Relojes y pulseras valorados en 1.566 euros cada uno, iPhone de última generación valorados en 1.399 euros o un bolso de marca valorados en 849 euros son solo algunos de los regalos que instituciones, organismos y empresas públicas regalan a sus empleados con cargo al erario público. Una práctica más habitual de lo que uno podría pensar y que genera fuertes críticas, principalmente en la intervención, que no siempre ven clara la justificación ni la necesidad de estos presentes.El Banco de España es una de las instituciones públicas que más presupuesto destina a agasajar a sus trabajadores desde hace años. Además de un completo plan de vacaciones, actividades culturales o beneficios sociales, cuyos contratos para la subvención de los mismos son públicos, el supervisor bancario destinó el año pasado 184.900 euros a adquirir regalos para sus empleados que cumplen 25 y 50 años prestando servicio en su sede central o una de las quince que tiene por el territorio. La institución dirigida por el exministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, destinó 1.566 por cada uno de los 58 relojes y las pulseras que compró, en función de si cumplían un cuarto o medio siglo de función pública. Se trata de una acción que el Banco de España lleva realizando desde hace tiempo y que ya se ha convertido en un derecho inherente.En la licitación de los relojes se valoraba el acabado de la caja, así como el pulido y el cepillado de la misma, la ausencia de tornillería y los adornos en el bisel, además de las características y calidad de la correa, que tenía que ser de piel natural o lagarto, la existencia de una segunda correa adicional, el sistema de sustitución de las correas, el tipo de cierre de las correas y el tipo de los números que muestra el reloj en su esfera. El organo encargado de valorar las ofertas también tuvo en cuenta «el diseño del reloj presentado, valorando la línea clásica y atemporal y la elegancia de la muestra presentada«. En lo que respecta a las pulseras se valoró que tuvieran un diseño clásico y atemporal así como »el peso en oro de la muestra, la longitud de la pulsera y los quilates de los diamantes, incluyendo ahí la calidad, el peso y la pureza de los diamantes engastados en ella». Aena, la empresa gestora de los aeropuertos españoles, también es muy generosa con sus cargos. Según se puede comprobar en el portal de datos abiertos ‘contratacionabierta.es’, que recoge miles de contratos públicos, la empresa presidida por el socialista catalán Maurici Lucena, y que depende del Ministerio de Transportes, lanzó una licitación para comprar un bolso de la marca Ralph Lauren como obsequio «a la altura de las circunstancias» para una consejera de Aena que dimitió de su cargo. La compra, realizada en El Corte Inglés, supuso un desembolso para las arcas públicas de 849 euros.Pero no solo las grandes instituciones o administraciones del Estado son generosas, hasta los ayuntamientos más pequeños juegan con ello. Y es destaca, con relación al presupuesto que maneja, el detalle que tiene la alcaldía del ayuntamiento de Tías (Lanzarote), en este caso únicamente con los agentes de la Policía Local que dejan el cuerpo para jubilarse. Según consta en el portal de transparencia del consistorio, se han adquirido a una ferretería de la localidad varios teléfonos móviles de la marca Apple de última generación, «como detalle protocolario». En algunos casos, como es el de un oficial en abril de este mismo año, se hace constar expresamente que el obsequio es en motivo de «su jubilación». En otros únicamente se refiere que es «para el agente de la Policía Local, funcionario de este ayuntamiento».Normativa sobre regalos externosLa normativa española establece con claridad que los empleados públicos deben actuar con objetividad, imparcialidad y servicio exclusivo al interés general. Este marco regula principalmente la recepción de presentes externos , así como la aceptación de favores o ventajas que puedan poner en riesgo estos principios, por si esto podría influir en la toma de sus decisiones. Sin embargo la regulación sobre los regalos que las propias instituciones públicas hacen a sus empleados es menos específica y más dispersa. En este caso, además, no se centra en la posible influencia respecto a sus resoluciones sino en una posible malversación de caudales públicos.En tanto a la recepción de regalos por parte de externos a la propia administración en la que desarrollan su labor, el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) recoge de forma expresa la prohibición de aceptar regalos que superen los usos habituales , sociales o de cortesía. Esto implica que pequeños detalles simbólicos —como material promocional o atenciones de escaso valor— pueden ser aceptables en determinados contextos, pero siempre que no comprometan la independencia del funcionario.Sin embargo, la línea que separa lo aceptable de lo indebido no siempre es nítida. Por ello, muchas administraciones han desarrollado códigos éticos y protocolos internos que concretan estas limitaciones. En algunos casos, se establecen umbrales económicos máximos o la obligación de declarar cualquier obsequio recibido. Incluso existen registros públicos de regalos en determinadas instituciones.Más allá del ámbito administrativo, el Código Penal español tipifica como delito el cohecho, que incluye tanto la aceptación como la solicitud de regalos o beneficios a cambio de favores en el ejercicio del cargo. Las penas pueden ser severas, incluyendo multas, inhabilitación e incluso prisión en los casos más graves. Este tipo de regulaciones no busca eliminar la cortesía en las relaciones institucionales, sino evitar que se convierta en una vía de influencia indebida.El mismo Estatuto Básico del Empleado Público recoge que toda actuación respete los principios de legalidad, eficiencia y servicio al interés general. Algo que, en el caso de algunos de los regalos anteriormente mencionados, no se podría justificar. Cabe recordar que, además, en la Ley General Presupuestaria obliga a que cualquier gasto público esté justificado, previsto y vinculado a un fin público. Además no pueden ser regalos discrecionales o arbitrarios, como puede ocurrir en algunos de los en esta información expuestos, ni tampoco pueden suponer un enrequecimiento personal -como también podría ocurrir si se revenden-.En este sentido la legislación establece como regalos de cortesía la entrega de placas, medallas, diplomas o pequeños obsequios simbólicos por jubilación o méritos, regalos todos ellos con un coste inferior a los de algunos regalos como los de Aena o el ayuntamiento de Tías. También se permite la entrega de agendas, bolígrafos, mochilas o dispositivos con imagen institucional, así como las cestas de Navidad -que se han ido reduciendo en el sector público para la reducción de costes-, o la subvención de actividades culturales o beneficios sociales previstos en acuerdos laborales como es el caso del Banco de España. Relojes y pulseras valorados en 1.566 euros cada uno, iPhone de última generación valorados en 1.399 euros o un bolso de marca valorados en 849 euros son solo algunos de los regalos que instituciones, organismos y empresas públicas regalan a sus empleados con cargo al erario público. Una práctica más habitual de lo que uno podría pensar y que genera fuertes críticas, principalmente en la intervención, que no siempre ven clara la justificación ni la necesidad de estos presentes.El Banco de España es una de las instituciones públicas que más presupuesto destina a agasajar a sus trabajadores desde hace años. Además de un completo plan de vacaciones, actividades culturales o beneficios sociales, cuyos contratos para la subvención de los mismos son públicos, el supervisor bancario destinó el año pasado 184.900 euros a adquirir regalos para sus empleados que cumplen 25 y 50 años prestando servicio en su sede central o una de las quince que tiene por el territorio. La institución dirigida por el exministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, destinó 1.566 por cada uno de los 58 relojes y las pulseras que compró, en función de si cumplían un cuarto o medio siglo de función pública. Se trata de una acción que el Banco de España lleva realizando desde hace tiempo y que ya se ha convertido en un derecho inherente.En la licitación de los relojes se valoraba el acabado de la caja, así como el pulido y el cepillado de la misma, la ausencia de tornillería y los adornos en el bisel, además de las características y calidad de la correa, que tenía que ser de piel natural o lagarto, la existencia de una segunda correa adicional, el sistema de sustitución de las correas, el tipo de cierre de las correas y el tipo de los números que muestra el reloj en su esfera. El organo encargado de valorar las ofertas también tuvo en cuenta «el diseño del reloj presentado, valorando la línea clásica y atemporal y la elegancia de la muestra presentada«. En lo que respecta a las pulseras se valoró que tuvieran un diseño clásico y atemporal así como »el peso en oro de la muestra, la longitud de la pulsera y los quilates de los diamantes, incluyendo ahí la calidad, el peso y la pureza de los diamantes engastados en ella». Aena, la empresa gestora de los aeropuertos españoles, también es muy generosa con sus cargos. Según se puede comprobar en el portal de datos abiertos ‘contratacionabierta.es’, que recoge miles de contratos públicos, la empresa presidida por el socialista catalán Maurici Lucena, y que depende del Ministerio de Transportes, lanzó una licitación para comprar un bolso de la marca Ralph Lauren como obsequio «a la altura de las circunstancias» para una consejera de Aena que dimitió de su cargo. La compra, realizada en El Corte Inglés, supuso un desembolso para las arcas públicas de 849 euros.Pero no solo las grandes instituciones o administraciones del Estado son generosas, hasta los ayuntamientos más pequeños juegan con ello. Y es destaca, con relación al presupuesto que maneja, el detalle que tiene la alcaldía del ayuntamiento de Tías (Lanzarote), en este caso únicamente con los agentes de la Policía Local que dejan el cuerpo para jubilarse. Según consta en el portal de transparencia del consistorio, se han adquirido a una ferretería de la localidad varios teléfonos móviles de la marca Apple de última generación, «como detalle protocolario». En algunos casos, como es el de un oficial en abril de este mismo año, se hace constar expresamente que el obsequio es en motivo de «su jubilación». En otros únicamente se refiere que es «para el agente de la Policía Local, funcionario de este ayuntamiento».Normativa sobre regalos externosLa normativa española establece con claridad que los empleados públicos deben actuar con objetividad, imparcialidad y servicio exclusivo al interés general. Este marco regula principalmente la recepción de presentes externos , así como la aceptación de favores o ventajas que puedan poner en riesgo estos principios, por si esto podría influir en la toma de sus decisiones. Sin embargo la regulación sobre los regalos que las propias instituciones públicas hacen a sus empleados es menos específica y más dispersa. En este caso, además, no se centra en la posible influencia respecto a sus resoluciones sino en una posible malversación de caudales públicos.En tanto a la recepción de regalos por parte de externos a la propia administración en la que desarrollan su labor, el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) recoge de forma expresa la prohibición de aceptar regalos que superen los usos habituales , sociales o de cortesía. Esto implica que pequeños detalles simbólicos —como material promocional o atenciones de escaso valor— pueden ser aceptables en determinados contextos, pero siempre que no comprometan la independencia del funcionario.Sin embargo, la línea que separa lo aceptable de lo indebido no siempre es nítida. Por ello, muchas administraciones han desarrollado códigos éticos y protocolos internos que concretan estas limitaciones. En algunos casos, se establecen umbrales económicos máximos o la obligación de declarar cualquier obsequio recibido. Incluso existen registros públicos de regalos en determinadas instituciones.Más allá del ámbito administrativo, el Código Penal español tipifica como delito el cohecho, que incluye tanto la aceptación como la solicitud de regalos o beneficios a cambio de favores en el ejercicio del cargo. Las penas pueden ser severas, incluyendo multas, inhabilitación e incluso prisión en los casos más graves. Este tipo de regulaciones no busca eliminar la cortesía en las relaciones institucionales, sino evitar que se convierta en una vía de influencia indebida.El mismo Estatuto Básico del Empleado Público recoge que toda actuación respete los principios de legalidad, eficiencia y servicio al interés general. Algo que, en el caso de algunos de los regalos anteriormente mencionados, no se podría justificar. Cabe recordar que, además, en la Ley General Presupuestaria obliga a que cualquier gasto público esté justificado, previsto y vinculado a un fin público. Además no pueden ser regalos discrecionales o arbitrarios, como puede ocurrir en algunos de los en esta información expuestos, ni tampoco pueden suponer un enrequecimiento personal -como también podría ocurrir si se revenden-.En este sentido la legislación establece como regalos de cortesía la entrega de placas, medallas, diplomas o pequeños obsequios simbólicos por jubilación o méritos, regalos todos ellos con un coste inferior a los de algunos regalos como los de Aena o el ayuntamiento de Tías. También se permite la entrega de agendas, bolígrafos, mochilas o dispositivos con imagen institucional, así como las cestas de Navidad -que se han ido reduciendo en el sector público para la reducción de costes-, o la subvención de actividades culturales o beneficios sociales previstos en acuerdos laborales como es el caso del Banco de España. Relojes y pulseras valorados en 1.566 euros cada uno, iPhone de última generación valorados en 1.399 euros o un bolso de marca valorados en 849 euros son solo algunos de los regalos que instituciones, organismos y empresas públicas regalan a sus empleados con cargo al erario público. Una práctica más habitual de lo que uno podría pensar y que genera fuertes críticas, principalmente en la intervención, que no siempre ven clara la justificación ni la necesidad de estos presentes.El Banco de España es una de las instituciones públicas que más presupuesto destina a agasajar a sus trabajadores desde hace años. Además de un completo plan de vacaciones, actividades culturales o beneficios sociales, cuyos contratos para la subvención de los mismos son públicos, el supervisor bancario destinó el año pasado 184.900 euros a adquirir regalos para sus empleados que cumplen 25 y 50 años prestando servicio en su sede central o una de las quince que tiene por el territorio. La institución dirigida por el exministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, destinó 1.566 por cada uno de los 58 relojes y las pulseras que compró, en función de si cumplían un cuarto o medio siglo de función pública. Se trata de una acción que el Banco de España lleva realizando desde hace tiempo y que ya se ha convertido en un derecho inherente.En la licitación de los relojes se valoraba el acabado de la caja, así como el pulido y el cepillado de la misma, la ausencia de tornillería y los adornos en el bisel, además de las características y calidad de la correa, que tenía que ser de piel natural o lagarto, la existencia de una segunda correa adicional, el sistema de sustitución de las correas, el tipo de cierre de las correas y el tipo de los números que muestra el reloj en su esfera. El organo encargado de valorar las ofertas también tuvo en cuenta «el diseño del reloj presentado, valorando la línea clásica y atemporal y la elegancia de la muestra presentada«. En lo que respecta a las pulseras se valoró que tuvieran un diseño clásico y atemporal así como »el peso en oro de la muestra, la longitud de la pulsera y los quilates de los diamantes, incluyendo ahí la calidad, el peso y la pureza de los diamantes engastados en ella». Aena, la empresa gestora de los aeropuertos españoles, también es muy generosa con sus cargos. Según se puede comprobar en el portal de datos abiertos ‘contratacionabierta.es’, que recoge miles de contratos públicos, la empresa presidida por el socialista catalán Maurici Lucena, y que depende del Ministerio de Transportes, lanzó una licitación para comprar un bolso de la marca Ralph Lauren como obsequio «a la altura de las circunstancias» para una consejera de Aena que dimitió de su cargo. La compra, realizada en El Corte Inglés, supuso un desembolso para las arcas públicas de 849 euros.Pero no solo las grandes instituciones o administraciones del Estado son generosas, hasta los ayuntamientos más pequeños juegan con ello. Y es destaca, con relación al presupuesto que maneja, el detalle que tiene la alcaldía del ayuntamiento de Tías (Lanzarote), en este caso únicamente con los agentes de la Policía Local que dejan el cuerpo para jubilarse. Según consta en el portal de transparencia del consistorio, se han adquirido a una ferretería de la localidad varios teléfonos móviles de la marca Apple de última generación, «como detalle protocolario». En algunos casos, como es el de un oficial en abril de este mismo año, se hace constar expresamente que el obsequio es en motivo de «su jubilación». En otros únicamente se refiere que es «para el agente de la Policía Local, funcionario de este ayuntamiento».Normativa sobre regalos externosLa normativa española establece con claridad que los empleados públicos deben actuar con objetividad, imparcialidad y servicio exclusivo al interés general. Este marco regula principalmente la recepción de presentes externos , así como la aceptación de favores o ventajas que puedan poner en riesgo estos principios, por si esto podría influir en la toma de sus decisiones. Sin embargo la regulación sobre los regalos que las propias instituciones públicas hacen a sus empleados es menos específica y más dispersa. En este caso, además, no se centra en la posible influencia respecto a sus resoluciones sino en una posible malversación de caudales públicos.En tanto a la recepción de regalos por parte de externos a la propia administración en la que desarrollan su labor, el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP) recoge de forma expresa la prohibición de aceptar regalos que superen los usos habituales , sociales o de cortesía. Esto implica que pequeños detalles simbólicos —como material promocional o atenciones de escaso valor— pueden ser aceptables en determinados contextos, pero siempre que no comprometan la independencia del funcionario.Sin embargo, la línea que separa lo aceptable de lo indebido no siempre es nítida. Por ello, muchas administraciones han desarrollado códigos éticos y protocolos internos que concretan estas limitaciones. En algunos casos, se establecen umbrales económicos máximos o la obligación de declarar cualquier obsequio recibido. Incluso existen registros públicos de regalos en determinadas instituciones.Más allá del ámbito administrativo, el Código Penal español tipifica como delito el cohecho, que incluye tanto la aceptación como la solicitud de regalos o beneficios a cambio de favores en el ejercicio del cargo. Las penas pueden ser severas, incluyendo multas, inhabilitación e incluso prisión en los casos más graves. Este tipo de regulaciones no busca eliminar la cortesía en las relaciones institucionales, sino evitar que se convierta en una vía de influencia indebida.El mismo Estatuto Básico del Empleado Público recoge que toda actuación respete los principios de legalidad, eficiencia y servicio al interés general. Algo que, en el caso de algunos de los regalos anteriormente mencionados, no se podría justificar. Cabe recordar que, además, en la Ley General Presupuestaria obliga a que cualquier gasto público esté justificado, previsto y vinculado a un fin público. Además no pueden ser regalos discrecionales o arbitrarios, como puede ocurrir en algunos de los en esta información expuestos, ni tampoco pueden suponer un enrequecimiento personal -como también podría ocurrir si se revenden-.En este sentido la legislación establece como regalos de cortesía la entrega de placas, medallas, diplomas o pequeños obsequios simbólicos por jubilación o méritos, regalos todos ellos con un coste inferior a los de algunos regalos como los de Aena o el ayuntamiento de Tías. También se permite la entrega de agendas, bolígrafos, mochilas o dispositivos con imagen institucional, así como las cestas de Navidad -que se han ido reduciendo en el sector público para la reducción de costes-, o la subvención de actividades culturales o beneficios sociales previstos en acuerdos laborales como es el caso del Banco de España. RSS de noticias de espana
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