Nadie termina de entender qué ha ocurrido para que el incendio de Los Gallardos (Almería) haya dejado una contabilidad tan feroz. «Mi cuñado me contaba hoy por la mañana que ayer conduciendo lo vio«, afirma una mujer en el convento de Antas, habilitado ahora por el Ayuntamiento para albergar desalojados. «Decía que con una chaqueta o una manta parecía que se podía apagar. Pero bueno ahora estamos así«, añadía. Ese así se ha transformado en 12 cuerpos calcinados en vehículos -«No sé si es verdad, pero hablaban de que había un coche con una familia abrazada«, susurra una voluntaria en el pabellón de Garrucha-, 23 personas sin localizar y más de 1.400 personas desalojadas.
Los propietarios afectados limpian sus locales mientras cuantifican las pérdidas y se plantean si podrán volver a abrir cuando lleguen las ayudas
Nadie termina de entender qué ha ocurrido para que el incendio de Los Gallardos (Almería) haya dejado una contabilidad tan feroz. «Mi cuñado me contaba hoy por la mañana que ayer conduciendo lo vio«, afirma una mujer en el convento de Antas, habilitado ahora por el Ayuntamiento para albergar desalojados. «Decía que con una chaqueta o una manta parecía que se podía apagar. Pero bueno ahora estamos así«, añadía. Ese así se ha transformado en 12 cuerpos calcinados en vehículos -«No sé si es verdad, pero hablaban de que había un coche con una familia abrazada«, susurra una voluntaria en el pabellón de Garrucha-, 23 personas sin localizar y más de 1.400 personas desalojadas.
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