El debate sobre el absentismo laboral que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, introdujo Feijóo la semana pasada es, a todas luces, inoportuno desde el punto de vista político. De eso saben mucho más los que opinan en las primeras páginas del periódico, pero la improvisación de los de Génova invita muchas veces a pensar que tienen el enemigo dentro. No parece muy sensato despistar al personal con discusiones enjundiosas que no se pueden despachar con dos titulares cuando está tan entretenido con las noticias de tribunales. La actualidad manda y, además, señores del Partido Popular, juega a su favor. Ya habrá tiempo de liderar la conversación cuando toque, probablemente con temas menos espinosos.Ahora bien, este planteamiento a deshora sirve también para sacar algunas conclusiones. La primera es que el Gobierno no ha hecho gran cosa en los años que lleva al frente. Las posiciones en materia económica de la coalición Frankenstein eran difícilmente reconciliables. Sin embargo, lo poco que han hecho ha ido, en muchos casos, en la dirección equivocada. Quizá lo más grave haya sido en materia de vivienda. Pero también han avanzado en planteamientos absolutamente perversos en la mal llamada protección social. No hay atajos ni soluciones sencillas a problemas complejos. Ni en vivienda ni, desde luego, en materia laboral. Y por eso estamos donde estamos si nos comparamos con países equivalentes.La segunda lectura de este traspié es que los que están a las puertas tienen las cosas más o menos claras. Los tres años que llevan en la oposición les han servido para hacerse una buena composición de lugar y tener claro cuáles son las recetas para los sobrediagnosticados males económicos de España.Noticia relacionada opinion No No El tabú de las bajas laborales Juan Ramón RalloSaben lo que hay y saben lo que toca. Y lo quieren hacer. Si nos atenemos a las declaraciones de su líder, están ansiosos. Además, ahora pueden. A diferencia de la última vez que llegaron al poder, el margen de actuación es mucho mayor. Montoro, en su momento, y más allá de su discutible celo, no tenía margen para nada. Ahora no solo pueden, sino que al parecer quieren.Que tengan las cosas claras y ganas de hacerlo, con independencia de la oportunidad política, son buenas noticias. Ahora, como cada semana, solo toca esperar que lleguen. Llegarán. No falta mucho. De eso también saben más los de la política.TablasLos rifirrafes entre Estados Unidos e Irán cada vez tienen menos impacto en el mercado. El choque de la semana pasada tuvo algo más de efecto inicial en las Bolsas europeas porque el tono, más desabrido de lo habitual, pilló al personal con el pie cambiado, pero las amenazas de Trump tampoco rompieron nada. En cuestión de horas, el mercado se recondujo.El mejor termómetro de la valoración del mercado es el precio del petróleo. Y, a pesar del repunte tras las declaraciones de Trump, la semana acabó cerrando algo por encima del nivel previo a la crisis, aunque la circulación en el estrecho de Ormuz esté todavía lejos de normalizarse.Todo apunta a que, a pesar de las apariencias, nadie tiene incentivos para romper la baraja. Ni Estados Unidos, que no ha hecho otra cosa que improvisar con su presidente a la cabeza y que quiere cerrar este capítulo sin dejarse más jirones en la gatera, ni Irán, que se ha apuntado claramente la victoria en el relato, por lo que pasarse de la raya en este momento podría resultar totalmente contraproducente.Así las cosas, veremos más choques y salidas de tono, pero sin que la sangre llegue al río. Ninguno de los dos tiene incentivos para volver a las andadas. Nunca los tuvieron, pero mucho menos ahora: unos con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta del verano y los otros con una clara victoria narrativa.Las idas y venidas serán cada vez más esporádicas. Y lo más probable es que este cierre en falso acabe convirtiéndose en una solución duradera en la que todo cambia para que todo siga igual. La única lección es la que nos enseña la evolución del precio del petróleo: estamos en un cambio de era. El petróleo ya forma parte del mundo de ayer.SustosLos sustos en el mercado son parte del verano. Tiene que ver con el menor volumen y con que los que mandan están a remojo, por lo que la reacción a eventuales excesos tarda más en llegar. En cualquier caso, esto no constituye una recomendación para deshacer posiciones o cubrir la cartera, más bien lo contrario. Es un aviso para que, si en las próximas semanas ocurre algo, no se dejen llevar y sigan a lo suyo. No hagan caso a los muchos aprovechados que tratan de sacar tajada en el río revuelto de la aversión al riesgo. Lo que pueda pasar no tardará en corregirse.Hay varios frentes en los que el mercado podría llevarse una decepción. El primero son los errores no forzados. Y aquí quien la puede pifiar es la Reserva Federal. Su nuevo presidente ha aterrizado haciendo gala de independencia, pero podría pasarse de frenada si sube los tipos antes de tiempo. Una cosa es mostrarse más estricto y otra muy distinta es jugar con las cosas de comer. Habrá que ver qué pasa con los datos de inflación y cuál es la reacción de las autoridades monetarias.Otro banco central que puede meter la pata es el de Japón. La fuerte depreciación del yen y el repunte de los precios en los últimos meses podrían provocar una intervención que sería mal recibida por el mercado. Son muchos los que están subidos al ‘carry trade’: financiarse a tipos muy bajos en Japón para invertir en activos de riesgo. Esto ya pasó hace dos años: la Bolsa japonesa cayó un 12% en un solo día a comienzos de agosto tras un dato de inflación en Estados Unidos peor de lo esperado, para luego recuperarlo durante el resto del verano.Y, por último, está el frente de las grandes tecnológicas americanas. El mercado ya está con la mosca detrás de la oreja. Aunque los múltiplos ya no son extraordinariamente exigentes, las expectativas sobre márgenes siguen siendo muy elevadas, y ahí podría venir la decepción. El riesgo no es nuevo: es la concentración de la Bolsa global en estos nombres y el beneficio de la duda que el mercado esté dispuesto a seguir concediendo.Veremos qué pasa y cómo reacciona el mercado. En cualquier caso, recuerden: no persigan al mercado. Si tienen una cartera bien construida, la diversificación y el plazo juegan a su favor. Pierde quien se deja llevar. Y en estas fechas, las idas y venidas pueden ser más bruscas. El debate sobre el absentismo laboral que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, introdujo Feijóo la semana pasada es, a todas luces, inoportuno desde el punto de vista político. De eso saben mucho más los que opinan en las primeras páginas del periódico, pero la improvisación de los de Génova invita muchas veces a pensar que tienen el enemigo dentro. No parece muy sensato despistar al personal con discusiones enjundiosas que no se pueden despachar con dos titulares cuando está tan entretenido con las noticias de tribunales. La actualidad manda y, además, señores del Partido Popular, juega a su favor. Ya habrá tiempo de liderar la conversación cuando toque, probablemente con temas menos espinosos.Ahora bien, este planteamiento a deshora sirve también para sacar algunas conclusiones. La primera es que el Gobierno no ha hecho gran cosa en los años que lleva al frente. Las posiciones en materia económica de la coalición Frankenstein eran difícilmente reconciliables. Sin embargo, lo poco que han hecho ha ido, en muchos casos, en la dirección equivocada. Quizá lo más grave haya sido en materia de vivienda. Pero también han avanzado en planteamientos absolutamente perversos en la mal llamada protección social. No hay atajos ni soluciones sencillas a problemas complejos. Ni en vivienda ni, desde luego, en materia laboral. Y por eso estamos donde estamos si nos comparamos con países equivalentes.La segunda lectura de este traspié es que los que están a las puertas tienen las cosas más o menos claras. Los tres años que llevan en la oposición les han servido para hacerse una buena composición de lugar y tener claro cuáles son las recetas para los sobrediagnosticados males económicos de España.Noticia relacionada opinion No No El tabú de las bajas laborales Juan Ramón RalloSaben lo que hay y saben lo que toca. Y lo quieren hacer. Si nos atenemos a las declaraciones de su líder, están ansiosos. Además, ahora pueden. A diferencia de la última vez que llegaron al poder, el margen de actuación es mucho mayor. Montoro, en su momento, y más allá de su discutible celo, no tenía margen para nada. Ahora no solo pueden, sino que al parecer quieren.Que tengan las cosas claras y ganas de hacerlo, con independencia de la oportunidad política, son buenas noticias. Ahora, como cada semana, solo toca esperar que lleguen. Llegarán. No falta mucho. De eso también saben más los de la política.TablasLos rifirrafes entre Estados Unidos e Irán cada vez tienen menos impacto en el mercado. El choque de la semana pasada tuvo algo más de efecto inicial en las Bolsas europeas porque el tono, más desabrido de lo habitual, pilló al personal con el pie cambiado, pero las amenazas de Trump tampoco rompieron nada. En cuestión de horas, el mercado se recondujo.El mejor termómetro de la valoración del mercado es el precio del petróleo. Y, a pesar del repunte tras las declaraciones de Trump, la semana acabó cerrando algo por encima del nivel previo a la crisis, aunque la circulación en el estrecho de Ormuz esté todavía lejos de normalizarse.Todo apunta a que, a pesar de las apariencias, nadie tiene incentivos para romper la baraja. Ni Estados Unidos, que no ha hecho otra cosa que improvisar con su presidente a la cabeza y que quiere cerrar este capítulo sin dejarse más jirones en la gatera, ni Irán, que se ha apuntado claramente la victoria en el relato, por lo que pasarse de la raya en este momento podría resultar totalmente contraproducente.Así las cosas, veremos más choques y salidas de tono, pero sin que la sangre llegue al río. Ninguno de los dos tiene incentivos para volver a las andadas. Nunca los tuvieron, pero mucho menos ahora: unos con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta del verano y los otros con una clara victoria narrativa.Las idas y venidas serán cada vez más esporádicas. Y lo más probable es que este cierre en falso acabe convirtiéndose en una solución duradera en la que todo cambia para que todo siga igual. La única lección es la que nos enseña la evolución del precio del petróleo: estamos en un cambio de era. El petróleo ya forma parte del mundo de ayer.SustosLos sustos en el mercado son parte del verano. Tiene que ver con el menor volumen y con que los que mandan están a remojo, por lo que la reacción a eventuales excesos tarda más en llegar. En cualquier caso, esto no constituye una recomendación para deshacer posiciones o cubrir la cartera, más bien lo contrario. Es un aviso para que, si en las próximas semanas ocurre algo, no se dejen llevar y sigan a lo suyo. No hagan caso a los muchos aprovechados que tratan de sacar tajada en el río revuelto de la aversión al riesgo. Lo que pueda pasar no tardará en corregirse.Hay varios frentes en los que el mercado podría llevarse una decepción. El primero son los errores no forzados. Y aquí quien la puede pifiar es la Reserva Federal. Su nuevo presidente ha aterrizado haciendo gala de independencia, pero podría pasarse de frenada si sube los tipos antes de tiempo. Una cosa es mostrarse más estricto y otra muy distinta es jugar con las cosas de comer. Habrá que ver qué pasa con los datos de inflación y cuál es la reacción de las autoridades monetarias.Otro banco central que puede meter la pata es el de Japón. La fuerte depreciación del yen y el repunte de los precios en los últimos meses podrían provocar una intervención que sería mal recibida por el mercado. Son muchos los que están subidos al ‘carry trade’: financiarse a tipos muy bajos en Japón para invertir en activos de riesgo. Esto ya pasó hace dos años: la Bolsa japonesa cayó un 12% en un solo día a comienzos de agosto tras un dato de inflación en Estados Unidos peor de lo esperado, para luego recuperarlo durante el resto del verano.Y, por último, está el frente de las grandes tecnológicas americanas. El mercado ya está con la mosca detrás de la oreja. Aunque los múltiplos ya no son extraordinariamente exigentes, las expectativas sobre márgenes siguen siendo muy elevadas, y ahí podría venir la decepción. El riesgo no es nuevo: es la concentración de la Bolsa global en estos nombres y el beneficio de la duda que el mercado esté dispuesto a seguir concediendo.Veremos qué pasa y cómo reacciona el mercado. En cualquier caso, recuerden: no persigan al mercado. Si tienen una cartera bien construida, la diversificación y el plazo juegan a su favor. Pierde quien se deja llevar. Y en estas fechas, las idas y venidas pueden ser más bruscas. El debate sobre el absentismo laboral que, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, introdujo Feijóo la semana pasada es, a todas luces, inoportuno desde el punto de vista político. De eso saben mucho más los que opinan en las primeras páginas del periódico, pero la improvisación de los de Génova invita muchas veces a pensar que tienen el enemigo dentro. No parece muy sensato despistar al personal con discusiones enjundiosas que no se pueden despachar con dos titulares cuando está tan entretenido con las noticias de tribunales. La actualidad manda y, además, señores del Partido Popular, juega a su favor. Ya habrá tiempo de liderar la conversación cuando toque, probablemente con temas menos espinosos.Ahora bien, este planteamiento a deshora sirve también para sacar algunas conclusiones. La primera es que el Gobierno no ha hecho gran cosa en los años que lleva al frente. Las posiciones en materia económica de la coalición Frankenstein eran difícilmente reconciliables. Sin embargo, lo poco que han hecho ha ido, en muchos casos, en la dirección equivocada. Quizá lo más grave haya sido en materia de vivienda. Pero también han avanzado en planteamientos absolutamente perversos en la mal llamada protección social. No hay atajos ni soluciones sencillas a problemas complejos. Ni en vivienda ni, desde luego, en materia laboral. Y por eso estamos donde estamos si nos comparamos con países equivalentes.La segunda lectura de este traspié es que los que están a las puertas tienen las cosas más o menos claras. Los tres años que llevan en la oposición les han servido para hacerse una buena composición de lugar y tener claro cuáles son las recetas para los sobrediagnosticados males económicos de España.Noticia relacionada opinion No No El tabú de las bajas laborales Juan Ramón RalloSaben lo que hay y saben lo que toca. Y lo quieren hacer. Si nos atenemos a las declaraciones de su líder, están ansiosos. Además, ahora pueden. A diferencia de la última vez que llegaron al poder, el margen de actuación es mucho mayor. Montoro, en su momento, y más allá de su discutible celo, no tenía margen para nada. Ahora no solo pueden, sino que al parecer quieren.Que tengan las cosas claras y ganas de hacerlo, con independencia de la oportunidad política, son buenas noticias. Ahora, como cada semana, solo toca esperar que lleguen. Llegarán. No falta mucho. De eso también saben más los de la política.TablasLos rifirrafes entre Estados Unidos e Irán cada vez tienen menos impacto en el mercado. El choque de la semana pasada tuvo algo más de efecto inicial en las Bolsas europeas porque el tono, más desabrido de lo habitual, pilló al personal con el pie cambiado, pero las amenazas de Trump tampoco rompieron nada. En cuestión de horas, el mercado se recondujo.El mejor termómetro de la valoración del mercado es el precio del petróleo. Y, a pesar del repunte tras las declaraciones de Trump, la semana acabó cerrando algo por encima del nivel previo a la crisis, aunque la circulación en el estrecho de Ormuz esté todavía lejos de normalizarse.Todo apunta a que, a pesar de las apariencias, nadie tiene incentivos para romper la baraja. Ni Estados Unidos, que no ha hecho otra cosa que improvisar con su presidente a la cabeza y que quiere cerrar este capítulo sin dejarse más jirones en la gatera, ni Irán, que se ha apuntado claramente la victoria en el relato, por lo que pasarse de la raya en este momento podría resultar totalmente contraproducente.Así las cosas, veremos más choques y salidas de tono, pero sin que la sangre llegue al río. Ninguno de los dos tiene incentivos para volver a las andadas. Nunca los tuvieron, pero mucho menos ahora: unos con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta del verano y los otros con una clara victoria narrativa.Las idas y venidas serán cada vez más esporádicas. Y lo más probable es que este cierre en falso acabe convirtiéndose en una solución duradera en la que todo cambia para que todo siga igual. La única lección es la que nos enseña la evolución del precio del petróleo: estamos en un cambio de era. El petróleo ya forma parte del mundo de ayer.SustosLos sustos en el mercado son parte del verano. Tiene que ver con el menor volumen y con que los que mandan están a remojo, por lo que la reacción a eventuales excesos tarda más en llegar. En cualquier caso, esto no constituye una recomendación para deshacer posiciones o cubrir la cartera, más bien lo contrario. Es un aviso para que, si en las próximas semanas ocurre algo, no se dejen llevar y sigan a lo suyo. No hagan caso a los muchos aprovechados que tratan de sacar tajada en el río revuelto de la aversión al riesgo. Lo que pueda pasar no tardará en corregirse.Hay varios frentes en los que el mercado podría llevarse una decepción. El primero son los errores no forzados. Y aquí quien la puede pifiar es la Reserva Federal. Su nuevo presidente ha aterrizado haciendo gala de independencia, pero podría pasarse de frenada si sube los tipos antes de tiempo. Una cosa es mostrarse más estricto y otra muy distinta es jugar con las cosas de comer. Habrá que ver qué pasa con los datos de inflación y cuál es la reacción de las autoridades monetarias.Otro banco central que puede meter la pata es el de Japón. La fuerte depreciación del yen y el repunte de los precios en los últimos meses podrían provocar una intervención que sería mal recibida por el mercado. Son muchos los que están subidos al ‘carry trade’: financiarse a tipos muy bajos en Japón para invertir en activos de riesgo. Esto ya pasó hace dos años: la Bolsa japonesa cayó un 12% en un solo día a comienzos de agosto tras un dato de inflación en Estados Unidos peor de lo esperado, para luego recuperarlo durante el resto del verano.Y, por último, está el frente de las grandes tecnológicas americanas. El mercado ya está con la mosca detrás de la oreja. Aunque los múltiplos ya no son extraordinariamente exigentes, las expectativas sobre márgenes siguen siendo muy elevadas, y ahí podría venir la decepción. El riesgo no es nuevo: es la concentración de la Bolsa global en estos nombres y el beneficio de la duda que el mercado esté dispuesto a seguir concediendo.Veremos qué pasa y cómo reacciona el mercado. En cualquier caso, recuerden: no persigan al mercado. Si tienen una cartera bien construida, la diversificación y el plazo juegan a su favor. Pierde quien se deja llevar. Y en estas fechas, las idas y venidas pueden ser más bruscas. RSS de noticias de economia
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