Algo muy interesante ocurrió con Colum McCann (Dublín, 1965) y, se sabe, ‘interesante’ es esa maldita y ambigua palabra de doble filo. Ya lo dije: McCann comenzó siendo aventajado alumno de Michael Ondaatje con las muy logradas ‘Perros que cantan’, ‘A este lado de la luz’ o ‘El bailarín’: biografía novelada de Rudolf Nureyev. La consagración internacional llegó con ‘Que el vasto mundo siga girando’ (donde el 11 de septiembre del 2001 funcionaba como alegoría centrífuga). Pero a la vez (y viendo sus títulos posteriores, que incluyen un manual de instrucciones para aprendices, más cómodo que funcional: ‘Cartas para un joven escritor’), también abrazando una necesidad de apuntarse un tanto buenísticamente a los Grandes Temas con el sistema de novela-en-partes. Narrativa ‘Twist’ Autor Colum McCann Editorial Feltrinelli Año 2026 Páginas 261 Precio 19,85 euros Valoración ***Eso que el canadiense Douglas Coupland etiquetó como ‘novela translit’: algo que ya venían practicando nombres como los de Kundera, Chatwin, Markson, Sebald, Dyer, Magris, Barnes, Pitol o Vila-Matas y que se impuso como supuesta novedad con los ‘hits’ de Jennifer Egan, Hari Kunzru y Michael Cunningham entre otros. En este sentido, ‘Transatlántico’ y, sobre todo, ‘Apeirógono’ fueron lo más lejos (aunque no lo más alto) a lo que llegó McCann. Estando la última de ellas, además, barnizada con una cierta apetencia de declarar como juicioso testigo políticamente correcto de tiempos conflictivos casi con modales de película del ‘trascendentalista’ profesional Alejandro González Iñárritu .’Twist’ —afortunadamente— parece en principio un retorno a sus iniciales títulos más inspirados y menos profundos pero, paradójicamente, ocupándose de la profundidad como tema. Así, una variación afinada sobre ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad con narrador poco confiable. El escritor en problemas muy personales Anthony Fennell, en costas africanas, conectando a través de ese entramado de cables submarinos transmisores de data que —al romperse o al ser rotos— alteran la trama tenebroso cerebro del planeta. El Kurtz del asunto —con algo de Gatsby del asunto a ojos de su Nick narrador pero, a la vez, inequívocamente ‘hemingwayano’— es el misterioso capitán-ingeniero y ‘free diver’ y reparador de desperfectos en el cableado John Conway quien, omnipresente, de pronto, desaparece. ‘Twist’ es, entonces, el intento de Fennell de conseguir su reaparición narrada y reconstruida, de reparar el cable seccionado de su existencia. Para subrayar aún más el tema de la desconexión y de la espera, simbólicamente, la pareja de Conway es una bella actriz-directora, Zanele, lista para triunfar con una puesta en escena del ‘Godot’ de Beckett , pero de pronto atormentada por la babélica e infame aldea digital. Y, claro, deslumbra la habitual prosa lírica —la, sí, fibra óptica— de McCann a la hora de describir viaje físico y tránsito mental. Y abundan los tramos formidables. Pero, también, la idea del cable como metáfora de casi todo (tampoco resulta demasiado afinado y sí algo vergonzante el guiño a la ya más que desgastada ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen) acaba enredando un poco demasiado. Y lo suyo no funciona tan bien cuando se trata de frotar las piedras de la ciencia y la consciencia para hacer saltar la arrasadora chispa de la epifanía en esta «historia sobre la conexión, sobre la gracia, sobre la reparación» y ofrecer un, sí, ‘twist’ final. Porque —se sabe— ya hay un verdadero e indiscutible maestro en el arte de conseguir esto: se llama Richard Powers. Algo muy interesante ocurrió con Colum McCann (Dublín, 1965) y, se sabe, ‘interesante’ es esa maldita y ambigua palabra de doble filo. Ya lo dije: McCann comenzó siendo aventajado alumno de Michael Ondaatje con las muy logradas ‘Perros que cantan’, ‘A este lado de la luz’ o ‘El bailarín’: biografía novelada de Rudolf Nureyev. La consagración internacional llegó con ‘Que el vasto mundo siga girando’ (donde el 11 de septiembre del 2001 funcionaba como alegoría centrífuga). Pero a la vez (y viendo sus títulos posteriores, que incluyen un manual de instrucciones para aprendices, más cómodo que funcional: ‘Cartas para un joven escritor’), también abrazando una necesidad de apuntarse un tanto buenísticamente a los Grandes Temas con el sistema de novela-en-partes. Narrativa ‘Twist’ Autor Colum McCann Editorial Feltrinelli Año 2026 Páginas 261 Precio 19,85 euros Valoración ***Eso que el canadiense Douglas Coupland etiquetó como ‘novela translit’: algo que ya venían practicando nombres como los de Kundera, Chatwin, Markson, Sebald, Dyer, Magris, Barnes, Pitol o Vila-Matas y que se impuso como supuesta novedad con los ‘hits’ de Jennifer Egan, Hari Kunzru y Michael Cunningham entre otros. En este sentido, ‘Transatlántico’ y, sobre todo, ‘Apeirógono’ fueron lo más lejos (aunque no lo más alto) a lo que llegó McCann. Estando la última de ellas, además, barnizada con una cierta apetencia de declarar como juicioso testigo políticamente correcto de tiempos conflictivos casi con modales de película del ‘trascendentalista’ profesional Alejandro González Iñárritu .’Twist’ —afortunadamente— parece en principio un retorno a sus iniciales títulos más inspirados y menos profundos pero, paradójicamente, ocupándose de la profundidad como tema. Así, una variación afinada sobre ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad con narrador poco confiable. El escritor en problemas muy personales Anthony Fennell, en costas africanas, conectando a través de ese entramado de cables submarinos transmisores de data que —al romperse o al ser rotos— alteran la trama tenebroso cerebro del planeta. El Kurtz del asunto —con algo de Gatsby del asunto a ojos de su Nick narrador pero, a la vez, inequívocamente ‘hemingwayano’— es el misterioso capitán-ingeniero y ‘free diver’ y reparador de desperfectos en el cableado John Conway quien, omnipresente, de pronto, desaparece. ‘Twist’ es, entonces, el intento de Fennell de conseguir su reaparición narrada y reconstruida, de reparar el cable seccionado de su existencia. Para subrayar aún más el tema de la desconexión y de la espera, simbólicamente, la pareja de Conway es una bella actriz-directora, Zanele, lista para triunfar con una puesta en escena del ‘Godot’ de Beckett , pero de pronto atormentada por la babélica e infame aldea digital. Y, claro, deslumbra la habitual prosa lírica —la, sí, fibra óptica— de McCann a la hora de describir viaje físico y tránsito mental. Y abundan los tramos formidables. Pero, también, la idea del cable como metáfora de casi todo (tampoco resulta demasiado afinado y sí algo vergonzante el guiño a la ya más que desgastada ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen) acaba enredando un poco demasiado. Y lo suyo no funciona tan bien cuando se trata de frotar las piedras de la ciencia y la consciencia para hacer saltar la arrasadora chispa de la epifanía en esta «historia sobre la conexión, sobre la gracia, sobre la reparación» y ofrecer un, sí, ‘twist’ final. Porque —se sabe— ya hay un verdadero e indiscutible maestro en el arte de conseguir esto: se llama Richard Powers. Algo muy interesante ocurrió con Colum McCann (Dublín, 1965) y, se sabe, ‘interesante’ es esa maldita y ambigua palabra de doble filo. Ya lo dije: McCann comenzó siendo aventajado alumno de Michael Ondaatje con las muy logradas ‘Perros que cantan’, ‘A este lado de la luz’ o ‘El bailarín’: biografía novelada de Rudolf Nureyev. La consagración internacional llegó con ‘Que el vasto mundo siga girando’ (donde el 11 de septiembre del 2001 funcionaba como alegoría centrífuga). Pero a la vez (y viendo sus títulos posteriores, que incluyen un manual de instrucciones para aprendices, más cómodo que funcional: ‘Cartas para un joven escritor’), también abrazando una necesidad de apuntarse un tanto buenísticamente a los Grandes Temas con el sistema de novela-en-partes. Narrativa ‘Twist’ Autor Colum McCann Editorial Feltrinelli Año 2026 Páginas 261 Precio 19,85 euros Valoración ***Eso que el canadiense Douglas Coupland etiquetó como ‘novela translit’: algo que ya venían practicando nombres como los de Kundera, Chatwin, Markson, Sebald, Dyer, Magris, Barnes, Pitol o Vila-Matas y que se impuso como supuesta novedad con los ‘hits’ de Jennifer Egan, Hari Kunzru y Michael Cunningham entre otros. En este sentido, ‘Transatlántico’ y, sobre todo, ‘Apeirógono’ fueron lo más lejos (aunque no lo más alto) a lo que llegó McCann. Estando la última de ellas, además, barnizada con una cierta apetencia de declarar como juicioso testigo políticamente correcto de tiempos conflictivos casi con modales de película del ‘trascendentalista’ profesional Alejandro González Iñárritu .’Twist’ —afortunadamente— parece en principio un retorno a sus iniciales títulos más inspirados y menos profundos pero, paradójicamente, ocupándose de la profundidad como tema. Así, una variación afinada sobre ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad con narrador poco confiable. El escritor en problemas muy personales Anthony Fennell, en costas africanas, conectando a través de ese entramado de cables submarinos transmisores de data que —al romperse o al ser rotos— alteran la trama tenebroso cerebro del planeta. El Kurtz del asunto —con algo de Gatsby del asunto a ojos de su Nick narrador pero, a la vez, inequívocamente ‘hemingwayano’— es el misterioso capitán-ingeniero y ‘free diver’ y reparador de desperfectos en el cableado John Conway quien, omnipresente, de pronto, desaparece. ‘Twist’ es, entonces, el intento de Fennell de conseguir su reaparición narrada y reconstruida, de reparar el cable seccionado de su existencia. Para subrayar aún más el tema de la desconexión y de la espera, simbólicamente, la pareja de Conway es una bella actriz-directora, Zanele, lista para triunfar con una puesta en escena del ‘Godot’ de Beckett , pero de pronto atormentada por la babélica e infame aldea digital. Y, claro, deslumbra la habitual prosa lírica —la, sí, fibra óptica— de McCann a la hora de describir viaje físico y tránsito mental. Y abundan los tramos formidables. Pero, también, la idea del cable como metáfora de casi todo (tampoco resulta demasiado afinado y sí algo vergonzante el guiño a la ya más que desgastada ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen) acaba enredando un poco demasiado. Y lo suyo no funciona tan bien cuando se trata de frotar las piedras de la ciencia y la consciencia para hacer saltar la arrasadora chispa de la epifanía en esta «historia sobre la conexión, sobre la gracia, sobre la reparación» y ofrecer un, sí, ‘twist’ final. Porque —se sabe— ya hay un verdadero e indiscutible maestro en el arte de conseguir esto: se llama Richard Powers. RSS de noticias de cultura
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