El fútbol, a veces, se empeña en subrayar aquello que uno lleva tiempo sintiendo internamente y Rodrigo Riquelme no necesitaba demasiadas señales para convencerse de que la temporada 26-27 que acaba de comenzar de forma oficial podía ser diferente. El madrileño encontró en el debut liguero ante la Real Sociedad la confirmación que buscaba: un gol decisivo, tres puntos para el Betis y la prolongación de una dinámica que ya venía anunciando durante la pretemporada. Su tanto no fue únicamente el gol de la victoria. Fue también una reivindicación. Riquelme llegaba al estreno oficial del campeonato como uno de los nombres propios de la preparación verdiblanca. Desde el primer stage en Klosterpforte, en Alemania, sus actuaciones habían dejado sensaciones positivas. Había aparecido con frecuencia cerca del área, había mostrado desborde, capacidad para atacar los espacios y, sobre todo, una relación con el gol que no siempre le había acompañado con tanta continuidad. Durante los amistosos había encontrado portería con asiduidad y había terminado instalado entre los máximos goleadores de la pretemporada del Betis, junto a Nelson Deossa y Pablo García. El rendimiento no garantizaba nada, pero sí alimentaba una expectativa: quizá había llegado el momento de que todo aquello que Riquelme había enseñado a cuentagotas encontrara continuidad competitiva.Ante la Real Sociedad, el atacante madrileño volvió a aparecer donde aparecen los futbolistas que quieren ser importantes: en el área y en el momento decisivo. Su gol -gran definición al pase de Cucho Hernández por encima del defensor realista- resolvió un partido exigente y convirtió sus buenas semanas de preparación en una evidencia trasladada ya al campeonato. La alegría fue inmediata, pero también tuvo un componente de reivindicación. Riquelme sabe que tiene a Abde por delante cuando el marroquí esté totalmente recuperado de la lesión que sufrió antes del Mundial, pero tiene por delante partidos para demostrar que ha cambiado después de lo mostrado durante la temporada pasada y que puede ser una buena competencia para el extremo magrebí y un seguro en la rotación de Pellegrini.El técnico chileno ha detectado virtudes evidentes y también un margen de crecimiento y mejora considerable. Después del partido ante la Real Sociedad, lo resumió con claridad: «Riquelme tiene muchas condiciones para ser buen jugador. Tiene que bajar las revoluciones cerca del área. Tiene uno contra uno, gol, remate, pero tiene que tener una pequeña pausa. Está haciendo una autocrítica de lo que tiene que mejorar y él sabe lo que estoy diciendo. No es un jugador que rechace las críticas. Él es consciente de que tiene un amplio margen de mejora». El fútbol de Riquelme nace de la aceleración. Cuando recibe, quiere encarar. Cuando encuentra un metro, busca el remate. Cuando detecta una posibilidad de desequilibrio, su primer impulso suele ser atacar. Esa energía forma parte de su naturaleza futbolística y es, al mismo tiempo, uno de los aspectos que debe aprender a gobernar. Porque la pausa a la que se refiere Pellegrini no significa jugar más despacio, sino a tener más calma en los metros finales a la hora de elegir la mejor decisión. Saber cuándo el defensor está desequilibrado, cuándo existe un pase más claro que el disparo, cuándo conviene conducir un metro más y cuándo hay que finalizar la jugada. En un futbolista que vive tan cerca del último tercio, esa diferencia puede convertir una buena acción en una ocasión clara y una ocasión en un gol.Abde, el mejor ejemploPrecisamente, el mejor ejemplo que puede tener cerca Riquelme respecto a esta mejoría personal en su rendimiento siempre en beneficio del equipo es el futbolista con el que compite por el puesto, Abde. El marroquí conoce perfectamente las exigencias de Pellegrini y representa un espejo especialmente útil para el madrileño. Abde también ha construido buena parte de su fútbol desde el desborde, la velocidad y el uno contra uno, pero su evolución ha pasado por aprender a convertir esas virtudes en acciones más productivas.Ahí puede encontrar Riquelme una de las mejores lecciones. No se trata de competir contra Abde únicamente por la posición en el equipo, sino de observar qué necesita un extremo para dar el salto definitivo. El talento abre la puerta, pero la regularidad es la que permite permanecer dentro. El Betis necesita futbolistas capaces de desequilibrar partidos y Riquelme tiene herramientas para hacerlo. La cuestión es que esas herramientas aparezcan cada vez con mayor frecuencia y con un grado de precisión superior, como ha hecho el marroquí en las últimas dos temporadas, siendo la que terminó en mayo su mejor campaña como futbolista del Betis, en una clara evolución hacia arriba.ContinuidadEstá claro que un gol en la primera jornada no resuelve una temporada, del mismo modo que una buena pretemporada no garantiza un puesto. Pero sí puede marcar la tendencia de lo que puede ser el curso, con los posibles altibajos que pueda tener. Riquelme ha empezado con una declaración de intenciones: gol, victoria y protagonismo. Pellegrini, mientras tanto, le señala el siguiente escalón: menos revoluciones y más pausa para tomar mejores decisiones en las cercanías del área.En esa aparente contradicción está el futuro del madrileño. El Betis quiere aprovechar su capacidad para romper partidos sin que esa energía termine jugando en su contra. Y Riquelme tiene delante la oportunidad de demostrar que puede incorporar esa pausa sin perder el descaro que le hace diferente. Ahora le queda lo más difícil por delante, darle continuidad y sostenerlo en el tiempo. El fútbol, a veces, se empeña en subrayar aquello que uno lleva tiempo sintiendo internamente y Rodrigo Riquelme no necesitaba demasiadas señales para convencerse de que la temporada 26-27 que acaba de comenzar de forma oficial podía ser diferente. El madrileño encontró en el debut liguero ante la Real Sociedad la confirmación que buscaba: un gol decisivo, tres puntos para el Betis y la prolongación de una dinámica que ya venía anunciando durante la pretemporada. Su tanto no fue únicamente el gol de la victoria. Fue también una reivindicación. Riquelme llegaba al estreno oficial del campeonato como uno de los nombres propios de la preparación verdiblanca. Desde el primer stage en Klosterpforte, en Alemania, sus actuaciones habían dejado sensaciones positivas. Había aparecido con frecuencia cerca del área, había mostrado desborde, capacidad para atacar los espacios y, sobre todo, una relación con el gol que no siempre le había acompañado con tanta continuidad. Durante los amistosos había encontrado portería con asiduidad y había terminado instalado entre los máximos goleadores de la pretemporada del Betis, junto a Nelson Deossa y Pablo García. El rendimiento no garantizaba nada, pero sí alimentaba una expectativa: quizá había llegado el momento de que todo aquello que Riquelme había enseñado a cuentagotas encontrara continuidad competitiva.Ante la Real Sociedad, el atacante madrileño volvió a aparecer donde aparecen los futbolistas que quieren ser importantes: en el área y en el momento decisivo. Su gol -gran definición al pase de Cucho Hernández por encima del defensor realista- resolvió un partido exigente y convirtió sus buenas semanas de preparación en una evidencia trasladada ya al campeonato. La alegría fue inmediata, pero también tuvo un componente de reivindicación. Riquelme sabe que tiene a Abde por delante cuando el marroquí esté totalmente recuperado de la lesión que sufrió antes del Mundial, pero tiene por delante partidos para demostrar que ha cambiado después de lo mostrado durante la temporada pasada y que puede ser una buena competencia para el extremo magrebí y un seguro en la rotación de Pellegrini.El técnico chileno ha detectado virtudes evidentes y también un margen de crecimiento y mejora considerable. Después del partido ante la Real Sociedad, lo resumió con claridad: «Riquelme tiene muchas condiciones para ser buen jugador. Tiene que bajar las revoluciones cerca del área. Tiene uno contra uno, gol, remate, pero tiene que tener una pequeña pausa. Está haciendo una autocrítica de lo que tiene que mejorar y él sabe lo que estoy diciendo. No es un jugador que rechace las críticas. Él es consciente de que tiene un amplio margen de mejora». El fútbol de Riquelme nace de la aceleración. Cuando recibe, quiere encarar. Cuando encuentra un metro, busca el remate. Cuando detecta una posibilidad de desequilibrio, su primer impulso suele ser atacar. Esa energía forma parte de su naturaleza futbolística y es, al mismo tiempo, uno de los aspectos que debe aprender a gobernar. Porque la pausa a la que se refiere Pellegrini no significa jugar más despacio, sino a tener más calma en los metros finales a la hora de elegir la mejor decisión. Saber cuándo el defensor está desequilibrado, cuándo existe un pase más claro que el disparo, cuándo conviene conducir un metro más y cuándo hay que finalizar la jugada. En un futbolista que vive tan cerca del último tercio, esa diferencia puede convertir una buena acción en una ocasión clara y una ocasión en un gol.Abde, el mejor ejemploPrecisamente, el mejor ejemplo que puede tener cerca Riquelme respecto a esta mejoría personal en su rendimiento siempre en beneficio del equipo es el futbolista con el que compite por el puesto, Abde. El marroquí conoce perfectamente las exigencias de Pellegrini y representa un espejo especialmente útil para el madrileño. Abde también ha construido buena parte de su fútbol desde el desborde, la velocidad y el uno contra uno, pero su evolución ha pasado por aprender a convertir esas virtudes en acciones más productivas.Ahí puede encontrar Riquelme una de las mejores lecciones. No se trata de competir contra Abde únicamente por la posición en el equipo, sino de observar qué necesita un extremo para dar el salto definitivo. El talento abre la puerta, pero la regularidad es la que permite permanecer dentro. El Betis necesita futbolistas capaces de desequilibrar partidos y Riquelme tiene herramientas para hacerlo. La cuestión es que esas herramientas aparezcan cada vez con mayor frecuencia y con un grado de precisión superior, como ha hecho el marroquí en las últimas dos temporadas, siendo la que terminó en mayo su mejor campaña como futbolista del Betis, en una clara evolución hacia arriba.ContinuidadEstá claro que un gol en la primera jornada no resuelve una temporada, del mismo modo que una buena pretemporada no garantiza un puesto. Pero sí puede marcar la tendencia de lo que puede ser el curso, con los posibles altibajos que pueda tener. Riquelme ha empezado con una declaración de intenciones: gol, victoria y protagonismo. Pellegrini, mientras tanto, le señala el siguiente escalón: menos revoluciones y más pausa para tomar mejores decisiones en las cercanías del área.En esa aparente contradicción está el futuro del madrileño. El Betis quiere aprovechar su capacidad para romper partidos sin que esa energía termine jugando en su contra. Y Riquelme tiene delante la oportunidad de demostrar que puede incorporar esa pausa sin perder el descaro que le hace diferente. Ahora le queda lo más difícil por delante, darle continuidad y sostenerlo en el tiempo. El fútbol, a veces, se empeña en subrayar aquello que uno lleva tiempo sintiendo internamente y Rodrigo Riquelme no necesitaba demasiadas señales para convencerse de que la temporada 26-27 que acaba de comenzar de forma oficial podía ser diferente. El madrileño encontró en el debut liguero ante la Real Sociedad la confirmación que buscaba: un gol decisivo, tres puntos para el Betis y la prolongación de una dinámica que ya venía anunciando durante la pretemporada. Su tanto no fue únicamente el gol de la victoria. Fue también una reivindicación. Riquelme llegaba al estreno oficial del campeonato como uno de los nombres propios de la preparación verdiblanca. Desde el primer stage en Klosterpforte, en Alemania, sus actuaciones habían dejado sensaciones positivas. Había aparecido con frecuencia cerca del área, había mostrado desborde, capacidad para atacar los espacios y, sobre todo, una relación con el gol que no siempre le había acompañado con tanta continuidad. Durante los amistosos había encontrado portería con asiduidad y había terminado instalado entre los máximos goleadores de la pretemporada del Betis, junto a Nelson Deossa y Pablo García. El rendimiento no garantizaba nada, pero sí alimentaba una expectativa: quizá había llegado el momento de que todo aquello que Riquelme había enseñado a cuentagotas encontrara continuidad competitiva.Ante la Real Sociedad, el atacante madrileño volvió a aparecer donde aparecen los futbolistas que quieren ser importantes: en el área y en el momento decisivo. Su gol -gran definición al pase de Cucho Hernández por encima del defensor realista- resolvió un partido exigente y convirtió sus buenas semanas de preparación en una evidencia trasladada ya al campeonato. La alegría fue inmediata, pero también tuvo un componente de reivindicación. Riquelme sabe que tiene a Abde por delante cuando el marroquí esté totalmente recuperado de la lesión que sufrió antes del Mundial, pero tiene por delante partidos para demostrar que ha cambiado después de lo mostrado durante la temporada pasada y que puede ser una buena competencia para el extremo magrebí y un seguro en la rotación de Pellegrini.El técnico chileno ha detectado virtudes evidentes y también un margen de crecimiento y mejora considerable. Después del partido ante la Real Sociedad, lo resumió con claridad: «Riquelme tiene muchas condiciones para ser buen jugador. Tiene que bajar las revoluciones cerca del área. Tiene uno contra uno, gol, remate, pero tiene que tener una pequeña pausa. Está haciendo una autocrítica de lo que tiene que mejorar y él sabe lo que estoy diciendo. No es un jugador que rechace las críticas. Él es consciente de que tiene un amplio margen de mejora». El fútbol de Riquelme nace de la aceleración. Cuando recibe, quiere encarar. Cuando encuentra un metro, busca el remate. Cuando detecta una posibilidad de desequilibrio, su primer impulso suele ser atacar. Esa energía forma parte de su naturaleza futbolística y es, al mismo tiempo, uno de los aspectos que debe aprender a gobernar. Porque la pausa a la que se refiere Pellegrini no significa jugar más despacio, sino a tener más calma en los metros finales a la hora de elegir la mejor decisión. Saber cuándo el defensor está desequilibrado, cuándo existe un pase más claro que el disparo, cuándo conviene conducir un metro más y cuándo hay que finalizar la jugada. En un futbolista que vive tan cerca del último tercio, esa diferencia puede convertir una buena acción en una ocasión clara y una ocasión en un gol.Abde, el mejor ejemploPrecisamente, el mejor ejemplo que puede tener cerca Riquelme respecto a esta mejoría personal en su rendimiento siempre en beneficio del equipo es el futbolista con el que compite por el puesto, Abde. El marroquí conoce perfectamente las exigencias de Pellegrini y representa un espejo especialmente útil para el madrileño. Abde también ha construido buena parte de su fútbol desde el desborde, la velocidad y el uno contra uno, pero su evolución ha pasado por aprender a convertir esas virtudes en acciones más productivas.Ahí puede encontrar Riquelme una de las mejores lecciones. No se trata de competir contra Abde únicamente por la posición en el equipo, sino de observar qué necesita un extremo para dar el salto definitivo. El talento abre la puerta, pero la regularidad es la que permite permanecer dentro. El Betis necesita futbolistas capaces de desequilibrar partidos y Riquelme tiene herramientas para hacerlo. La cuestión es que esas herramientas aparezcan cada vez con mayor frecuencia y con un grado de precisión superior, como ha hecho el marroquí en las últimas dos temporadas, siendo la que terminó en mayo su mejor campaña como futbolista del Betis, en una clara evolución hacia arriba.ContinuidadEstá claro que un gol en la primera jornada no resuelve una temporada, del mismo modo que una buena pretemporada no garantiza un puesto. Pero sí puede marcar la tendencia de lo que puede ser el curso, con los posibles altibajos que pueda tener. Riquelme ha empezado con una declaración de intenciones: gol, victoria y protagonismo. Pellegrini, mientras tanto, le señala el siguiente escalón: menos revoluciones y más pausa para tomar mejores decisiones en las cercanías del área.En esa aparente contradicción está el futuro del madrileño. El Betis quiere aprovechar su capacidad para romper partidos sin que esa energía termine jugando en su contra. Y Riquelme tiene delante la oportunidad de demostrar que puede incorporar esa pausa sin perder el descaro que le hace diferente. Ahora le queda lo más difícil por delante, darle continuidad y sostenerlo en el tiempo. RSS de noticias de deportes
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