Hay palabras que la política debería pronunciar en voz baja, porque pesan más de lo que parecen. Reparación es una de ellas: quien la pronuncia contrae una deuda que solo se salda cumpliéndola entera. Durante meses hemos oído que la pasarela al RETA, la reforma que permitirá a miles de profesionales colegiados trasladar al sistema público los derechos acumulados en sus mutualidades, era una reparación histórica. Esta semana el Senado ha dado el penúltimo paso y el texto regresa al Congreso para su votación definitiva. Deberíamos celebrarlo sin reservas. No podemos, porque la reparación anunciada llega incompleta y deja fuera, precisamente, a quienes más la necesitaban: los mutualistas que ya están jubilados.Para comprender la hondura de esta herida hay que volver al principio. Durante décadas, el Estado trazó un camino por el que procuradores, abogados, arquitectos, ingenieros y tantos otros profesionales canalizaron su previsión social a través de mutualidades alternativas. En muchos casos ni siquiera hubo elección: era el cauce que la ley señalaba. Y conviene recordar que, por ese camino, las mutualidades cumplieron. Allí donde el sistema público no llegaba, sostuvieron a colectivos enteros, pagaron prestaciones, ampararon viudedades y orfandades, y lo hicieron con los recursos de sus propios mutualistas y con vocación de servicio. Si hoy existe algo que transferir al sistema público es porque estas entidades supieron custodiarlo y hacerlo crecer durante generaciones. El problema nunca fue su labor, sino un marco que se reveló insuficiente para garantizar pensiones dignas. Y los fallos del marco debe repararlos quien lo diseñó.Como presidente de una entidad histórica como la Mutualidad de Procuradores, cuesta entender que una reforma concebida para saldar esa deuda haya terminado apartando del proceso, una vez más, al colectivo de mutualistas ya jubilados. Contradice la lógica elemental de cualquier reparación: se atiende primero a quien ya sufre el daño, no a quien podría sufrirlo mañana. Cuesta entender, igualmente, que el reconocimiento de los años aportados haya quedado a medio camino. Se preserva el principio de que cada año en la mutualidad valga como un año cotizado a efectos de la carrera profesional, y lo celebramos, pero se ha renunciado a trasladarlo al terreno económico: las bases de cotización resultarán de convertir los fondos transferidos mediante un coeficiente corrector. Se reconoce el tiempo pero se rebaja su valor, y esa diferencia, que parece un tecnicismo, se medirá en euros cada mes en la pensión de miles de profesionales. Nuestra obligación es señalarlo con serenidad, pero sin rodeos.Noticia relacionada general No No Más de 47.000 mutualistas quedarán fuera de la Seguridad Social tras el veto del Gobierno Susana AlcelayQuiero ser justo, porque la justicia es la materia de los procuradores. La reforma contiene avances reales: miles de profesionales en activo podrán al fin integrarse en el sistema público en condiciones razonables. Tampoco ignoro que la política es el arte de lo posible y que no hacer nada habría sido peor. Pero una cosa es aceptar lo posible como punto de partida y otra consagrarlo como punto final. Lo primero es realismo; lo segundo sería resignación. Y hay algo más en juego que la suerte de un colectivo: la confianza, cimiento invisible de toda previsión social. Cada vez que el Estado deja atrás a quienes confiaron en sus reglas, algo se agrieta, y esas grietas tardan generaciones en repararse.La partida no termina en las Cortes. Aprobada la ley, quedará el desarrollo reglamentario, del que dependerán las condiciones exactas del traspaso. Ahí se decidirá si la pasarela es un puente transitable o un desfiladero lleno de condiciones. Y quiero trasladar aquí una idea fundamental: la Mutualidad no solo está preparada para afrontar el nuevo escenario que pueda derivarse de la aprobación de la pasarela, sino que tiene también la responsabilidad de seguir protegiendo los intereses de sus mutualistas cualquiera que sea el resultado definitivo de la reforma.Si finalmente el legislador no atiende plenamente las reivindicaciones del colectivo y la reparación histórica queda incompleta, la Mutualidad no permanecerá de brazos cruzados. Por un lado, estudiará todas las vías legales que puedan resultar procedentes para impugnar aquellos aspectos de la norma que pudieran generar situaciones de desigualdad o perjudicar los derechos de los mutualistas. Al mismo tiempo, continuará desarrollando soluciones propias, dentro del ámbito de sus competencias, para mitigar esos efectos. Ese compromiso ya se ha materializado con el reparto del excedente de beneficio durante los dos últimos ejercicios y con la voluntad de extender ese reparto también a los mutualistas pasivos en los próximos años, corrigiendo situaciones de desigualdad existentes.Asimismo, en caso de materializarse la pasarela, la Mutualidad trabajará para que el traspaso de los fondos se realice de forma ordenada, estructurada y técnicamente solvente, procurando que el patrimonio acumulado por los mutualistas durante toda su vida profesional no sufra perjuicios innecesarios.El título de estas líneas encierra una pregunta: cómo mirar al futuro cuando el pasado sigue abierto. Nuestra respuesta es mirar en ambas direcciones a la vez. La Mutualidad está preparada para el futuro, pero también comprometida con la defensa de sus mutualistas, desde el punto de vista jurídico, institucional y económico, manteniendo su vocación de servicio con independencia del contenido final de la ley. Acompañaremos a cada mutualista en su decisión, con transparencia, tanto si se queda como si opta por el traspaso. Pero miramos también al pasado, porque en él aguardan compañeros a los que la ley acaba de pedir, una vez más, paciencia. Ninguna institución digna de ese nombre pasa página mientras parte de los suyos permanece en la página anterior.Los mutualistas jubilados cumplieron su parte durante toda una vida; solo piden que el Estado cumpla la suya. La pasarela será recordada como un hito. De todos depende que se recuerde como el que cerró una herida y honró una confianza, y que nadie tenga que contar, dentro de unos años, la historia de una reparación histórica que nunca llegó.Francisco Toll es presidente de la Mutualidad de Procuradores Hay palabras que la política debería pronunciar en voz baja, porque pesan más de lo que parecen. Reparación es una de ellas: quien la pronuncia contrae una deuda que solo se salda cumpliéndola entera. Durante meses hemos oído que la pasarela al RETA, la reforma que permitirá a miles de profesionales colegiados trasladar al sistema público los derechos acumulados en sus mutualidades, era una reparación histórica. Esta semana el Senado ha dado el penúltimo paso y el texto regresa al Congreso para su votación definitiva. Deberíamos celebrarlo sin reservas. No podemos, porque la reparación anunciada llega incompleta y deja fuera, precisamente, a quienes más la necesitaban: los mutualistas que ya están jubilados.Para comprender la hondura de esta herida hay que volver al principio. Durante décadas, el Estado trazó un camino por el que procuradores, abogados, arquitectos, ingenieros y tantos otros profesionales canalizaron su previsión social a través de mutualidades alternativas. En muchos casos ni siquiera hubo elección: era el cauce que la ley señalaba. Y conviene recordar que, por ese camino, las mutualidades cumplieron. Allí donde el sistema público no llegaba, sostuvieron a colectivos enteros, pagaron prestaciones, ampararon viudedades y orfandades, y lo hicieron con los recursos de sus propios mutualistas y con vocación de servicio. Si hoy existe algo que transferir al sistema público es porque estas entidades supieron custodiarlo y hacerlo crecer durante generaciones. El problema nunca fue su labor, sino un marco que se reveló insuficiente para garantizar pensiones dignas. Y los fallos del marco debe repararlos quien lo diseñó.Como presidente de una entidad histórica como la Mutualidad de Procuradores, cuesta entender que una reforma concebida para saldar esa deuda haya terminado apartando del proceso, una vez más, al colectivo de mutualistas ya jubilados. Contradice la lógica elemental de cualquier reparación: se atiende primero a quien ya sufre el daño, no a quien podría sufrirlo mañana. Cuesta entender, igualmente, que el reconocimiento de los años aportados haya quedado a medio camino. Se preserva el principio de que cada año en la mutualidad valga como un año cotizado a efectos de la carrera profesional, y lo celebramos, pero se ha renunciado a trasladarlo al terreno económico: las bases de cotización resultarán de convertir los fondos transferidos mediante un coeficiente corrector. Se reconoce el tiempo pero se rebaja su valor, y esa diferencia, que parece un tecnicismo, se medirá en euros cada mes en la pensión de miles de profesionales. Nuestra obligación es señalarlo con serenidad, pero sin rodeos.Noticia relacionada general No No Más de 47.000 mutualistas quedarán fuera de la Seguridad Social tras el veto del Gobierno Susana AlcelayQuiero ser justo, porque la justicia es la materia de los procuradores. La reforma contiene avances reales: miles de profesionales en activo podrán al fin integrarse en el sistema público en condiciones razonables. Tampoco ignoro que la política es el arte de lo posible y que no hacer nada habría sido peor. Pero una cosa es aceptar lo posible como punto de partida y otra consagrarlo como punto final. Lo primero es realismo; lo segundo sería resignación. Y hay algo más en juego que la suerte de un colectivo: la confianza, cimiento invisible de toda previsión social. Cada vez que el Estado deja atrás a quienes confiaron en sus reglas, algo se agrieta, y esas grietas tardan generaciones en repararse.La partida no termina en las Cortes. Aprobada la ley, quedará el desarrollo reglamentario, del que dependerán las condiciones exactas del traspaso. Ahí se decidirá si la pasarela es un puente transitable o un desfiladero lleno de condiciones. Y quiero trasladar aquí una idea fundamental: la Mutualidad no solo está preparada para afrontar el nuevo escenario que pueda derivarse de la aprobación de la pasarela, sino que tiene también la responsabilidad de seguir protegiendo los intereses de sus mutualistas cualquiera que sea el resultado definitivo de la reforma.Si finalmente el legislador no atiende plenamente las reivindicaciones del colectivo y la reparación histórica queda incompleta, la Mutualidad no permanecerá de brazos cruzados. Por un lado, estudiará todas las vías legales que puedan resultar procedentes para impugnar aquellos aspectos de la norma que pudieran generar situaciones de desigualdad o perjudicar los derechos de los mutualistas. Al mismo tiempo, continuará desarrollando soluciones propias, dentro del ámbito de sus competencias, para mitigar esos efectos. Ese compromiso ya se ha materializado con el reparto del excedente de beneficio durante los dos últimos ejercicios y con la voluntad de extender ese reparto también a los mutualistas pasivos en los próximos años, corrigiendo situaciones de desigualdad existentes.Asimismo, en caso de materializarse la pasarela, la Mutualidad trabajará para que el traspaso de los fondos se realice de forma ordenada, estructurada y técnicamente solvente, procurando que el patrimonio acumulado por los mutualistas durante toda su vida profesional no sufra perjuicios innecesarios.El título de estas líneas encierra una pregunta: cómo mirar al futuro cuando el pasado sigue abierto. Nuestra respuesta es mirar en ambas direcciones a la vez. La Mutualidad está preparada para el futuro, pero también comprometida con la defensa de sus mutualistas, desde el punto de vista jurídico, institucional y económico, manteniendo su vocación de servicio con independencia del contenido final de la ley. Acompañaremos a cada mutualista en su decisión, con transparencia, tanto si se queda como si opta por el traspaso. Pero miramos también al pasado, porque en él aguardan compañeros a los que la ley acaba de pedir, una vez más, paciencia. Ninguna institución digna de ese nombre pasa página mientras parte de los suyos permanece en la página anterior.Los mutualistas jubilados cumplieron su parte durante toda una vida; solo piden que el Estado cumpla la suya. La pasarela será recordada como un hito. De todos depende que se recuerde como el que cerró una herida y honró una confianza, y que nadie tenga que contar, dentro de unos años, la historia de una reparación histórica que nunca llegó.Francisco Toll es presidente de la Mutualidad de Procuradores Hay palabras que la política debería pronunciar en voz baja, porque pesan más de lo que parecen. Reparación es una de ellas: quien la pronuncia contrae una deuda que solo se salda cumpliéndola entera. Durante meses hemos oído que la pasarela al RETA, la reforma que permitirá a miles de profesionales colegiados trasladar al sistema público los derechos acumulados en sus mutualidades, era una reparación histórica. Esta semana el Senado ha dado el penúltimo paso y el texto regresa al Congreso para su votación definitiva. Deberíamos celebrarlo sin reservas. No podemos, porque la reparación anunciada llega incompleta y deja fuera, precisamente, a quienes más la necesitaban: los mutualistas que ya están jubilados.Para comprender la hondura de esta herida hay que volver al principio. Durante décadas, el Estado trazó un camino por el que procuradores, abogados, arquitectos, ingenieros y tantos otros profesionales canalizaron su previsión social a través de mutualidades alternativas. En muchos casos ni siquiera hubo elección: era el cauce que la ley señalaba. Y conviene recordar que, por ese camino, las mutualidades cumplieron. Allí donde el sistema público no llegaba, sostuvieron a colectivos enteros, pagaron prestaciones, ampararon viudedades y orfandades, y lo hicieron con los recursos de sus propios mutualistas y con vocación de servicio. Si hoy existe algo que transferir al sistema público es porque estas entidades supieron custodiarlo y hacerlo crecer durante generaciones. El problema nunca fue su labor, sino un marco que se reveló insuficiente para garantizar pensiones dignas. Y los fallos del marco debe repararlos quien lo diseñó.Como presidente de una entidad histórica como la Mutualidad de Procuradores, cuesta entender que una reforma concebida para saldar esa deuda haya terminado apartando del proceso, una vez más, al colectivo de mutualistas ya jubilados. Contradice la lógica elemental de cualquier reparación: se atiende primero a quien ya sufre el daño, no a quien podría sufrirlo mañana. Cuesta entender, igualmente, que el reconocimiento de los años aportados haya quedado a medio camino. Se preserva el principio de que cada año en la mutualidad valga como un año cotizado a efectos de la carrera profesional, y lo celebramos, pero se ha renunciado a trasladarlo al terreno económico: las bases de cotización resultarán de convertir los fondos transferidos mediante un coeficiente corrector. Se reconoce el tiempo pero se rebaja su valor, y esa diferencia, que parece un tecnicismo, se medirá en euros cada mes en la pensión de miles de profesionales. Nuestra obligación es señalarlo con serenidad, pero sin rodeos.Noticia relacionada general No No Más de 47.000 mutualistas quedarán fuera de la Seguridad Social tras el veto del Gobierno Susana AlcelayQuiero ser justo, porque la justicia es la materia de los procuradores. La reforma contiene avances reales: miles de profesionales en activo podrán al fin integrarse en el sistema público en condiciones razonables. Tampoco ignoro que la política es el arte de lo posible y que no hacer nada habría sido peor. Pero una cosa es aceptar lo posible como punto de partida y otra consagrarlo como punto final. Lo primero es realismo; lo segundo sería resignación. Y hay algo más en juego que la suerte de un colectivo: la confianza, cimiento invisible de toda previsión social. Cada vez que el Estado deja atrás a quienes confiaron en sus reglas, algo se agrieta, y esas grietas tardan generaciones en repararse.La partida no termina en las Cortes. Aprobada la ley, quedará el desarrollo reglamentario, del que dependerán las condiciones exactas del traspaso. Ahí se decidirá si la pasarela es un puente transitable o un desfiladero lleno de condiciones. Y quiero trasladar aquí una idea fundamental: la Mutualidad no solo está preparada para afrontar el nuevo escenario que pueda derivarse de la aprobación de la pasarela, sino que tiene también la responsabilidad de seguir protegiendo los intereses de sus mutualistas cualquiera que sea el resultado definitivo de la reforma.Si finalmente el legislador no atiende plenamente las reivindicaciones del colectivo y la reparación histórica queda incompleta, la Mutualidad no permanecerá de brazos cruzados. Por un lado, estudiará todas las vías legales que puedan resultar procedentes para impugnar aquellos aspectos de la norma que pudieran generar situaciones de desigualdad o perjudicar los derechos de los mutualistas. Al mismo tiempo, continuará desarrollando soluciones propias, dentro del ámbito de sus competencias, para mitigar esos efectos. Ese compromiso ya se ha materializado con el reparto del excedente de beneficio durante los dos últimos ejercicios y con la voluntad de extender ese reparto también a los mutualistas pasivos en los próximos años, corrigiendo situaciones de desigualdad existentes.Asimismo, en caso de materializarse la pasarela, la Mutualidad trabajará para que el traspaso de los fondos se realice de forma ordenada, estructurada y técnicamente solvente, procurando que el patrimonio acumulado por los mutualistas durante toda su vida profesional no sufra perjuicios innecesarios.El título de estas líneas encierra una pregunta: cómo mirar al futuro cuando el pasado sigue abierto. Nuestra respuesta es mirar en ambas direcciones a la vez. La Mutualidad está preparada para el futuro, pero también comprometida con la defensa de sus mutualistas, desde el punto de vista jurídico, institucional y económico, manteniendo su vocación de servicio con independencia del contenido final de la ley. Acompañaremos a cada mutualista en su decisión, con transparencia, tanto si se queda como si opta por el traspaso. Pero miramos también al pasado, porque en él aguardan compañeros a los que la ley acaba de pedir, una vez más, paciencia. Ninguna institución digna de ese nombre pasa página mientras parte de los suyos permanece en la página anterior.Los mutualistas jubilados cumplieron su parte durante toda una vida; solo piden que el Estado cumpla la suya. La pasarela será recordada como un hito. De todos depende que se recuerde como el que cerró una herida y honró una confianza, y que nadie tenga que contar, dentro de unos años, la historia de una reparación histórica que nunca llegó.Francisco Toll es presidente de la Mutualidad de Procuradores RSS de noticias de economia
Noticias Similares
