En abril de 2027 se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que pueden acabar siendo el último asidero del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez . En caso de una victoria de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, Sánchez podría presentarse ante las urnas en España reclamando el papel de principal bastión europeo contra la extrema derecha como argumento de campaña. Si en Europa avanza la polarización, el dirigente socialista español estaría en su salsa.Este otoño el preludio de las elecciones en Francia y España serán las votaciones en varias regiones alemanas, en las que podría ganar la opción radical de derecha Alternativa para Alemania (AfD), que es una de las opciones más extremas de nacionalismo demagógico en toda la UE. Con ese resultado en el ambiente, el escenario electoral francés está todavía muy abierto. Marine Le Pen lidera las encuestas, pero no está aún claro si se podrá presentar por su pasado judicial. Los dos aspirantes de centro o de derecha conservadora, Édouard Philippe y Gabriel Attal, están lejos y la extrema izquierda de Jean-Luc Melenchon no ha logrado aún el apoyo de los partidos menos radicales. En los pasillos del Parlamento Europeo no ha pasado desapercibida la conexión que se puede producir entre las elecciones a ambos lados de los Pirineos. «A Sánchez le favorecería una victoria de Le Pen en Francia porque así se convertiría en el salvador de la UE ante el aumento de la extrema derecha», comenta un analista de la Eurocámara que sigue muy de cerca la situación en España. Esa situación reforzaría la estrategia de Sánchez de convertir a Vox y al PP en parte de una cuestión europea más amplia sobre un modelo de continente que espera que provoque el rechazo de una mayoría de los electores.Antes o despuésEn cierto modo, la evolución de la política francesa es también un camino que Sánchez sabe que no le conviene seguir. El experimento de Emmanuel Macron, que surgió del espacio socialdemócrata (fue ministro del presidente socialista François Hollande) y creció expandiéndose hacia el centro, le ha costado la vida al Partido Socialista, que ha desaparecido prácticamente del espacio político. Por eso, en los análisis que se hacen en el seno del Partido Popular Europeo se considera que lo que suceda en Francia tendrá mucha influencia en las decisiones del calendario electoral de Sánchez y el principal dilema será decidir si le interesa convocar elecciones en España antes o después de la primera vuelta de las presidenciales francesas.En estos momentos, Sánchez se encuentra en una posición muy débil en el seno de la UE. El suyo es el único Gobierno de un país importante de afiliación socialista. Le acompañan la danesa Mette Frederiksen, con la que en estos momentos tiene una discrepancia radical en el asunto de la inmigración, y el del maltés Robert Abela, cuya influencia es irrelevante. El pulso con Frederiksen, que ha salido a la luz con la crisis de Ceuta, podría ser el principal escollo para estos planes de Sánchez y el síntoma de que el debate sobre la inmigración puede no ser el más favorable para lanzar una ofensiva política a escala europea. Según las encuestas más fiables, alrededor del ochenta por ciento de la población europea cree que en los últimos años la inmigración ha crecido demasiado. En el último eurobarómetro aparece que la inmigración irregular se considera el principal problema para los europeos, solo por detrás de la guerra de Ucrania y a mucha diferencia de otras cuestiones como las económicas y medioambientales. Un 51 por ciento de los europeos tiene una opinión negativa o muy negativa de los inmigrantes extracomunitarios. Es decir, en estos momentos abanderar una posición favorable a la llegada de más extranjeros tiene garantizada su derrota en términos europeos y es un factor que explica el crecimiento de los partidos nacionalistas de ideología populista y antieuropea.En el caso de las relaciones con nuestro vecino del norte, cuanto más importante sea el problema de la inmigración en Francia, más presión habrá sobre España para endurecer su política migratoria; pero cuanto más la utilice Sánchez como elemento de confrontación con la derecha española, más difícil será mantener una posición europea común.Una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planesPero si el objetivo de Sánchez fuera el de radicalizar el debate político en Europa como ha sucedido en España y Francia, el asunto de las relaciones con los extranjeros puede ser uno de los más eficaces. De acuerdo con las tesis que algunos expertos manejan en Bruselas, una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planes. Incluso en el caso de que perdiese las elecciones en España, Sánchez podría intentar seguir en primera línea de la política como el representante alternativo contra la perversidad que atribuye a los partidos de derecha y extrema derecha.Alianza circunstancialLa alianza circunstancial entre la danesa Frederiksen y la italiana Giorgia Meloni sería exactamente lo opuesto a lo que puede plantear Sánchez. Las dos mujeres que se sientan en el Consejo Europeo (las únicas junto a Ursula von der Leyen, que representa a la Comisión Europea) han demostrado que se puede llegar a acuerdos fundamentales a pesar de partir de posiciones ideológicas muy alejadas. Sánchez, sin embargo, ha reaccionado con evidente contrariedad a este hecho, que por otro lado logró el apoyo de otros veinte países, en lugar de emprender una actitud conciliadora o al menos buscar cierto entendimiento. Esto demostraría, según todas las apariencias, que los planes de Sánchez incluyen llevar la radicalización política que ha cosechado en España al escenario europeo, sin tener en cuenta las posibles consecuencias para unas instituciones que hasta ahora solo habían conocido el consenso. En abril de 2027 se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que pueden acabar siendo el último asidero del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez . En caso de una victoria de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, Sánchez podría presentarse ante las urnas en España reclamando el papel de principal bastión europeo contra la extrema derecha como argumento de campaña. Si en Europa avanza la polarización, el dirigente socialista español estaría en su salsa.Este otoño el preludio de las elecciones en Francia y España serán las votaciones en varias regiones alemanas, en las que podría ganar la opción radical de derecha Alternativa para Alemania (AfD), que es una de las opciones más extremas de nacionalismo demagógico en toda la UE. Con ese resultado en el ambiente, el escenario electoral francés está todavía muy abierto. Marine Le Pen lidera las encuestas, pero no está aún claro si se podrá presentar por su pasado judicial. Los dos aspirantes de centro o de derecha conservadora, Édouard Philippe y Gabriel Attal, están lejos y la extrema izquierda de Jean-Luc Melenchon no ha logrado aún el apoyo de los partidos menos radicales. En los pasillos del Parlamento Europeo no ha pasado desapercibida la conexión que se puede producir entre las elecciones a ambos lados de los Pirineos. «A Sánchez le favorecería una victoria de Le Pen en Francia porque así se convertiría en el salvador de la UE ante el aumento de la extrema derecha», comenta un analista de la Eurocámara que sigue muy de cerca la situación en España. Esa situación reforzaría la estrategia de Sánchez de convertir a Vox y al PP en parte de una cuestión europea más amplia sobre un modelo de continente que espera que provoque el rechazo de una mayoría de los electores.Antes o despuésEn cierto modo, la evolución de la política francesa es también un camino que Sánchez sabe que no le conviene seguir. El experimento de Emmanuel Macron, que surgió del espacio socialdemócrata (fue ministro del presidente socialista François Hollande) y creció expandiéndose hacia el centro, le ha costado la vida al Partido Socialista, que ha desaparecido prácticamente del espacio político. Por eso, en los análisis que se hacen en el seno del Partido Popular Europeo se considera que lo que suceda en Francia tendrá mucha influencia en las decisiones del calendario electoral de Sánchez y el principal dilema será decidir si le interesa convocar elecciones en España antes o después de la primera vuelta de las presidenciales francesas.En estos momentos, Sánchez se encuentra en una posición muy débil en el seno de la UE. El suyo es el único Gobierno de un país importante de afiliación socialista. Le acompañan la danesa Mette Frederiksen, con la que en estos momentos tiene una discrepancia radical en el asunto de la inmigración, y el del maltés Robert Abela, cuya influencia es irrelevante. El pulso con Frederiksen, que ha salido a la luz con la crisis de Ceuta, podría ser el principal escollo para estos planes de Sánchez y el síntoma de que el debate sobre la inmigración puede no ser el más favorable para lanzar una ofensiva política a escala europea. Según las encuestas más fiables, alrededor del ochenta por ciento de la población europea cree que en los últimos años la inmigración ha crecido demasiado. En el último eurobarómetro aparece que la inmigración irregular se considera el principal problema para los europeos, solo por detrás de la guerra de Ucrania y a mucha diferencia de otras cuestiones como las económicas y medioambientales. Un 51 por ciento de los europeos tiene una opinión negativa o muy negativa de los inmigrantes extracomunitarios. Es decir, en estos momentos abanderar una posición favorable a la llegada de más extranjeros tiene garantizada su derrota en términos europeos y es un factor que explica el crecimiento de los partidos nacionalistas de ideología populista y antieuropea.En el caso de las relaciones con nuestro vecino del norte, cuanto más importante sea el problema de la inmigración en Francia, más presión habrá sobre España para endurecer su política migratoria; pero cuanto más la utilice Sánchez como elemento de confrontación con la derecha española, más difícil será mantener una posición europea común.Una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planesPero si el objetivo de Sánchez fuera el de radicalizar el debate político en Europa como ha sucedido en España y Francia, el asunto de las relaciones con los extranjeros puede ser uno de los más eficaces. De acuerdo con las tesis que algunos expertos manejan en Bruselas, una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planes. Incluso en el caso de que perdiese las elecciones en España, Sánchez podría intentar seguir en primera línea de la política como el representante alternativo contra la perversidad que atribuye a los partidos de derecha y extrema derecha.Alianza circunstancialLa alianza circunstancial entre la danesa Frederiksen y la italiana Giorgia Meloni sería exactamente lo opuesto a lo que puede plantear Sánchez. Las dos mujeres que se sientan en el Consejo Europeo (las únicas junto a Ursula von der Leyen, que representa a la Comisión Europea) han demostrado que se puede llegar a acuerdos fundamentales a pesar de partir de posiciones ideológicas muy alejadas. Sánchez, sin embargo, ha reaccionado con evidente contrariedad a este hecho, que por otro lado logró el apoyo de otros veinte países, en lugar de emprender una actitud conciliadora o al menos buscar cierto entendimiento. Esto demostraría, según todas las apariencias, que los planes de Sánchez incluyen llevar la radicalización política que ha cosechado en España al escenario europeo, sin tener en cuenta las posibles consecuencias para unas instituciones que hasta ahora solo habían conocido el consenso. En abril de 2027 se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que pueden acabar siendo el último asidero del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez . En caso de una victoria de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, Sánchez podría presentarse ante las urnas en España reclamando el papel de principal bastión europeo contra la extrema derecha como argumento de campaña. Si en Europa avanza la polarización, el dirigente socialista español estaría en su salsa.Este otoño el preludio de las elecciones en Francia y España serán las votaciones en varias regiones alemanas, en las que podría ganar la opción radical de derecha Alternativa para Alemania (AfD), que es una de las opciones más extremas de nacionalismo demagógico en toda la UE. Con ese resultado en el ambiente, el escenario electoral francés está todavía muy abierto. Marine Le Pen lidera las encuestas, pero no está aún claro si se podrá presentar por su pasado judicial. Los dos aspirantes de centro o de derecha conservadora, Édouard Philippe y Gabriel Attal, están lejos y la extrema izquierda de Jean-Luc Melenchon no ha logrado aún el apoyo de los partidos menos radicales. En los pasillos del Parlamento Europeo no ha pasado desapercibida la conexión que se puede producir entre las elecciones a ambos lados de los Pirineos. «A Sánchez le favorecería una victoria de Le Pen en Francia porque así se convertiría en el salvador de la UE ante el aumento de la extrema derecha», comenta un analista de la Eurocámara que sigue muy de cerca la situación en España. Esa situación reforzaría la estrategia de Sánchez de convertir a Vox y al PP en parte de una cuestión europea más amplia sobre un modelo de continente que espera que provoque el rechazo de una mayoría de los electores.Antes o despuésEn cierto modo, la evolución de la política francesa es también un camino que Sánchez sabe que no le conviene seguir. El experimento de Emmanuel Macron, que surgió del espacio socialdemócrata (fue ministro del presidente socialista François Hollande) y creció expandiéndose hacia el centro, le ha costado la vida al Partido Socialista, que ha desaparecido prácticamente del espacio político. Por eso, en los análisis que se hacen en el seno del Partido Popular Europeo se considera que lo que suceda en Francia tendrá mucha influencia en las decisiones del calendario electoral de Sánchez y el principal dilema será decidir si le interesa convocar elecciones en España antes o después de la primera vuelta de las presidenciales francesas.En estos momentos, Sánchez se encuentra en una posición muy débil en el seno de la UE. El suyo es el único Gobierno de un país importante de afiliación socialista. Le acompañan la danesa Mette Frederiksen, con la que en estos momentos tiene una discrepancia radical en el asunto de la inmigración, y el del maltés Robert Abela, cuya influencia es irrelevante. El pulso con Frederiksen, que ha salido a la luz con la crisis de Ceuta, podría ser el principal escollo para estos planes de Sánchez y el síntoma de que el debate sobre la inmigración puede no ser el más favorable para lanzar una ofensiva política a escala europea. Según las encuestas más fiables, alrededor del ochenta por ciento de la población europea cree que en los últimos años la inmigración ha crecido demasiado. En el último eurobarómetro aparece que la inmigración irregular se considera el principal problema para los europeos, solo por detrás de la guerra de Ucrania y a mucha diferencia de otras cuestiones como las económicas y medioambientales. Un 51 por ciento de los europeos tiene una opinión negativa o muy negativa de los inmigrantes extracomunitarios. Es decir, en estos momentos abanderar una posición favorable a la llegada de más extranjeros tiene garantizada su derrota en términos europeos y es un factor que explica el crecimiento de los partidos nacionalistas de ideología populista y antieuropea.En el caso de las relaciones con nuestro vecino del norte, cuanto más importante sea el problema de la inmigración en Francia, más presión habrá sobre España para endurecer su política migratoria; pero cuanto más la utilice Sánchez como elemento de confrontación con la derecha española, más difícil será mantener una posición europea común.Una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planesPero si el objetivo de Sánchez fuera el de radicalizar el debate político en Europa como ha sucedido en España y Francia, el asunto de las relaciones con los extranjeros puede ser uno de los más eficaces. De acuerdo con las tesis que algunos expertos manejan en Bruselas, una sucesión de campañas centradas en el grito de alarma contra la extrema derecha podría ayudar al dirigente español en sus planes. Incluso en el caso de que perdiese las elecciones en España, Sánchez podría intentar seguir en primera línea de la política como el representante alternativo contra la perversidad que atribuye a los partidos de derecha y extrema derecha.Alianza circunstancialLa alianza circunstancial entre la danesa Frederiksen y la italiana Giorgia Meloni sería exactamente lo opuesto a lo que puede plantear Sánchez. Las dos mujeres que se sientan en el Consejo Europeo (las únicas junto a Ursula von der Leyen, que representa a la Comisión Europea) han demostrado que se puede llegar a acuerdos fundamentales a pesar de partir de posiciones ideológicas muy alejadas. Sánchez, sin embargo, ha reaccionado con evidente contrariedad a este hecho, que por otro lado logró el apoyo de otros veinte países, en lugar de emprender una actitud conciliadora o al menos buscar cierto entendimiento. Esto demostraría, según todas las apariencias, que los planes de Sánchez incluyen llevar la radicalización política que ha cosechado en España al escenario europeo, sin tener en cuenta las posibles consecuencias para unas instituciones que hasta ahora solo habían conocido el consenso. RSS de noticias de espana
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