Vigo es una de las ciudades que más crecieron en el siglo XX gracias a una apuesta que llegó con los vientos de la mar. Ahora su relato es otro. El de una urbe de 300.000 habitantes y puntera en sectores tan avanzados como los semiconductores fotónicos, los nanosatélites, la inteligencia artificial (IA), los ordenadores cuánticos o los vehículos robotizados. Y todo parte de un lugar que, tiempo atrás, fue una salina. Por distinto que parezca tiene ADN vigués. Al fin y al cabo, también era una industria de exportación. Hoy es la sede del Consorcio Zona Franca de Vigo. Esta inmersión en las tecnologías profundas —orientadas a resolver retos complejos y de gran relevancia social— y su carácter disruptivo sería inconcebible sin la Zona Franca.
Hitos de la buena marcha viguesa
Abel Caballero, alcalde de Vigo, es una superpotencia del optimismo. Cada frase es un titular. “Tenemos la capacidad de hacerlo todo”. “Vigo es el nuevo Silicon Valley”. “Estamos fabricando un producto de altísima calidad que ya lo quisiera la NASA”. “Somos la ciudad de la economía y el emprendimiento”. “Hemos sido capaces de pescar a 2,5 kilómetros de profundidad”. “Nosotros inventamos la Navidad del siglo XXI”. “Yo me autodenomino el alcalde de la economía”. Pero también hay una vertiente de político reposado. ¿Cuál es el sitio de Vigo en 2030, que está aquí al lado? “Incorporar esta revolución tecnológica, que es la más importante que ha vivido la Humanidad, a las industrias de la ciudad y su entorno. Lo que está sucediendo ahora con la tecnología supera incluso la importancia de la escritura porque la transformación se vive en uno o dos años”, sostuvo. “Está aquí”. Caballero puso en valor la fábrica de automóviles de Stellantis. Y regresó al mar. “Antes los barcos eran sistemas de transporte, ahora son cajas de tecnología. Queremos producirlas”, aseguró. Y tuvo tiempo para despacharse contra los tecnoligarcas. “Pretenden sustituir a la democracia, no les interesa que voten los ciudadanos y, además, lo cuentan abiertamente. Recuerdan al fascismo cuando decían que un voto de un obrero no valía lo mismo que el de un abogado. Por eso los emprendedores en Vigo son un muro contra ellos, pues conocemos a los tecnólogos; por cómo piensan, buscan e imaginan una ciudad mejor, una sociedad mejor, son un antídoto contra ellos”, defendió Caballero.
Respecto al proyecto Ardora III-V, la primera fábrica —como hemos visto— de chips fotónicos de España, expresó: “Es brutal de qué manera el vínculo ciencia, academia y empresa tiene un impacto cierto en la vida de la gente. Estamos en un momento el que se puede pasar de una idea en un laboratorio de la Universidad a una fábrica que abrirá en 18 meses”. ¿Cómo es posible? “La política es un instrumento poderosísimo. Hablé con el ministro de Transformación Digital, Óscar López, para que Ardora III-V tuviera el apoyo del Gobierno, y también con Indra, e inmediatamente dijeron que sí e hicieron la aportación. Si no, no tendríamos el capital suficiente; ese es mi papel”, zanjó el alcalde.
La ciudad gallega afianza su papel como un polo clave de la factorías estratégicas y de ‘deep tech’ en España. Impulsada por la colaboración público-privada y por el Consorcio Zona Franca, la urbe se afana por destacar en la creación de nanosatélites, inteligencia artificial, supercomputación y automoción avanzada
Vigo es una de las ciudades que más crecieron en el siglo XX gracias a una apuesta que llegó con los vientos de la mar. Ahora su relato es otro. El de una urbe de 300.000 habitantes y puntera en sectores tan avanzados como los semiconductores fotónicos, los nanosatélites, la inteligencia artificial (IA), los ordenadores cuánticos o los vehículos robotizados. Y todo parte de un lugar que, tiempo atrás, fue una salina. Por distinto que parezca tiene ADN vigués. Al fin y al cabo, también era una industria de exportación. Hoy es la sede del Consorcio Zona Franca de Vigo. Esta inmersión en las tecnologías profundas —orientadas a resolver retos complejos y de gran relevancia social— y su carácter disruptivo sería inconcebible sin la Zona Franca.
Hitos de la buena marcha viguesa
Abel Caballero, alcalde de Vigo, es una superpotencia del optimismo. Cada frase es un titular. “Tenemos la capacidad de hacerlo todo”. “Vigo es el nuevo Silicon Valley”. “Estamos fabricando un producto de altísima calidad que ya lo quisiera la NASA”. “Somos la ciudad de la economía y el emprendimiento”. “Hemos sido capaces de pescar a 2,5 kilómetros de profundidad”. “Nosotros inventamos la Navidad del siglo XXI”. “Yo me autodenomino el alcalde de la economía”. Pero también hay una vertiente de político reposado. ¿Cuál es el sitio de Vigo en 2030, que está aquí al lado? “Incorporar esta revolución tecnológica, que es la más importante que ha vivido la Humanidad, a las industrias de la ciudad y su entorno. Lo que está sucediendo ahora con la tecnología supera incluso la importancia de la escritura porque la transformación se vive en uno o dos años”, sostuvo. “Está aquí”. Caballero puso en valor la fábrica de automóviles de Stellantis. Y regresó al mar. “Antes los barcos eran sistemas de transporte, ahora son cajas de tecnología. Queremos producirlas”, aseguró. Y tuvo tiempo para despacharse contra los tecnoligarcas. “Pretenden sustituir a la democracia, no les interesa que voten los ciudadanos y, además, lo cuentan abiertamente. Recuerdan al fascismo cuando decían que un voto de un obrero no valía lo mismo que el de un abogado. Por eso los emprendedores en Vigo son un muro contra ellos, pues conocemos a los tecnólogos; por cómo piensan, buscan e imaginan una ciudad mejor, una sociedad mejor, son un antídoto contra ellos”, defendió Caballero.
Respecto al proyecto Ardora III-V, la primera fábrica —como hemos visto— de chips fotónicos de España, expresó: “Es brutal de qué manera el vínculo ciencia, academia y empresa tiene un impacto cierto en la vida de la gente. Estamos en un momento el que se puede pasar de una idea en un laboratorio de la Universidad a una fábrica que abrirá en 18 meses”. ¿Cómo es posible? “La política es un instrumento poderosísimo. Hablé con el ministro de Transformación Digital, Óscar López, para que Ardora III-V tuviera el apoyo del Gobierno, y también con Indra, e inmediatamente dijeron que sí e hicieron la aportación. Si no, no tendríamos el capital suficiente; ese es mi papel”, zanjó el alcalde.
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