también. Pasadas las cinco de la madrugada son muchos los que, móvil en mano, repasan el lanzamiento de los últimos proyectiles. Otros recogen su dormitorio improvisado. Los canales de Telegram informan de que la balística rusa se dirige a la capital . La mayoría de las familias con niños aguantan un poco más bajo tierra.No ha amanecido y los primeros reportes de quienes no han sobrevivido llegan a los titulares. El bombardeo ruso de este 7 de octubre, el día que Vladímir Putin cumple 74 años, se llevó por delante la vida de 20 personas en todo el país. «Hoy, como un ‘regalo’ de cumpleaños para Putin, el Ejército ruso destruyó un edificio residencial en Pryluky», denunció el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.En esta localidad de la norteña región de Chernigov, un misil alcanzó un edificio de cinco plantas. Allí murieron 14 civiles, entre ellos cuatro niños, y los heridos ascienden a casi medio centenar. La ofensiva aérea rusa llevó también la muerte a Kiev y Kremenchuk, con dos fallecidos en cada ciudad. En Oleksandria, región de Kirovogrado, han perdido a dos vecinos más.No fue un ataque sorpresa. Casi ninguno lo es ya en un país que encaja los golpes de los drones día y noche. Lo que distingue a este tipo de ofensivas de los bombardeos cotidianos son los avisos concretos de las autoridades. El propio Zelenski lanzó dos advertencias horas antes: «Les pido, por favor, que se cuiden y que hagan caso a las alertas por amenaza de misiles ».El trastorno para la población comienza mucho antes que las explosiones. Quedarse en casa o acudir al metro es un dilema que apremia con la escalada de bombardeos. Frente a la puerta de una de las estaciones en el distrito de Obolón, Tatiana y Nadezhda apuran un cigarro. Algunos corrillos de vecinos estiran estos instantes al aire libre, mientras las temperaturas del otoño lo permitan, antes de bajar al subsuelo.«Nosotras venimos una y otra vez: venimos, venimos y venimos», insiste Tatiana. Antes de entrar, comentan entre ellas que «por ahora, el cielo está limpio de shaheds». Faltaba todavía algún tiempo para el bombardeo. La conversación termina y se dirigen hacia el andén. Los que deciden no bajar se preparan para resistir en casa. En las últimas plantas de los edificios que rodean el metro, las más peligrosas, algunos pisos siguen con la luz encendida.Debilitar a Ucrania antes del inviernoA medianoche, el goteo de personas cargando camas plegables, sacos de dormir o tiendas de campaña va dejando cada vez menos espacio libre. Una niña de siete u ocho años adelanta a su madre y atraviesa las puertas de cristal. Con un antifaz para dormir en forma de oso panda, está preparada para tratar de conciliar el sueño. Los más pequeños, al abrigo de sus padres, lo consiguen sin mucho esfuerzo aparente. Por la mañana todos acudirán a la escuela y les tocará refugiarse de nuevo al toque de las sirenas.Las primeras explosiones retumban en la capital de Ucrania pasadas las tres de la mañana. Los teléfonos empiezan a sonar. El ataque comienza, pero el silencio general no se quiebra. El metro amortigua bien el sonido de los impactos. Solo un par de veces el llanto de algún niño hace eco en la estación. Tras más de cuatro años de guerra, hasta los perros y gatos se han acostumbrado ya a las bombas rusas.Varias tiendas de campaña desplegadas en el suburbano de Kiev, que se convierte en refugio las noches de bombardeos. Miriam GonzálezLos pronósticos se cumplieron y Rusia lanzó hasta 70 misiles y 130 drones contra varias ciudades de Ucrania. Hubo impactos hasta en 18 lugares. Y la defensa aérea logró abatir hasta 39 misiles de crucero, al menos cinco balísticos y 117 drones. Moscú apuesta por las ofensivas aéreas para dejar de nuevo a Ucrania a oscuras antes del invierno y, en paralelo, golpear el sistema nervioso de todo un país. «Uno de los objetivos clave fue nuestra infraestructura energética. Los rusos querían golpear de manera dolorosa y demostrativa. Este fue uno de los ataques más viles», afirmó el presidente ucraniano en un mensaje publicado en redes sociales.La estación se va despejando a un ritmo perezoso. En otros puntos de la ciudad, el servicio de emergencia ya está asistiendo a los afectados y la capital se pone en marcha poco a poco. Mientras tanto, la policía de Kiev trata de desactivar un misil balístico que no explotó. «Por favor, no se acerquen al lugar», reza el comunicado. El acceso a la zona poblada de edificios residenciales quedó restringido. RSS de noticias de internacional
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