El cambio climático, con unas temperaturas cada vez más altas y episodios extremos, ha sido destacado por las autoridades en los últimos días como uno de los factores que contribuyó a volver «más virulento» el incendio de Los Gallardos, en Almería. «Genera situaciones desconocidas y explosivas», lamentaba el presidente de la Junta, Juanma Moreno, una tesis compartida por el Gobierno de España.Sin embargo, no es el único factor que explica la magnitud de un incendio histórico. «Hace falta una gestión forestal sostenible de los montes, la prevención es insuficiente», alerta el decano del Colegio de Ingenieros Forestales de Andalucía, Juan Carlos Gómez Méndez, que resume tajante que «el cambio climático, o las olas más intensas de calor son un factor, pero no el único culpable ».Gómez Méndez, de hecho, incide en que el monte no se «limpia», pero sí se «gestiona» a través de tratamientos selvícolas y un aprovechamiento forestal sostenible. «Las corrientes ecologistas que abogan por la no-intervención lo hacen bajo una premisa falsa : que la naturaleza es sabia y se regula, pero no es así en escenarios modificados por la mano humana durante siglos, como son los paisajes mediterráneos», detalla. Por ello, la intervención humana planificada «a medio y largo plazo» es vital para prevenir incendios y evitar un colapso del ecosistema.Para empezar, el decano de los ingenieros forestales aboga por volver a los aprovechamientos tradicionales , en muchas ocasiones abandonados por una «burocracia excesiva», y que no son otros que la extracción planificada de madera, biomasa, corcho o resina, el pastoreo extensivo, que realiza un desbroce natural y, por último, una gestión activa, con desbroces selectivos y zonas ‘discontinuas’ de masa forestal.«En el momento en el que fuego pasa a las copas, se multiplica su gravedad» Juan Carlos Méndez Gómez Decano del Colegio de Ingenieros Forestales de AndalucíaSegún explica el ingeniero, la falta de gestión genera mucho combustible disponible para el fuego, tanto en continuidad horizontal (cuando el matorral coloniza el territorio sin interrupciones, impidiendo que los equipos de extinción encuentren zonas donde frenar las llamas), como en vertical. En este último caso, la vegetación del suelo crece hasta conectar con las copas de los árboles, trasformando un fuego conocido como «de superficie» en un incendio de copas, lo que multiplica su gravedad. «En el momento en que el fuego sube a las copas, se convierte en una bomba imposible de parar», avisa Gómez Méndez.La temida ‘regla del 30’En referencia al incendio de Los Gallardos, lamenta que reunió los peores factores, la temida ‘regla del 30’ : temperaturas superiores a 30 grados, vientos por encima de los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa inferior al 30%. «Esto, sumado al numeroso combustible provocado por la vegetación, muy seca, y falta de aprovechamiento ganadero, fue lo que causó la rápida propagación». Cuando la carga de combustible alcanza niveles tan extremos, la capacidad de los equipos de extinción disminuye drásticamente , haciendo que incluso los despliegues masivos de medios aéreos y terrestres resulten insuficientes.Planes de emergencia de los AyuntamientosLa autoprotección y la prevención municipal no son una novedad legislativa. Andalucía cuenta con una norma pionera en España, la Ley 5/1999 de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales. Esta legislación obliga a los ayuntamientos ubicados en zonas de peligro a redactar y mantener al día sus planes de emergencia, evaluando puntos de agua, riesgos del término municipal y supervisando que los propietarios privados cumplan con sus obligaciones de cortafuegos.«El problema no es la falta de herramientas, sino su falta de actualización », ha advertido Gómez Méndez. «Si la herramienta se mete en una caja y se cierra, cuando llega la emergencia nadie se acuerda de ella».Esta dejadez también pasa factura al sector privado. El decano ha recordado que la ley permite a la administración exigir a los propietarios de fincas forestales el pago de las costas de extinción si se demuestra que no contaban con sus planes de prevención obligatorios vigentes, un problema que ya generó tensiones tras el incendio de Huelva. «Es necesario poner los pies en el territorio y apostar por una gestión razonable y sostenible de nuestros recursos si no queremos enfrentarnos a incendios cada vez más virulentos», ha asegurado.También desde la Asociación Forestal Andaluza (AFA) achacan al «grave abandono» de los montes el incendio en Almería y, avisan de «los fuegos de magnitud desconocida» que la región sufrirá en un futuro cercano.«No hay gestión forestal sostenible, ni en terrenos públicos ni privados , lo que hace más vulnerable, no solo al patrimonio natural, sino también al bienestar y la seguridad de la población», afirman.La asociación recuerda que más de la mitad del territorio de Andalucía es de carácter forestal y acumula décadas de incremento de combustible vegetal. Esta acumulación continua de biomasa provoca que los incendios sean cada vez más intensos, rápidos y difíciles de controlar.La situación se ve agravada por la alarmante escasez de infraestructuras preventivas sobre el terreno. Actualmente, las áreas y líneas cortafuegos apenas cubren el 0,5% de las más de cuatro millones de hectáreas forestales de la comunidad, una cifra diez veces inferior al mínimo que los expertos consideran necesario. Esta falta de inversión en fajas auxiliares y zonas de seguridad no solo fre la eficacia de los dispositivos de emergencia, sino que pone en riesgo directo la vida de los propios trabajadores durante las tareas de extinción.Finalmente, desde la AFA denuncian que, mientras el presupuesto de extinción se incrementó en un 60% en los últimos ocho años, la inversión en prevención activa ha tocado mínimos históricos. Como muestra de esta parálisis, en 2025 la Junta de Andalucía destinó menos del 0,3% de su presupuesto global a la política forestal, una cantidad que no llegó a cubrir ni el 30% de lo planificado en el Plan Forestal Andaluz. El cambio climático, con unas temperaturas cada vez más altas y episodios extremos, ha sido destacado por las autoridades en los últimos días como uno de los factores que contribuyó a volver «más virulento» el incendio de Los Gallardos, en Almería. «Genera situaciones desconocidas y explosivas», lamentaba el presidente de la Junta, Juanma Moreno, una tesis compartida por el Gobierno de España.Sin embargo, no es el único factor que explica la magnitud de un incendio histórico. «Hace falta una gestión forestal sostenible de los montes, la prevención es insuficiente», alerta el decano del Colegio de Ingenieros Forestales de Andalucía, Juan Carlos Gómez Méndez, que resume tajante que «el cambio climático, o las olas más intensas de calor son un factor, pero no el único culpable ».Gómez Méndez, de hecho, incide en que el monte no se «limpia», pero sí se «gestiona» a través de tratamientos selvícolas y un aprovechamiento forestal sostenible. «Las corrientes ecologistas que abogan por la no-intervención lo hacen bajo una premisa falsa : que la naturaleza es sabia y se regula, pero no es así en escenarios modificados por la mano humana durante siglos, como son los paisajes mediterráneos», detalla. Por ello, la intervención humana planificada «a medio y largo plazo» es vital para prevenir incendios y evitar un colapso del ecosistema.Para empezar, el decano de los ingenieros forestales aboga por volver a los aprovechamientos tradicionales , en muchas ocasiones abandonados por una «burocracia excesiva», y que no son otros que la extracción planificada de madera, biomasa, corcho o resina, el pastoreo extensivo, que realiza un desbroce natural y, por último, una gestión activa, con desbroces selectivos y zonas ‘discontinuas’ de masa forestal.«En el momento en el que fuego pasa a las copas, se multiplica su gravedad» Juan Carlos Méndez Gómez Decano del Colegio de Ingenieros Forestales de AndalucíaSegún explica el ingeniero, la falta de gestión genera mucho combustible disponible para el fuego, tanto en continuidad horizontal (cuando el matorral coloniza el territorio sin interrupciones, impidiendo que los equipos de extinción encuentren zonas donde frenar las llamas), como en vertical. En este último caso, la vegetación del suelo crece hasta conectar con las copas de los árboles, trasformando un fuego conocido como «de superficie» en un incendio de copas, lo que multiplica su gravedad. «En el momento en que el fuego sube a las copas, se convierte en una bomba imposible de parar», avisa Gómez Méndez.La temida ‘regla del 30’En referencia al incendio de Los Gallardos, lamenta que reunió los peores factores, la temida ‘regla del 30’ : temperaturas superiores a 30 grados, vientos por encima de los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa inferior al 30%. «Esto, sumado al numeroso combustible provocado por la vegetación, muy seca, y falta de aprovechamiento ganadero, fue lo que causó la rápida propagación». Cuando la carga de combustible alcanza niveles tan extremos, la capacidad de los equipos de extinción disminuye drásticamente , haciendo que incluso los despliegues masivos de medios aéreos y terrestres resulten insuficientes.Planes de emergencia de los AyuntamientosLa autoprotección y la prevención municipal no son una novedad legislativa. Andalucía cuenta con una norma pionera en España, la Ley 5/1999 de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales. Esta legislación obliga a los ayuntamientos ubicados en zonas de peligro a redactar y mantener al día sus planes de emergencia, evaluando puntos de agua, riesgos del término municipal y supervisando que los propietarios privados cumplan con sus obligaciones de cortafuegos.«El problema no es la falta de herramientas, sino su falta de actualización », ha advertido Gómez Méndez. «Si la herramienta se mete en una caja y se cierra, cuando llega la emergencia nadie se acuerda de ella».Esta dejadez también pasa factura al sector privado. El decano ha recordado que la ley permite a la administración exigir a los propietarios de fincas forestales el pago de las costas de extinción si se demuestra que no contaban con sus planes de prevención obligatorios vigentes, un problema que ya generó tensiones tras el incendio de Huelva. «Es necesario poner los pies en el territorio y apostar por una gestión razonable y sostenible de nuestros recursos si no queremos enfrentarnos a incendios cada vez más virulentos», ha asegurado.También desde la Asociación Forestal Andaluza (AFA) achacan al «grave abandono» de los montes el incendio en Almería y, avisan de «los fuegos de magnitud desconocida» que la región sufrirá en un futuro cercano.«No hay gestión forestal sostenible, ni en terrenos públicos ni privados , lo que hace más vulnerable, no solo al patrimonio natural, sino también al bienestar y la seguridad de la población», afirman.La asociación recuerda que más de la mitad del territorio de Andalucía es de carácter forestal y acumula décadas de incremento de combustible vegetal. Esta acumulación continua de biomasa provoca que los incendios sean cada vez más intensos, rápidos y difíciles de controlar.La situación se ve agravada por la alarmante escasez de infraestructuras preventivas sobre el terreno. Actualmente, las áreas y líneas cortafuegos apenas cubren el 0,5% de las más de cuatro millones de hectáreas forestales de la comunidad, una cifra diez veces inferior al mínimo que los expertos consideran necesario. Esta falta de inversión en fajas auxiliares y zonas de seguridad no solo fre la eficacia de los dispositivos de emergencia, sino que pone en riesgo directo la vida de los propios trabajadores durante las tareas de extinción.Finalmente, desde la AFA denuncian que, mientras el presupuesto de extinción se incrementó en un 60% en los últimos ocho años, la inversión en prevención activa ha tocado mínimos históricos. Como muestra de esta parálisis, en 2025 la Junta de Andalucía destinó menos del 0,3% de su presupuesto global a la política forestal, una cantidad que no llegó a cubrir ni el 30% de lo planificado en el Plan Forestal Andaluz. El cambio climático, con unas temperaturas cada vez más altas y episodios extremos, ha sido destacado por las autoridades en los últimos días como uno de los factores que contribuyó a volver «más virulento» el incendio de Los Gallardos, en Almería. «Genera situaciones desconocidas y explosivas», lamentaba el presidente de la Junta, Juanma Moreno, una tesis compartida por el Gobierno de España.Sin embargo, no es el único factor que explica la magnitud de un incendio histórico. «Hace falta una gestión forestal sostenible de los montes, la prevención es insuficiente», alerta el decano del Colegio de Ingenieros Forestales de Andalucía, Juan Carlos Gómez Méndez, que resume tajante que «el cambio climático, o las olas más intensas de calor son un factor, pero no el único culpable ».Gómez Méndez, de hecho, incide en que el monte no se «limpia», pero sí se «gestiona» a través de tratamientos selvícolas y un aprovechamiento forestal sostenible. «Las corrientes ecologistas que abogan por la no-intervención lo hacen bajo una premisa falsa : que la naturaleza es sabia y se regula, pero no es así en escenarios modificados por la mano humana durante siglos, como son los paisajes mediterráneos», detalla. Por ello, la intervención humana planificada «a medio y largo plazo» es vital para prevenir incendios y evitar un colapso del ecosistema.Para empezar, el decano de los ingenieros forestales aboga por volver a los aprovechamientos tradicionales , en muchas ocasiones abandonados por una «burocracia excesiva», y que no son otros que la extracción planificada de madera, biomasa, corcho o resina, el pastoreo extensivo, que realiza un desbroce natural y, por último, una gestión activa, con desbroces selectivos y zonas ‘discontinuas’ de masa forestal.«En el momento en el que fuego pasa a las copas, se multiplica su gravedad» Juan Carlos Méndez Gómez Decano del Colegio de Ingenieros Forestales de AndalucíaSegún explica el ingeniero, la falta de gestión genera mucho combustible disponible para el fuego, tanto en continuidad horizontal (cuando el matorral coloniza el territorio sin interrupciones, impidiendo que los equipos de extinción encuentren zonas donde frenar las llamas), como en vertical. En este último caso, la vegetación del suelo crece hasta conectar con las copas de los árboles, trasformando un fuego conocido como «de superficie» en un incendio de copas, lo que multiplica su gravedad. «En el momento en que el fuego sube a las copas, se convierte en una bomba imposible de parar», avisa Gómez Méndez.La temida ‘regla del 30’En referencia al incendio de Los Gallardos, lamenta que reunió los peores factores, la temida ‘regla del 30’ : temperaturas superiores a 30 grados, vientos por encima de los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa inferior al 30%. «Esto, sumado al numeroso combustible provocado por la vegetación, muy seca, y falta de aprovechamiento ganadero, fue lo que causó la rápida propagación». Cuando la carga de combustible alcanza niveles tan extremos, la capacidad de los equipos de extinción disminuye drásticamente , haciendo que incluso los despliegues masivos de medios aéreos y terrestres resulten insuficientes.Planes de emergencia de los AyuntamientosLa autoprotección y la prevención municipal no son una novedad legislativa. Andalucía cuenta con una norma pionera en España, la Ley 5/1999 de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales. Esta legislación obliga a los ayuntamientos ubicados en zonas de peligro a redactar y mantener al día sus planes de emergencia, evaluando puntos de agua, riesgos del término municipal y supervisando que los propietarios privados cumplan con sus obligaciones de cortafuegos.«El problema no es la falta de herramientas, sino su falta de actualización », ha advertido Gómez Méndez. «Si la herramienta se mete en una caja y se cierra, cuando llega la emergencia nadie se acuerda de ella».Esta dejadez también pasa factura al sector privado. El decano ha recordado que la ley permite a la administración exigir a los propietarios de fincas forestales el pago de las costas de extinción si se demuestra que no contaban con sus planes de prevención obligatorios vigentes, un problema que ya generó tensiones tras el incendio de Huelva. «Es necesario poner los pies en el territorio y apostar por una gestión razonable y sostenible de nuestros recursos si no queremos enfrentarnos a incendios cada vez más virulentos», ha asegurado.También desde la Asociación Forestal Andaluza (AFA) achacan al «grave abandono» de los montes el incendio en Almería y, avisan de «los fuegos de magnitud desconocida» que la región sufrirá en un futuro cercano.«No hay gestión forestal sostenible, ni en terrenos públicos ni privados , lo que hace más vulnerable, no solo al patrimonio natural, sino también al bienestar y la seguridad de la población», afirman.La asociación recuerda que más de la mitad del territorio de Andalucía es de carácter forestal y acumula décadas de incremento de combustible vegetal. Esta acumulación continua de biomasa provoca que los incendios sean cada vez más intensos, rápidos y difíciles de controlar.La situación se ve agravada por la alarmante escasez de infraestructuras preventivas sobre el terreno. Actualmente, las áreas y líneas cortafuegos apenas cubren el 0,5% de las más de cuatro millones de hectáreas forestales de la comunidad, una cifra diez veces inferior al mínimo que los expertos consideran necesario. Esta falta de inversión en fajas auxiliares y zonas de seguridad no solo fre la eficacia de los dispositivos de emergencia, sino que pone en riesgo directo la vida de los propios trabajadores durante las tareas de extinción.Finalmente, desde la AFA denuncian que, mientras el presupuesto de extinción se incrementó en un 60% en los últimos ocho años, la inversión en prevención activa ha tocado mínimos históricos. Como muestra de esta parálisis, en 2025 la Junta de Andalucía destinó menos del 0,3% de su presupuesto global a la política forestal, una cantidad que no llegó a cubrir ni el 30% de lo planificado en el Plan Forestal Andaluz. RSS de noticias de espana/andalucia
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