Resulta llamativo que quienes denuncian a diario la judicialización de la política sean los primeros en considerar que una sentencia agota cualquier discusión. Sostienen dos tesis difíciles de conciliar. La primera, que los jueces invaden indebidamente el terreno político. La segunda, que una vez que un tribunal habla no hay nada que discutir. Como si el fallo invalidara el juicio moral. Naturalmente, esta súbita fe en el poder redentor de las sentencias solo aparece cuando el fallo les da la razón.
La ley nació para comprar siete votos. Lo que se ha dicho después es mentira
Resulta llamativo que quienes denuncian a diario la judicialización de la política sean los primeros en considerar que una sentencia agota cualquier discusión. Sostienen dos tesis difíciles de conciliar. La primera, que los jueces invaden indebidamente el terreno político. La segunda, que una vez que un tribunal habla no hay nada que discutir. Como si el fallo invalidara el juicio moral. Naturalmente, esta súbita fe en el poder redentor de las sentencias solo aparece cuando el fallo les da la razón.
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