Los primeros servicios de rescate han empezado a llegar a Venezuela mientras los vecinos buscan a la desesperada víctimas entre un mar de escombros. El tiempo corre en contra de los supervivientes. La experiencia en otras catástrofes similares es que pasadas las primeras 72 horas de un terremoto, la posibilidad de rescatar a personas con vida cae en picado. Aunque siempre hay «casos milagro» que se escapan a las estadísticas y los cálculos probabilísticos. En las circunstancias más favorables es viable rescatar con vida hasta 5-7 días después del colapso o incluso algo más, aunque por desgracia no es lo habitual.La rescatista Ana María Aldea nunca olvidará uno de esos rescates imposibles. Era el día 8 tras el terrible terremoto de Turquía de hace dos años. «Nos avisaron cuando ya estábamos recogiendo el campamento porque habían encontrado una persona sepultada. Solo veíamos la mano de una mujer asomando entre el escombro, fuimos a tomarle el pulso y fue entonces cuando me agarró la mano con fuerza. Fue una sensación que nunca podré quitarme de la cabeza y estoy acostumbrada a vivir situaciones difíciles. Llevaba ocho días sepultada , atrapada boca abajo en una posición en la que no se podía mover. Se tardaron seis horas más en liberarla, pero antes pudimos ponerle una vía intraósea para empezar a hidratarla. No sabemos de dónde sacó fuerzas para seguir con vida, pero lo logró y hoy sabemos que sobrevivió a la catástrofe. Este caso solo se puede explicar por las bajas temperaturas que se registraron durante aquel invierno, por su buen estado de salud previo y una fuerza mental increíble», recuerda.Más allá de las posibles lesiones -la mayoría fracturas y traumas-, la deshidratación es el principal enemigo de los atrapados. Sin acceso a agua, es difícil sobrevivir más de tres días salvo circunstancias excepcionales como la que Ana María vivió en el seísmo de Turquía. Una experiencia similar vivió Antonio Nogales, presidente de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF). En esta ocasión fue en el terremoto de Haití de 2010, allí participó en el rescate de otra mujer seis días después de que temblara la tierra. «Nos contó que aguantó porque estuvo hidratándose con su propia orina y por eso llegamos a tiempo», recuerda.Noticia relacionada general No No Alerta sanitaria en Venezuela: «No solo hay riesgo de cólera, sino de que afloren enfermedades endémicas» Esther ArmoraLas posibilidades de sobrevivir dependen de numerosos factores. Uno de ellos es la temperatura y la humedad de la zona. «Cuanto más calor, más riego hay de deshidratación. En Venezuela ahora hace calor y es muy improbable que alguien quede sepultada en una zona con acceso a agua», apunta Ana María Aldea, una veterana en atención de catástrofes que trabaja en el 112 y es enfermera de la Escuela Española de Salvamento y miembro de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias.’Huecos de vida’La estructura de los edificios de la zona también influye y mucho. En zonas donde se construye con adobe y piedra, como en las zonas rurales de Marruecos, cuando colapsa una casa no hay posibilidad de hallar espacios que protejan a los supervivientes. Los habitantes mueren sepultados bajo toneladas de arena. En Venezuela, la edificación de hormigón favorece los rescates con vida. Tras el derrumbe puede haber vigas metálicas que aíslen a las víctimas y más posibilidades de encontrar supervivientes en esos «huecos de vida» como los llaman los especialistas en rescate. Pero para rescatar a las víctimas antes hay que localizarlas. La mayoría de los equipos que se han trasladado a La Guaira, el epicentro del doble terremoto, van acompañados de perros adiestrados para la localización de personas vivas entre los escombros. Son un miembro más del equipo de rescate.Equipos de rescate de Brasil con sus perros adiestrados ReutersLos canes son el método de localización más eficaz. «Ninguna tecnología ha mejorado la nariz de un perro ni la precisión que tienen en la búsqueda de personas vivas», afirma Aldea. Se utilizan drones, sensores térmicos, geófonos y cámaras especiales para localizar a las víctimas, «pero no encontraríamos a supervivientes sin ellos».El olfato de los perros es capaz de detectar las 40.000 células por minuto que desprende el tejido humano y quedan suspendidas en el aire. Husmean por edificios derruidos y cuando detectan el olor de la vida se detienen sobre el lugar y avisan con su ladrido. «No necesitan haber olido previamente ninguna prenda u objeto de la persona desaparecida. Con su olfato, distinguen a vivos de muertos. Son capaces de distinguir entre el olor y los gases de expiración de una persona viva del que desprende un cadáver», explica el presidente de BUSF, Antonio Nogales.Los equipos de rescate caninos están preparados para cumplir su misión en los ambientes más estresantes: en entornos ruidosos, al lado de maquinaria pesada y el ruido incesante de ambulancia. Y todo gracias a la labor desinteresada que hacen muchos guías, encargados de adiestrarlos, la mayoría de forma totalmente altruista, recuerdan desde la Escuela Española de Salvamento. Los primeros servicios de rescate han empezado a llegar a Venezuela mientras los vecinos buscan a la desesperada víctimas entre un mar de escombros. El tiempo corre en contra de los supervivientes. La experiencia en otras catástrofes similares es que pasadas las primeras 72 horas de un terremoto, la posibilidad de rescatar a personas con vida cae en picado. Aunque siempre hay «casos milagro» que se escapan a las estadísticas y los cálculos probabilísticos. En las circunstancias más favorables es viable rescatar con vida hasta 5-7 días después del colapso o incluso algo más, aunque por desgracia no es lo habitual.La rescatista Ana María Aldea nunca olvidará uno de esos rescates imposibles. Era el día 8 tras el terrible terremoto de Turquía de hace dos años. «Nos avisaron cuando ya estábamos recogiendo el campamento porque habían encontrado una persona sepultada. Solo veíamos la mano de una mujer asomando entre el escombro, fuimos a tomarle el pulso y fue entonces cuando me agarró la mano con fuerza. Fue una sensación que nunca podré quitarme de la cabeza y estoy acostumbrada a vivir situaciones difíciles. Llevaba ocho días sepultada , atrapada boca abajo en una posición en la que no se podía mover. Se tardaron seis horas más en liberarla, pero antes pudimos ponerle una vía intraósea para empezar a hidratarla. No sabemos de dónde sacó fuerzas para seguir con vida, pero lo logró y hoy sabemos que sobrevivió a la catástrofe. Este caso solo se puede explicar por las bajas temperaturas que se registraron durante aquel invierno, por su buen estado de salud previo y una fuerza mental increíble», recuerda.Más allá de las posibles lesiones -la mayoría fracturas y traumas-, la deshidratación es el principal enemigo de los atrapados. Sin acceso a agua, es difícil sobrevivir más de tres días salvo circunstancias excepcionales como la que Ana María vivió en el seísmo de Turquía. Una experiencia similar vivió Antonio Nogales, presidente de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF). En esta ocasión fue en el terremoto de Haití de 2010, allí participó en el rescate de otra mujer seis días después de que temblara la tierra. «Nos contó que aguantó porque estuvo hidratándose con su propia orina y por eso llegamos a tiempo», recuerda.Noticia relacionada general No No Alerta sanitaria en Venezuela: «No solo hay riesgo de cólera, sino de que afloren enfermedades endémicas» Esther ArmoraLas posibilidades de sobrevivir dependen de numerosos factores. Uno de ellos es la temperatura y la humedad de la zona. «Cuanto más calor, más riego hay de deshidratación. En Venezuela ahora hace calor y es muy improbable que alguien quede sepultada en una zona con acceso a agua», apunta Ana María Aldea, una veterana en atención de catástrofes que trabaja en el 112 y es enfermera de la Escuela Española de Salvamento y miembro de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias.’Huecos de vida’La estructura de los edificios de la zona también influye y mucho. En zonas donde se construye con adobe y piedra, como en las zonas rurales de Marruecos, cuando colapsa una casa no hay posibilidad de hallar espacios que protejan a los supervivientes. Los habitantes mueren sepultados bajo toneladas de arena. En Venezuela, la edificación de hormigón favorece los rescates con vida. Tras el derrumbe puede haber vigas metálicas que aíslen a las víctimas y más posibilidades de encontrar supervivientes en esos «huecos de vida» como los llaman los especialistas en rescate. Pero para rescatar a las víctimas antes hay que localizarlas. La mayoría de los equipos que se han trasladado a La Guaira, el epicentro del doble terremoto, van acompañados de perros adiestrados para la localización de personas vivas entre los escombros. Son un miembro más del equipo de rescate.Equipos de rescate de Brasil con sus perros adiestrados ReutersLos canes son el método de localización más eficaz. «Ninguna tecnología ha mejorado la nariz de un perro ni la precisión que tienen en la búsqueda de personas vivas», afirma Aldea. Se utilizan drones, sensores térmicos, geófonos y cámaras especiales para localizar a las víctimas, «pero no encontraríamos a supervivientes sin ellos».El olfato de los perros es capaz de detectar las 40.000 células por minuto que desprende el tejido humano y quedan suspendidas en el aire. Husmean por edificios derruidos y cuando detectan el olor de la vida se detienen sobre el lugar y avisan con su ladrido. «No necesitan haber olido previamente ninguna prenda u objeto de la persona desaparecida. Con su olfato, distinguen a vivos de muertos. Son capaces de distinguir entre el olor y los gases de expiración de una persona viva del que desprende un cadáver», explica el presidente de BUSF, Antonio Nogales.Los equipos de rescate caninos están preparados para cumplir su misión en los ambientes más estresantes: en entornos ruidosos, al lado de maquinaria pesada y el ruido incesante de ambulancia. Y todo gracias a la labor desinteresada que hacen muchos guías, encargados de adiestrarlos, la mayoría de forma totalmente altruista, recuerdan desde la Escuela Española de Salvamento. Los primeros servicios de rescate han empezado a llegar a Venezuela mientras los vecinos buscan a la desesperada víctimas entre un mar de escombros. El tiempo corre en contra de los supervivientes. La experiencia en otras catástrofes similares es que pasadas las primeras 72 horas de un terremoto, la posibilidad de rescatar a personas con vida cae en picado. Aunque siempre hay «casos milagro» que se escapan a las estadísticas y los cálculos probabilísticos. En las circunstancias más favorables es viable rescatar con vida hasta 5-7 días después del colapso o incluso algo más, aunque por desgracia no es lo habitual.La rescatista Ana María Aldea nunca olvidará uno de esos rescates imposibles. Era el día 8 tras el terrible terremoto de Turquía de hace dos años. «Nos avisaron cuando ya estábamos recogiendo el campamento porque habían encontrado una persona sepultada. Solo veíamos la mano de una mujer asomando entre el escombro, fuimos a tomarle el pulso y fue entonces cuando me agarró la mano con fuerza. Fue una sensación que nunca podré quitarme de la cabeza y estoy acostumbrada a vivir situaciones difíciles. Llevaba ocho días sepultada , atrapada boca abajo en una posición en la que no se podía mover. Se tardaron seis horas más en liberarla, pero antes pudimos ponerle una vía intraósea para empezar a hidratarla. No sabemos de dónde sacó fuerzas para seguir con vida, pero lo logró y hoy sabemos que sobrevivió a la catástrofe. Este caso solo se puede explicar por las bajas temperaturas que se registraron durante aquel invierno, por su buen estado de salud previo y una fuerza mental increíble», recuerda.Más allá de las posibles lesiones -la mayoría fracturas y traumas-, la deshidratación es el principal enemigo de los atrapados. Sin acceso a agua, es difícil sobrevivir más de tres días salvo circunstancias excepcionales como la que Ana María vivió en el seísmo de Turquía. Una experiencia similar vivió Antonio Nogales, presidente de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF). En esta ocasión fue en el terremoto de Haití de 2010, allí participó en el rescate de otra mujer seis días después de que temblara la tierra. «Nos contó que aguantó porque estuvo hidratándose con su propia orina y por eso llegamos a tiempo», recuerda.Noticia relacionada general No No Alerta sanitaria en Venezuela: «No solo hay riesgo de cólera, sino de que afloren enfermedades endémicas» Esther ArmoraLas posibilidades de sobrevivir dependen de numerosos factores. Uno de ellos es la temperatura y la humedad de la zona. «Cuanto más calor, más riego hay de deshidratación. En Venezuela ahora hace calor y es muy improbable que alguien quede sepultada en una zona con acceso a agua», apunta Ana María Aldea, una veterana en atención de catástrofes que trabaja en el 112 y es enfermera de la Escuela Española de Salvamento y miembro de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias.’Huecos de vida’La estructura de los edificios de la zona también influye y mucho. En zonas donde se construye con adobe y piedra, como en las zonas rurales de Marruecos, cuando colapsa una casa no hay posibilidad de hallar espacios que protejan a los supervivientes. Los habitantes mueren sepultados bajo toneladas de arena. En Venezuela, la edificación de hormigón favorece los rescates con vida. Tras el derrumbe puede haber vigas metálicas que aíslen a las víctimas y más posibilidades de encontrar supervivientes en esos «huecos de vida» como los llaman los especialistas en rescate. Pero para rescatar a las víctimas antes hay que localizarlas. La mayoría de los equipos que se han trasladado a La Guaira, el epicentro del doble terremoto, van acompañados de perros adiestrados para la localización de personas vivas entre los escombros. Son un miembro más del equipo de rescate.Equipos de rescate de Brasil con sus perros adiestrados ReutersLos canes son el método de localización más eficaz. «Ninguna tecnología ha mejorado la nariz de un perro ni la precisión que tienen en la búsqueda de personas vivas», afirma Aldea. Se utilizan drones, sensores térmicos, geófonos y cámaras especiales para localizar a las víctimas, «pero no encontraríamos a supervivientes sin ellos».El olfato de los perros es capaz de detectar las 40.000 células por minuto que desprende el tejido humano y quedan suspendidas en el aire. Husmean por edificios derruidos y cuando detectan el olor de la vida se detienen sobre el lugar y avisan con su ladrido. «No necesitan haber olido previamente ninguna prenda u objeto de la persona desaparecida. Con su olfato, distinguen a vivos de muertos. Son capaces de distinguir entre el olor y los gases de expiración de una persona viva del que desprende un cadáver», explica el presidente de BUSF, Antonio Nogales.Los equipos de rescate caninos están preparados para cumplir su misión en los ambientes más estresantes: en entornos ruidosos, al lado de maquinaria pesada y el ruido incesante de ambulancia. Y todo gracias a la labor desinteresada que hacen muchos guías, encargados de adiestrarlos, la mayoría de forma totalmente altruista, recuerdan desde la Escuela Española de Salvamento. RSS de noticias de sociedad
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