«Te tengo que dejar. Hay fuegos activos y tengo que apoyar», escribe precipitada Liliana en la tarde de este jueves en una conversación de WhatsApp después de innumerables intentos para poder tener una conversación telefónica. Tampoco tenía agua, ni luz. Ella y su marido, Jose, están en Formariz, una de las localidades de Zamora que más se está viendo afectada por el incendio de Fermoselle. Allí residen y trabajan. El pueblo fue evacuado en la tarde del miércoles cuando todo se convirtió en un auténtico infierno. Jose se mantuvo en la localidad con un grupo de voluntarios para evitar que las llamas entrasen en el casco urbano, cosa que lograron porque sólo dos naves se vieron afectadas.Liliana y Jose (tienen dos hijas) forman una conocida pareja de la zona creadora de ‘El Hato y el Garabato’, una bodega que elabora vinos artesanos bajo el paraguas de Arribes del Duero, todo un proyecto de vida que llevan años dando forma y con el que ya cosechan éxitos nacionales e internacionales gracias a su saber hacer y a la calidad de sus elaboraciones. Ver cómo todo puede desaparecer pasto de las llamas es una auténtica pesadilla. «Sí, esta noche pasamos miedo y también hubo lágrimas con todo el pueblo rodeado de fuego, viendo cómo se quería comer las casas…», lamenta este joven zamorano agotado tras horas y horas de intenso trabajo para intentar contener un fuego que se quedó a cuatro metros de su nave y que arrasó las primeras líneas de un viñedo, aunque no fue a más porque lo quemado actuó de cortafuegos.«No se te quita de la cabeza ver fuego rodeando todo el pueblo», relata Liliana, que a las cinco de la mañana regresó también al pueblo para unirse a los voluntarios en los trabajos de extinción, en los que también estaba la UME y una cuadrilla de la Junta. ¿Qué piensas en ese momento?, es la pregunta. Y la respuesta es rápida y sencilla: «Que esto no puede seguir así». Ambos son ingenieros de montes y antes de dedicarse a la elaboración de vinos han trabajado en la extinción de incendios, así que saben bien de lo que hablan. Vivir en el medio rural, aseguran, se ha convertido en un auténtico acto de resistencia. Urge, apuntan, «colaboración local para fortalecer el territorio, conseguir comunidades rurales vivas a las que se reconozca su papel y dotarlas de más recursos». «Te tengo que dejar. Hay fuegos activos y tengo que apoyar», escribe precipitada Liliana en la tarde de este jueves en una conversación de WhatsApp después de innumerables intentos para poder tener una conversación telefónica. Tampoco tenía agua, ni luz. Ella y su marido, Jose, están en Formariz, una de las localidades de Zamora que más se está viendo afectada por el incendio de Fermoselle. Allí residen y trabajan. El pueblo fue evacuado en la tarde del miércoles cuando todo se convirtió en un auténtico infierno. Jose se mantuvo en la localidad con un grupo de voluntarios para evitar que las llamas entrasen en el casco urbano, cosa que lograron porque sólo dos naves se vieron afectadas.Liliana y Jose (tienen dos hijas) forman una conocida pareja de la zona creadora de ‘El Hato y el Garabato’, una bodega que elabora vinos artesanos bajo el paraguas de Arribes del Duero, todo un proyecto de vida que llevan años dando forma y con el que ya cosechan éxitos nacionales e internacionales gracias a su saber hacer y a la calidad de sus elaboraciones. Ver cómo todo puede desaparecer pasto de las llamas es una auténtica pesadilla. «Sí, esta noche pasamos miedo y también hubo lágrimas con todo el pueblo rodeado de fuego, viendo cómo se quería comer las casas…», lamenta este joven zamorano agotado tras horas y horas de intenso trabajo para intentar contener un fuego que se quedó a cuatro metros de su nave y que arrasó las primeras líneas de un viñedo, aunque no fue a más porque lo quemado actuó de cortafuegos.«No se te quita de la cabeza ver fuego rodeando todo el pueblo», relata Liliana, que a las cinco de la mañana regresó también al pueblo para unirse a los voluntarios en los trabajos de extinción, en los que también estaba la UME y una cuadrilla de la Junta. ¿Qué piensas en ese momento?, es la pregunta. Y la respuesta es rápida y sencilla: «Que esto no puede seguir así». Ambos son ingenieros de montes y antes de dedicarse a la elaboración de vinos han trabajado en la extinción de incendios, así que saben bien de lo que hablan. Vivir en el medio rural, aseguran, se ha convertido en un auténtico acto de resistencia. Urge, apuntan, «colaboración local para fortalecer el territorio, conseguir comunidades rurales vivas a las que se reconozca su papel y dotarlas de más recursos». «Te tengo que dejar. Hay fuegos activos y tengo que apoyar», escribe precipitada Liliana en la tarde de este jueves en una conversación de WhatsApp después de innumerables intentos para poder tener una conversación telefónica. Tampoco tenía agua, ni luz. Ella y su marido, Jose, están en Formariz, una de las localidades de Zamora que más se está viendo afectada por el incendio de Fermoselle. Allí residen y trabajan. El pueblo fue evacuado en la tarde del miércoles cuando todo se convirtió en un auténtico infierno. Jose se mantuvo en la localidad con un grupo de voluntarios para evitar que las llamas entrasen en el casco urbano, cosa que lograron porque sólo dos naves se vieron afectadas.Liliana y Jose (tienen dos hijas) forman una conocida pareja de la zona creadora de ‘El Hato y el Garabato’, una bodega que elabora vinos artesanos bajo el paraguas de Arribes del Duero, todo un proyecto de vida que llevan años dando forma y con el que ya cosechan éxitos nacionales e internacionales gracias a su saber hacer y a la calidad de sus elaboraciones. Ver cómo todo puede desaparecer pasto de las llamas es una auténtica pesadilla. «Sí, esta noche pasamos miedo y también hubo lágrimas con todo el pueblo rodeado de fuego, viendo cómo se quería comer las casas…», lamenta este joven zamorano agotado tras horas y horas de intenso trabajo para intentar contener un fuego que se quedó a cuatro metros de su nave y que arrasó las primeras líneas de un viñedo, aunque no fue a más porque lo quemado actuó de cortafuegos.«No se te quita de la cabeza ver fuego rodeando todo el pueblo», relata Liliana, que a las cinco de la mañana regresó también al pueblo para unirse a los voluntarios en los trabajos de extinción, en los que también estaba la UME y una cuadrilla de la Junta. ¿Qué piensas en ese momento?, es la pregunta. Y la respuesta es rápida y sencilla: «Que esto no puede seguir así». Ambos son ingenieros de montes y antes de dedicarse a la elaboración de vinos han trabajado en la extinción de incendios, así que saben bien de lo que hablan. Vivir en el medio rural, aseguran, se ha convertido en un auténtico acto de resistencia. Urge, apuntan, «colaboración local para fortalecer el territorio, conseguir comunidades rurales vivas a las que se reconozca su papel y dotarlas de más recursos». RSS de noticias de espana
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