Esta semana en Almería, ciudad anfitriona de un impecable Congreso internacional sobre la figura y el pensamiento de J. Ratzinger- Benedicto XVI , le pregunté a un editor español: «¿Se siguen vendiendo las obras de Ratzinger?» Su contestación fue tajante: «Ahora más que nunca». Con motivo del centenario de su nacimiento, organizado por la Asociación de fieles Providencia, la Fundación Internacional Joseph Ratzinger y la Asociación Católica de Propagandistas, se ha puesto en evidencia que Ratzinger es el pensador ideal para el diálogo, en nuestro tiempo, con la increencia y con la indiferencia, con la ciencia y la cultura, con las religiones, y que su teología, pese a no ser sistemática, ofrece una mirada completa de la propuesta cristiana. Y que su estilo, a la vez sencillo y profundo, habla siempre de lo esencial que aporta la creencia en Dios y la afirmación de la Iglesia. A medida que León XIV va configurando su pontificado se perciben cada vez más los ecos del de Benedicto, cuya huella se engrandece. El joven teólogo, entonces calificado de progresista, el arzobispo, el cardenal curial calificado de conservador, el Papa de la libertad y de la conciencia, que fue uno y único, sabía, como escribió, que «en medio de un mundo donde el escepticismo ha contagiado a muchos creyentes, es un escándalo la convicción de la Iglesia de que hay una Verdad». Por eso se empeñó a fondo, con innegociable honestidad intelectual, en hacernos entender que la Iglesia no es una institución opresora, ni limitadora del disfrute de la vida, sino «el espacio de la libertad y de la comunión, donde Dios se hace compañero de camino para que la vida pueda florecer». Perdonen la confidencia y el desahogo. En mi vida no dejo pasar mucho tiempo sin leer algo del teólogo J. Ratzinger y del Papa Benedicto XVI para poder así tener luz intelectual, espiritual y vital en un presente de sombras, también en la Iglesia. No sé si, en un futuro, Ratzinger-Benedicto XVI será declarado santo o Padre de la Iglesia. De momento, no somo pocos los que nos alimentamos de su palabra. Esta semana en Almería, ciudad anfitriona de un impecable Congreso internacional sobre la figura y el pensamiento de J. Ratzinger- Benedicto XVI , le pregunté a un editor español: «¿Se siguen vendiendo las obras de Ratzinger?» Su contestación fue tajante: «Ahora más que nunca». Con motivo del centenario de su nacimiento, organizado por la Asociación de fieles Providencia, la Fundación Internacional Joseph Ratzinger y la Asociación Católica de Propagandistas, se ha puesto en evidencia que Ratzinger es el pensador ideal para el diálogo, en nuestro tiempo, con la increencia y con la indiferencia, con la ciencia y la cultura, con las religiones, y que su teología, pese a no ser sistemática, ofrece una mirada completa de la propuesta cristiana. Y que su estilo, a la vez sencillo y profundo, habla siempre de lo esencial que aporta la creencia en Dios y la afirmación de la Iglesia. A medida que León XIV va configurando su pontificado se perciben cada vez más los ecos del de Benedicto, cuya huella se engrandece. El joven teólogo, entonces calificado de progresista, el arzobispo, el cardenal curial calificado de conservador, el Papa de la libertad y de la conciencia, que fue uno y único, sabía, como escribió, que «en medio de un mundo donde el escepticismo ha contagiado a muchos creyentes, es un escándalo la convicción de la Iglesia de que hay una Verdad». Por eso se empeñó a fondo, con innegociable honestidad intelectual, en hacernos entender que la Iglesia no es una institución opresora, ni limitadora del disfrute de la vida, sino «el espacio de la libertad y de la comunión, donde Dios se hace compañero de camino para que la vida pueda florecer». Perdonen la confidencia y el desahogo. En mi vida no dejo pasar mucho tiempo sin leer algo del teólogo J. Ratzinger y del Papa Benedicto XVI para poder así tener luz intelectual, espiritual y vital en un presente de sombras, también en la Iglesia. No sé si, en un futuro, Ratzinger-Benedicto XVI será declarado santo o Padre de la Iglesia. De momento, no somo pocos los que nos alimentamos de su palabra. Esta semana en Almería, ciudad anfitriona de un impecable Congreso internacional sobre la figura y el pensamiento de J. Ratzinger- Benedicto XVI , le pregunté a un editor español: «¿Se siguen vendiendo las obras de Ratzinger?» Su contestación fue tajante: «Ahora más que nunca». Con motivo del centenario de su nacimiento, organizado por la Asociación de fieles Providencia, la Fundación Internacional Joseph Ratzinger y la Asociación Católica de Propagandistas, se ha puesto en evidencia que Ratzinger es el pensador ideal para el diálogo, en nuestro tiempo, con la increencia y con la indiferencia, con la ciencia y la cultura, con las religiones, y que su teología, pese a no ser sistemática, ofrece una mirada completa de la propuesta cristiana. Y que su estilo, a la vez sencillo y profundo, habla siempre de lo esencial que aporta la creencia en Dios y la afirmación de la Iglesia. A medida que León XIV va configurando su pontificado se perciben cada vez más los ecos del de Benedicto, cuya huella se engrandece. El joven teólogo, entonces calificado de progresista, el arzobispo, el cardenal curial calificado de conservador, el Papa de la libertad y de la conciencia, que fue uno y único, sabía, como escribió, que «en medio de un mundo donde el escepticismo ha contagiado a muchos creyentes, es un escándalo la convicción de la Iglesia de que hay una Verdad». Por eso se empeñó a fondo, con innegociable honestidad intelectual, en hacernos entender que la Iglesia no es una institución opresora, ni limitadora del disfrute de la vida, sino «el espacio de la libertad y de la comunión, donde Dios se hace compañero de camino para que la vida pueda florecer». Perdonen la confidencia y el desahogo. En mi vida no dejo pasar mucho tiempo sin leer algo del teólogo J. Ratzinger y del Papa Benedicto XVI para poder así tener luz intelectual, espiritual y vital en un presente de sombras, también en la Iglesia. No sé si, en un futuro, Ratzinger-Benedicto XVI será declarado santo o Padre de la Iglesia. De momento, no somo pocos los que nos alimentamos de su palabra. RSS de noticias de sociedad
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