Hay mucha oscuridad en torno a la creación de ‘ Timón de Atenas ‘, una de las tragedias menos representadas y más desconocidas de William Shakespeare . Los estudiosos han convenido casi de forma unánime en que fue escrita en colaboración con Thomas Middleton , y coinciden también en que parece una obra inacabada por su irregularidad; se suma a esta creencia el hecho de que la obra no se publicara en vida del autor. Se fecha entre 1605 y 1608, y está basada lejanamente en un texto de Plutarco, ‘Vida de Marco Antonio’.El Festival de Mérida puso en pie esta tragedia en 2008, con una versión de Francisco Sena y dirección del portugués Joaquim Benite. Ha regresado al Teatro Romano ahora con dirección de Hernán Gené, argentino afincado en España desde hace años; aquí ha desarrollado una interesantísima labor fundamentalmente con un teatro teñido por lo payasesco. No es extraño por tanto que para esta producción de ‘Timón de Atenas’ haya recurrido a un actor que nunca ha renegado (sino más bien todo lo contrario) de su condición de payaso: Pepe Viyuela (galardonado hace apenas unas semanas con el premio Corral de Comedias del Festival de Almagro).Pepe Viyuela pertenece a esa rara especie de actores que se mete en sus personajes y los disfraza de Pepe Viyuela; es decir, que los construye a través de la naturalidad y de su propia personalidad sin que se note. Parece que no actúa, pero sí. Parece que a quien se ve es al actor, pero no: se ve al personaje. Así es su Timón: su bonhomía se convierte en amargura, su desprendimiento en rencor, su optimista ingenuidad en dolor áspero, y siempre de manera convincente.’Timón de Atenas’ es una amarga tragedia en la que Shakespeare destiló una profunda desesperanza en la condición humana. Habla de un millonario ateniense célebre por su desprendimiento y su esplendidez -si le hacen un regalo, él corresponde con otro que dobla su valor- y de una irritante ingenuidad. Cree que los aduladores que tiene a su alrededor son sus amigos, y dilapida con ellos su fortuna; cuando acude a ellos para que le ayuden, se encuentra con que todos le dan la espalda. Timón, entonces, abandona Atenas y se convierte en un huraño ermitaño misántropo que desprecia al género humano.Joaquín Hinojosa es el autor de la versión del texto shakespeariano, irregular y a menudo reiterativo en sus argumentos, que retrata con precisión la mezquindad del ser humano, la codicia, la adulación, la falsedad, y que es poderosamente pesimista. Una primera parte luminosa da paso a la sombría tragedia, y es ahí donde se escuchan los parlamentos más profundos y dolorosos, pero también donde decae notablemente su interés. En torno a este texto, que no termina de levantar el vuelo, ha tejido Gené un espectáculo sólido y atractivo, trufado de música y de bailes – de Madonna a Schubert, de los Beatles y Janis Joplin a Mahler -, bien armado a pesar de su duración -dos horas, que en los duros asientos de piedra emeritenses pueden llegar a pesar mucho-. A Viyuela le acompañan en escena Esther Acevedo, Beatriz Melgares, Tomás Pozzi, Miguel Uribe, Samuel Viyuela González y Pepa Zaragoza, que realizan un admirable trabajo de malabarismo (por continuar con el aroma circense) sosteniendo cada uno un sinfín de personajes sin dejar que estos se caigan al suelo.Hernán Gené tuvo, en la noche del estreno, once compatriotas suyos que le robaron protagonismo. La semifinal del Mundial de fútbol entre Argentina e Inglaterra estaba presente en muchas conversaciones, e incluso en algunos móviles encendidos en los que varios espectadores seguían furtivamente las evoluciones de Messi, Bellingham y compañía. El domingo, día de la final entre España y Argentina, el escenario tendrá un duro rival en el césped (la función se va a retrasar un cuarto de hora para coincidir lo menos posible con el partido), aunque Pepe Viyuela, tal vez contagiado del optimismo inicial de su personaje, dijera con sorna después de la función: «Siento que el domingo el teatro le quite espectadores al fútbol»… Bendita inocencia. Hay mucha oscuridad en torno a la creación de ‘ Timón de Atenas ‘, una de las tragedias menos representadas y más desconocidas de William Shakespeare . Los estudiosos han convenido casi de forma unánime en que fue escrita en colaboración con Thomas Middleton , y coinciden también en que parece una obra inacabada por su irregularidad; se suma a esta creencia el hecho de que la obra no se publicara en vida del autor. Se fecha entre 1605 y 1608, y está basada lejanamente en un texto de Plutarco, ‘Vida de Marco Antonio’.El Festival de Mérida puso en pie esta tragedia en 2008, con una versión de Francisco Sena y dirección del portugués Joaquim Benite. Ha regresado al Teatro Romano ahora con dirección de Hernán Gené, argentino afincado en España desde hace años; aquí ha desarrollado una interesantísima labor fundamentalmente con un teatro teñido por lo payasesco. No es extraño por tanto que para esta producción de ‘Timón de Atenas’ haya recurrido a un actor que nunca ha renegado (sino más bien todo lo contrario) de su condición de payaso: Pepe Viyuela (galardonado hace apenas unas semanas con el premio Corral de Comedias del Festival de Almagro).Pepe Viyuela pertenece a esa rara especie de actores que se mete en sus personajes y los disfraza de Pepe Viyuela; es decir, que los construye a través de la naturalidad y de su propia personalidad sin que se note. Parece que no actúa, pero sí. Parece que a quien se ve es al actor, pero no: se ve al personaje. Así es su Timón: su bonhomía se convierte en amargura, su desprendimiento en rencor, su optimista ingenuidad en dolor áspero, y siempre de manera convincente.’Timón de Atenas’ es una amarga tragedia en la que Shakespeare destiló una profunda desesperanza en la condición humana. Habla de un millonario ateniense célebre por su desprendimiento y su esplendidez -si le hacen un regalo, él corresponde con otro que dobla su valor- y de una irritante ingenuidad. Cree que los aduladores que tiene a su alrededor son sus amigos, y dilapida con ellos su fortuna; cuando acude a ellos para que le ayuden, se encuentra con que todos le dan la espalda. Timón, entonces, abandona Atenas y se convierte en un huraño ermitaño misántropo que desprecia al género humano.Joaquín Hinojosa es el autor de la versión del texto shakespeariano, irregular y a menudo reiterativo en sus argumentos, que retrata con precisión la mezquindad del ser humano, la codicia, la adulación, la falsedad, y que es poderosamente pesimista. Una primera parte luminosa da paso a la sombría tragedia, y es ahí donde se escuchan los parlamentos más profundos y dolorosos, pero también donde decae notablemente su interés. En torno a este texto, que no termina de levantar el vuelo, ha tejido Gené un espectáculo sólido y atractivo, trufado de música y de bailes – de Madonna a Schubert, de los Beatles y Janis Joplin a Mahler -, bien armado a pesar de su duración -dos horas, que en los duros asientos de piedra emeritenses pueden llegar a pesar mucho-. A Viyuela le acompañan en escena Esther Acevedo, Beatriz Melgares, Tomás Pozzi, Miguel Uribe, Samuel Viyuela González y Pepa Zaragoza, que realizan un admirable trabajo de malabarismo (por continuar con el aroma circense) sosteniendo cada uno un sinfín de personajes sin dejar que estos se caigan al suelo.Hernán Gené tuvo, en la noche del estreno, once compatriotas suyos que le robaron protagonismo. La semifinal del Mundial de fútbol entre Argentina e Inglaterra estaba presente en muchas conversaciones, e incluso en algunos móviles encendidos en los que varios espectadores seguían furtivamente las evoluciones de Messi, Bellingham y compañía. El domingo, día de la final entre España y Argentina, el escenario tendrá un duro rival en el césped (la función se va a retrasar un cuarto de hora para coincidir lo menos posible con el partido), aunque Pepe Viyuela, tal vez contagiado del optimismo inicial de su personaje, dijera con sorna después de la función: «Siento que el domingo el teatro le quite espectadores al fútbol»… Bendita inocencia. Hay mucha oscuridad en torno a la creación de ‘ Timón de Atenas ‘, una de las tragedias menos representadas y más desconocidas de William Shakespeare . Los estudiosos han convenido casi de forma unánime en que fue escrita en colaboración con Thomas Middleton , y coinciden también en que parece una obra inacabada por su irregularidad; se suma a esta creencia el hecho de que la obra no se publicara en vida del autor. Se fecha entre 1605 y 1608, y está basada lejanamente en un texto de Plutarco, ‘Vida de Marco Antonio’.El Festival de Mérida puso en pie esta tragedia en 2008, con una versión de Francisco Sena y dirección del portugués Joaquim Benite. Ha regresado al Teatro Romano ahora con dirección de Hernán Gené, argentino afincado en España desde hace años; aquí ha desarrollado una interesantísima labor fundamentalmente con un teatro teñido por lo payasesco. No es extraño por tanto que para esta producción de ‘Timón de Atenas’ haya recurrido a un actor que nunca ha renegado (sino más bien todo lo contrario) de su condición de payaso: Pepe Viyuela (galardonado hace apenas unas semanas con el premio Corral de Comedias del Festival de Almagro).Pepe Viyuela pertenece a esa rara especie de actores que se mete en sus personajes y los disfraza de Pepe Viyuela; es decir, que los construye a través de la naturalidad y de su propia personalidad sin que se note. Parece que no actúa, pero sí. Parece que a quien se ve es al actor, pero no: se ve al personaje. Así es su Timón: su bonhomía se convierte en amargura, su desprendimiento en rencor, su optimista ingenuidad en dolor áspero, y siempre de manera convincente.’Timón de Atenas’ es una amarga tragedia en la que Shakespeare destiló una profunda desesperanza en la condición humana. Habla de un millonario ateniense célebre por su desprendimiento y su esplendidez -si le hacen un regalo, él corresponde con otro que dobla su valor- y de una irritante ingenuidad. Cree que los aduladores que tiene a su alrededor son sus amigos, y dilapida con ellos su fortuna; cuando acude a ellos para que le ayuden, se encuentra con que todos le dan la espalda. Timón, entonces, abandona Atenas y se convierte en un huraño ermitaño misántropo que desprecia al género humano.Joaquín Hinojosa es el autor de la versión del texto shakespeariano, irregular y a menudo reiterativo en sus argumentos, que retrata con precisión la mezquindad del ser humano, la codicia, la adulación, la falsedad, y que es poderosamente pesimista. Una primera parte luminosa da paso a la sombría tragedia, y es ahí donde se escuchan los parlamentos más profundos y dolorosos, pero también donde decae notablemente su interés. En torno a este texto, que no termina de levantar el vuelo, ha tejido Gené un espectáculo sólido y atractivo, trufado de música y de bailes – de Madonna a Schubert, de los Beatles y Janis Joplin a Mahler -, bien armado a pesar de su duración -dos horas, que en los duros asientos de piedra emeritenses pueden llegar a pesar mucho-. A Viyuela le acompañan en escena Esther Acevedo, Beatriz Melgares, Tomás Pozzi, Miguel Uribe, Samuel Viyuela González y Pepa Zaragoza, que realizan un admirable trabajo de malabarismo (por continuar con el aroma circense) sosteniendo cada uno un sinfín de personajes sin dejar que estos se caigan al suelo.Hernán Gené tuvo, en la noche del estreno, once compatriotas suyos que le robaron protagonismo. La semifinal del Mundial de fútbol entre Argentina e Inglaterra estaba presente en muchas conversaciones, e incluso en algunos móviles encendidos en los que varios espectadores seguían furtivamente las evoluciones de Messi, Bellingham y compañía. El domingo, día de la final entre España y Argentina, el escenario tendrá un duro rival en el césped (la función se va a retrasar un cuarto de hora para coincidir lo menos posible con el partido), aunque Pepe Viyuela, tal vez contagiado del optimismo inicial de su personaje, dijera con sorna después de la función: «Siento que el domingo el teatro le quite espectadores al fútbol»… Bendita inocencia. RSS de noticias de cultura
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