Cada verano, cuando cae el sol, cientos de valencianos despliegan mesas, sillas y neveras en el paseo marítimo de la Malvarrosa para disfrutar del tradicional ‘sopar a la fresca’, una estampa inseparable de las noches estivales. Sin embargo, la propuesta de los hosteleros de aprovechar la futura remodelación del frente marítimo para habilitar una zona de pícnic ha abierto el debate sobre cómo compatibilizar esta costumbre con la convivencia en uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Mientras los restauradores defienden crear un espacio dotado de servicios para reducir los problemas de limpieza, los vecinos reivindican mantener esta tradición tal y como se ha desarrollado durante décadas.Así lo traslada a ABC el presidente de la Asociación de Vecinos de la Malvarrosa, Pau Díaz. «Es una tradición de nuestros vecinos del barrio que representa un momento de encuentro y de convivencia», destaca, aunque «entiende» que hay un un debate entre el «interés de las personas y el interés privado». «Entendemos el interés de los comercios, mientras que no sea en detrimento de la convivencia y de la ciudadanía», sostiene. Preguntado por la queja de algún establecimiento que apunta que esta práctica produce una mala imagen, Díaz señala que «las preocupaciones tienen que ser por el barrio y no para la promoción del negocio». «No queremos el aumento de la turistificación ni que sea la Malvarrosa un escaparate para el negocio particular o privado. Entendemos que es legítimo, pero esa no es la demanda del vecindario ni de una asociación de vecinos».En esta línea, apunta que no es el primer desencuentro con los hosteleros de la zona del paseo, ya que aunque reconoce que «no son todos», algunos ya se habían quejado durante la celebración de alguna actividad de la asociación en el paseo. En este sentido, Díaz avanza que, junto a la asociación de vecinos de El Cabanyal, han convocado una cena popular que se celebrará a principios del mes de septiembre en el paseo «en reivindicación del espacio público para el vecindario». «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo, pero en condiciones más saludables»Sin embargo, el presidente de la Asociación de Restaurantes de la Playa de la Malvarrosa, José Miralles, rechaza que el sector quiera impedir que los vecinos sigan cenando en el paseo marítimo. Asegura a este diario que el debate generado en los últimos días responde a una «malinterpretación» de la propuesta que han trasladado al Ayuntamiento en el marco de la futura remodelación del frente litoral. «Para nada los hosteleros están en contra de esto, todo lo contrario», subraya.El representante de los restauradores explica que la petición consiste en habilitar una zona de pícnic dotada de servicios, como papeleras, lavamanos, aseos o puntos para limpiar los utensilios, con el objetivo de mejorar la experiencia de quienes optan por llevar su propia comida y reducir los problemas de suciedad que se generan al no existir actualmente estas infraestructuras. «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo que está ejerciendo hoy, pero en unas condiciones mucho más saludables», asevera. Miralles insiste en que cenar «a la fresca» forma parte de la identidad de los poblados marítimos y niega que esta costumbre proyecte una mala imagen de la ciudad. «Cuando algo es cultural y es propio de tu barrio, debe ser un atractivo, no un impedimento para el turista», afirma. En este sentido, sostiene que el paseo marítimo «es absolutamente de todos» y que debe seguir siendo un espacio donde convivan quienes eligen acudir a los restaurantes y quienes prefieren disfrutar de una cena al aire libre.«Es un problema de educación, no de que se cene»Por su parte, el dueño del restaurante La Murciana -ubicado en el paseo de la Malvarrosa,- Daniel Navarro, explica que el problema no es que los vecinos mantengan la tradicional costumbre de cenar al aire libre frente al mar, sino la falta de civismo con la que, a su juicio, se desarrolla en muchos casos. «Esto no es una cosa que viene de ahora, es una cosa de toda la vida y nunca ha habido ningún problema. Poder venir con la familia, con las sillas y la mesa a hacer la cenita de verano o cenar a la fresca es algo que siempre ha existido», incide.En su opinión, la imagen de familias compartiendo la cena en el paseo forma parte de la identidad del litoral valenciano y no perjudica ni a la hostelería ni al turismo. Sin embargo, su preocupación, insiste, llega cuando termina la jornada: «Nosotros el problema lo tenemos en cómo se queda el paseo después».Navarro lamenta que la «falta de educación y respeto por el espacio público» haya ido en aumento en los últimos años, dejando residuos y una imagen muy distinta a la que, recalca, existía hace una década: «Hace diez o quince años esto no ocurría y cada vez ocurre más. Es un problema de educación, no de que la gente venga a cenar».El hostelero considera, además, que parte del problema también se debe a la escasez de servicios públicos en la playa de la Malvarrosa. Reclama más papeleras, baños públicos operativos y puntos de información que faciliten la estancia tanto a vecinos como a turistas. «La gente tiene derecho a venir a cenar, pero también necesita dónde tirar la basura o ir al baño. Aquí tenemos un aseo público construido desde hace años que prácticamente nunca ha estado en funcionamiento», denuncia. Cada verano, cuando cae el sol, cientos de valencianos despliegan mesas, sillas y neveras en el paseo marítimo de la Malvarrosa para disfrutar del tradicional ‘sopar a la fresca’, una estampa inseparable de las noches estivales. Sin embargo, la propuesta de los hosteleros de aprovechar la futura remodelación del frente marítimo para habilitar una zona de pícnic ha abierto el debate sobre cómo compatibilizar esta costumbre con la convivencia en uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Mientras los restauradores defienden crear un espacio dotado de servicios para reducir los problemas de limpieza, los vecinos reivindican mantener esta tradición tal y como se ha desarrollado durante décadas.Así lo traslada a ABC el presidente de la Asociación de Vecinos de la Malvarrosa, Pau Díaz. «Es una tradición de nuestros vecinos del barrio que representa un momento de encuentro y de convivencia», destaca, aunque «entiende» que hay un un debate entre el «interés de las personas y el interés privado». «Entendemos el interés de los comercios, mientras que no sea en detrimento de la convivencia y de la ciudadanía», sostiene. Preguntado por la queja de algún establecimiento que apunta que esta práctica produce una mala imagen, Díaz señala que «las preocupaciones tienen que ser por el barrio y no para la promoción del negocio». «No queremos el aumento de la turistificación ni que sea la Malvarrosa un escaparate para el negocio particular o privado. Entendemos que es legítimo, pero esa no es la demanda del vecindario ni de una asociación de vecinos».En esta línea, apunta que no es el primer desencuentro con los hosteleros de la zona del paseo, ya que aunque reconoce que «no son todos», algunos ya se habían quejado durante la celebración de alguna actividad de la asociación en el paseo. En este sentido, Díaz avanza que, junto a la asociación de vecinos de El Cabanyal, han convocado una cena popular que se celebrará a principios del mes de septiembre en el paseo «en reivindicación del espacio público para el vecindario». «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo, pero en condiciones más saludables»Sin embargo, el presidente de la Asociación de Restaurantes de la Playa de la Malvarrosa, José Miralles, rechaza que el sector quiera impedir que los vecinos sigan cenando en el paseo marítimo. Asegura a este diario que el debate generado en los últimos días responde a una «malinterpretación» de la propuesta que han trasladado al Ayuntamiento en el marco de la futura remodelación del frente litoral. «Para nada los hosteleros están en contra de esto, todo lo contrario», subraya.El representante de los restauradores explica que la petición consiste en habilitar una zona de pícnic dotada de servicios, como papeleras, lavamanos, aseos o puntos para limpiar los utensilios, con el objetivo de mejorar la experiencia de quienes optan por llevar su propia comida y reducir los problemas de suciedad que se generan al no existir actualmente estas infraestructuras. «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo que está ejerciendo hoy, pero en unas condiciones mucho más saludables», asevera. Miralles insiste en que cenar «a la fresca» forma parte de la identidad de los poblados marítimos y niega que esta costumbre proyecte una mala imagen de la ciudad. «Cuando algo es cultural y es propio de tu barrio, debe ser un atractivo, no un impedimento para el turista», afirma. En este sentido, sostiene que el paseo marítimo «es absolutamente de todos» y que debe seguir siendo un espacio donde convivan quienes eligen acudir a los restaurantes y quienes prefieren disfrutar de una cena al aire libre.«Es un problema de educación, no de que se cene»Por su parte, el dueño del restaurante La Murciana -ubicado en el paseo de la Malvarrosa,- Daniel Navarro, explica que el problema no es que los vecinos mantengan la tradicional costumbre de cenar al aire libre frente al mar, sino la falta de civismo con la que, a su juicio, se desarrolla en muchos casos. «Esto no es una cosa que viene de ahora, es una cosa de toda la vida y nunca ha habido ningún problema. Poder venir con la familia, con las sillas y la mesa a hacer la cenita de verano o cenar a la fresca es algo que siempre ha existido», incide.En su opinión, la imagen de familias compartiendo la cena en el paseo forma parte de la identidad del litoral valenciano y no perjudica ni a la hostelería ni al turismo. Sin embargo, su preocupación, insiste, llega cuando termina la jornada: «Nosotros el problema lo tenemos en cómo se queda el paseo después».Navarro lamenta que la «falta de educación y respeto por el espacio público» haya ido en aumento en los últimos años, dejando residuos y una imagen muy distinta a la que, recalca, existía hace una década: «Hace diez o quince años esto no ocurría y cada vez ocurre más. Es un problema de educación, no de que la gente venga a cenar».El hostelero considera, además, que parte del problema también se debe a la escasez de servicios públicos en la playa de la Malvarrosa. Reclama más papeleras, baños públicos operativos y puntos de información que faciliten la estancia tanto a vecinos como a turistas. «La gente tiene derecho a venir a cenar, pero también necesita dónde tirar la basura o ir al baño. Aquí tenemos un aseo público construido desde hace años que prácticamente nunca ha estado en funcionamiento», denuncia. Cada verano, cuando cae el sol, cientos de valencianos despliegan mesas, sillas y neveras en el paseo marítimo de la Malvarrosa para disfrutar del tradicional ‘sopar a la fresca’, una estampa inseparable de las noches estivales. Sin embargo, la propuesta de los hosteleros de aprovechar la futura remodelación del frente marítimo para habilitar una zona de pícnic ha abierto el debate sobre cómo compatibilizar esta costumbre con la convivencia en uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Mientras los restauradores defienden crear un espacio dotado de servicios para reducir los problemas de limpieza, los vecinos reivindican mantener esta tradición tal y como se ha desarrollado durante décadas.Así lo traslada a ABC el presidente de la Asociación de Vecinos de la Malvarrosa, Pau Díaz. «Es una tradición de nuestros vecinos del barrio que representa un momento de encuentro y de convivencia», destaca, aunque «entiende» que hay un un debate entre el «interés de las personas y el interés privado». «Entendemos el interés de los comercios, mientras que no sea en detrimento de la convivencia y de la ciudadanía», sostiene. Preguntado por la queja de algún establecimiento que apunta que esta práctica produce una mala imagen, Díaz señala que «las preocupaciones tienen que ser por el barrio y no para la promoción del negocio». «No queremos el aumento de la turistificación ni que sea la Malvarrosa un escaparate para el negocio particular o privado. Entendemos que es legítimo, pero esa no es la demanda del vecindario ni de una asociación de vecinos».En esta línea, apunta que no es el primer desencuentro con los hosteleros de la zona del paseo, ya que aunque reconoce que «no son todos», algunos ya se habían quejado durante la celebración de alguna actividad de la asociación en el paseo. En este sentido, Díaz avanza que, junto a la asociación de vecinos de El Cabanyal, han convocado una cena popular que se celebrará a principios del mes de septiembre en el paseo «en reivindicación del espacio público para el vecindario». «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo, pero en condiciones más saludables»Sin embargo, el presidente de la Asociación de Restaurantes de la Playa de la Malvarrosa, José Miralles, rechaza que el sector quiera impedir que los vecinos sigan cenando en el paseo marítimo. Asegura a este diario que el debate generado en los últimos días responde a una «malinterpretación» de la propuesta que han trasladado al Ayuntamiento en el marco de la futura remodelación del frente litoral. «Para nada los hosteleros están en contra de esto, todo lo contrario», subraya.El representante de los restauradores explica que la petición consiste en habilitar una zona de pícnic dotada de servicios, como papeleras, lavamanos, aseos o puntos para limpiar los utensilios, con el objetivo de mejorar la experiencia de quienes optan por llevar su propia comida y reducir los problemas de suciedad que se generan al no existir actualmente estas infraestructuras. «La gente se puede sentir cómoda ejerciendo exactamente lo mismo que está ejerciendo hoy, pero en unas condiciones mucho más saludables», asevera. Miralles insiste en que cenar «a la fresca» forma parte de la identidad de los poblados marítimos y niega que esta costumbre proyecte una mala imagen de la ciudad. «Cuando algo es cultural y es propio de tu barrio, debe ser un atractivo, no un impedimento para el turista», afirma. En este sentido, sostiene que el paseo marítimo «es absolutamente de todos» y que debe seguir siendo un espacio donde convivan quienes eligen acudir a los restaurantes y quienes prefieren disfrutar de una cena al aire libre.«Es un problema de educación, no de que se cene»Por su parte, el dueño del restaurante La Murciana -ubicado en el paseo de la Malvarrosa,- Daniel Navarro, explica que el problema no es que los vecinos mantengan la tradicional costumbre de cenar al aire libre frente al mar, sino la falta de civismo con la que, a su juicio, se desarrolla en muchos casos. «Esto no es una cosa que viene de ahora, es una cosa de toda la vida y nunca ha habido ningún problema. Poder venir con la familia, con las sillas y la mesa a hacer la cenita de verano o cenar a la fresca es algo que siempre ha existido», incide.En su opinión, la imagen de familias compartiendo la cena en el paseo forma parte de la identidad del litoral valenciano y no perjudica ni a la hostelería ni al turismo. Sin embargo, su preocupación, insiste, llega cuando termina la jornada: «Nosotros el problema lo tenemos en cómo se queda el paseo después».Navarro lamenta que la «falta de educación y respeto por el espacio público» haya ido en aumento en los últimos años, dejando residuos y una imagen muy distinta a la que, recalca, existía hace una década: «Hace diez o quince años esto no ocurría y cada vez ocurre más. Es un problema de educación, no de que la gente venga a cenar».El hostelero considera, además, que parte del problema también se debe a la escasez de servicios públicos en la playa de la Malvarrosa. Reclama más papeleras, baños públicos operativos y puntos de información que faciliten la estancia tanto a vecinos como a turistas. «La gente tiene derecho a venir a cenar, pero también necesita dónde tirar la basura o ir al baño. Aquí tenemos un aseo público construido desde hace años que prácticamente nunca ha estado en funcionamiento», denuncia. RSS de noticias de espana
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