Una extraña sensación pesaba en el ambiente. Como una contradicción indisimulable. La casualidad hizo que la celebración de la Fiesta del Trono de Marruecos —que cada 30 de julio conmemora el aniversario de la entronización del Rey Mohamed VI— coincidiera este año con la mayor crisis migratoria que ha sufrido Ceuta en años. La imagen era un contraste incómodo. En la embajada, una velada con música, sabores marroquíes y ambiente festivo. Al mismo tiempo, la ciudad autónoma quedaba superada por una avalancha imparable de inmigrantes que procedían del país vecino. Las cifras oficiales hablan de 60.000 personas llegadas a una población de 84.000 habitantes. La ciudad autónoma gritaba auxilio y, mientras tanto, en Madrid, como en otros puntos de España, las autoridades marroquíes, la comunidad del reino alauí que reside en la capital y tantos otros españoles con lazos en Marruecos, se reunían en la residencia oficial de la embajadora Karima Benyaich para celebrar. Celebrar «la hermandad», «la colaboración», «las buenas relaciones» entre los dos países —se escuchaba en el jardín— con la frontera ceutí absolutamente reventada. La incomodidad era inevitable. En algunos corrillos los invitados hablaban de lo que estaba sucediendo en el espigón del Tarajal. Luego se extendería a Melilla. En otros, la fiesta continuaba ajena a la crisis migratoria, con conversaciones de todo tipo y selfis en el teléfono móvil. Se abría paso el olor a cordero, especias, tajín y té a la menta. La Embajada marroquí en Madrid está a apenas tres kilómetros del Palacio de la Moncloa. La del 30 de julio es una fiesta a la que normalmente acude una amplia representación ministerial. Y especialmente en los últimos años del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha tratado de fortalecer su relación con Marruecos de la mano de un giro en la política exterior que nunca explicó al Congreso. Este jueves por la noche el que estuvo en primera fila fue el ministro de Agricultura, Luis Planas. Su cartera también implica relaciones estrechas con el país vecino.Estaba previsto que acudiera el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, un habitual de la cita. No lo hizo, precisamente, por la gestión de la crisis en Ceuta. Y también figuraba en la agenda de la ministra portavoz, Elma Saiz. Entre los invitados más destacados sí se encontraba el expresidente del Gobierno Felipe González, que se marchó en cuanto terminó el discurso de la embajadora.Mandos del Ministerio del Interior, representantes de todos los cuerpos policiales, empresarios, personalidades del mundo de la cultura se amontonaron a escuchar las palabras de la embajadora, que este jueves habían cobrado toda la importancia posible. ¿Qué iba a decir de lo que está ocurriendo en Ceuta? «Nuestros gobiernos y ministros están en contacto para resolver esta situación. El Gobierno de Marruecos quiere que estos conciudadanos vuelvan a nuestro país. No es algo que nos complazca. Queremos una inmigración legal, ordenada y segura para todos». Las palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por WhatsAppLas palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por los grupos de WhatsApp y por las redes sociales de cientos y cientos de jóvenes, la mayoría varones, entrando a la ciudad autónoma a espuertas. Un exdirigente político con mucha trayectoria defendía la presencia de mandos del ministerio y del propio Ejecutivo. «Es muy importante que estén aquí para resolver esto. Es esencial».Hubo una imagen elocuente sobre otra de las derivadas políticas que deja esta crisis: la postura de la Unión Europea y las tensiones de algunos Estados miembros. El embajador italiano en España, Giuseppe Buccino Grimaldi, atendía llamadas de teléfono sin parar. Poco después trascendía que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, le convocaba por unas declaraciones de Giorgia Meloni, en las que proponía cerrar el espacio Schengen con España. El ministro italiano Antonio Tajani daba un paso más. La crisis se abría hueco en la Embajada marroquí y las réplicas llegaban al día siguiente con más países europeos, partidarios de cerrar las puertas a España. Como si Ceuta no fuera también la frontera del continente, de sus propios países. Una extraña sensación pesaba en el ambiente. Como una contradicción indisimulable. La casualidad hizo que la celebración de la Fiesta del Trono de Marruecos —que cada 30 de julio conmemora el aniversario de la entronización del Rey Mohamed VI— coincidiera este año con la mayor crisis migratoria que ha sufrido Ceuta en años. La imagen era un contraste incómodo. En la embajada, una velada con música, sabores marroquíes y ambiente festivo. Al mismo tiempo, la ciudad autónoma quedaba superada por una avalancha imparable de inmigrantes que procedían del país vecino. Las cifras oficiales hablan de 60.000 personas llegadas a una población de 84.000 habitantes. La ciudad autónoma gritaba auxilio y, mientras tanto, en Madrid, como en otros puntos de España, las autoridades marroquíes, la comunidad del reino alauí que reside en la capital y tantos otros españoles con lazos en Marruecos, se reunían en la residencia oficial de la embajadora Karima Benyaich para celebrar. Celebrar «la hermandad», «la colaboración», «las buenas relaciones» entre los dos países —se escuchaba en el jardín— con la frontera ceutí absolutamente reventada. La incomodidad era inevitable. En algunos corrillos los invitados hablaban de lo que estaba sucediendo en el espigón del Tarajal. Luego se extendería a Melilla. En otros, la fiesta continuaba ajena a la crisis migratoria, con conversaciones de todo tipo y selfis en el teléfono móvil. Se abría paso el olor a cordero, especias, tajín y té a la menta. La Embajada marroquí en Madrid está a apenas tres kilómetros del Palacio de la Moncloa. La del 30 de julio es una fiesta a la que normalmente acude una amplia representación ministerial. Y especialmente en los últimos años del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha tratado de fortalecer su relación con Marruecos de la mano de un giro en la política exterior que nunca explicó al Congreso. Este jueves por la noche el que estuvo en primera fila fue el ministro de Agricultura, Luis Planas. Su cartera también implica relaciones estrechas con el país vecino.Estaba previsto que acudiera el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, un habitual de la cita. No lo hizo, precisamente, por la gestión de la crisis en Ceuta. Y también figuraba en la agenda de la ministra portavoz, Elma Saiz. Entre los invitados más destacados sí se encontraba el expresidente del Gobierno Felipe González, que se marchó en cuanto terminó el discurso de la embajadora.Mandos del Ministerio del Interior, representantes de todos los cuerpos policiales, empresarios, personalidades del mundo de la cultura se amontonaron a escuchar las palabras de la embajadora, que este jueves habían cobrado toda la importancia posible. ¿Qué iba a decir de lo que está ocurriendo en Ceuta? «Nuestros gobiernos y ministros están en contacto para resolver esta situación. El Gobierno de Marruecos quiere que estos conciudadanos vuelvan a nuestro país. No es algo que nos complazca. Queremos una inmigración legal, ordenada y segura para todos». Las palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por WhatsAppLas palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por los grupos de WhatsApp y por las redes sociales de cientos y cientos de jóvenes, la mayoría varones, entrando a la ciudad autónoma a espuertas. Un exdirigente político con mucha trayectoria defendía la presencia de mandos del ministerio y del propio Ejecutivo. «Es muy importante que estén aquí para resolver esto. Es esencial».Hubo una imagen elocuente sobre otra de las derivadas políticas que deja esta crisis: la postura de la Unión Europea y las tensiones de algunos Estados miembros. El embajador italiano en España, Giuseppe Buccino Grimaldi, atendía llamadas de teléfono sin parar. Poco después trascendía que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, le convocaba por unas declaraciones de Giorgia Meloni, en las que proponía cerrar el espacio Schengen con España. El ministro italiano Antonio Tajani daba un paso más. La crisis se abría hueco en la Embajada marroquí y las réplicas llegaban al día siguiente con más países europeos, partidarios de cerrar las puertas a España. Como si Ceuta no fuera también la frontera del continente, de sus propios países. Una extraña sensación pesaba en el ambiente. Como una contradicción indisimulable. La casualidad hizo que la celebración de la Fiesta del Trono de Marruecos —que cada 30 de julio conmemora el aniversario de la entronización del Rey Mohamed VI— coincidiera este año con la mayor crisis migratoria que ha sufrido Ceuta en años. La imagen era un contraste incómodo. En la embajada, una velada con música, sabores marroquíes y ambiente festivo. Al mismo tiempo, la ciudad autónoma quedaba superada por una avalancha imparable de inmigrantes que procedían del país vecino. Las cifras oficiales hablan de 60.000 personas llegadas a una población de 84.000 habitantes. La ciudad autónoma gritaba auxilio y, mientras tanto, en Madrid, como en otros puntos de España, las autoridades marroquíes, la comunidad del reino alauí que reside en la capital y tantos otros españoles con lazos en Marruecos, se reunían en la residencia oficial de la embajadora Karima Benyaich para celebrar. Celebrar «la hermandad», «la colaboración», «las buenas relaciones» entre los dos países —se escuchaba en el jardín— con la frontera ceutí absolutamente reventada. La incomodidad era inevitable. En algunos corrillos los invitados hablaban de lo que estaba sucediendo en el espigón del Tarajal. Luego se extendería a Melilla. En otros, la fiesta continuaba ajena a la crisis migratoria, con conversaciones de todo tipo y selfis en el teléfono móvil. Se abría paso el olor a cordero, especias, tajín y té a la menta. La Embajada marroquí en Madrid está a apenas tres kilómetros del Palacio de la Moncloa. La del 30 de julio es una fiesta a la que normalmente acude una amplia representación ministerial. Y especialmente en los últimos años del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha tratado de fortalecer su relación con Marruecos de la mano de un giro en la política exterior que nunca explicó al Congreso. Este jueves por la noche el que estuvo en primera fila fue el ministro de Agricultura, Luis Planas. Su cartera también implica relaciones estrechas con el país vecino.Estaba previsto que acudiera el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, un habitual de la cita. No lo hizo, precisamente, por la gestión de la crisis en Ceuta. Y también figuraba en la agenda de la ministra portavoz, Elma Saiz. Entre los invitados más destacados sí se encontraba el expresidente del Gobierno Felipe González, que se marchó en cuanto terminó el discurso de la embajadora.Mandos del Ministerio del Interior, representantes de todos los cuerpos policiales, empresarios, personalidades del mundo de la cultura se amontonaron a escuchar las palabras de la embajadora, que este jueves habían cobrado toda la importancia posible. ¿Qué iba a decir de lo que está ocurriendo en Ceuta? «Nuestros gobiernos y ministros están en contacto para resolver esta situación. El Gobierno de Marruecos quiere que estos conciudadanos vuelvan a nuestro país. No es algo que nos complazca. Queremos una inmigración legal, ordenada y segura para todos». Las palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por WhatsAppLas palabras sobre la cooperación y las buenas relaciones chocaban con las imágenes y los vídeos que circulaban por los grupos de WhatsApp y por las redes sociales de cientos y cientos de jóvenes, la mayoría varones, entrando a la ciudad autónoma a espuertas. Un exdirigente político con mucha trayectoria defendía la presencia de mandos del ministerio y del propio Ejecutivo. «Es muy importante que estén aquí para resolver esto. Es esencial».Hubo una imagen elocuente sobre otra de las derivadas políticas que deja esta crisis: la postura de la Unión Europea y las tensiones de algunos Estados miembros. El embajador italiano en España, Giuseppe Buccino Grimaldi, atendía llamadas de teléfono sin parar. Poco después trascendía que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, le convocaba por unas declaraciones de Giorgia Meloni, en las que proponía cerrar el espacio Schengen con España. El ministro italiano Antonio Tajani daba un paso más. La crisis se abría hueco en la Embajada marroquí y las réplicas llegaban al día siguiente con más países europeos, partidarios de cerrar las puertas a España. Como si Ceuta no fuera también la frontera del continente, de sus propios países. RSS de noticias de espana
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