Pedro Sánchez nos ha recordado que él es Pedro Sánchez, que su señora es su señora y que su ‘hermanito’ es David Azagra, el de ‘La danza de las chirimoyas’. Tras semejantes revelaciones a la ciudadanía, el presidente del Gobierno, el número uno y el ‘puto amo’, todos a una , se ha largado mes y pico de vacaciones a cuenta de los españoles. Y lo ha hecho a su manera, con una política de tierra quemada que deja contaminado el terreno para el que venga después, e incluso para él. Unas horas de furia en lo económico bastaron para romper puentes, derribar vías y levantar más muros, especialidad de la casa. Es algo viejo y que no se ciñe a lo público: muchas empresas venden sus mejores activos o engordan su deuda para evitar que otra mayor se la zampe.El sanchismo ha querido autonormalizarse cerrando el curso y proclamando la llegada del verano, cuando lo cierto es que el Palacio de la Moncloa vive en un largo y crudo invierno desde hace al menos tres años, cuando decidió sortear la acción parlamentaria y se zambulló en el mundo paralelo de los sistemas autocráticos. En el mismo día que Sánchez lucía su traje nuevo gris ala de mosca y se paseaba con una carpetilla de «Cumplimos» bajo el brazo, indultaba a la expresidenta del Parlamento de Cataluña Laura Borràs , evitando su entrada en prisión por prevaricación. Curiosa forma de recordar públicamente con quiénes se cumple. La gracia con la delincuente venía acompañada de una auténtica tamborrada de escándalos de esos que roen las patas del sistema hasta que termina tumbado. El vicepresidente Carlos Cuerpo -ni un mal gesto, nunca, ni una buena acción, jamás- le entregaba la Dirección General del Tesoro a Pablo Sánchez- Blanco , marido de Pilar Sánchez Acera, quien filtró al socialista Juan Lobato los datos confidenciales del novio de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Sin experiencia ninguna en el exigente sector de la deuda, requisito imprescindible hasta ahora para liderar este elitista subgrupo económico, el dedazo sobre Sánchez-Blanco es lo que se llama un enchufe en toda regla.A la misma hora y unos metros más allá, en el Banco de España de José Luis Escrivá volvían los líos. El mismo hombre -Escrivá- que hace solo un año ponía al director de Relaciones Institucionales lo quitaba sin explicación alguna. Galo Nuño se larga y llega otro que tal, Alberto Ríos, hasta ahora responsable de Conducta Financiera y Billetes, sin duda ambas disciplinas clave para Ferraz.Cuando estas ‘cositas’ se sucedían, el Congreso todavía estaba caliente por el rechazo a los primeros pasos de los Presupuestos ‘Electorales’ del Estado , tumbando la senda de estabilidad por segunda vez y anticipando que las cuentas nacionales no verán la luz en toda una legislatura por primera vez en la historia democrática.El desparpajo de Sánchez le daba para presumir de estar «cumpliendo» y mucho más. Total, venía de sacar pecho por poner medios contra el fuego después de recortar el número de hidroaviones disponibles en España y de utilizar el fondo de emergencias nacionales para sus gastos ordinarios. De no creer. Pues… ese es el problema, que nadie cree nada. Han acabado con el prestigio de instituciones, reguladores y organismos públicos, y las pavesas de un incendio de sexta generación, imposible de apagar, han alcanzado a las compañías cotizadas invadidas, donde la reputación es apenas ceniza esparcida entre comunicados de propaganda sobre la marcha de negocios convertidos en canonjías. Y como todo hay que leerlo del revés y haciendo el pino en esta España de Sánchez, de su esposa y de su hermano, pues unos dicen que van como un cohete y luego va la acción y se pega una toña de aúpa en Bolsa. De éxito en éxito hasta el galletón final.Lo bueno de este Cafarnaún es que la doctrina Rodríguez Zapatero sirve para salir de casi todos los embolados. «Las joyas estaban ahí y ya está». Ni mil palabras más. Qué ganas de buscarle tres pies al gato con estos calores. Relájense y disfruten, que dicen que lo peor está por llegar. Buen ferragosto. Pedro Sánchez nos ha recordado que él es Pedro Sánchez, que su señora es su señora y que su ‘hermanito’ es David Azagra, el de ‘La danza de las chirimoyas’. Tras semejantes revelaciones a la ciudadanía, el presidente del Gobierno, el número uno y el ‘puto amo’, todos a una , se ha largado mes y pico de vacaciones a cuenta de los españoles. Y lo ha hecho a su manera, con una política de tierra quemada que deja contaminado el terreno para el que venga después, e incluso para él. Unas horas de furia en lo económico bastaron para romper puentes, derribar vías y levantar más muros, especialidad de la casa. Es algo viejo y que no se ciñe a lo público: muchas empresas venden sus mejores activos o engordan su deuda para evitar que otra mayor se la zampe.El sanchismo ha querido autonormalizarse cerrando el curso y proclamando la llegada del verano, cuando lo cierto es que el Palacio de la Moncloa vive en un largo y crudo invierno desde hace al menos tres años, cuando decidió sortear la acción parlamentaria y se zambulló en el mundo paralelo de los sistemas autocráticos. En el mismo día que Sánchez lucía su traje nuevo gris ala de mosca y se paseaba con una carpetilla de «Cumplimos» bajo el brazo, indultaba a la expresidenta del Parlamento de Cataluña Laura Borràs , evitando su entrada en prisión por prevaricación. Curiosa forma de recordar públicamente con quiénes se cumple. La gracia con la delincuente venía acompañada de una auténtica tamborrada de escándalos de esos que roen las patas del sistema hasta que termina tumbado. El vicepresidente Carlos Cuerpo -ni un mal gesto, nunca, ni una buena acción, jamás- le entregaba la Dirección General del Tesoro a Pablo Sánchez- Blanco , marido de Pilar Sánchez Acera, quien filtró al socialista Juan Lobato los datos confidenciales del novio de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Sin experiencia ninguna en el exigente sector de la deuda, requisito imprescindible hasta ahora para liderar este elitista subgrupo económico, el dedazo sobre Sánchez-Blanco es lo que se llama un enchufe en toda regla.A la misma hora y unos metros más allá, en el Banco de España de José Luis Escrivá volvían los líos. El mismo hombre -Escrivá- que hace solo un año ponía al director de Relaciones Institucionales lo quitaba sin explicación alguna. Galo Nuño se larga y llega otro que tal, Alberto Ríos, hasta ahora responsable de Conducta Financiera y Billetes, sin duda ambas disciplinas clave para Ferraz.Cuando estas ‘cositas’ se sucedían, el Congreso todavía estaba caliente por el rechazo a los primeros pasos de los Presupuestos ‘Electorales’ del Estado , tumbando la senda de estabilidad por segunda vez y anticipando que las cuentas nacionales no verán la luz en toda una legislatura por primera vez en la historia democrática.El desparpajo de Sánchez le daba para presumir de estar «cumpliendo» y mucho más. Total, venía de sacar pecho por poner medios contra el fuego después de recortar el número de hidroaviones disponibles en España y de utilizar el fondo de emergencias nacionales para sus gastos ordinarios. De no creer. Pues… ese es el problema, que nadie cree nada. Han acabado con el prestigio de instituciones, reguladores y organismos públicos, y las pavesas de un incendio de sexta generación, imposible de apagar, han alcanzado a las compañías cotizadas invadidas, donde la reputación es apenas ceniza esparcida entre comunicados de propaganda sobre la marcha de negocios convertidos en canonjías. Y como todo hay que leerlo del revés y haciendo el pino en esta España de Sánchez, de su esposa y de su hermano, pues unos dicen que van como un cohete y luego va la acción y se pega una toña de aúpa en Bolsa. De éxito en éxito hasta el galletón final.Lo bueno de este Cafarnaún es que la doctrina Rodríguez Zapatero sirve para salir de casi todos los embolados. «Las joyas estaban ahí y ya está». Ni mil palabras más. Qué ganas de buscarle tres pies al gato con estos calores. Relájense y disfruten, que dicen que lo peor está por llegar. Buen ferragosto. Pedro Sánchez nos ha recordado que él es Pedro Sánchez, que su señora es su señora y que su ‘hermanito’ es David Azagra, el de ‘La danza de las chirimoyas’. Tras semejantes revelaciones a la ciudadanía, el presidente del Gobierno, el número uno y el ‘puto amo’, todos a una , se ha largado mes y pico de vacaciones a cuenta de los españoles. Y lo ha hecho a su manera, con una política de tierra quemada que deja contaminado el terreno para el que venga después, e incluso para él. Unas horas de furia en lo económico bastaron para romper puentes, derribar vías y levantar más muros, especialidad de la casa. Es algo viejo y que no se ciñe a lo público: muchas empresas venden sus mejores activos o engordan su deuda para evitar que otra mayor se la zampe.El sanchismo ha querido autonormalizarse cerrando el curso y proclamando la llegada del verano, cuando lo cierto es que el Palacio de la Moncloa vive en un largo y crudo invierno desde hace al menos tres años, cuando decidió sortear la acción parlamentaria y se zambulló en el mundo paralelo de los sistemas autocráticos. En el mismo día que Sánchez lucía su traje nuevo gris ala de mosca y se paseaba con una carpetilla de «Cumplimos» bajo el brazo, indultaba a la expresidenta del Parlamento de Cataluña Laura Borràs , evitando su entrada en prisión por prevaricación. Curiosa forma de recordar públicamente con quiénes se cumple. La gracia con la delincuente venía acompañada de una auténtica tamborrada de escándalos de esos que roen las patas del sistema hasta que termina tumbado. El vicepresidente Carlos Cuerpo -ni un mal gesto, nunca, ni una buena acción, jamás- le entregaba la Dirección General del Tesoro a Pablo Sánchez- Blanco , marido de Pilar Sánchez Acera, quien filtró al socialista Juan Lobato los datos confidenciales del novio de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Sin experiencia ninguna en el exigente sector de la deuda, requisito imprescindible hasta ahora para liderar este elitista subgrupo económico, el dedazo sobre Sánchez-Blanco es lo que se llama un enchufe en toda regla.A la misma hora y unos metros más allá, en el Banco de España de José Luis Escrivá volvían los líos. El mismo hombre -Escrivá- que hace solo un año ponía al director de Relaciones Institucionales lo quitaba sin explicación alguna. Galo Nuño se larga y llega otro que tal, Alberto Ríos, hasta ahora responsable de Conducta Financiera y Billetes, sin duda ambas disciplinas clave para Ferraz.Cuando estas ‘cositas’ se sucedían, el Congreso todavía estaba caliente por el rechazo a los primeros pasos de los Presupuestos ‘Electorales’ del Estado , tumbando la senda de estabilidad por segunda vez y anticipando que las cuentas nacionales no verán la luz en toda una legislatura por primera vez en la historia democrática.El desparpajo de Sánchez le daba para presumir de estar «cumpliendo» y mucho más. Total, venía de sacar pecho por poner medios contra el fuego después de recortar el número de hidroaviones disponibles en España y de utilizar el fondo de emergencias nacionales para sus gastos ordinarios. De no creer. Pues… ese es el problema, que nadie cree nada. Han acabado con el prestigio de instituciones, reguladores y organismos públicos, y las pavesas de un incendio de sexta generación, imposible de apagar, han alcanzado a las compañías cotizadas invadidas, donde la reputación es apenas ceniza esparcida entre comunicados de propaganda sobre la marcha de negocios convertidos en canonjías. Y como todo hay que leerlo del revés y haciendo el pino en esta España de Sánchez, de su esposa y de su hermano, pues unos dicen que van como un cohete y luego va la acción y se pega una toña de aúpa en Bolsa. De éxito en éxito hasta el galletón final.Lo bueno de este Cafarnaún es que la doctrina Rodríguez Zapatero sirve para salir de casi todos los embolados. «Las joyas estaban ahí y ya está». Ni mil palabras más. Qué ganas de buscarle tres pies al gato con estos calores. Relájense y disfruten, que dicen que lo peor está por llegar. Buen ferragosto. RSS de noticias de economia
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