Durante años, Simon Penny creyó que no se parecía a nadie. Conservaba fotografías de su infancia, porque «toda mi vida me hicieron fotos, pero no me parecía a nadie», cuenta a ABC en la primera entrevista que concede sobre una historia que ha permanecido en silencio durante décadas. Hace apenas unos meses encontró, gracias a Facebook, a la hermana de Elaine Marcie Busby, la joven que lo dio a luz en 1966. «Ahora miro sus fotografías y puedo verme a mí mismo. Veo a mi prima Kate. Veo a mi tía Leslie». La historia de Simon forma parte de uno de los capítulos más dolorosos de la historia británica del siglo XX. Entre finales de la década de 1940 y mediados de los años setenta, alrededor de 185.000 madres solteras fueron separadas de sus hijos en Inglaterra y Gales dentro de un sistema en el que participaron hospitales, autoridades locales, trabajadores sociales, organizaciones benéficas e instituciones religiosas. Durante décadas aquellas adopciones fueron presentadas como decisiones voluntarias. Sin embargo, una investigación parlamentaria concluyó este año que aquellas mujeres no tuvieron capacidad de elección y fueron presionadas para renunciar a sus bebés.El pasado jueves, el primer ministro británico, Keir Starmer, pidió perdón oficialmente en nombre del Estado y reconoció que lo ocurrido constituye «una mancha en nuestra historia».Simon, uno de los niños adoptados, cuenta que, a sus 60 años, ha empezado a ir a terapia gracias a su esposa, que encontró a una psicóloga que también fue adoptada. «No creo que pudiera hablar de esto con alguien que no hubiera caminado en mis zapatos», explica. « Me han dicho que arrastro un trauma considerable , tanto por algunas experiencias de mi infancia como por el proceso de adopción. Espero que esto me ayude a encontrar algo de paz». En los últimos meses también ha escrito una canción dedicada a Elaine utilizando inteligencia artificial. «Nunca había puesto por escrito todo lo que sentía sobre esto», explica. «Cuando la escuché por primera vez lloré como un niño». Hablar de su madre, reconoce, se ha convertido en parte de ese proceso de reparación. «Hablar de Elaine y de la adopción me resulta terapéutico. Ya no estoy avergonzado. Soy quien soy».Habla despacio, buscando entender su propia historia. «Mi padre adoptivo, Alan, fue el mejor hombre que he conocido. Si hubiera podido tener hijos, habría querido ser el padre que él fue para mí». Nunca quiso otro padre, pero sí quería conocer a la mujer que lo trajo al mundo. Hasta hace muy poco nunca había intentado encontrarla. Pensaba que quizá había rehecho su vida, formado otra familia y dejado atrás aquel embarazo. «No quería aparecer de repente y destrozar la vida que hubiera construido», recuerda. Hoy reconoce que quizá, también, «temía ser rechazado».Cuando finalmente decidió buscarla, descubrió que llegaba tarde. Elaine había muerto en Palma de Mallorca en 1972 , con 23 años.«Tuvo una vida muy cruel», dice. «Era muy joven. Pasó por demasiado en muy poco tiempo» y antes de morir había encontrado a alguien con quien era feliz. Simon apenas sabe nada de él, que se llamaba Roger y estaba con ella en Mallorca cuando falleció. Lleva meses intentando encontrarlo. «No quiero nada de él, solo me gustaría estrecharle la mano y darle las gracias por haber hecho feliz a mi madre». «Superior type of girl»ABC ha tenido acceso a parte del expediente de adopción que Simon solicitó cuando comenzó a reconstruir su historia. Los documentos son una radiografía del funcionamiento de las agencias británicas durante los años sesenta. En uno de los informes, la trabajadora social describe a Elaine como una «superior type of girl», una expresión que servía para clasificarla socialmente: una joven de buena familia , de clase media, educada, inteligente y considerada moralmente respetable. El mismo lenguaje se emplea para valorar al padre biológico y hasta al propio bebé, descrito como un niño de «buen aspecto» adecuado para un «superior type home», es decir, de clase media o alta. Otro formulario registra meticulosamente la altura, el color de ojos, el pelo y la complexión física de la madre, del padre y del recién nacido. Todo aparece medido, clasificado y archivado con precisión. Pero no hay una sola referencia al apoyo que Elaine habría necesitado para quedarse con su hijo.Esa ausencia resulta hoy tan elocuente como cualquiera de los documentos. El sistema estaba concebido para separar a madres e hijos, no para ayudar a aquellas jóvenes que cargaban con el estigma de un embarazo antes del matrimonio a ejercer la maternidad. Diana Defries fue una de ellas.Diana Defries, en el verano de 1973, un año antes de que le quitaran a su hijaHoy preside el Movement for an Adoption Apology, una de las organizaciones que durante años ha reclamado una disculpa oficial del Estado británico. Pero mucho antes de convertirse en una de las voces más escuchadas de esa campaña fue simplemente una menor de 15 años que se quedó embarazada de un hombre mucho mayor que ella y que desapareció cuando supo que esperaba un hijo.Con la perspectiva que dan más de cinco décadas, cree que aquello también formó parte del mismo abuso de poder que terminó arrebatándole a su hija. Tras descubrir el embarazo, su familia la envió a un hogar para jóvenes solteras embarazadas dirigido por religiosas donde muchas mujeres relatan haber sido tratadas con dureza, frialdad y una profunda falta de empatía. Allí, recuerda, los días transcurrían entre interminables tareas domésticas en un entorno hostil mientras esperaban el nacimiento de sus hijos. «Mi madre pensaba que estaba haciendo lo correcto», explica, porque creía que había avergonzado a la familia. «Ella también era producto de aquella sociedad y de aquel sistema».El parto fue traumático y cuando pidió que le acercaran a la niña «la enfermera respondió: «No. Este bebé está para adopción»». Finalmente dejaron a la recién nacida en una cuna al otro lado de la habitación mientras Diana era incapaz de levantarse. «Mi bebé lloraba y yo no podía moverme. Solo podía llamarla. Estuve así durante horas. Cuando dejó de llorar pensé que quizá había muerto». Doce días después, durante el trayecto en tren hacia Londres, sostuvo a su hija entre sus brazos durante un par de horas. Es uno de los pocos recuerdos felices que conserva de aquellos días. «Fue entonces cuando comprendí realmente quién era ella para mí. Pensé: no puedo dejarla marchar».Al llegar a la agencia de adopción apareció una mujer con bata blanca «que dijo: »Es la hora»«. Diana abrazó a la niña con todas sus fuerzas, convencida de que nadie podría obligarla. »Pero mi madre me la arrancó de los brazos . Mi hija aulló. Nunca he podido olvidar ese sonido«. Una semana después estaba de vuelta en el colegio. »Había dado a luz tres semanas antes y tenía que fingir que no había pasado nada«. El reencuentroDurante años creyó que la culpa había sido suya. Hoy sostiene que una disculpa oficial no es solo un gesto político, sino el primer paso para empezar a reparar un daño que ha acompañado a miles de personas durante toda su vida. «No es solo una herida psicológica. Es una herida psíquica profunda. Es una herida del alma», dice. «Necesitamos que alguien nos diga que no fue culpa nuestra. Que fuimos víctimas y no las responsables de lo que ocurrió. Sin ese reconocimiento es muy difícil empezar a sanar».Su hija la buscó cuando cumplió 18 años. El reencuentro fue tan emocionante como complejo. «Es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también lo más difícil», admite. Durante mucho tiempo evitó contarle cómo había sido realmente el parto o la separación «porque era muy joven». «¿Cómo iba a decirle: estoy tan feliz de haberte encontrado, pero cuando viniste al mundo fue un infierno. Sufrí muchísimo… No podía hacerle eso». Las palabras de Diana ayudan a comprender también el viaje emocional de Simon para reconstruir su propia historia. Hace poco conoció por fin «a mi tía Leslie», la hermana de Elaine, y a sus primos. «Fue como si nos conociéramos de toda la vida», recuerda, mientras sigue intentando localizar a Roger, una de las últimas piezas del puzzle de la vida de Elaine, aquella adolescente, como tantas otras, a la que obligaron a entregar a su bebé. Durante años, Simon Penny creyó que no se parecía a nadie. Conservaba fotografías de su infancia, porque «toda mi vida me hicieron fotos, pero no me parecía a nadie», cuenta a ABC en la primera entrevista que concede sobre una historia que ha permanecido en silencio durante décadas. Hace apenas unos meses encontró, gracias a Facebook, a la hermana de Elaine Marcie Busby, la joven que lo dio a luz en 1966. «Ahora miro sus fotografías y puedo verme a mí mismo. Veo a mi prima Kate. Veo a mi tía Leslie». La historia de Simon forma parte de uno de los capítulos más dolorosos de la historia británica del siglo XX. Entre finales de la década de 1940 y mediados de los años setenta, alrededor de 185.000 madres solteras fueron separadas de sus hijos en Inglaterra y Gales dentro de un sistema en el que participaron hospitales, autoridades locales, trabajadores sociales, organizaciones benéficas e instituciones religiosas. Durante décadas aquellas adopciones fueron presentadas como decisiones voluntarias. Sin embargo, una investigación parlamentaria concluyó este año que aquellas mujeres no tuvieron capacidad de elección y fueron presionadas para renunciar a sus bebés.El pasado jueves, el primer ministro británico, Keir Starmer, pidió perdón oficialmente en nombre del Estado y reconoció que lo ocurrido constituye «una mancha en nuestra historia».Simon, uno de los niños adoptados, cuenta que, a sus 60 años, ha empezado a ir a terapia gracias a su esposa, que encontró a una psicóloga que también fue adoptada. «No creo que pudiera hablar de esto con alguien que no hubiera caminado en mis zapatos», explica. « Me han dicho que arrastro un trauma considerable , tanto por algunas experiencias de mi infancia como por el proceso de adopción. Espero que esto me ayude a encontrar algo de paz». En los últimos meses también ha escrito una canción dedicada a Elaine utilizando inteligencia artificial. «Nunca había puesto por escrito todo lo que sentía sobre esto», explica. «Cuando la escuché por primera vez lloré como un niño». Hablar de su madre, reconoce, se ha convertido en parte de ese proceso de reparación. «Hablar de Elaine y de la adopción me resulta terapéutico. Ya no estoy avergonzado. Soy quien soy».Habla despacio, buscando entender su propia historia. «Mi padre adoptivo, Alan, fue el mejor hombre que he conocido. Si hubiera podido tener hijos, habría querido ser el padre que él fue para mí». Nunca quiso otro padre, pero sí quería conocer a la mujer que lo trajo al mundo. Hasta hace muy poco nunca había intentado encontrarla. Pensaba que quizá había rehecho su vida, formado otra familia y dejado atrás aquel embarazo. «No quería aparecer de repente y destrozar la vida que hubiera construido», recuerda. Hoy reconoce que quizá, también, «temía ser rechazado».Cuando finalmente decidió buscarla, descubrió que llegaba tarde. Elaine había muerto en Palma de Mallorca en 1972 , con 23 años.«Tuvo una vida muy cruel», dice. «Era muy joven. Pasó por demasiado en muy poco tiempo» y antes de morir había encontrado a alguien con quien era feliz. Simon apenas sabe nada de él, que se llamaba Roger y estaba con ella en Mallorca cuando falleció. Lleva meses intentando encontrarlo. «No quiero nada de él, solo me gustaría estrecharle la mano y darle las gracias por haber hecho feliz a mi madre». «Superior type of girl»ABC ha tenido acceso a parte del expediente de adopción que Simon solicitó cuando comenzó a reconstruir su historia. Los documentos son una radiografía del funcionamiento de las agencias británicas durante los años sesenta. En uno de los informes, la trabajadora social describe a Elaine como una «superior type of girl», una expresión que servía para clasificarla socialmente: una joven de buena familia , de clase media, educada, inteligente y considerada moralmente respetable. El mismo lenguaje se emplea para valorar al padre biológico y hasta al propio bebé, descrito como un niño de «buen aspecto» adecuado para un «superior type home», es decir, de clase media o alta. Otro formulario registra meticulosamente la altura, el color de ojos, el pelo y la complexión física de la madre, del padre y del recién nacido. Todo aparece medido, clasificado y archivado con precisión. Pero no hay una sola referencia al apoyo que Elaine habría necesitado para quedarse con su hijo.Esa ausencia resulta hoy tan elocuente como cualquiera de los documentos. El sistema estaba concebido para separar a madres e hijos, no para ayudar a aquellas jóvenes que cargaban con el estigma de un embarazo antes del matrimonio a ejercer la maternidad. Diana Defries fue una de ellas.Diana Defries, en el verano de 1973, un año antes de que le quitaran a su hijaHoy preside el Movement for an Adoption Apology, una de las organizaciones que durante años ha reclamado una disculpa oficial del Estado británico. Pero mucho antes de convertirse en una de las voces más escuchadas de esa campaña fue simplemente una menor de 15 años que se quedó embarazada de un hombre mucho mayor que ella y que desapareció cuando supo que esperaba un hijo.Con la perspectiva que dan más de cinco décadas, cree que aquello también formó parte del mismo abuso de poder que terminó arrebatándole a su hija. Tras descubrir el embarazo, su familia la envió a un hogar para jóvenes solteras embarazadas dirigido por religiosas donde muchas mujeres relatan haber sido tratadas con dureza, frialdad y una profunda falta de empatía. Allí, recuerda, los días transcurrían entre interminables tareas domésticas en un entorno hostil mientras esperaban el nacimiento de sus hijos. «Mi madre pensaba que estaba haciendo lo correcto», explica, porque creía que había avergonzado a la familia. «Ella también era producto de aquella sociedad y de aquel sistema».El parto fue traumático y cuando pidió que le acercaran a la niña «la enfermera respondió: «No. Este bebé está para adopción»». Finalmente dejaron a la recién nacida en una cuna al otro lado de la habitación mientras Diana era incapaz de levantarse. «Mi bebé lloraba y yo no podía moverme. Solo podía llamarla. Estuve así durante horas. Cuando dejó de llorar pensé que quizá había muerto». Doce días después, durante el trayecto en tren hacia Londres, sostuvo a su hija entre sus brazos durante un par de horas. Es uno de los pocos recuerdos felices que conserva de aquellos días. «Fue entonces cuando comprendí realmente quién era ella para mí. Pensé: no puedo dejarla marchar».Al llegar a la agencia de adopción apareció una mujer con bata blanca «que dijo: »Es la hora»«. Diana abrazó a la niña con todas sus fuerzas, convencida de que nadie podría obligarla. »Pero mi madre me la arrancó de los brazos . Mi hija aulló. Nunca he podido olvidar ese sonido«. Una semana después estaba de vuelta en el colegio. »Había dado a luz tres semanas antes y tenía que fingir que no había pasado nada«. El reencuentroDurante años creyó que la culpa había sido suya. Hoy sostiene que una disculpa oficial no es solo un gesto político, sino el primer paso para empezar a reparar un daño que ha acompañado a miles de personas durante toda su vida. «No es solo una herida psicológica. Es una herida psíquica profunda. Es una herida del alma», dice. «Necesitamos que alguien nos diga que no fue culpa nuestra. Que fuimos víctimas y no las responsables de lo que ocurrió. Sin ese reconocimiento es muy difícil empezar a sanar».Su hija la buscó cuando cumplió 18 años. El reencuentro fue tan emocionante como complejo. «Es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también lo más difícil», admite. Durante mucho tiempo evitó contarle cómo había sido realmente el parto o la separación «porque era muy joven». «¿Cómo iba a decirle: estoy tan feliz de haberte encontrado, pero cuando viniste al mundo fue un infierno. Sufrí muchísimo… No podía hacerle eso». Las palabras de Diana ayudan a comprender también el viaje emocional de Simon para reconstruir su propia historia. Hace poco conoció por fin «a mi tía Leslie», la hermana de Elaine, y a sus primos. «Fue como si nos conociéramos de toda la vida», recuerda, mientras sigue intentando localizar a Roger, una de las últimas piezas del puzzle de la vida de Elaine, aquella adolescente, como tantas otras, a la que obligaron a entregar a su bebé. Durante años, Simon Penny creyó que no se parecía a nadie. Conservaba fotografías de su infancia, porque «toda mi vida me hicieron fotos, pero no me parecía a nadie», cuenta a ABC en la primera entrevista que concede sobre una historia que ha permanecido en silencio durante décadas. Hace apenas unos meses encontró, gracias a Facebook, a la hermana de Elaine Marcie Busby, la joven que lo dio a luz en 1966. «Ahora miro sus fotografías y puedo verme a mí mismo. Veo a mi prima Kate. Veo a mi tía Leslie». La historia de Simon forma parte de uno de los capítulos más dolorosos de la historia británica del siglo XX. Entre finales de la década de 1940 y mediados de los años setenta, alrededor de 185.000 madres solteras fueron separadas de sus hijos en Inglaterra y Gales dentro de un sistema en el que participaron hospitales, autoridades locales, trabajadores sociales, organizaciones benéficas e instituciones religiosas. Durante décadas aquellas adopciones fueron presentadas como decisiones voluntarias. Sin embargo, una investigación parlamentaria concluyó este año que aquellas mujeres no tuvieron capacidad de elección y fueron presionadas para renunciar a sus bebés.El pasado jueves, el primer ministro británico, Keir Starmer, pidió perdón oficialmente en nombre del Estado y reconoció que lo ocurrido constituye «una mancha en nuestra historia».Simon, uno de los niños adoptados, cuenta que, a sus 60 años, ha empezado a ir a terapia gracias a su esposa, que encontró a una psicóloga que también fue adoptada. «No creo que pudiera hablar de esto con alguien que no hubiera caminado en mis zapatos», explica. « Me han dicho que arrastro un trauma considerable , tanto por algunas experiencias de mi infancia como por el proceso de adopción. Espero que esto me ayude a encontrar algo de paz». En los últimos meses también ha escrito una canción dedicada a Elaine utilizando inteligencia artificial. «Nunca había puesto por escrito todo lo que sentía sobre esto», explica. «Cuando la escuché por primera vez lloré como un niño». Hablar de su madre, reconoce, se ha convertido en parte de ese proceso de reparación. «Hablar de Elaine y de la adopción me resulta terapéutico. Ya no estoy avergonzado. Soy quien soy».Habla despacio, buscando entender su propia historia. «Mi padre adoptivo, Alan, fue el mejor hombre que he conocido. Si hubiera podido tener hijos, habría querido ser el padre que él fue para mí». Nunca quiso otro padre, pero sí quería conocer a la mujer que lo trajo al mundo. Hasta hace muy poco nunca había intentado encontrarla. Pensaba que quizá había rehecho su vida, formado otra familia y dejado atrás aquel embarazo. «No quería aparecer de repente y destrozar la vida que hubiera construido», recuerda. Hoy reconoce que quizá, también, «temía ser rechazado».Cuando finalmente decidió buscarla, descubrió que llegaba tarde. Elaine había muerto en Palma de Mallorca en 1972 , con 23 años.«Tuvo una vida muy cruel», dice. «Era muy joven. Pasó por demasiado en muy poco tiempo» y antes de morir había encontrado a alguien con quien era feliz. Simon apenas sabe nada de él, que se llamaba Roger y estaba con ella en Mallorca cuando falleció. Lleva meses intentando encontrarlo. «No quiero nada de él, solo me gustaría estrecharle la mano y darle las gracias por haber hecho feliz a mi madre». «Superior type of girl»ABC ha tenido acceso a parte del expediente de adopción que Simon solicitó cuando comenzó a reconstruir su historia. Los documentos son una radiografía del funcionamiento de las agencias británicas durante los años sesenta. En uno de los informes, la trabajadora social describe a Elaine como una «superior type of girl», una expresión que servía para clasificarla socialmente: una joven de buena familia , de clase media, educada, inteligente y considerada moralmente respetable. El mismo lenguaje se emplea para valorar al padre biológico y hasta al propio bebé, descrito como un niño de «buen aspecto» adecuado para un «superior type home», es decir, de clase media o alta. Otro formulario registra meticulosamente la altura, el color de ojos, el pelo y la complexión física de la madre, del padre y del recién nacido. Todo aparece medido, clasificado y archivado con precisión. Pero no hay una sola referencia al apoyo que Elaine habría necesitado para quedarse con su hijo.Esa ausencia resulta hoy tan elocuente como cualquiera de los documentos. El sistema estaba concebido para separar a madres e hijos, no para ayudar a aquellas jóvenes que cargaban con el estigma de un embarazo antes del matrimonio a ejercer la maternidad. Diana Defries fue una de ellas.Diana Defries, en el verano de 1973, un año antes de que le quitaran a su hijaHoy preside el Movement for an Adoption Apology, una de las organizaciones que durante años ha reclamado una disculpa oficial del Estado británico. Pero mucho antes de convertirse en una de las voces más escuchadas de esa campaña fue simplemente una menor de 15 años que se quedó embarazada de un hombre mucho mayor que ella y que desapareció cuando supo que esperaba un hijo.Con la perspectiva que dan más de cinco décadas, cree que aquello también formó parte del mismo abuso de poder que terminó arrebatándole a su hija. Tras descubrir el embarazo, su familia la envió a un hogar para jóvenes solteras embarazadas dirigido por religiosas donde muchas mujeres relatan haber sido tratadas con dureza, frialdad y una profunda falta de empatía. Allí, recuerda, los días transcurrían entre interminables tareas domésticas en un entorno hostil mientras esperaban el nacimiento de sus hijos. «Mi madre pensaba que estaba haciendo lo correcto», explica, porque creía que había avergonzado a la familia. «Ella también era producto de aquella sociedad y de aquel sistema».El parto fue traumático y cuando pidió que le acercaran a la niña «la enfermera respondió: «No. Este bebé está para adopción»». Finalmente dejaron a la recién nacida en una cuna al otro lado de la habitación mientras Diana era incapaz de levantarse. «Mi bebé lloraba y yo no podía moverme. Solo podía llamarla. Estuve así durante horas. Cuando dejó de llorar pensé que quizá había muerto». Doce días después, durante el trayecto en tren hacia Londres, sostuvo a su hija entre sus brazos durante un par de horas. Es uno de los pocos recuerdos felices que conserva de aquellos días. «Fue entonces cuando comprendí realmente quién era ella para mí. Pensé: no puedo dejarla marchar».Al llegar a la agencia de adopción apareció una mujer con bata blanca «que dijo: »Es la hora»«. Diana abrazó a la niña con todas sus fuerzas, convencida de que nadie podría obligarla. »Pero mi madre me la arrancó de los brazos . Mi hija aulló. Nunca he podido olvidar ese sonido«. Una semana después estaba de vuelta en el colegio. »Había dado a luz tres semanas antes y tenía que fingir que no había pasado nada«. El reencuentroDurante años creyó que la culpa había sido suya. Hoy sostiene que una disculpa oficial no es solo un gesto político, sino el primer paso para empezar a reparar un daño que ha acompañado a miles de personas durante toda su vida. «No es solo una herida psicológica. Es una herida psíquica profunda. Es una herida del alma», dice. «Necesitamos que alguien nos diga que no fue culpa nuestra. Que fuimos víctimas y no las responsables de lo que ocurrió. Sin ese reconocimiento es muy difícil empezar a sanar».Su hija la buscó cuando cumplió 18 años. El reencuentro fue tan emocionante como complejo. «Es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero también lo más difícil», admite. Durante mucho tiempo evitó contarle cómo había sido realmente el parto o la separación «porque era muy joven». «¿Cómo iba a decirle: estoy tan feliz de haberte encontrado, pero cuando viniste al mundo fue un infierno. Sufrí muchísimo… No podía hacerle eso». Las palabras de Diana ayudan a comprender también el viaje emocional de Simon para reconstruir su propia historia. Hace poco conoció por fin «a mi tía Leslie», la hermana de Elaine, y a sus primos. «Fue como si nos conociéramos de toda la vida», recuerda, mientras sigue intentando localizar a Roger, una de las últimas piezas del puzzle de la vida de Elaine, aquella adolescente, como tantas otras, a la que obligaron a entregar a su bebé. RSS de noticias de sociedad
Noticias Similares
