Comer es un acto que repetimos cada día durante varios momentos para nutrirnos y darle a nuestro cuerpo y nuestra mente la energía necesaria para desarrollar todas las funciones que necesitamos cada jornada.Así, muchas personas adaptan lo que comen a sus necesidades y ritmo de vida. Por ejemplo, un futbolista o nadador come muchas más calorías que una persona que apenas realiza actividad física. Lo mismo ocurre cuando alguien es diagnosticado con un déficit de algún nutriente, debiendo incorporar más alimentos que lo contengan a su dieta, siempre en la medida de lo posible y contando con ayuda profesional. Noticia relacionada general No No Pablo Ojeda, nutricionista: «Uno de los mayores más comunes que veo cuando llega el verano es la retención de líquidos y el problema no es la sal» I. AsenjoSin embargo, en muchas ocasiones no solo comemos pensando en nutrirnos correctamente, ya que también ingerimos alimentos poco sanos porque estamos en una fiesta o simplemente porque nos apetece o nos da ‘antojo’ de algún tipo de comida en concreto. Esto, dentro de una normalidad y manteniendo una dieta equilibrada y variada la mayoría del tiempo, junto con una vida activa, no tiene por qué suponer algo negativo. No obstante, debemos prestar atención si ocurre de una manera en la qu e no sentimos el control de lo que comemos o realmente nos excedemos y recurrirmos a la comida por otros motivos que no sean tener hambre. Pablo Ojeda, sobre confundir el hambre con necesidades emocionalesSobre ello ha hablado en sus redes sociales el conocido nutricionista Pablo Ojeda, quien se ha centrado en algo que puede recibir el nombre de hambre emocional . Así, el profesional expone que «la investigación en conducta alimentaria muestra que comer puede actuar como una estrategia de regulación emocional a corto plazo», algo que puede suponer algo negativo para nuestra salud y nuestros hábitos. «El problema no es la emoción. El problema es que la comida se convierta en la única herramienta para gestionarla» y ennumera algunas emociones que solemos confundir con hambre en muchas ocasiones porque «tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» . Así, explica que a veces se interpretan como hambre «estré, cansancio, aburrimiento, ansiedad, soledad, frustración o necesidad de recompensa». Además, especifica que en el caso del cansancio, el cerebro «busca energía rápida» , lo cual causa que aparezcan «antojos de chocolate, galletas, pan o ultraprocesados» y destaca que a veces no necesitamos comer, sino descansar.«Tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» Pablo Ojeda NutrionistaPara los casos de estrés, «la comida palatable genera alivio momentáneo » expone Ojeda, algo que sucede parecido a cuando comemos por ansiedad ya que «puede producir una sensación temporal de calma», pero el problema es que no resuelve lo que la provocó y vuelve. En el caso de comer por aburrimiento, Ojeda indica que «el cerebro odia aburrirse» por lo que busca estimulación y se entretiene con la comida. Cuando alguien come por soledad puede ser porque «muchas personas no buscan comida, buscan consuelo» , sobre todo por las noches. Comer por frustración, por ejemplo, puede ocurrir porque el día ha ido mal «y aparece una voz interna» que dice que te lo mereces o lo necesitas, tomándolo como una «recompensa emocional» . Esto está relacionado con comer por necesidad de recomenensa, ya que, al pasarnos el día exigiéndonos, «por la noche aparece el ‘ahora me toca a mí’» y, según Ojeda «muchas veces el dulce no es hambre, sino recompensa». Para Ojeda, cuando esto ocurre una de las claves es entender que el problema de muchas personas no tiene por qué ser la comida, si no que es algo emocional «y cuando entiendes eso dejas de pelearte contigo y empiezas a ayudarte », concluye. Comer es un acto que repetimos cada día durante varios momentos para nutrirnos y darle a nuestro cuerpo y nuestra mente la energía necesaria para desarrollar todas las funciones que necesitamos cada jornada.Así, muchas personas adaptan lo que comen a sus necesidades y ritmo de vida. Por ejemplo, un futbolista o nadador come muchas más calorías que una persona que apenas realiza actividad física. Lo mismo ocurre cuando alguien es diagnosticado con un déficit de algún nutriente, debiendo incorporar más alimentos que lo contengan a su dieta, siempre en la medida de lo posible y contando con ayuda profesional. Noticia relacionada general No No Pablo Ojeda, nutricionista: «Uno de los mayores más comunes que veo cuando llega el verano es la retención de líquidos y el problema no es la sal» I. AsenjoSin embargo, en muchas ocasiones no solo comemos pensando en nutrirnos correctamente, ya que también ingerimos alimentos poco sanos porque estamos en una fiesta o simplemente porque nos apetece o nos da ‘antojo’ de algún tipo de comida en concreto. Esto, dentro de una normalidad y manteniendo una dieta equilibrada y variada la mayoría del tiempo, junto con una vida activa, no tiene por qué suponer algo negativo. No obstante, debemos prestar atención si ocurre de una manera en la qu e no sentimos el control de lo que comemos o realmente nos excedemos y recurrirmos a la comida por otros motivos que no sean tener hambre. Pablo Ojeda, sobre confundir el hambre con necesidades emocionalesSobre ello ha hablado en sus redes sociales el conocido nutricionista Pablo Ojeda, quien se ha centrado en algo que puede recibir el nombre de hambre emocional . Así, el profesional expone que «la investigación en conducta alimentaria muestra que comer puede actuar como una estrategia de regulación emocional a corto plazo», algo que puede suponer algo negativo para nuestra salud y nuestros hábitos. «El problema no es la emoción. El problema es que la comida se convierta en la única herramienta para gestionarla» y ennumera algunas emociones que solemos confundir con hambre en muchas ocasiones porque «tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» . Así, explica que a veces se interpretan como hambre «estré, cansancio, aburrimiento, ansiedad, soledad, frustración o necesidad de recompensa». Además, especifica que en el caso del cansancio, el cerebro «busca energía rápida» , lo cual causa que aparezcan «antojos de chocolate, galletas, pan o ultraprocesados» y destaca que a veces no necesitamos comer, sino descansar.«Tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» Pablo Ojeda NutrionistaPara los casos de estrés, «la comida palatable genera alivio momentáneo » expone Ojeda, algo que sucede parecido a cuando comemos por ansiedad ya que «puede producir una sensación temporal de calma», pero el problema es que no resuelve lo que la provocó y vuelve. En el caso de comer por aburrimiento, Ojeda indica que «el cerebro odia aburrirse» por lo que busca estimulación y se entretiene con la comida. Cuando alguien come por soledad puede ser porque «muchas personas no buscan comida, buscan consuelo» , sobre todo por las noches. Comer por frustración, por ejemplo, puede ocurrir porque el día ha ido mal «y aparece una voz interna» que dice que te lo mereces o lo necesitas, tomándolo como una «recompensa emocional» . Esto está relacionado con comer por necesidad de recomenensa, ya que, al pasarnos el día exigiéndonos, «por la noche aparece el ‘ahora me toca a mí’» y, según Ojeda «muchas veces el dulce no es hambre, sino recompensa». Para Ojeda, cuando esto ocurre una de las claves es entender que el problema de muchas personas no tiene por qué ser la comida, si no que es algo emocional «y cuando entiendes eso dejas de pelearte contigo y empiezas a ayudarte », concluye. Comer es un acto que repetimos cada día durante varios momentos para nutrirnos y darle a nuestro cuerpo y nuestra mente la energía necesaria para desarrollar todas las funciones que necesitamos cada jornada.Así, muchas personas adaptan lo que comen a sus necesidades y ritmo de vida. Por ejemplo, un futbolista o nadador come muchas más calorías que una persona que apenas realiza actividad física. Lo mismo ocurre cuando alguien es diagnosticado con un déficit de algún nutriente, debiendo incorporar más alimentos que lo contengan a su dieta, siempre en la medida de lo posible y contando con ayuda profesional. Noticia relacionada general No No Pablo Ojeda, nutricionista: «Uno de los mayores más comunes que veo cuando llega el verano es la retención de líquidos y el problema no es la sal» I. AsenjoSin embargo, en muchas ocasiones no solo comemos pensando en nutrirnos correctamente, ya que también ingerimos alimentos poco sanos porque estamos en una fiesta o simplemente porque nos apetece o nos da ‘antojo’ de algún tipo de comida en concreto. Esto, dentro de una normalidad y manteniendo una dieta equilibrada y variada la mayoría del tiempo, junto con una vida activa, no tiene por qué suponer algo negativo. No obstante, debemos prestar atención si ocurre de una manera en la qu e no sentimos el control de lo que comemos o realmente nos excedemos y recurrirmos a la comida por otros motivos que no sean tener hambre. Pablo Ojeda, sobre confundir el hambre con necesidades emocionalesSobre ello ha hablado en sus redes sociales el conocido nutricionista Pablo Ojeda, quien se ha centrado en algo que puede recibir el nombre de hambre emocional . Así, el profesional expone que «la investigación en conducta alimentaria muestra que comer puede actuar como una estrategia de regulación emocional a corto plazo», algo que puede suponer algo negativo para nuestra salud y nuestros hábitos. «El problema no es la emoción. El problema es que la comida se convierta en la única herramienta para gestionarla» y ennumera algunas emociones que solemos confundir con hambre en muchas ocasiones porque «tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» . Así, explica que a veces se interpretan como hambre «estré, cansancio, aburrimiento, ansiedad, soledad, frustración o necesidad de recompensa». Además, especifica que en el caso del cansancio, el cerebro «busca energía rápida» , lo cual causa que aparezcan «antojos de chocolate, galletas, pan o ultraprocesados» y destaca que a veces no necesitamos comer, sino descansar.«Tu cerebro no siempre diferencia bien lo que te pasa» Pablo Ojeda NutrionistaPara los casos de estrés, «la comida palatable genera alivio momentáneo » expone Ojeda, algo que sucede parecido a cuando comemos por ansiedad ya que «puede producir una sensación temporal de calma», pero el problema es que no resuelve lo que la provocó y vuelve. En el caso de comer por aburrimiento, Ojeda indica que «el cerebro odia aburrirse» por lo que busca estimulación y se entretiene con la comida. Cuando alguien come por soledad puede ser porque «muchas personas no buscan comida, buscan consuelo» , sobre todo por las noches. Comer por frustración, por ejemplo, puede ocurrir porque el día ha ido mal «y aparece una voz interna» que dice que te lo mereces o lo necesitas, tomándolo como una «recompensa emocional» . Esto está relacionado con comer por necesidad de recomenensa, ya que, al pasarnos el día exigiéndonos, «por la noche aparece el ‘ahora me toca a mí’» y, según Ojeda «muchas veces el dulce no es hambre, sino recompensa». Para Ojeda, cuando esto ocurre una de las claves es entender que el problema de muchas personas no tiene por qué ser la comida, si no que es algo emocional «y cuando entiendes eso dejas de pelearte contigo y empiezas a ayudarte », concluye. RSS de noticias de bienestar
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