Las montañas aparecen como una ilusión flotante. Desde el fondo del valle, cientos de agujas de roca emergen entre un océano de vegetación subtropical hasta perderse en una niebla espesa que, por momentos, hace desaparecer su base y las deja suspendidas en el aire. Entre el zumbido constante de los teleféricos, miles de turistas avanzan hacia el imponente ascensor Bailong, una estructura de cristal incrustada en la pared de un acantilado que asciende más de 300 metros en apenas dos minutos. En la explanada de acceso, donde los visitantes esperan durante horas para subir, hay familias españolas, mochileros franceses, grupos de turistas tailandeses y parejas australianas.
Tras convertirse en la fábrica del planeta y desafiar a Occidente en la carrera tecnológica, quiere conquistar ahora el turismo. Desde las montañas de ‘Avatar’ hasta el laberinto de Chongqing, el Gobierno de Xi despliega una ambiciosa ofensiva para atraer 190 millones de visitantes antes de 2030
Las montañas aparecen como una ilusión flotante. Desde el fondo del valle, cientos de agujas de roca emergen entre un océano de vegetación subtropical hasta perderse en una niebla espesa que, por momentos, hace desaparecer su base y las deja suspendidas en el aire. Entre el zumbido constante de los teleféricos, miles de turistas avanzan hacia el imponente ascensor Bailong, una estructura de cristal incrustada en la pared de un acantilado que asciende más de 300 metros en apenas dos minutos. En la explanada de acceso, donde los visitantes esperan durante horas para subir, hay familias españolas, mochileros franceses, grupos de turistas tailandeses y parejas australianas.
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