Hace unos días estábamos celebrando el curso de verano de la Universidad de Alicante que dirijo sobre Inteligencia Artificial, Comunicación y Liderazgo. En uno de los talleres, los distintos grupos de estudiantes debían diseñar una estrategia comunicativa para gestionar una situación de crisis política.Después de escuchar a un grupo que analizaba qué decisiones debería haber tomado el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando fueron descubiertas las misteriosas joyas de su caja fuerte, otro grupo abordó una cuestión mucho más reciente: qué debería haber hecho el presidente valenciano Carlos Mazón en los días posteriores al desastre de la dana.Entre las medidas propuestas, todos coincidían en una última acción que parecía inevitable: la dimisión. La sensación general en el aula era clara. Mazón debía haber dimitido.Sin embargo, aquella conversación se producía precisamente en la semana en la que se acumulaban nuevas imputaciones y escándalos relacionados con dirigentes vinculados al Partido Socialista Obrero Español. Ya se sabe aquello de que, si se reuniera a todos los investigados, casi podría organizarse una división preparada para desembarcar en Normandía. Muchas investigaciones, muchas contradicciones, muchos nombramientos discutibles… pero ni una sola dimisión.Fue entonces cuando lancé una pregunta a los estudiantes: si Carlos Mazón hubiese pertenecido al PSOE, ¿habría dimitido? Uno de ellos respondió inmediatamente señalando el elevado número de fallecidos. Sin embargo, en otros episodios trágicos, como el accidente ferroviario de Adamuz, que también dejó un importante balance de víctimas, aquello no terminó arrastrando responsabilidades políticas inmediatas.Otro estudiante recordó que Mazón mintió inicialmente sobre dónde se encontraba durante las primeras horas de la crisis. Es cierto. Pero tampoco hace mucho que el ministro Óscar Puente tuvo que ofrecer varias explicaciones contradictorias sobre si la renovación previa de determinadas infraestructuras ferroviarias había sido integral o parcial.Y si hablamos de cambios de versión, resulta inevitable recordar el caso de las reuniones mantenidas entre responsables institucionales, la directora de la Guardia Civil, y determinadas figuras vinculadas a las ya famosas «cloacas del Estado», la inefable Leire Díez. De la inicial «no la conozco» se pasó al «hemos tomado un par de cafés, pero no hablamos de nada importante», para terminar, reconociendo encuentros adicionales y conversaciones bastante más comprometidas de lo inicialmente admitido, con sucesivas rectificaciones públicas respaldadas por el ministro Fernando Grande-Marlaska.Si quisiéramos seguir repasando cambios de relato, podríamos retroceder unos años para recordar las explicaciones ofrecidas en su día por el entonces ministro José Luis Ábalos sobre la llegada de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez al aeropuerto de Barajas, acompañada, según distintas versiones, por un número indeterminado de maletas cuyo contenido jamás quedó demasiado claro.Otro estudiante apuntó entonces que todavía no se había cerrado la instrucción judicial sobre el caso de las cloacas. Cierto. Tampoco en el caso de Mazón existe hoy en día una situación formal de imputación, pese a que buena parte de la instrucción desarrollada en el juzgado de Catarroja parece haber concentrado más atención en cuestiones accesorias sobre dónde, qué y cuando comió que en decisiones operativas tomadas durante las horas más críticas de la emergencia en el Cecopi y en el barranco del Poyo.Y aquí aparece un elemento llamativo. Nadie parece demasiado preocupado por determinadas invasiones de la intimidad cuando afectan a unos, aunque resulta fácil imaginar el escándalo político y mediático que se habría generado si determinadas investigaciones judiciales hubiesen puesto bajo el foco reuniones privadas protagonizadas por responsables políticos de signo contrario.Se acercaba el final de la sesión, y probablemente cada estudiante terminó marchándose a ver el España-Austria conservando sus propias convicciones. Pero la conclusión que parecía flotar en el ambiente era relativamente clara.Seguramente Mazón debió haber dimitido, y quizá debió hacerlo antes. Pero también parecía evidente que, si Mazón hubiese sido ministro del PSOE, seguiría hoy en su puesto. Mientras tanto la instrucción de la jueza de Catarroja sería puesta como claro ejemplo de lawfare en muchos medios de comunicación y por parte del gobierno y sus socios.Mazón cometió errores importantes. Se rodeó de un equipo con graves carencias de gestión y afrontó una tormenta perfecta que terminó arrasándolo políticamente.Pero conviene recordar que quienes han impulsado nombramientos tan discutibles como los de Ábalos, Santos Cerdán o determinados responsables de organismos públicos difícilmente están en condiciones de presentarse como ejemplo de eficacia, transparencia o responsabilidad en la gestión del talento público.Da igual. Ignoro si algunos dirigentes políticos consideran que los ciudadanos, o al menos una parte significativa de sus votantes, son unos ignorantes, pero a veces, sinceramente, lo parece. Al final podemos debatir sobre si es más grave ser un incompetente o nombrar a incompetentes con un posible coste de vidas humanas, o si lo es organizar acciones desde el Estado para socavar sus propias instituciones. Sin embargo, lo que resulta obvio es que, en ambos casos, todo debería acabar en dimisión o cese.CODA . Últimos coletazos también de la huelga educativa que estudiantes y familias han sufrido durante los últimos meses del curso en la Comunidad Valenciana. Cerca de ochenta equipos directivos presentaron su dimisión como medida de presión frente al gobierno autonómico del Partido Popular. Finalmente, apenas un pequeño porcentaje ha ratificado esa decisión, mientras la mayoría regresa ahora a sus puestos como si nada hubiese ocurrido.Imagino que la Conselleria habrá recibido con satisfacción este evidente cambio de postura y no va a hacer nada al respecto. ¿Qué quieren que les diga? Quizá alguien del gobierno autonómico debería empezar a reflexionar seriamente sobre algunos errores del pasado y aprender, cuanto antes, determinadas lecciones políticas que sigue sin terminar de comprender. Spoiler: no lo harán y seguirán financiando las banderolas con las que piden su dimisión. Hace unos días estábamos celebrando el curso de verano de la Universidad de Alicante que dirijo sobre Inteligencia Artificial, Comunicación y Liderazgo. En uno de los talleres, los distintos grupos de estudiantes debían diseñar una estrategia comunicativa para gestionar una situación de crisis política.Después de escuchar a un grupo que analizaba qué decisiones debería haber tomado el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando fueron descubiertas las misteriosas joyas de su caja fuerte, otro grupo abordó una cuestión mucho más reciente: qué debería haber hecho el presidente valenciano Carlos Mazón en los días posteriores al desastre de la dana.Entre las medidas propuestas, todos coincidían en una última acción que parecía inevitable: la dimisión. La sensación general en el aula era clara. Mazón debía haber dimitido.Sin embargo, aquella conversación se producía precisamente en la semana en la que se acumulaban nuevas imputaciones y escándalos relacionados con dirigentes vinculados al Partido Socialista Obrero Español. Ya se sabe aquello de que, si se reuniera a todos los investigados, casi podría organizarse una división preparada para desembarcar en Normandía. Muchas investigaciones, muchas contradicciones, muchos nombramientos discutibles… pero ni una sola dimisión.Fue entonces cuando lancé una pregunta a los estudiantes: si Carlos Mazón hubiese pertenecido al PSOE, ¿habría dimitido? Uno de ellos respondió inmediatamente señalando el elevado número de fallecidos. Sin embargo, en otros episodios trágicos, como el accidente ferroviario de Adamuz, que también dejó un importante balance de víctimas, aquello no terminó arrastrando responsabilidades políticas inmediatas.Otro estudiante recordó que Mazón mintió inicialmente sobre dónde se encontraba durante las primeras horas de la crisis. Es cierto. Pero tampoco hace mucho que el ministro Óscar Puente tuvo que ofrecer varias explicaciones contradictorias sobre si la renovación previa de determinadas infraestructuras ferroviarias había sido integral o parcial.Y si hablamos de cambios de versión, resulta inevitable recordar el caso de las reuniones mantenidas entre responsables institucionales, la directora de la Guardia Civil, y determinadas figuras vinculadas a las ya famosas «cloacas del Estado», la inefable Leire Díez. De la inicial «no la conozco» se pasó al «hemos tomado un par de cafés, pero no hablamos de nada importante», para terminar, reconociendo encuentros adicionales y conversaciones bastante más comprometidas de lo inicialmente admitido, con sucesivas rectificaciones públicas respaldadas por el ministro Fernando Grande-Marlaska.Si quisiéramos seguir repasando cambios de relato, podríamos retroceder unos años para recordar las explicaciones ofrecidas en su día por el entonces ministro José Luis Ábalos sobre la llegada de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez al aeropuerto de Barajas, acompañada, según distintas versiones, por un número indeterminado de maletas cuyo contenido jamás quedó demasiado claro.Otro estudiante apuntó entonces que todavía no se había cerrado la instrucción judicial sobre el caso de las cloacas. Cierto. Tampoco en el caso de Mazón existe hoy en día una situación formal de imputación, pese a que buena parte de la instrucción desarrollada en el juzgado de Catarroja parece haber concentrado más atención en cuestiones accesorias sobre dónde, qué y cuando comió que en decisiones operativas tomadas durante las horas más críticas de la emergencia en el Cecopi y en el barranco del Poyo.Y aquí aparece un elemento llamativo. Nadie parece demasiado preocupado por determinadas invasiones de la intimidad cuando afectan a unos, aunque resulta fácil imaginar el escándalo político y mediático que se habría generado si determinadas investigaciones judiciales hubiesen puesto bajo el foco reuniones privadas protagonizadas por responsables políticos de signo contrario.Se acercaba el final de la sesión, y probablemente cada estudiante terminó marchándose a ver el España-Austria conservando sus propias convicciones. Pero la conclusión que parecía flotar en el ambiente era relativamente clara.Seguramente Mazón debió haber dimitido, y quizá debió hacerlo antes. Pero también parecía evidente que, si Mazón hubiese sido ministro del PSOE, seguiría hoy en su puesto. Mientras tanto la instrucción de la jueza de Catarroja sería puesta como claro ejemplo de lawfare en muchos medios de comunicación y por parte del gobierno y sus socios.Mazón cometió errores importantes. Se rodeó de un equipo con graves carencias de gestión y afrontó una tormenta perfecta que terminó arrasándolo políticamente.Pero conviene recordar que quienes han impulsado nombramientos tan discutibles como los de Ábalos, Santos Cerdán o determinados responsables de organismos públicos difícilmente están en condiciones de presentarse como ejemplo de eficacia, transparencia o responsabilidad en la gestión del talento público.Da igual. Ignoro si algunos dirigentes políticos consideran que los ciudadanos, o al menos una parte significativa de sus votantes, son unos ignorantes, pero a veces, sinceramente, lo parece. Al final podemos debatir sobre si es más grave ser un incompetente o nombrar a incompetentes con un posible coste de vidas humanas, o si lo es organizar acciones desde el Estado para socavar sus propias instituciones. Sin embargo, lo que resulta obvio es que, en ambos casos, todo debería acabar en dimisión o cese.CODA . Últimos coletazos también de la huelga educativa que estudiantes y familias han sufrido durante los últimos meses del curso en la Comunidad Valenciana. Cerca de ochenta equipos directivos presentaron su dimisión como medida de presión frente al gobierno autonómico del Partido Popular. Finalmente, apenas un pequeño porcentaje ha ratificado esa decisión, mientras la mayoría regresa ahora a sus puestos como si nada hubiese ocurrido.Imagino que la Conselleria habrá recibido con satisfacción este evidente cambio de postura y no va a hacer nada al respecto. ¿Qué quieren que les diga? Quizá alguien del gobierno autonómico debería empezar a reflexionar seriamente sobre algunos errores del pasado y aprender, cuanto antes, determinadas lecciones políticas que sigue sin terminar de comprender. Spoiler: no lo harán y seguirán financiando las banderolas con las que piden su dimisión. Hace unos días estábamos celebrando el curso de verano de la Universidad de Alicante que dirijo sobre Inteligencia Artificial, Comunicación y Liderazgo. En uno de los talleres, los distintos grupos de estudiantes debían diseñar una estrategia comunicativa para gestionar una situación de crisis política.Después de escuchar a un grupo que analizaba qué decisiones debería haber tomado el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando fueron descubiertas las misteriosas joyas de su caja fuerte, otro grupo abordó una cuestión mucho más reciente: qué debería haber hecho el presidente valenciano Carlos Mazón en los días posteriores al desastre de la dana.Entre las medidas propuestas, todos coincidían en una última acción que parecía inevitable: la dimisión. La sensación general en el aula era clara. Mazón debía haber dimitido.Sin embargo, aquella conversación se producía precisamente en la semana en la que se acumulaban nuevas imputaciones y escándalos relacionados con dirigentes vinculados al Partido Socialista Obrero Español. Ya se sabe aquello de que, si se reuniera a todos los investigados, casi podría organizarse una división preparada para desembarcar en Normandía. Muchas investigaciones, muchas contradicciones, muchos nombramientos discutibles… pero ni una sola dimisión.Fue entonces cuando lancé una pregunta a los estudiantes: si Carlos Mazón hubiese pertenecido al PSOE, ¿habría dimitido? Uno de ellos respondió inmediatamente señalando el elevado número de fallecidos. Sin embargo, en otros episodios trágicos, como el accidente ferroviario de Adamuz, que también dejó un importante balance de víctimas, aquello no terminó arrastrando responsabilidades políticas inmediatas.Otro estudiante recordó que Mazón mintió inicialmente sobre dónde se encontraba durante las primeras horas de la crisis. Es cierto. Pero tampoco hace mucho que el ministro Óscar Puente tuvo que ofrecer varias explicaciones contradictorias sobre si la renovación previa de determinadas infraestructuras ferroviarias había sido integral o parcial.Y si hablamos de cambios de versión, resulta inevitable recordar el caso de las reuniones mantenidas entre responsables institucionales, la directora de la Guardia Civil, y determinadas figuras vinculadas a las ya famosas «cloacas del Estado», la inefable Leire Díez. De la inicial «no la conozco» se pasó al «hemos tomado un par de cafés, pero no hablamos de nada importante», para terminar, reconociendo encuentros adicionales y conversaciones bastante más comprometidas de lo inicialmente admitido, con sucesivas rectificaciones públicas respaldadas por el ministro Fernando Grande-Marlaska.Si quisiéramos seguir repasando cambios de relato, podríamos retroceder unos años para recordar las explicaciones ofrecidas en su día por el entonces ministro José Luis Ábalos sobre la llegada de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez al aeropuerto de Barajas, acompañada, según distintas versiones, por un número indeterminado de maletas cuyo contenido jamás quedó demasiado claro.Otro estudiante apuntó entonces que todavía no se había cerrado la instrucción judicial sobre el caso de las cloacas. Cierto. Tampoco en el caso de Mazón existe hoy en día una situación formal de imputación, pese a que buena parte de la instrucción desarrollada en el juzgado de Catarroja parece haber concentrado más atención en cuestiones accesorias sobre dónde, qué y cuando comió que en decisiones operativas tomadas durante las horas más críticas de la emergencia en el Cecopi y en el barranco del Poyo.Y aquí aparece un elemento llamativo. Nadie parece demasiado preocupado por determinadas invasiones de la intimidad cuando afectan a unos, aunque resulta fácil imaginar el escándalo político y mediático que se habría generado si determinadas investigaciones judiciales hubiesen puesto bajo el foco reuniones privadas protagonizadas por responsables políticos de signo contrario.Se acercaba el final de la sesión, y probablemente cada estudiante terminó marchándose a ver el España-Austria conservando sus propias convicciones. Pero la conclusión que parecía flotar en el ambiente era relativamente clara.Seguramente Mazón debió haber dimitido, y quizá debió hacerlo antes. Pero también parecía evidente que, si Mazón hubiese sido ministro del PSOE, seguiría hoy en su puesto. Mientras tanto la instrucción de la jueza de Catarroja sería puesta como claro ejemplo de lawfare en muchos medios de comunicación y por parte del gobierno y sus socios.Mazón cometió errores importantes. Se rodeó de un equipo con graves carencias de gestión y afrontó una tormenta perfecta que terminó arrasándolo políticamente.Pero conviene recordar que quienes han impulsado nombramientos tan discutibles como los de Ábalos, Santos Cerdán o determinados responsables de organismos públicos difícilmente están en condiciones de presentarse como ejemplo de eficacia, transparencia o responsabilidad en la gestión del talento público.Da igual. Ignoro si algunos dirigentes políticos consideran que los ciudadanos, o al menos una parte significativa de sus votantes, son unos ignorantes, pero a veces, sinceramente, lo parece. Al final podemos debatir sobre si es más grave ser un incompetente o nombrar a incompetentes con un posible coste de vidas humanas, o si lo es organizar acciones desde el Estado para socavar sus propias instituciones. Sin embargo, lo que resulta obvio es que, en ambos casos, todo debería acabar en dimisión o cese.CODA . Últimos coletazos también de la huelga educativa que estudiantes y familias han sufrido durante los últimos meses del curso en la Comunidad Valenciana. Cerca de ochenta equipos directivos presentaron su dimisión como medida de presión frente al gobierno autonómico del Partido Popular. Finalmente, apenas un pequeño porcentaje ha ratificado esa decisión, mientras la mayoría regresa ahora a sus puestos como si nada hubiese ocurrido.Imagino que la Conselleria habrá recibido con satisfacción este evidente cambio de postura y no va a hacer nada al respecto. ¿Qué quieren que les diga? Quizá alguien del gobierno autonómico debería empezar a reflexionar seriamente sobre algunos errores del pasado y aprender, cuanto antes, determinadas lecciones políticas que sigue sin terminar de comprender. Spoiler: no lo harán y seguirán financiando las banderolas con las que piden su dimisión. RSS de noticias de espana
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