El torero Pablo Aguado recibía este sábado el II Premio Curro Romero que otorga el Real Círculo de Labradores y Propietarios con un corto pero lleno de sentimiento discurso dedicado a tres figuras cruciales para él. La del propio Faraón de Camas, la del otro diestro que le precede en la lista de merecedores de este reconocimiento, Juan Antonio Ruiz, Espartaco , y la de su padre.El acto se celebró inmediatamente después del XIV Pregón Taurino que la institución sevillana realiza en su sede de Pedro Caravaca y que corrió a cargo del presidente de la plaza de toros de la Maestranza, José Luque Teruel. Tras la presentación de su figura a cargo del presidente del Real Círculo de Labradores y Propietarios , Benito Mateos-Nevado Alonso, el matador de toros que cortó cuatro orejas en una histórica tarde de mayo, recogió la estatuilla con unas sentidas palabras.«Estoy sobrepasado de recibir este premio de manos del maestro y además hacerlo en su segunda edición después de que el año pasado le fuera otorgado a Espartaco. Venía pensando hacia aquí y todo me evocaba a mi niñez y a mi padre. Yo crecí admirando al maestro como un ídolo, como sigo viéndolo a día de hoy y crecí también escuchando en casa hablar con orgullo de la amistad que tenían con el maestro Espartaco», empezó para continuar después con la referencia a su progenitor. «Y de mi padre, muy prudente en los consejos taurinos, recuerdo uno de los pocos que me dio: ‘Pablo, como Curro, el capote muy cortito’. Después me di cuenta de que eso era muy difícil de conseguir». El torero sevillano alabó después las dos fórmulas magistrales, las dos formas de entender el toreo de sus referentes. «Son dos maestros que definen a la perfección la esencia de la Sevilla taurina más pura. La del arte, la gracia, el duende del maestro Romero y la generosidad, verdad y la profesionalidad de Espartaco». A su juicio, la una y la otra «desembocan en lo más importante que tiene que tener un torero para llegar al corazón más hondo de Sevilla, que es la humildad, la sencillez y, en definitiva, de ser buenas personas». Por eso, continuó emocionado y mirando a Curro Romero, sentado en el público. «Sólo le pido a Dios, maestro, que más allá de triunfos, de éxitos, de la gloria que el toro nos puede llegar a dar, algún día seguir los pasos de grandeza y categoría humana que usted nos demuestra a todos nosotros todos los días, porque tiene que ser muy bonito andar por Sevilla, andar por el mundo siendo tan querido y bajo el manto del respeto. Muchas gracias, maestro, por su fidelidad». Por último, Aguado trasladó al Real Círculo de Labradores su orgullo por ser merecedor de este reconocimiento «tan sevillano y especial». «Cuando venía hacia aquí, me preguntaba a mí mismo ‘¿quién te lo iba a decir?’ O mejor dicho, ¿quién se lo iba a decir a mi padre?», terminó como guiño a esa tercera figura que guía al joven diestro. El torero Pablo Aguado recibía este sábado el II Premio Curro Romero que otorga el Real Círculo de Labradores y Propietarios con un corto pero lleno de sentimiento discurso dedicado a tres figuras cruciales para él. La del propio Faraón de Camas, la del otro diestro que le precede en la lista de merecedores de este reconocimiento, Juan Antonio Ruiz, Espartaco , y la de su padre.El acto se celebró inmediatamente después del XIV Pregón Taurino que la institución sevillana realiza en su sede de Pedro Caravaca y que corrió a cargo del presidente de la plaza de toros de la Maestranza, José Luque Teruel. Tras la presentación de su figura a cargo del presidente del Real Círculo de Labradores y Propietarios , Benito Mateos-Nevado Alonso, el matador de toros que cortó cuatro orejas en una histórica tarde de mayo, recogió la estatuilla con unas sentidas palabras.«Estoy sobrepasado de recibir este premio de manos del maestro y además hacerlo en su segunda edición después de que el año pasado le fuera otorgado a Espartaco. Venía pensando hacia aquí y todo me evocaba a mi niñez y a mi padre. Yo crecí admirando al maestro como un ídolo, como sigo viéndolo a día de hoy y crecí también escuchando en casa hablar con orgullo de la amistad que tenían con el maestro Espartaco», empezó para continuar después con la referencia a su progenitor. «Y de mi padre, muy prudente en los consejos taurinos, recuerdo uno de los pocos que me dio: ‘Pablo, como Curro, el capote muy cortito’. Después me di cuenta de que eso era muy difícil de conseguir». El torero sevillano alabó después las dos fórmulas magistrales, las dos formas de entender el toreo de sus referentes. «Son dos maestros que definen a la perfección la esencia de la Sevilla taurina más pura. La del arte, la gracia, el duende del maestro Romero y la generosidad, verdad y la profesionalidad de Espartaco». A su juicio, la una y la otra «desembocan en lo más importante que tiene que tener un torero para llegar al corazón más hondo de Sevilla, que es la humildad, la sencillez y, en definitiva, de ser buenas personas». Por eso, continuó emocionado y mirando a Curro Romero, sentado en el público. «Sólo le pido a Dios, maestro, que más allá de triunfos, de éxitos, de la gloria que el toro nos puede llegar a dar, algún día seguir los pasos de grandeza y categoría humana que usted nos demuestra a todos nosotros todos los días, porque tiene que ser muy bonito andar por Sevilla, andar por el mundo siendo tan querido y bajo el manto del respeto. Muchas gracias, maestro, por su fidelidad». Por último, Aguado trasladó al Real Círculo de Labradores su orgullo por ser merecedor de este reconocimiento «tan sevillano y especial». «Cuando venía hacia aquí, me preguntaba a mí mismo ‘¿quién te lo iba a decir?’ O mejor dicho, ¿quién se lo iba a decir a mi padre?», terminó como guiño a esa tercera figura que guía al joven diestro. El torero Pablo Aguado recibía este sábado el II Premio Curro Romero que otorga el Real Círculo de Labradores y Propietarios con un corto pero lleno de sentimiento discurso dedicado a tres figuras cruciales para él. La del propio Faraón de Camas, la del otro diestro que le precede en la lista de merecedores de este reconocimiento, Juan Antonio Ruiz, Espartaco , y la de su padre.El acto se celebró inmediatamente después del XIV Pregón Taurino que la institución sevillana realiza en su sede de Pedro Caravaca y que corrió a cargo del presidente de la plaza de toros de la Maestranza, José Luque Teruel. Tras la presentación de su figura a cargo del presidente del Real Círculo de Labradores y Propietarios , Benito Mateos-Nevado Alonso, el matador de toros que cortó cuatro orejas en una histórica tarde de mayo, recogió la estatuilla con unas sentidas palabras.«Estoy sobrepasado de recibir este premio de manos del maestro y además hacerlo en su segunda edición después de que el año pasado le fuera otorgado a Espartaco. Venía pensando hacia aquí y todo me evocaba a mi niñez y a mi padre. Yo crecí admirando al maestro como un ídolo, como sigo viéndolo a día de hoy y crecí también escuchando en casa hablar con orgullo de la amistad que tenían con el maestro Espartaco», empezó para continuar después con la referencia a su progenitor. «Y de mi padre, muy prudente en los consejos taurinos, recuerdo uno de los pocos que me dio: ‘Pablo, como Curro, el capote muy cortito’. Después me di cuenta de que eso era muy difícil de conseguir». El torero sevillano alabó después las dos fórmulas magistrales, las dos formas de entender el toreo de sus referentes. «Son dos maestros que definen a la perfección la esencia de la Sevilla taurina más pura. La del arte, la gracia, el duende del maestro Romero y la generosidad, verdad y la profesionalidad de Espartaco». A su juicio, la una y la otra «desembocan en lo más importante que tiene que tener un torero para llegar al corazón más hondo de Sevilla, que es la humildad, la sencillez y, en definitiva, de ser buenas personas». Por eso, continuó emocionado y mirando a Curro Romero, sentado en el público. «Sólo le pido a Dios, maestro, que más allá de triunfos, de éxitos, de la gloria que el toro nos puede llegar a dar, algún día seguir los pasos de grandeza y categoría humana que usted nos demuestra a todos nosotros todos los días, porque tiene que ser muy bonito andar por Sevilla, andar por el mundo siendo tan querido y bajo el manto del respeto. Muchas gracias, maestro, por su fidelidad». Por último, Aguado trasladó al Real Círculo de Labradores su orgullo por ser merecedor de este reconocimiento «tan sevillano y especial». «Cuando venía hacia aquí, me preguntaba a mí mismo ‘¿quién te lo iba a decir?’ O mejor dicho, ¿quién se lo iba a decir a mi padre?», terminó como guiño a esa tercera figura que guía al joven diestro. RSS de noticias de cultura
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